martes, 4 de enero de 2005

Currículum

Tienen vida propia. Uno los rellena un día, inflando allí la importancia de los cursos y camuflando allá el tiempo de experiencia, sin convencimiento alguno, más por contentar a quienes te insisten en que es necesario para encontrar o mejorar de trabajo que por necesidad propia. Y ellos solos crecen, se ramifican y multiplican como las enredaderas que cubrían el patio de mi tía Valentina, mi queridísima tía Valentina, un punto apenas ya en la memoria.

Me llamaron de una empresa que no conocía para una entrevista. Tenían un currículum mío, necesitaban un profesor para un curso y creían que yo daba el perfil requerido. Ya sabía que les iba a decir que no, pues el curso versaba sobre algo que traté en otro tiempo, hace demasiado, y siempre de forma tangencial. Pero me podía la curiosidad. Aparqué mal, esperé poco. Me atendieron dos chicas jóvenes, más jóvenes que yo, un curioso cambio de perspectiva, cuando buscaba trabajo los entrevistadores siempre me miraban desde la autoridad que da no sólo el poseer la capacidad de aceptarte o rechazarte, sino también la que proporciona la edad. Ahora los dos factores jugaban de mi lado. Sí, curioso cambio de perspectiva. La que hablaba era alta y guapa, con una sonrisa que la hacía aún más joven, se la notaba desenvuelta, acostumbrada a tratar diariamente con gente de todo tipo. La otra, bajita y con una cara casi de porcelana, parecía más tímida, o acaso era su papel, observarme sin perder ni un detalle de mi barba de dos días, mi pelo desordenado, la camisa por fuera del pantalón, esas cosas...

Les pregunté cómo había llegado mi currículum hasta allí. Me dieron el nombre de una tercera persona, a la que, recordé, yo le había dejado uno hace varios años, he olvidado para qué. Me contaron lo que estaban buscando. Yo lo que hacía y que no creía cumplir con el perfil que ellas precisaban. Insistieron. Asombrado, me di cuenta de que en realidad no me encontraba en una entrevista de selección de personal, sino que me estaban ofreciendo ya el puesto: un curso de 700 horas, muy bien pagado. Dependía de mí. Y les dije que no, que tenía demasiadas cosas entre manos, que organizarme en apenas un mes para preparar algo como eso me superaba, que en realidad ya sabía que iba a decir que no, que había acudido sólo por curiosidad, por conocerlas (a ellas, tan simpáticas), por salir de casa una mañana como ésta, que me disculparan si les había hecho perder el tiempo. Sonríen y me hablan entonces de otros cursos que a lo mejor se ajustan mejor a mi perfil, y tal vez puedan interesarme. Les pido que por favor no dejen de avisarme y mientras nos despedimos compruebo que la más baja cojea ostensiblemente, parece algo congénito, y entiendo algunas cosas, la cojita.

Cuando salgo a la calle el frío de la mañana ha desaparecido por completo. Tengo que lavar el coche, que ese ignominioso "guarro, lávalo" de la luna trasera desaparezca por fin, que mis hijas no se rían cada vez que pasamos por su lado. Pongo la radio, y Wish you where here de Pink Floyd. Me clava al asiento. Mientras doy vueltas para salir de un barrio que no conozco siento cómo el vacío se va apoderando de mí, un vacío ridículo, innecesario, absurdo, una nostalgia que se dirige hacia algo que en realidad nunca tuve, que es la peor de las nostalgias, la de las fantasías y los deseos eternamente insatisfechos, la que te deja la sensación de fracaso y estrépito más desoladores. Y decido que esto tengo que escribirlo, para fijarlo en alguna parte, para despegarlo de mí y tratar de evitarlo otra vez en el futuro, aunque ya sé que será inútil, pues ha habido otras veces, otros textos muy parecidos a éste fijados en papeles hace años olvidados. Además que en ese momento ni siquiera sé si sabré trasmitir por escrito lo que de verdad siento. Y no lo sé.

7 comentarios:

Saf dijo...

Pues lo ha hecho.
Al menos yo así lo creo.
Y quisiera haber estado ahí, en el asiento de al lado, escuchando esa música para darle a Ud. un beso.

Siento un respeto inmenso hacia su talento como escritor.
Y un afecto tremendo hacia Ud. como persona.

Hale (hay queda eso)

Saf ;-))

Paolo dijo...

Pues muchas gracias.
Vale usted más que todas las cajas de Seroxat del mundo.
...ejem...

Saf dijo...

Xerosat??? (¿yesoquésloques?) ;-O -Si me hubiera dicho:
-Caja llena de esmeraldas
-De lencería de La Perla
-De valores y acciones del Ave
-De caudales
-De...

¡¡¡PERO NOOOOOO, el señorito tenía que llenar la caja de vetetúasaberqué!!! Agggh!

Saf ;-))

Paolo dijo...

Puede que aquí le informen:

http://www.seroxatusergroup.org.uk/

Anónimo dijo...

Esa sensación es vieja conocida. A veces, cuando se lo cuento a algún amigo, me dice que no me preocupe, que es la famosa crisis de los 40, que se pasa con el tiempo. Y siempre pienso "sí, claro, se me pasará cuando esté muerta".
Gin

Paolo dijo...

¿Crisis de los 40? ¿Con Alí Babá, incluido? No, si va a ser eso...

Por cierto, Gin, ¿ha aterrizado usted ya a orillas del río Betis o se ha librado del trance?

Anónimo dijo...

Todavía no, señor araña, me tienen con las maletas hechas hace meses (suerte que existen las bragas de papel desechables que si no...) porque cualquier día, en cualquier momento, me mandan para allá. Y no habrá tregua, o sea que será inmediato; de ahí lo de las maletas hechas.
Gin