jueves, 31 de mayo de 2007

Aportaciones andaluzas al multiculturalismo

San Fernando en Mateos Gago San Fernando conquista Sevilla por segunda vez. Como todo el mundo sabe, en la ciudad de Sevilla no hay demasiada costumbre de sacar a los ídolos de madera en procesión, así que al Cabildo catedralicio, siempre preocupado por confortar las almas descarriadas de sevillanos y visitantes, se le ocurrió poner en marcha una inédita experiencia piloto: pasear una imagen del Rey Santo por los alrededores de la Catedral, aprovechando para ello el día de su onomástica. (No, no sacaron la momia, esa hay que visitarla dentro del templo. Bien que lo sentimos los morbosos del mundo.) Aquí la tienen, la Espada del santo sobre la Giralda, almohade desde la base hasta las campanas, ejemplo supremo del sincretismo cultural de la tierra de María Santísima. Por la mañana, el gobierno de progreso de la ciudad había otorgado a monseñor Amigo (cardenal de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana) el título de hijo adoptivo y por la tarde algunos de sus miembros acompañaron al santo calle Mateos Gago arriba, magnífico ejercicio de prácticas para la procesión del Corpus del próximo jueves, a la que, como es costumbre, la corporación municipal asiste solemne en pleno.

El Rocío
Aquí, otro buen ejemplo de lo que la sociedad andaluza del siglo XXI puede ofrecer a la Alianza de Civilizaciones: lanzamiento de niño impuro en pro de su salvación. Que unos padres utilicen a su hijo para lucir públicamente su barbarie y su fanatismo religioso debería ser tenido en cuenta por el grupo de alto nivel (sean discretos, que se oyen demasiado las risas) de la ONU. Es más, me parece que Zapatero debería mandar inmediatamente esta foto al primer ministro turco para demostrar los esfuerzos que hace la sociedad española por el fomento de la Santa Alianza. Dios nos mira.

Los niños, sostengo, tienen el derecho humano de no ver sus mentes lisiadas por la exposición a las malas ideas de otras personas –sin importar quiénes sean estas personas–. Los padres, por lo tanto, no tienen licencia divina para adoctrinar a sus hijos en la forma que ellos personalmente eligen: no tienen derecho a limitar los horizontes del conocimiento de sus hijos, criándolos en una atmósfera de dogma y superstición, o el derecho a insistir en que sigan los estrechos caminos de su propia fe.
(Nicholas Humphrey. Citado por Richard Dawkins en El espejismo de Dios)

lunes, 28 de mayo de 2007

Un país de Berlanga


Tras los terroríficos resultados electorales de ayer en el País Vasco y Navarra, un paso por la berlanguiana Villar del Río (un censo de 242 votantes con tres opciones, agrupación local de electorales incluida) nos ofrece una perspectiva interesante del momento político del país. Ahí, la metafórica bisagra regionalista bien colocada justo en medio y en espera del plan Marshall, o sea, del área de Urbanismo.

domingo, 27 de mayo de 2007

El coronel no tiene quien le escriba

La mujer se desesperó.
—Y mientras tanto qué comemos —preguntó, y agarró al coronel por el cuello de la franela. Lo sacudió con energía—. Dime, qué comemos.
El coronel necesitó setenta y cinco años —los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto— para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder.
— Mierda.

[El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez]
Ante la urna semivacía, muy noble, muy leal, muy heroico, invicto y mariano, J. se sintió triste y azul.

sábado, 26 de mayo de 2007

The Cat Concerto



Este corto de animación, realizado por William Hanna y Joseph Barbera en 1946, fue uno de los siete de la serie Tom y Jerry que obtuvo un premio de la Academia de Hollywood. Pasados más de 60 años, sus efectos siguen siendo fulminantes. Mi hija pequeña (6 años) termina retorcida de risa por el suelo cada vez que lo ve. Creo que, más allá de la anécdota cómica, se trata del ritmo, esa pulsión primitiva de los seres humanos. O, afinando algo más, de la perfecta sincronía entre el ritmo musical y el de las imágenes. Una maravilla, de cualquier forma.

viernes, 25 de mayo de 2007

Lo peor de lo peor

Uno de los más lúcidos y brillantes análisis que se ha hecho en la prensa de la actual situación de la política española la escribió Carlos Martínez Gorriarán y la publicó ABC en su Tercera del pasado 23 de mayo:

La promoción de lo peor

No es muy corriente que un Fiscal General se dedique a proporcionar coartadas y lemas electorales a la rama política ilegalizada de una banda terrorista en activo, deslegitimando de paso las leyes del Estado que ha jurado defender y arruinando años de trabajo y resistencia de miles de ciudadanos vascos perseguidos por ETA, pero eso mismo es lo que ha hecho Cándido Conde-Pumpido con su equiparación de la Ley de Partidos al inaceptable limbo jurídico de Guantánamo. Así lo ha certificado Pernando Barrena a su modo: “Las elecciones están amañadas –ha venido a decir– y la mejor prueba es que el propio Estado lo ha reconocido; todos los cargos que nos hubieran correspondido de no haberse ilegalizado algunas listas de ANV, serán cargos usurpados y los usurpadores deberán responder por ello” (una amenaza en toda regla a los futuros alcaldes y concejales). El Fiscal General no habla en nombre del Estado, pero se puede disculpar la confusión de Barrena, ya que nadie puede creer a estas alturas que haya diferencia práctica alguna entre la portavocía gubernamental y la fiscalía. Tampoco entre Cándido Conde-Pumpido y Pernando Barrena, que habla en nombre de Batasuna (que no existe, nos dicen todos los días socialistas y jueces galácticos): a este punto hemos llegado, a que el Fiscal convierta en víctimas a los verdugos.

¿Y cómo hemos llegado aquí? La pregunta clásica de los perdidos. Uno de los frutos más venenosos del zapaterismo es, lo estamos viendo, la progresiva difuminación de fronteras y funciones entre los distintos organismos del Estado, consecuencia lógica de una confusión inicial catastrófica: la indiferencia entre verdad y mentira, hechos y opiniones. O entre Partido y Estado, Estatuto y Constitución, anomia y tolerancia. Todo es igual, nada es mejor, como en el Cambalache del maestro Discépolo. “La ideología”, según el presidente Rodríguez Zapatero, es “una idea lógica”, pero la política no debe ser ideológica para no caer esclava del pensamiento racional y abrirse al mágico, mientras que las palabras deben estar al servicio de la política, y no al contrario. De todo este turbión de charlatanería de feria –ese bullshit de Harry Frankfurt tan actual– surge una pregunta inquietante de respuesta inequívoca: si todo debe estar al servicio de la política, ¿al servicio de qué o de quiénes está la política? Obvio: al servicio de los usufructuarios.

