martes, 24 de agosto de 2004

Recuerdos olímpicos (3)

De ningunos otros Juegos tengo tantos recuerdos como de Los Ángeles 84. En Montréal era demasiado pequeño. En Moscú se dieron muchas circunstancias adversas. Pero en el 84 yo tenía tiempo (¡¡¡tiempo!!!). Así que pasaba horas y horas delante del televisor. Por la mañana, por la tarde y por la noche. Me levantaba de madrugada para ver los partidos de baloncesto y las pruebas de atletismo, mientras me hartaba a comer galletitas untadas de Nocilla o tajadas de melón.

Recuerdo en la inauguración a un hombre que volaba, muchas bandas de música, los inevitables mosaicos, al nieto de Jesse Owen y el encendido de la llama, después de que un atleta subiese una escalinata interminable, que parecían haber trasladado directamente desde Hollywood.


Llama Posted by Hello

Como en el 80 los países occidentales habían boicoteado los juegos de Moscú, en el 84 fueron la URSS y sus satélites quienes se negaron a asistir a Los Ángeles. Una lástima, porque nos perdimos un duelo baloncestístico apasionante: la EEUU de Michael Jordan contra la URSS, que tenía el mejor equipo de su historia, con un joven y pletórico Sabonis incluido, como había demostrado en el preolímpico de París (cuando ya sabían que no asistirían a los Juegos) aplastando inmisericordemente a España. Aunque también nos ahorramos algunas mentiras, como las marcas imposibles de las nadadoras y las atletas de la RDA (para escarnio del lenguaje, República Democrática Alemana). Yugoslavia, tradicionalmente el país comunista más alejado de las decisiones de Moscú, la Rumanía de Ceaucescu y China desafiaron el bloqueo y asistieron a los Juegos.

Los Ángeles 84 fue, para mí, la constatación de que todos los JJOO se desarrollan en dos semanas perfectamente diferenciadas. La primera es la semana de la natación y de la gimnasia; la segunda, la del atletismo y del baloncesto. Todo ello se adorna con otros muchas competiciones paralelas, ornamentos más o menos prescindibles, que dan color y ambiente, pero nada más.

De la gimnasia tengo una imagen clavada en mis retinas de modo imborrable. Fue el salto que le dio el título individual a la estadounidense Mary Lou Retton, la chica profidén, que al parecer ahora se dedica a escribir (o firmar) libros de autoayuda.


Mary Lou Retton Posted by Hello

Las rumanas habían ganado el concurso de equipos, y en la final individual había gran igualdad, aunque la favorita era la rumana Ecaterina Szabo, a la que algunos señalaban como la sucesora de la gran Comaneci.


Ecaterina Szabo Posted by Hello

Pero llegó Mary Lou, paticorta y maciza, con esa eterna sonrisa adolescente de mala película americana, e hizo un salto portentoso. Cuando salió la nota, las caras de las rumanas eran de no creérselo, mientras Mary Lou se abrazaba a su entrenador (rumano) emitiendo todo tipo de sonidos ininteligibles (para mí, negado con el inglés, of course). Puede que en otros aparatos, los jueces hubiesen deslizado alguna décima del lado de la americana, pero en salto, no, así que nadie de la delegación europea se atrevió a la más mínima protesta. El título cambiaría por completo la vida de esa mujer que ya entonces parecía predestinada a posar con su familia modelo. Fue su único oro, porque en las finales por aparatos sólo consiguió medallas menores, mientras que Szabo conseguía imponerse hasta en tres de ellos.

De la gimnasia masculina recuerdo el triunfo del conjunto de los EEUU, que tenían un equipo extraordinario, y también recuerdo el fracaso del chino Li Ning, el favorito absoluto de la competición, en su intento por ganar el concurso individual, en el que sólo alcanzó el tercer puesto, aunque luego se resarciría ganando oro en tres aparatos.


Li Ning Posted by Hello

De la natación me ha quedado el dominio absoluto de los nadadores estadounidenses, pero sobre todo conservo ecos de un duelo, que se repetiría luego en campeonatos mundiales, el que mantuvieron en mariposa el alemán Michael Gross y el norteamericano Pedro Pablo Morales. Gross aventajaba a Morales en la envergadura impresionante (por algo, era conocido como el albatros), pero Morales era técnicamente superior, peleón y muy fuerte. Ganó Gross.


Michael Gross Posted by Hello

Los Juegos del 84 fueron sin duda los Juegos de Carl Lewis, considerado por muchos (y con razones de peso) el mejor atleta de todos los tiempos. Ganó cuatro oros, en 100, 200, 4 x 100 y longitud, igualando el récord del mítico Jesse Owen, ante un atónito y enfurecido Hitler, en los Juegos de Berlín del 36.


