miércoles, 19 de mayo de 2004

Patologías

Cuando conocí a FK decían que era un tenista prometedor, aunque por su forma de hablar lo que yo pensé es que había errado su vocación y que habría hecho un magnífico articulista para una revista satírica. Parecía tener una alta estima de sí mismo, aunque su simpatía la reservaba para sus amigos más allegados y la administraba de repente, cuando nadie lo esperaba, a borbotones. Con los no conocidos era exageradamente frío en el trato, bien fuera por timidez o por arrogancia. Pasados unos meses estimé que debería de ser timidez, pues alcancé un notable grado de complicidad con sus ocurrencias, aunque sin sobrepasar jamás la barrera de un contacto más íntimo (demasiados son los obstáculos que separan a dos tímidos patológicos). En el mejor momento de nuestra relación (él jugaba ya como profesional) se me apareció incluso como una persona generosa y abierta, aunque tenía a mi modo de ver un defecto grave: hablaba demasiado (mal) de sus rivales. Que si Fulanito tiene un drive de mariposón, que si Menganito no sabe cortar el revés, que si Zutanito coge la raqueta en la red como si tuviese en la mano una sartén... Pese a ello, jamás supuse que su reacción ante un tonto mal entendido sería la que tuvo. Fue entonces cuando conocí algo más de su pasado (siempre hay un amigo de un conocido de otro amigo con ganas de hablar). Supe de las auténticas torturas a las que lo sometió su padre para hacer de él un "Iván Lendl", las jornadas interminables de entrenamiento desde los siete años, el escaso contacto con los niños de su edad, el aislamiento en el Instituto, sus problemas de relación con las mujeres. No eran sólo unos celos patológicos los que se manifestaron con su airada y extemporánea respuesta a una confusión evidente, era también el rencor acumulado por tantos años de lucha contra sí mismo, tratando de ser quien evidentemente no era. Me alejé de él. De eso hará cosa de cuatro años. Ahora tiene ya 28 y sigue pateándose todos los torneos challenge de España.

La semana pasada le vi jugar un partido por primera vez en mi vida. Me pareció que tenía un drive de mariposón, que no sabía cortar el revés y que en la red cogía la raqueta como una sartén.

2 comentarios:

Saf dijo...

¡Qué placer es, tantos meses (ya!) después, releer su blog, sus antiguos posts, como si de un libro se tratara!

¿Y es que, acaso, no lo es?

Cada artículo no es mejor ni más interesante que el anterior: hay un equilibrio en toda la diversidad de registros que toca (¡que son muchos y envidiables!), hay calidad indiscutible, hay un background cultural que ya lo quisiera para mí, y hay calidez y bonhomía.

Me detengo en éste.
Me impresiona su profundidad.
¡Cuántos temas toca: lo mejor y lo peor del ser humano, lo más elevado y la miseria moral!

Enhorabuena, Paolo. Enhorabuena siempre.
Este "festín para el lector" se está convirtiendo en uno de mis libros de mesilla.

Un abrazo,

Saf ;-))

Paolo dijo...

Pues este post tiene un trasfondo que quizá algún día pueda aclararle con algo más de detenimiento. Florituras en el trapecio.