Hay una cierta tendencia en atribuir al relativismo la responsabilidad última de los desatinos gubernamentales y la decadencia socialista, pero me parece una atribución demasiado sofisticada. Para ser relativista hay que haber dado bastantes vueltas a cuestiones de cierta enjundia filosófica, y no se ven por ninguna parte. Que el presidente Zapatero promocionara su “Alianza de Civilizaciones” como uno de los frentes estratégicos de su política exterior adolescente no parece la consecuencia de la equiparación relativista del islamismo y la democracia, por ejemplo, sino una muestra rotunda de puro oportunismo. De lo que se trataba era de iniciar negociaciones con un enemigo potencial que podía estar interesado en un reparto de la tarta beneficioso para ambas partes, esto es, compartir una concepción mafiosa de la política. Y en efecto, hemos ido viendo que esa regla inspira no sólo la Alianza de Civilizaciones, esa nada, sino asuntos domésticos como la negociación política con ETA, la reforma del Estatuto catalán o las maniobras empresariales a la mullida sombra del poder del Estado. La desvergonzada manipulación de la Fiscalía General o de la CNMV toman sentido en ese cuadro general: no se trata solamente que hayan caído en manos de sujetos sin escrúpulo alguno, que también, sino de que estas instituciones públicas han sido puestas de inmediato al servicio de una política que no tiene otro horizonte ni objetivo que la supervivencia y el medro de sus administradores. Y como éste es un mal objetivo (en su doble sentido), resulta imprescindible la selección y promoción sistemática de las peores alternativas: desde las personas, iluminados o rufianes o tontos o todo junto, a las salidas políticas de los líos en que éstas se pierden en pos de sus ambiciones.

Es comprensible que haya muchas personas incrédulas todavía, refractarias a la cuestión de fondo: que hemos caído en manos de un grupo resultante de una larga, sistemática y eficiente selección negativa, especialidad de los partidos políticos donde el PSOE amerita el Nóbel, de haberlo. Lamentablemente, es cierto. Si reclaman alguna documentación adicional para llegar a esta conclusión, pierdan cuidado: el diario Gara ya ha comenzado a publicar sus rigurosas exclusivas, de muy buena fuente, sobre la negociación política entre ETA y los enviados socialistas, con Jesús Eguiguren a la cabeza, otro acabado ejemplo de esa política de selección de incapaces, tan ambiciosos como carentes de escrúpulos. Naturalmente, el pensamiento mágico progubernamental se apresurará a desechar el dato y a negar toda credibilidad – “pues viene de un partido ilegalizado”, dice María Teresa Fernández de la Vega– a los mismos sujetos con los que, sin embargo, se empeña en llevar adelante lo que llaman un “proceso de paz”, gigantesca incongruencia que no implica problema alguno para el zapaterismo, capaz de negociar acuerdos trascendentales con grupos cuya existencia no sólo niega –Batasuna– o confunde –ANV–, sino de los que dice no creer ni una palabra ni esperar nada. Claro que esto es una bagatela al lado del empeño en aliar civilizaciones, por ejemplo.

La gran ventaja que ha disfrutado el zapaterismo es, precisamente, la incredulidad que despierta la correcta interpretación de sus intenciones y procedimientos. Cierto día discutía con un exsecretario general socialista, defenestrado por Zapatero, la implicación socialista en la famosa “mesa de partidos” con ETA. Por razones morales (imposible que su partido cayera tan bajo) y políticas (no podían ser tan torpes), no podía aceptar el hecho de que ya se estaban celebrando reuniones de esa mesa, según noticias publicadas por la prensa sin desmentido alguno.

La promoción de las peores ideas y de las peores personas ha ido avanzado como una invasión de termitas que ha brotado a la luz con el derrumbe de algunas estructuras carcomidas en la oscuridad. Muchos prefieren consolarse suponiendo que se trata de un problema aislado, menor, que no podrá con nuestro sólido edificio institucional. Peligroso consuelo, desmentido por la sórdida historia del “proceso de paz”. Lamentablemente, la sociedad española no brilla por su alto nivel de exigencia democrática o por su conciencia ciudadana. Muchos piensan que Zapatero y compañía pueden y deben hacer lo que quieran si a cambio consiguen que ETA no les estropee la cena con la imagen de un atentado, o si los islamistas eligen ciudades remotas para poner sus bombas. Esta actitud no es típica de gente de escaso nivel cultural, sino que abunda entre los catedráticos universitarios, los periodistas de peso o los empresarios más boyantes. Sea cómplice o fatalista, la promoción de lo peor es una muy larga tradición de la España plural. Tenemos un año por delante para comprobar si somos un país democrático normal, es decir, una sociedad de ciudadanos con algún sentido de la realidad, cierta autoestima, algún amor a la libertad y la mínima solidaridad debida a sus conciudadanos en peligro por el hecho de serlo. Porque el problema de fondo que está agravando el zapaterismo es la inmadurez de la democracia española, la pobreza de nuestra cultura política, la fragilidad de las instituciones que caen en manos de incompetentes e indeseables que parece imposible quitarse de encima. Tolerar a los peores es llamar a gritos al desastre de lo peor. Y es lo que pasará si no hacemos algo al respecto.

La ecuación puede plantearse más o menos así:

Irresponsabilidad + pensamiento mágico + ineptitud + sectarismo + charlatanería + rufianismo + ambición + falta de escrúpulos + adanismo = PSOE DE ZAPATERO. Una catástrofe muy española. A su lado, el pedrisco es como el rocío de la mañana.

jueves, 24 de mayo de 2007

Un expresidente del gobierno, ETA y las instituciones

Se equivoca Aznar al afirmar que cada voto que no vaya al PP servirá para consolidar a ETA en las instituciones. Se equivoca mucho porque las elecciones del domingo son municipales y ya me dirá usted qué tiene que ver ETA con el alcalde que elijan los vecinos de Calzadilla de los Barros. Se equivoca menos, pero sigue equivocándose, si se sitúan sus palabras en el contexto de las Elecciones Generales, algo que no hace sólo el expresidente, pues todos los partidos parecen haberse tomado las elecciones del domingo como unas primarias. Pero se equivoca, pues hay opciones más allá del PP que comparten su criterio de enfrentar a ETA. No se equivoca nada, en absoluto, sino que acierta de pleno si se restringen las opciones políticas a las que hoy ocupan el Congreso de los Diputados: ahí el PP está solo (como no se han cansado de aventar sus rivales), solo en contra de la negociación y del apaciguamiento con los terroristas. Enfrente, esto es, por el apaciguamiento y la negociación, todos los demás. Y que cada palo aguante su vela.

miércoles, 23 de mayo de 2007

El átomo del tiempo

El sexo en siete lecciones
I

Gozo y tortura
que el Tártaro y el Cielo
–uña de carne– desempeñan.

Al sexo y su desorden milagroso,
a su perfecto matrimonio
de beso y abrelatas, sucumbimos.

A la gloria del sexo,
a su desenfrenado latrocinio,
su avaricia impecable,
· alto cedemos.

II

Y por estar a flote,
por ser la superficie de la espuma en la piel,
por ser lo más visible y general,
por ser el más común lugar del paraíso visitado,
el sexo, lo evidente,
lo que a todos iguala,
lo esencial –sabia era Eva,
ingenuo Segismundo–,
por ser el sexo algo tan real,
lo único real acaso,
sólo se existe y vive a su merced.