Carl Lewis Posted by Hello

El hijo del viento, con su impresionante clase y en la plenitud absoluta de sus medios físicos, no tuvo rivales: en 100 y 200 sacó casi dos décimas a los segundos; en 4 x 100, el equipo de EEUU aventajó en casi un segundo a sus perseguidores jamaicanos (todo un mundo en la velocidad) y en longitud, la plata quedó a 30 centímetros de Lewis. Todo salió exactamente como estaba previsto.

Son muchísimos los recuerdos que guardo del atletismo, como la victoria en los 400 vallas del gran Edwin Moses, por delante de su compatriota Danny Harris (quien tres años después, en Madrid, rompería su racha de 122 victorias consecutivas) y del alemán Harald Schmidt. Fue una final preciosa, en la que Moses se permitió el lujo de hacer una salida nula.


Moses, Schmidt y Harris Posted by Hello

Por supuesto, no me olvido del medio fondo. Sebastian Coe era mi ídolo de entonces. En Moscú había ganado el 1500, pero perdió el 800 (prueba en la que tenía el récord del mundo) ante su compatriota y gran rival Steve Ovett. Ahora nadie parecía capaz de impedir un doblete que sería histórico. Pero en la final de 800 apareció un actor que no estaba en el guión. Era brasileño, y se llamaba Joaquim Cruz.

Recuerdo a la perfección el esfuerzo de Coe en la recta final, mientas yo lo arengaba desde mi casa (entre susurros, para no despertar a nadie), y su cara de decepción (y la mía: de tonto integral) cuando fue incapaz de alcanzar a Cruz. El brasileño tenía una planta de atleta formidable. Parecía predestinado a rebajar el récord de Coe (1:41:73), pero después de Los Ángeles fue diluyéndose hasta desaparecer del panorama atlético internacional. Coe se quedó sin su ansiado oro en el 800, pero conservó su récord hasta la irrupción del keniano (hoy, nacionalizado danés) Wilson Kipketer hace menos de una década.


Joaquim Cruz gana a Coe Posted by Hello

Como en Moscú, a Coe le quedó la ocasión de resarcirse de su derrota ganando el 1.500, y como en Moscú, así lo hizo. Aquella fue la carrera que más interés despertó en España, ya que para la final se había clasificado José Manuel Abascal, que tenía seria opción de medalla. La carrera empezó lenta, por lo que, conocedor de que a ese ritmo su final no era lo suficientemente veloz como para imponerse a la mayoría de los participantes en la final, Abascal cambió bruscamente de ritmo, como solía hacer, a falta de 600 metros. Lo siguieron Sebastian Coe y Steve Cram, el tercer gran mediofondista británico. En la recta, Coe, con una fluidez increíble, dejó atrás a todos sus rivales y ganó con absoluta claridad. Cram entró segundo y Abascal, tercero. Fue el primer gran éxito olímpico del atletismo español en pista (Jordi Llopart había sido medallista en Moscú, pero en la especialidad de marcha).


Sebastian Coe Posted by Hello

Otra imagen del estadio que no creo que olvide nunca es la de la caída de Mary Decker. Esta magnífica fondista americana, la novia de América, había ganado el año anterior en los primeros Mundiales de Atletismo disputados en Helsinki los 1.500 y los 3.000 (entonces las mujeres corrían tres mil y no cinco mil metros), y para Los Ángeles era la gran favorita. Sin embargo, en la final del 3.000 tropezó con Zola Budd, una jovencísima atleta sudafricana que corría descalza, y se lesionó.


Mary Decker y Zola Budd Posted by Hello

Mary lloraba inconsolable, mientras Zola pareció tan confusa por la situación que prácticamente desapareció de la final. Fue un hecho inexplicable (en un primer momento, la americana acusó a la sudafricana de haber provocado su caída por inexperiencia, aunque supongo que después, más serena, entendería el carácter absolutamente fortuito y azaroso del incidente). Aquello afectaría de manera definitiva la carrera de ambas atletas. Parecieron eclipsarse mutuamente. Decker era ya mayor, y aquellos iban a ser sus últimos juegos. Budd apenas hizo nada digno de ser recordado a partir de aquel momento aciago.

Una de las imágenes más impactantes de aquellos Juegos fue la entrada en el estadio en la prueba de marathon femenino de la atleta suiza Gabrielle Andersen, afectada por un golpe de calor, absolutamente exhausta, sin poder controlar sus movimientos, pero perfectamente consciente de lo que pasaba a su alrededor.


Gabrielle Andersen Posted by Hello

La vuelta que los atletas debían dar a la pista para concluir la prueba fue sin duda la más agónica y patética que yo recuerde, con la suiza dando tumbos por el tartán, rodeada por jueces y médicos que esperaban una indicación suya para intervenir, el público puesto en pie aplaudiendo sin parar y la sensación de que Andersen sería capaz de dejarse morir antes de renunciar a concluir sus 42.195 metros de rigor. Espíritu olímpico de superación, le llaman, aunque, desde otro ángulo, yo lo considero una soberana estupidez. La prueba (que era la primera vez que se celebraba en categoría femenina dentro de unos JJOO) la había ganado la estadounidense Joan Benoit, quien por aquellos días hizo unas declaraciones auténticamente sorprendentes: afirmaba la americana que en un futuro no muy lejano, hombres y mujeres competirían juntos en marathon, y habría veces en que las carreras las ganarían las mujeres (¡si la hubieran oído nuestras ministras!).


