viernes, 25 de junio de 2004

Los antojos de Hermes

El sugerente título es el del nuevo libro del antropólogo Pedro Cantero, que estará dedicado al comercio tradicional sevillano, un renovado ejercicio de nostalgia, trufado con esencias de catastrofismo. Puedo compartir la mirada nostálgica, pues el filtro del tiempo endulza siempre el pasado, y los olores de las viejas tiendas de ultramarinos me asaltan aún a veces, cuando a los asépticos supermercados de nuestros días se les escapan los aromas inconfundibles de embutidos y quesos. Pero la sensación de catástrofe ante los nuevos modos de sociabilidad que han traído consigo las arquitecturas y hábitos de consumo modernos me coge ya con el paso cambiado y en la acera de enfrente.

Y no es fácil evitar la sensación de catástrofe, sobre todo cuando uno lee en el primer prólogo del libro la importancia crucial de la subsistencia del comercio tradicional, avalada por informes y tratados respetabilísimos, o cuando en el segundo se encuentra con "Consumo y territorio", texto que firma un colectivo que se hace llamar alt-q. arquitectura (¿por qué será que los arquitectos tienen esa machacona tendencia a opinar colectivamente?). Interesante discurso, que merecería un análisis más pormenorizado del que ahora puedo hacer. Partiendo de una premisa que luego no cumple ("El presente texto se construye como intento de superación, tanto de actitudes nostálgicas en torno a la progresiva desaparición de las formas tradicionales de intercambio comercial, como de ilusiones fundadas en la exuberante parafernalia que acompaña a las nuevas formas del ocio-consumo" [Obsérvese la sutileza de la distinción terminológica, y cómo "desaparición" y "tradicional" se oponen a "exuberante parafernalia" y "ocio-consumo"]), alt-q. arquitectura se limita a aplicar doctrina a la problemática ("problematicidad" le llaman ellos) de la relación entre los hábitos de consumo, la sociabilidad y la arquitectura que sostiene y nutre las nuevas necesidades, inducidas, obviamente, por la búsqueda del máximo beneficio que caracteriza al sistema capitalista, de manera que "a medio plazo nuestro sistema social de quinientos años de recorrido no parece viable. Muere de éxito, la racionalización y abstracción extrema que ha promovido en su incesante capacidad de generar y mover riqueza, no le permite desviar por mucho más tiempo la mirada del destrozo ecológico y de las terribles desigualdades que lleva aparejadas".

Unas desigualdades que son mucho menores allí donde el capitalismo se ha impuesto de modo más incontrovertible, cabría añadir, pero esto parece poco importante, porque nos desvía de la tesis general, que pretende convencernos de que los ciudadanos del mundo occidental estamos alienados a causa de los mundos paralelos creados en las grandes superficies comerciales para causarnos la sensación de que somos felices. Y yo que jamás he sido capaz de diferenciar la sensación de ser feliz con el ser feliz en sí...

4 comentarios:

Saf dijo...

Sa. Yo tampoco soy capaz de diferenciarlo (si le consuela el saberlo).
Y un comentario lateral (y muy prescindible, dado lo sesudo de su post...), por un momento pensé que estaba Ud. hablando de "Hermés" el perro de D.Jesús Hermida (su gata se llama Loewe)... lo que daría para abrir otros temas alternos...

Saf ;-))

P.D. Que me alegro muuuuuuuucho de verle a Ud. tan poquito "aislado".

Paolo dijo...

Me encanta que mis posts le parezcan sexudos.
Es que lo son...
¿Y también tiene antojitos? El perro de Hermida, me refiero...

Saf dijo...

El perro no sé... pero la gata tiene neumonía (¡!) y el sueldo de una amiga depende de la dichosa salud de la felina.

Daría para un post... ¿verdad?

Saf ;-))


¡Y dije "SESUDO"!!

Paolo dijo...

¡Ah! "SEXUDO"

Su insistencia me balparama, perlino y márulo, y me ordopena hasta el límite de las gunfias...