No es reducible el sexo a números ni a ciencia,
no es cosa comprensible,
no es natural ni humano
y la divinidad lo desconoce.

Lo real no está sujeto a inquisición.

III

El tiempo escaso por costumbre
y, por la costumbre, frágil,
no basta para el amor
y es demasiado para el sexo.

Pero si en sexo se midiera el tiempo
si el sexo –el gozo, mejor dicho– fuera
una unidad de tiempo,
sería la más pequeña
que el reloj pudiera imaginar,
la apenas registrable,
el átomo del tiempo.

IV

Ni el denodado goce de los cuerpos,
ni el carnívoro roce de las bocas,
ni las fieras sensuales de los dedos,
ni las mejillas ardorosas,
ni el sudor refrescante de los pechos
–su rima encantadora–,
· ni el tacto delicioso de los muslos,
· ni la plata del pubis,
· ni las caudas azules y viriles,
son suficientes para el sexo.

La plena saciedad misma, no basta.
Lacios los cuerpos tras el goce, exhaustos,
bebidos uno a otro hasta las plantas,
sueñan, despiertos, con el sexo.
Sólo han probado, sólo empiezan a hervir.
La saciedad más absoluta
es siempre, apenas, el principio.

V

El cuerpo es siempre virgen para el sexo.
El cuerpo siempre, Paul, recomenzando.
Y el cuerpo eterno, el fiero eterno cuerpo
muere antes que el sexo.


VI

Y nada de que el sexo
sólo con amor es sexo.
El sexo es siempre amor,
nunca el amor es sexo.
El amor no es amor,
el sexo es el amor.
No hay sexo sin amor
pero hay amor sin sexo, y no lo es.
Todo amor sin sexo es corruptible.
Sólo una advertencia:
es ya desgracia conocida
que el sexo y el amor no sean posibles
sino con personas,
con almas y con cuerpos de cuatro dimensiones,
con seres existentes,
y nunca con fantasmas o sombras pasajeras,
mucho menos con plantas o gallinas.

VII Y ÚLTIMA

El sexo es una cosa
que se embellece cuando se la mira.
Y la prostitución es su magnífico revés,
su negación perfecta,
su ausencia depresiva.
El sexo es este Dios moldeado
por su más portentosa y vil creatura.

(Eduardo Lizalde)
En la humillante soledad del verano de sus 20 años, el sudor resbalando por las sienes, cada grieta de la pared, cada sombra proyectada sobre el techo memorizadas, J. se lo repetía una y otra vez. "El sexo es el amor." "El sexo es el amor." Y sus mayores siempre le habían dicho que todo en esta vida se consigue con amor propio, con el frecuente, tenaz y firme recurso al amor propio.

martes, 22 de mayo de 2007

Ammore, brutto figlio de pottana


Oh cielo, oh ammore fue, allá a principios de los 90, un impacto directo al gusto establecido y anquilosado de cantatas luteranas y conciertos ritornelli. La voz inigualable de Pino de Vittorio, la frescura y la anarquía aparente de las creaciones napolitanas constituyeron la llave para penetrar un universo mestizo en el que las tradiciones más diversas se fundían hasta confundirse. Ortodoxia y heterodoxia daban como resultado una ortodoxia diferente o hacían de la heterodoxia el principio que sustentaba un orden nuevo. Ante una cantata en lengua napolitana uno no sabe si está asistiendo a un espectáculo de la commedia dell'arte o se encuentra en medio de una ceremonia religiosa, si está dentro de un palacio habitado por la hueca resonancia de los siglos o pasea por una calle que huele a sardinas asadas, si es una voz educada en las reglas del canto más académico o la de un trovador popular la que te seduce, si sobre la escena se adivina la sombra de un arrogante soldado español o es una máscara de carnaval la que se burla en la plaza del virrey a caballo. En la Nápoles barroca (o en su imagen literaria), orden y caos se hacen indistinguibles.

Marco Beasley y Guido Morini han sabido recoger como nadie el espíritu de los Turchini en este disco que nos vuelve a ofrecer esta singular cantata de Alessandro Scarlatti, de tan significativo título como libérrima concepción. Aquí el recitado se mezcla con las partes líricas (ariosos y arias se las llama, pero quién las distingue) como la aristocracia con la plebe en época de Carnestolendas.

Lattuca bella non nasce affè
Cchiù tenerella 'e comme si tu
Bella 'mbriana, vòtate a mme,
Saname, sana, saname tu.


Ammore, brutto figlio de pottana, de Alessandro Scarlatti. Marco Beasley. Accordone. (Cyprès)

lunes, 21 de mayo de 2007

Otras noticias

Esta es buena.

* El nuevo partido tendrá un ámbito nacional español inequívoco, con la ventaja de nacer libre de las hipotecas territoriales y clientelares asumidas tanto por el PSOE como por el PP en estos años.

* Se comprometerá a impulsar un gran debate sobre la reforma de la Constitución, con vistas a resolver algunas deficiencias patentes en materia de igualdad y derechos, modelo territorial –con la vista puesta en un modelo federal cerrado, donde todas las comunidades tengan idénticas competencias dentro de un Estado sólido igualitario-, y mejorar la separación de poderes, especialmente para mejorar la autonomía del judicial respecto del ejecutivo.

* Promoverá la reforma de la Ley Electoral para impedir expresamente el peso excesivo de los nacionalismos periféricos y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña.

* Será una alternativa al sistema actual de dos partidos nacionales antagónicos y obligados a aliarse con partidos regionales o separatistas para conseguir mayorías parlamentarias.

* Asumirá medidas de regeneración democrática y propondrá su institucionalización, comprometiéndose a actuar de manera más abierta y transparente que las organizaciones de modelo centralizado tradicional, y lanzando un debate sobre la conveniencia de listas abiertas, limitación de mandatos, tutela judicial de los derechos de afiliados, etcétera.

* Promoverá una política de Estado para luchar contra ETA, o cualquier otro grupo terrorista, sin concesiones políticas de ningún tipo, menos dependiente del partido que gane las elecciones o de las características personales del presidente del gobierno de turno, a salvo por tanto de las contingencias que han arruinado el eficaz y añorado Pacto Antiterrorista.

[Las negritas son mías]

jueves, 17 de mayo de 2007

Cómo acabar de una vez por todas con la magia

Úrsula Martínez. El número definitivo.
Festival Juste pour rire (Montréal, 2006).


martes, 15 de mayo de 2007

Noticias

España, un día cualquiera.


viernes, 11 de mayo de 2007

El espejo en el espejo

John Cage
Satie reflejado en el espejo deformante de John Cage. John Cage en el espejo del espejo de Satie. Los rosacruces. El Génesis. Cabaret. La vida es un cabaret, amigo mío.