Joan Benoit Posted by Hello

Algunos otros recuerdos son algo confusos, pero siguen ahí, como las volteretas de Daley Thompson después de renovar el oro de Moscú en Decathlon (yo tenía un juego para el Spectrum con su nombre, ¡las cosas que eran capaces de hacer con 16 K de memoria!)


Daley Thompson Posted by Hello

O la victoria de la marroquí Nawal El Moutawakel en 400 metros vallas, la primera que obtenía en una prueba olímpica una mujer de un país musulmán.


Nawal El Moutawakel Posted by Hello

Pero si por algo se recuerdan los Juegos de Los Ángeles en España es por la medalla de plata que obtuvo el equipo de baloncesto, que hizo madrugar a medio país en uno de esos intermitentes booms que este deporte ha conocido en España en los últimos veinte años. Recuerdo que en la fase de clasificación lo pasamos fatal en el primer partido contra Canadá, pero después ganamos todos los demás encuentros con comodidad, hasta que nos cruzamos con los EEUU. Yo jugaba por entonces en un equipo de baloncesto de amigos. Nos entrenaba un portorriqueño, Carlos, quien nos había señalado al jugador de la selección americana al que debíamos prestar atención: Michael Jordan. Del resto del equipo (los profesionales de la NBA tenían vedada su participación) me sonaba el nombre de Patt Ewing, porque acababa de ganar la final universitaria, en un partido que creo que pasó TVE, y poco más, aunque también estaban Chris Mullin o Sam Perkins, que serían luego estupendos jugadores NBA. Los entrenaba el grosero impresentable de Bobby Knight. Del primer partido contra los americanos, sólo recuerdo que nos dejaron sin resuello y que Jordan encestó casi desde el centro del campo al final del primer tiempo.

Luego vinieron los cuartos de final, contra Australia, y una canasta desde lejísimos de José María Margall (hoy sería de 3 puntos: la línea de 3 se implantó en el baloncesto FIBA justo después de estos Juegos) en un momento especialmente comprometido, que ha sido lo único que retengo de aquel partido; las semifinales contra una Yugoslavia en la que ya comenzaba a despuntar Drazen Petrovic; y la final, otra vez contra los americanos, que no nos dieron opción (nos ganaron 96 a 65), aunque nos quedara el buen sabor de boca de un impresionante tapón de Romay sobre el mismísimo Jordan. Aquella plata fue saludada como una auténtica gesta. Sus protagonistas: José Luis Llorente, Fernando Arcega, Jose Mª Margall, Andrés Jiménez, Fernando Romay, Fernando Martín, Juan Antonio Corbalán, Ignacio Solozábal, Juan Domingo De la Cruz, Juan Manuel López Iturriaga, Juan Antonio San Epifanio Epi y José Manuel Beirán. [En estos días, el nuevo equipo olímpico español busca repetir, e incluso mejorar, aquella plata histórica. Otra vez nos cruzamos con los americanos, pero esta vez en cuartos de final, y contra un equipo formado íntegramente por jugadores de la NBA. Sin embargo, somos favoritos. Sin duda, los tiempos están cambiando.]

Sólo he conseguido una foto de aquella final (sorprendentemente, en la Web de la Federación Española de Baloncesto no he encontrado ninguna). Es en blanco y negro, y no demasiado buena. Sam Perkins y Fernando Romay saltan por el primer balón del partido. De espaldas, el número 4 americano es el base Steve Alford, un muy buen jugador, que, pese a ello, no logró hacer carrera en la NBA.


Romay y Perkins Posted by Hello

4 comentarios:

it dijo...

...parece que le gustan los juegos....

Saf ;-))

Paolo dijo...

Sa... Soy muy juguetón.

Anónimo dijo...

Um, qué nostalgia me ha entrado. Hasta las del 92 me encantaba sentarme a ver las Olimpiadas y procuraba verlas enteras. Las del 92 coincidieron con el final de un embarazo y bastante deporte tenía con practicar la búsqueda de una postura llevadera. Desde entonces no he vuelto a ver ninguna prueba olímpica. Este año mi hija mayor, aquella niña del 92, se ha pasado dos semanas pegada al televisor sin entender cómo su madre hace vida al margen de los juegos olímpicos. Y la cosa es que su madre tampoco lo sabe...

Paolo dijo...

Es curioso, pero el 92 también marca el punto de inflexión de mi interés por los Juegos (y no, yo no estaba embarazado (aunque, ahora que lo pienso, casi, aunque se trata de un embarazo sobrevenido, hmmmm)). Este verano, pese al trabajo un poco asfixiante, he recuperado el gusto por ellos. No sé, será la facilidad horaria.