Sonnekus, de John Cage. Joan La Barbara, Leonard Stein. (New Albion)

martes, 8 de mayo de 2007

Paz para nuestro tiempo

Neville Chamberlain era una buena persona. También era Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, pero esa es una cuestión secundaria. Lo que cuenta es que era buena persona. Para el verano de 1938, cuando llevaba algo más de un año ocupando su alta responsabilidad política, Neville estaba convencido de que Adolf Hitler era un hombre de paz. ¿Que era nacionalista? ¿Bueno y qué? ¿Es que no tenían los nacionalistas también derecho a existir? ¿No eran acaso legítimas y democráticas sus reclamaciones sobre la región de los sudetes? ¿Por qué no iban a integrarse los sudetes en Alemania si la mayoría de su población hablaba alemán? A ver, ¿qué iban a hablar los alemanes?, ¿chino? Y si uno hablaba alemán, ¿qué era?, a ver... ¿No era pues justo que todos los germanoparlantes vivieran acogidos en el seno de la gran madre patria? ¿No se habían integrado ya los austriacos y, frente a los apocalípticos anunciantes del fin del mundo, los belicistas de siempre, no había pasado nada? Nada. ¿Qué había pues de malo en ello? Más aún, ¿qué había de malo en hablar de ello? Así que Neville cogió un avión en septiembre de 1938 y se fue hasta Múnich con la sana intención de reunirse con Herr Hitler. Tenía la convicción de que si lo miraba seriamente a los ojos y le pedía que abandonase las malas compañías, el canciller alemán no iba a poder sustraerse a la dulce mirada de un hombre bueno, pues al fin y al cabo Hitler era un hombre de firmes convicciones, pero que también deseaba, por encima de cualquier otra circunstancia, la paz. Bien, era cierto que para aceptar esa paz ponía algunas condiciones, pero no había condición que él no estuviera dispuesto a discutir con el mismísimo diablo con tal de satisfacer las ansias infinitas de paz de los súbditos de su augusta majestad. Así que la reunión transcurrió de forma agradable y se coronó con un rotundo éxito. Neville no cabía en sí de gozo y volvió feliz a Londres con un papelito en el que se veía chiquitina y grácil la firma del Führer, qué trazo tan fino y preciso, se notaba a las claras la honda sensibilidad de la mano que lo había estampado sobre el papel. Así que cuando llegó al aeropuerto lo primero que hizo fue mostrar exultante el papelito a sus seguidores, que lo aclamaban y vitoreaban como el gran príncipe de la concordia universal. No había duda ninguna. Neville había ganado la paz para su tiempo. Ya lo decían todos. Y el Daily Express tenía razón: llegaría el año nuevo de 1939 e Inglaterra seguiría en paz.

lunes, 7 de mayo de 2007

Ça va

Entre las múltiples virtudes que adornan a nuestro presidente Rodríguez Zapatero no se encuentran desde luego la de la prudencia ni la de la diplomacia. Nada más ganar las elecciones generales anunció que España volvía al corazón de Europa que, según él, representaban la Francia de Chirac y la Alemania de Schroeder, que habían tenido el valor de oponerse al imperialismo americano, y el corazón hizo casi de inmediato bluff, como el de una alcachofa puesta a hervir. Decidido a hacer méritos para que un cálido abrazo lo acogiese en ese retorno a la Europa de los buenos, impulsó deprisa y corriendo un referéndum de aprobación de una supuesta Constitución europea entre la indiferencia de sus propios votantes. Luego se colgó la medalla de que los españoles nos poníamos a la cabeza del proyecto europeo al ser los primeros en apoyar la Constitución, y el tratado de marras (pues no era otra cosa) encalló al primer contacto con otros europeos menos ansiosos por cortar cintas inaugurales. Apoyó a Kerry y ganó Bush. Dijo que el de Angela Merkel era un proyecto fracasado y hoy Merkel es una de las mujeres más influyentes de Europa.

Pero como de los golpes y las caídas se aprende, ayer, tras la victoria de Nicolas Sarkozy en las presidenciales francesas, nuestro presidente se aprestó a comentar que Sarkozy representa a una derecha abierta y moderna (o sea, que no es como la de otros). Mientras eso ocurría en España, en París, el nuevo presidente de la Francia eterna explicitaba el contenido del ideario que le ha llevado al triunfo: "Trabajo, autoridad, respeto e identidad nacional". De cederle ese lema a los conservadores españoles, nadie duda de que la derecha "abierta y moderna" de Sarkozy pasaría a situarse automáticamente en España (a ojos de Zapatero y su troupe) a la extrema derecha de la derecha extrema. Pero da igual. Zapatero ha aprendido la lección y ya será difícil cogerlo en otro renuncio. Es propio del pensamiento mágico, relativista e infantil atribuir la verdad a la personalidad del que dice las cosas y no a las cosas que se dicen, o hacer de la realidad una entidad ficticia, cuya existencia depende del contexto social en que se manifieste. Aprendida la lección de la diplomacia, a Zapatero le queda un arduo recorrido hasta entender el significado de los términos "realidad" y "verdad". Mientras, tiene por delante el ancho mundo de la política de las emociones, un espíritu que tan bien supo recoger Segoléne Royal en uno de sus últimos mítines: "Amaos los unos a los otros". Y la concordia se hizo.

sábado, 5 de mayo de 2007

Jiga

A veces J. se sentía fuera, barrido por un viento cuyo origen no acertaba a desvelar, desconcertado y vulnerable. Entonces trataba de racionalizarlo todo, de ahondar en la raíz misma de los hechos, en la esencia de lo que sentía y de aquello que le hacía sentir así y no de otra forma, lo ponía todo en duda, todo lo rastreaba, lo destapaba y lo sometía a crítica. Volvía sobre sus pasos, sobre lo ya vivido, lo retorcía, le daba la vuelta, lo miraba desde las sombras, dejando que creciera en una luz y a una distancia nunca antes contempladas. Buscaba la verdad o el consuelo. Rasgar el tul de las apariencias o dejarse mecer en la quietud inconsciente del delirio. Porque había un desajuste entre la realidad como los demás decían verla y como él la veía, un desajuste que alcanzaba a todo aquello que pasaba aun rozándolo, las nubes negras que traían fuego y no lluvia, el silencio ensordecedor de la sierra, el equívoco título de una canción o de un poema, las obras tantas veces recorridas y hasta memorizadas, de pronto irreconocibles, como si fueran nuevas, donde él leía placer, era el dolor, si sentía frío el cantor decía abrasarse...

Échame un vistazo al menos de arriba abajo
mírame cómo estoy de cabo a rabo enamorado
tengo enamorados los ojos
y tengo la boca enamorada
y tengo el pie izquierdo enamorado
y mucho más el pie derecho
tengo también enamoradas las espumosas ingles
y el pene conmovido enamorado como los niños de sus maestras
y los testículos al borde de las lágrimas de puro enamorados
tengo las manos pesadamente enamoradas
tengo enamorado el pecho combatiente
tengo con delirio enamorada la saliva
tengo la vieja cabeza altanera perdidamente enamorada
y enamoradas como vírgenes ridículas todas sus ideas
y todas mis palabras enamoradas hasta la tartamudez
y tengo enamorada la memoria
y enamorada hasta la abyección la imaginación
tengo el día y la noche enamorados
tengo enamorada cada hora con una herida roja y un sexo violeta
tengo enamorados los oídos y todo lo que oyen
y enamorada la lectura de cada línea que leo y cada idea que pienso
tengo la inteligencia magníficamente enamorada como una estúpida
y tengo enamorado este dedo meñique
y enamorado el gesto con que escribo estas líneas
tengo la voz con que te llamo enamorada
y enamorada la paciencia milagrosa en que te espero
porque te espero enamorado y no me dejes así
junta apretadamente todo esto en tu abrazo
dueña de los enjambres y de las cataratas reúneme
recoge fuertemente en tu abrazo de hermana insensata
apretados contra tus pechos más claros que los himnos
calmados en tu seno de cauce de las fiebres caudales
todos estos pedazos doloridos.
(Jiga, Tomás Segovia)
La misma voz del poeta, que se arrastraba lenta y pesada, desmentía a su modo de ver el título escogido para los versos. Nada en ellos había de la jubilosa carnalidad de la giga, sino más bien la desesperación del que se siente fuera ya del mundo, la cadencia casi líquida y etérea de una zarabanda profunda y dolorida.

viernes, 4 de mayo de 2007

Moral y progreso

Van quedando cada vez menos dudas acerca del origen evolutivo, darwinista, de la moral humana. En Tomándose a Darwin en serio, Michael Ruse argumentaba con solidez en este sentido y en El espejismo de Dios, Richard Dawkins abunda en la materia con la demoledora lucidez acostumbrada. Dawkins encuentra conexiones entre el origen de la moral y el del lenguaje. En ambos casos, existiría una base universal, una regla general, esa que permite a todos los miembros de nuestra especie dominar las leyes de la gramática sin ningún tipo de aprendizaje específico y, en el mismo sentido, una base que conduce nuestro comportamiento hacia el altruismo. En concreto, Dawkins encuentra cuatro razones de orden darwinista para el comportamiento altruista de los humanos: parentesco genético, reciprocidad (es decir, devolución de favores recibidos, lo que supone el hacer favores esperando el pago), obtener reputación de generosidad y amabilidad y, en un sentido similar, pero algo más allá (y siguiendo los estudios del zóologo israelí Amotz Zahavi), "generosidad conspicua como forma de comprar auténtica publicidad no falsificable" (esto es, el poderoso ayuda al menesteroso no esperando un comportamiento recíproco de él ni por el hecho de que la comunidad sepa cuán amable puede llegar a ser sino para "comprar éxito, por ejemplo al atraer pareja, mediante costosas demostraciones de superioridad, incluyendo la generosidad ostentosa y la asunción de riesgos para el bien común").

En múltiples ocasiones he defendido la idea de un progreso moral en nuestra especie, y casi siempre me he topado con una notable hostilidad al respecto. Para la mayoría de las personas con las que he discutido de la cuestión resulta evidente que la moral humana es la misma, que el hombre que pintaba bisontes en Altamira es, éticamente hablando, idéntico al que tiene la opción de viajar al espacio. La misma idea de 'progreso' resulta problemática y peligrosa para un darwinista. Si la evolución no tiene un diseño ni una dirección marcada, no existe progreso; cómo entonces podría hablarse de 'progreso' en el terreno de una ética darwinianamente concebida. Es quizá por eso que Dawkins se resiste a utilizar el término 'progreso' cuando se refiere a la moral, aunque es sin duda ese concepto el que sostiene su idea de que existe un acuerdo general sobre lo que es bueno y lo que no, "un consenso ciertamente misterioso, que cambia a lo largo de décadas y para el que no es pretencioso utilizar la palabra prestada del alemán Zeitgeist (el espíritu de los tiempos).[...] El cambio está teniendo lugar en una dirección reconociblemente consistente, que la mayoría de nosotros juzgaríamos como una mejora". A Dawkins le cuesta explicar las razones de este Zeitgeist cambiante y la consistencia de su dirección, aunque esboza algunas razones a las que falta engarzar y apoyar con mayor solidez.

Tal vez ese apoyo pueda buscarse en los estudios de Steven Pinker sobre la violencia. Este texto, que traigo del blog de Daniel Gascón, me parece suficientemente significativo:

La historia convencional lleva mucho tiempo mostrando que, en muchos aspectos, nos hemos ido haciendo más amables y bondadosos. La crueldad como entretenimiento, los sacrificios humanos para complacer a la superstición, la esclavitud como un instrumento para ahorrar trabajo, la conquista como misión de un gobierno, el genocidio como medio para adquirir propiedades, la tortura y la mutilación como castigos de rutina, la pena de muerte para faltas menores y las diferencias de opinión, el magnicidio como mecanismo para la sucesión política, la violación como botín de guerra, los pogromos como mecanismos de salida de la frustración, y el homicidio como la principal forma de resolución de conflictos: todos fueron rasgos comunes de la vida durante la mayor parte de la historia humana. Pero hoy son escasos o apenas existentes en Occidente, mucho menos frecuentes de lo que solían ser en otros lugares, se ocultan cuando suceden, y son ampliamente condenados cuando salen a la luz.

Hubo un tiempo en que estos hechos recibían un amplio reconocimiento. Constituían la fuente de conceptos como progreso, civilización, y la liberación del hombre del salvajismo y la barbarie. Sin embargo, recientemente, estas ideas han sido consideradas cursis, e incluso peligrosas. Parecían demonizar a la gente de otros tiempos y lugares, justificar la conquista colonial y otras aventuras en el extranjero, y ocultar los crímenes de nuestras propias sociedades. La doctrina del buen salvaje –la idea de que los humanos son pacíficos por naturaleza y que las instituciones modernas los corrompen- aparece con frecuencia en la escritura de intelectuales públicos como José Ortega y Gasset ("La guerra no es un instinto sino un invento"), Stephen Jay Gould ("El homo sapiens no es una especie malvada o destructiva") y Ashley Montagu ("La investigación biológica apoya la ética de una fraternidad universal"). Pero ahora que los científicos sociales han empezado a considerar grupos sociales en diferentes períodos históricos han descubierto que la teoría romántica está equivocada: en lugar de hacer que seamos más violentos, algo en la modernidad y sus instituciones culturales nos ha hecho más nobles.
A mí me gusta pensar que el progreso moral viene en el mismo lote del progreso material y científico. Somos mejores porque sabemos más y vivimos mejor y, aun de modo inconsciente, eso nos hace valorar mucho más todo aquello que la vida nos concede. Tal vez sea esa, y no otra, la razón del estancamiento moral de las sociedades teocráticas, aquellas en que la vida es mero trámite para el goce (o el sufrimiento) eterno tras la muerte.

miércoles, 2 de mayo de 2007

La lluvia

Amor, música y lluvia...

lunes, 30 de abril de 2007

Nuestra libertad

Sumisión
No es que vaya a hacerme más ateo, más antirrelativista, más antimulticulturalista ni más antiposmoderno de lo que ya soy, pero reconozco que la lectura simultánea de Mi vida, mi libertad, el relato autobiográfico de Ayaan Hirsi Ali, y El espejismo de Dios de Richard Dawkins ha sido como un puñetazo directo a la conciencia o, tal vez mejor, como un complejo vitamínico que sirviera para revitalizarla y mantenerla alerta. No sé si Ali y Dawkins se conocen personalmente, pero deberían. Ella quizá encontrara explicaciones claras y rotundas a tantas cosas que la han atormentado a lo largo de su vida y él... él saldría sin duda alguna ganando, pues tendría ante sí el vivo ejemplo de la construcción de una individualidad, de un pensamiento crítico, de una mente capaz de liberarse de las ataduras más severas para acabar enfrentada a sus propios espejismos.

El libro de Ayaan es apasionante. El relato de su infancia y su juventud, pasada entre Somalia, Arabia Saudí, Etiopía y Kenya, tiene la fuerza hipnótica de una gran novela de aventuras ambientada en un pasado lejano y exótico. Me costó trabajo aceptar que era una mujer algo más joven que yo la que me estaba contando su vida. A pesar de todo lo que sabemos acerca de los países musulmanes, pese a los múltiples reportajes de prensa y a los no menos numerosos documentales de televisión, a pesar de las noticias directas de conocidos que mantienen relaciones permanentes con comunidades musulmanas, era como si se abriera ante mí un mundo que nunca habría imaginado que llegara en esa forma a finales del siglo XX. Porque además, lo que Ayaan nos cuenta no es la situación provocada por el delirio ultrafundamentalista de los talibanes afganos o del wahabismo saudí, sino la situación diaria de millones de seres humanos que viven en los países islamistas moderados (y subrayo muy intencionadamente el adjetivo). Como ella va descubriendo con una lucidez extraordinaria a lo largo de su peripecia personal, no es una interpretación más o menos extremista del Islam la que causa esta situación, es el Islam en sí mismo el que pone barrotes no ya a los cuerpos, sino a las mentes de los individuos, tanto a hombres como a mujeres, aunque sean éstas las más perjudicadas, pues su única misión en el mundo, y en espera de la recompensa ultraterrena, es ser y mostrarse por completo sumisas, a Alá y a los varones. (No parece en vano que ‘Islam’ signifique literalmente ‘Sumisión’.)

Debo aclarar que si el relato de Ayaan tiene ese magnetismo y provoca esa fascinación no es desde luego porque esté escrito como un lamento continuo, como una jeremiada en la que ella se presente como la gran víctima, rodeada de seres malvados y perturbados mentales. No, todo lo contrario. Su fuerza radica en que lo que cuenta lo hace con absoluta naturalidad, porque aquello es lo natural, lo normal. No hay ni pizca de rencor en todo el libro, que está dedicado a su familia. No hay rencor para su abuela, sino cariño y agradecimiento por enseñarle a sobrevivir en su medio, a pesar de que fue su abuela la que, aprovechando la ausencia de los padres, la sometió a la mutilación genital. No hay rencor para su madre, una mujer permanentemente amargada y fuera de su mundo, que la maltrataba sistemáticamente, sino comprensión y amor. No hay rencor para su padre, que la repudió cuando se refugió en Holanda huyendo de un matrimonio indeseado, sino admiración y lealtad. Ni siquiera hay rencor para Rita Verdonk, la compañera de partido, ministra de Interior, que la sometió a un vergonzoso proceso político para arrebatarle la nacionalidad holandesa cuando las amenazas de muerte la hacían vivir rodeada de guardaespaldas y en permanente vigilia, cambiando casi cada noche de albergue. Ni rencor para los vecinos que la obligaron a abandonar su casa por el riesgo que suponía para la seguridad de su zona residencial. Es más, al final del libro, Ayaan hace una sentida referencia a su sentimiento de orgullo por haber podido conservar la nacionalidad holandesa y lanza un mensaje de agradecimiento a la sociedad que la acogió, pero además se reconoce como una privilegiada que pide que no se juzguen sus ideas por el hecho de poder ser considerada una víctima sino por el valor de esas ideas en sí mismas.

Ayaan jamás se regodea en lo escabroso. Narra la fractura de cráneo que le provocó un profesor de Corán casi como si le hubiera pasado a otra chica, mientras que el relato de su ceremonia de purificación (a los 5 años de edad) resulta terrorífico para cualquiera, pero ella lo narra con una sencillez y una sobriedad admirables, a pesar de que cuenta cómo la abrieron de piernas y la sujetaron entre varios y cómo sintió las tijeras que le seccionaban el clítoris y los labios menores y luego la aguja cosiendo los labios mayores, el dolor insoportable no sólo de ese momento, sino durante los quince días que tardó en reponerse. Y si a veces hace cierto énfasis en situaciones que para nosotros son del todo punto inaceptables, los protagonistas, las víctimas siempre son otros, como cuando estalla la guerra civil en Somalia y ella, que hacía apenas un mes se había trasladado a Kenya, se acerca hasta un campo de refugiados en la frontera para tratar de salvar a unos familiares. Las impresiones de aquellos días son sencillamente aterradoras. O como, cuando ya residiendo en Holanda, trabaja de intérprete y tiene que acompañar al ginecólogo a una chica somalí a la que habían practicado un tipo de ablación extrema, y nos cuenta el espanto de los médicos; o a aquella otra que pedía asilo político y tenía que traducir cómo había sido convertida en esclava sexual y cómo le habían arrebatado a su bebé y la habían obligado a contemplar cómo se abrasaba en una hoguera (por cierto, abro paréntesis, que esta práctica de arrojar a los niños al fuego mientras se viola a las madres está, según nos cuenta aquí Bernard-Hénri Levy, bastante extendida por la zona, pero creo que se trata de un asunto por el que no debemos preocuparnos demasiado, al menos de momento. Al fin y al cabo, se trata del conflicto interno de un estado soberano; ya habrá tiempo, si intervienen los estadounidenses, de manifestarnos horrorizados por su imperialista política exterior. Cierro paréntesis).

Otro momento clave del libro es la llegada al aeropuerto de Fráncfort, sus primeros días de estancia en Alemania y luego en Holanda. El descubrimiento emocionado de la civilización, del Estado de derecho, del individuo. Frente a la brutalidad y el oscurantismo de las autoridades de los países que había conocido, frente a la sumisión obligada a la religión y al honor de la familia, frente a la disolución de su individualidad en el cuerpo gregario del clan, de pronto la libertad, el individuo como sujeto de derechos inalienables, el funcionamiento regular de los servicios públicos y la existencia de un estado benefactor, cuyos agentes tratan de ayudarla a resolver sus problemas y no buscan la forma de extorsionarla. ¿Por qué hacéis esto por mí?, repite una y otra vez a policías y funcionarios. Es la ley, le responden, con absoluta naturalidad.

La carrera política de Ali es aleccionadora. Su adscripción primera a los socialdemócratas y la sorpresa cuándo tras el 11-S descubre la ceguera absoluta de sus dirigentes con respecto al problema del Islam y de la inmigración (el 11-S le sirvió también para encontrar a “analistas estúpidos hasta la exasperación –en particular los que se autodenominaban arabistas [tenemos por aquí legiones de esos], aunque desconocían la realidad del mundo islámico– [que] escribían numerosos comentarios. En sus artículos decían que el islam había salvado del olvido a Aristóteles y el número cero gracias a los sabios musulmanes que habían vivido ochocientos años antes; que el islam era una religión de paz y tolerancia, carente del menor atisbo de violencia. Eran cuentos de hadas que no tenían nada que ver con el mundo real que yo conocía”.). Comienzan entonces sus primeros artículos, sus primeras comparecencias públicas, siempre polémicas, simplemente por contar la verdad. No me resisto a traer aquí un hecho en verdad significativo (y a la vez desmoralizador). Ayaan asiste a una mesa redonda cuyo tema era: “Occidente o el islam: ¿quién necesita un Voltaire?”. Para su (mi) sorpresa, la mayoría de oradores (occidentales) opinaban que Occidente necesitaba otro Voltaire y expresaban las razones por las que consideraban que las cosas estaban tan mal por aquí: “la arrogancia de invadir otros países, el neocolonialismo y la decadencia de un sistema que había creado sociedades consumistas” y el blablabla que por bien conocido me ahorro. Fue un iraní, profesor de Derecho Penal en Amsterdam, quien vino a decir que el islam necesitaba una renovación crítica, pero en el debate posterior la mayoría de los que pedían la palabra no estaban de acuerdo con el profesor iraní, sino con los primeros oradores. Entonces Ayaan se levantó: “Miren cuántos Voltaires tiene Occidente. No nos nieguen el derecho a tener también nuestro Voltaire. Miren a nuestras mujeres y miren a nuestros países. Miren cómo huimos y les pedimos refugio y cómo hay gente que en su locura estrella aviones contra edificios. Permítannos tener un Voltaire, porque aún vivimos en la Edad Oscura”. Luego, el asesinato de Pim Fortuyn, el partido liberal, las elecciones, el Parlamento, Sumisión Parte 1, Theo van Gogh, su asesinato y la huida de Europa.

Ella se esfuerza en presentar este último suceso como una decisión personal, tomada en realidad antes de que se pusiera en marcha el proceso contra su nacionalidad holandesa, pero está claro que después de la denuncia de sus vecinos, después de la odisea que la obligaron a seguir por preservar su seguridad a toda costa, Holanda (y en realidad toda Europa) había dejado de ser un lugar seguro en el que residir. Resulta curioso ver cómo Ali y Dawkins coinciden en la alusión a Spinoza, el primer espíritu verdaderamente libre de Europa. Algo va muy mal en nuestro continente si un país como Holanda, símbolo de la tolerancia y de la libertad, la patria de Spinoza, es incapaz de preservar la seguridad de gente como Fortuyn, como van Gogh o Ali, y no me refiero ahora a su vida, pues está claro que ningún estado puede garantizar al 100% la vida de nadie, sino a la seguridad de que su discurso, sus ideas, sus mensajes merecen ser protegidos hasta el final, aunque no los compartamos, porque sus crímenes (como los de tantos otros en España, el paralelismo resulta perfectamente consecuente) no fueron crímenes comunes, fueron crímenes políticos. Fortuyn y van Gogh murieron por ejercer su libertad, que es también la nuestra. Muchos otros lo han hecho en otro tiempo, ya lo sé, pero hasta hace bien poco existía una unidad sin fisuras en torno a la idea de que era importante mantener incólumes los valores de la libertad que nos han hecho ser lo que somos, ciudadanos libres e iguales en el seno de estados de derecho, unos valores que algunas tendencias ideológicas que se quieren dominantes han sustituido por una especie de “síndrome de Estocolmo”, por el cual es signo de inteligencia respetar aquello que atenta contra nuestros valores y nos destruye. No puedo olvidar que ante la irrupción pública de las polémicas en torno a Ayaan Hirsi Ali, no tardó mucho Timothy Garton Ash en acusarla de ser “una fundamentalista de la Ilustración”. Tontos útiles los hay en todas partes. Así que prefiero quedarme con una sentencia de esta mujer valiente y decidida, lúcida y admirable:

Algunos me preguntan si albergo algún deseo de morir por decir lo que digo. La respuesta es que no: me gustaría seguir viviendo. Sin embargo, hay cosas que es necesario decir, y hay épocas en que el silencio es cómplice de la injusticia.


miércoles, 18 de abril de 2007

Lorenzo Milá: el telediario más guay

No conviene perderse esta entrada de Renault. El pdf que se enlaza es largo (menos de lo que en principio parece, porque está lleno de imágenes), pero muy muy jugoso...

martes, 17 de abril de 2007

Miserere mei Deus


José de Nebra (Calatayud, 1702 - Madrid, 1768) es sin duda uno de los compositores que más está beneficiándose de la corriente de recuperación del patrimonio musical español de los siglos XVII a XIX, durante mucho tiempo demasiado poco considerado. Tanto la música teatral como la religiosa que está conociéndose de Nebra lo colocan en un lugar muy eminente de la Europa musical de su tiempo, por lo que el olvido de su nombre hasta hace apenas una década se hace aún más incomprensible. Este disco, que se publica en el sello del Festival de Música Antigua de Aranjuez (gran iniciativa, que tendría mejor acogida con diseños más modernos y atractivos), recoge una escena de la música escrita por el compositor para un auto sacramental de Calderón (El Diablo mundo), representado en Madrid en 1751, y un Miserere a dúo, para dos voces de soprano, cuerda y continuo que se ha conservado en el Archivo de Música de las Catedrales de Zaragoza. Escrito bajo la larga sombra del estilo napolitano de mediados de la centuria (el célebre Stabat Mater de Pergolesi parece un modelo más que razonable, y no sólo por el orgánico empleado), la obra toma a menudo caminos insospechados que la aproximan a una sensibilidad no ya plenamente clásica, sino en la que incluso resuenan sonoridades de inequívoca naturaleza prerromántica. Luis Antonio González dirige a Los Músicos de Su Alteza, sin duda uno de los mejores grupos españoles dedicados a la música del XVIII, una interpretación muy matizada, que alcanza momentos de exquisita delicadeza en momentos como este "Sacrificium Deo" que Raquel Andueza canta de manera por completo turbadora.


"Sacrificium Deo", Miserere de José de Nebra. Raquel Andueza. Los Músicos de Su Alteza. Luis Antonio González (Música Antigua Aranjuez).

domingo, 15 de abril de 2007

El canon

La creación artística (entendida en sentido laxo, es decir, igualando a Bergman con Amenábar, a Kundera con Rosa Regás y a Sciarrino con Miguel Bosé) está, por norma, sobrevalorada en Occidente. A los productores de obras de arte (in extenso) se los considera sujetos extraordinarios, una especie de prolongación de los brujos paleolíticos, cuya función es clave para apaciguar a la divinidad y mantener la cohesión y la seguridad de la tribu. Por eso se dictan a su favor leyes de excepción y se protege su tarea como si de ella dependiera la supervivencia no ya del clan, sino incluso de la raza humana. Pero la obra de arte (su producción y su disfrute) es sólo una forma de participación social entre otras posibles (el deporte, los cafés, las ermitas, los chiringuitos de playa y los parques públicos cumplen idéntica función) y su tratamiento como cosa excepcional debería depender de la excepcionalidad de la cosa, es decir, protejamos a Barceló pero dejemos que Cattelan mueva sus piedras y sus poleas él solito.

Habida cuenta de que la distinción de lo excepcional se rige por criterios de difícil objetividad (habrá incluso quien considere un genio a Cattelan), las normas protectoras de la actividad artística deberían limitarse considerablemente en número y huir radicalmente de las generalizaciones, que alcanzarían indiscriminada e inevitablemente a un número proporcionalmente elevadísimo de mediocres (la campana de Gauss no engaña), provocando para la sociedad una dudosamente aceptable relación coste/beneficio. Esto es, menos leyes generales y más actuaciones en pro de la excelencia artística social e históricamente asentada. Si el mercado es válido para las lechugas, los utilitarios y las botas de fútbol, por qué no habría de serlo para las películas en vascuence, la poesía fonética y los cuartetos de cuerda.

Llama poderosamente la atención cómo en los últimos años la socialdemocracia europea ha iniciado un progresivo abandono del mundo de lo real y sus implicaciones morales para refugiarse en la imposición ideal de normas pretendidamente igualadoras que supuestamente habrán de traernos un futuro de paz, concordia e igualdad eterna e infinita. Toda la política discriminatoria (eufemísticamente calificada de positiva) pergeñada por los gobiernos occidentales (no sólo socialdemócratas, cierto, aunque éstos se han lanzado sobre ella con mayor entusiasmo, verbigracia, Zapatero and company) responde a esos criterios, como el apaciguamiento con el terrorismo islamista, liderado igualmente por el presidente Rodríguez, o la incomprensión absoluta sobre algo tan real y tan elemental como las consecuencias del progreso tecnológico.

Aceptemos como normal que las sociedades de autores quieran obtener el máximo beneficio para sus asociados y rastreen hasta el códice de Hammurabi en busca de argumentos jurídicos y morales que avalen sus pretensiones, pero que el Gobierno les conceda prácticamente todo lo que piden resulta desde luego inconcebible. Los sucesivos impuestos con los que se gravan soportes de registros de datos informáticos, programas de software y equipos y las restricciones legales al uso de los avances tecnológicos –so pretexto siempre de la defensa de la propiedad intelectual y la supervivencia de la actividad artística–, son la expresión más cruda de esta realidad. El blindaje que pretenden los creadores (¡oh, los creadores!) en el arcádico mundo de control absoluto de su producción es incompatible con los tiempos modernos. La informática y sus aledaños están ejerciendo de tecnologías disruptivas (y perdón por el palabro, pero lo leí el otro día y me gustó, suena recio) como ha habido muchas a lo largo de la historia de la Humanidad, acabando con oficios y costumbres y dando lugar a otros nuevas. ¿Se imaginan que los amanuenses hubieran exigido el pago de un canon por cada imprenta que se instalara a finales del siglo XV? ¿O que los arrieros hubieran hecho lo mismo por cada camión que se vendía?

Hasta hace bien poco producir un disco o un libro era algo muy caro, que quedaba lejos del alcance del consumidor medio, y su copia resultaba también más que problemática. Hoy la producción no resulta especialmente onerosa, hasta el punto de que cualquiera puede hacer en su casa un libro o un disco con medios muy modestos, y los sistemas de copia permiten réplicas si no siempre exactas más que satisfactorias para la mayoría de los interesados y a precios que rozan en ocasiones la gratuidad. ¿Por qué habrían los consumidores de renunciar a esas ventajas que les proporciona el avance tecnológico en función de un más que dudoso derecho de propiedad intelectual? La propiedad intelectual está ya, a mi modo de ver, sobreprotegida (¿cuánto tardarán los avispados alcaldes en cobrarnos un canon por fotografiar los monumentos de sus respectivas ciudades?, ¿podremos colgar estas fotos en internet?, ¿se creará en el futuro una policía que haga registros aleatorios de las casas en busca de copias prohibidas?) y los creadores (¡oh, los creadores!) lo que tienen que hacer es adaptarse a la realidad del tiempo que les ha tocado vivir, aunque eso a mí personalmente me perjudique (y mucho, pero me aguanto) y dejar de llorar como plañideras, tratando de poner puertas al campo y alargar en el tiempo una situación insostenible. Los autores ya cobran (sin reparos y sin remilgos) por la exhibición pública de sus obras hasta límites que rozan lo abusivo. Por ejemplo, si usted tiene un comercio y se lleva una radio a la trastienda para distraerse mientras no hay público, le cobran un canon por tener un medio de difusión de música en lugar público (y eso aunque a usted no le guste la música y escuche todo el rato programas informativos). Puestos en esta tesitura, puede que llegue el tiempo en que seamos los consumidores los que nos unamos para exigir a los autores un canon por la saturación acústica de nuestro espacio vital. Que vamos a un supermercado y tienen puesto los 40 Principales, sacamos nuestra tarjetita de consumidor antirruido y canon al canto; que nos subimos a un taxi y el taxista viaja con Kiss Fm a toda mecha, canon; que en el bar hay una tele encendida, tarjetita y canon (¿no paga el dueño del bar por poner el televisor, por qué no íbamos a cobrar nosotros, que odiamos la tele?); que el dentista nos atribula con una dosis excesiva de Richard Clayderman, canon doble, y así... A ver quién resistía más.

viernes, 13 de abril de 2007

Soleá

A J. le producían urticaria los haikus, los tankas y en general todas esas formas breves de la poesía oriental, con sus cielos siempre demasiado azules, sus aborrecibles lunas de oro y plata, sus bosques eternamente susurrantes y la tibieza acariciadora de los pútridos labios de la amada. Y para colmo, la defensa del pedantuelo de Borges. Pero una vez topó con un poema de Aquilino Duque, una soleá, que es el haiku de los gitanos, y se replanteó absolutamente todas sus fobias. Decía así:

Reloj de arena
tu cuerpo.
Te estrecharé la cintura
para que no pase
el tiempo.

jueves, 12 de abril de 2007

Verba Iesu in cantu

Dicit Dominus. Schola Antiqua

Frente a la exuberante intensidad de otras visiones, el tiempo se detiene en esta forma de entender el canto gregoriano. En su último disco, Schola Antiqua le da la palabra al galileo, algo tan raro de oír en la música monástica...
Beatus servus, quem, cum venerit Dominus, invenerit vigilantem: amen dico vobis, super omnia bona sua constituet eum.


Beatus servus. Schola Antiqua. Juan Carlos Asensio (Pneuma)

miércoles, 11 de abril de 2007

Un día crucial

Aquel en que un gobernante le dijo a un clérigo, Mire, me parece muy bien que ustedes publiquen todos los años su Índice de libros prohibidos, pero esa lista no afecta a la sociedad, allá cada cual con su conciencia, sus pecados no son delito.

martes, 10 de abril de 2007

El miedo a la libertad

¡Atención! Pregunta: ¿qué tienen estas imágenes en común?

Girbaud

Mahoma

Dolce & Gabanna



JAM Montoya

Armani