lunes, 31 de octubre de 2005

Suicidio

1. Nos llevaban de la mano, en filas de a dos. Teníamos que bajar la cuesta de la Laguna, pasar por delante de la Cartuja, donde los alumnos de los cursos superiores apuraban a escondidas sus primeros cigarrillos, atravesar las calles encaladas y de sábanas blancas donde terminaba la morería, alcanzar las modernas edificaciones de pisos encajonados entre casas señoriales y arrumbadas, rodear la fachada trasera del cine, para terminar bajando por la escalerilla que conducía hasta la iglesia. En el mejor de los casos hacía un sol radiante, el cielo azul y nítido parecía vestido de primavera y uno entraba entre expectante y acongojado a la oscuridad fría del templo, donde el páter esperaba para marcar nuestras frentes con ceniza mientras recitaba sus latinajos. Memento homo, quia pulvis eris et in pulverem reverteris. A la salida era la algarabía, los saltos, las peleas fingidas, las riñas de los maestros, los gritos, las caídas, los llantos, los ladridos de los perros sorprendidos, la mirada condescendiente de los viejos. Volvías a casa y lo primero que hacías era mirarte al espejo, la ceniza convertida en una manchita informe que te recordaba que eras polvo y en polvo acabarías convertido.

2. "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía." (El mito de Sísifo, Albert Camus)

3. Pocas ideas tan liberadoras como la del suicidio. Pensar que si algo sale verdaderamente mal, si el sufrimiento alcanza un punto intolerable, la nada es una solución perfecta, permite afrontar las decisiones difíciles con mucha mayor audacia y valentía. Uno puede incluso calibrar y ajustar dónde coloca el punto de no retorno, en qué momento la vida deja de valer la pena de ser vivida. Aristóteles arremetía contra los suicidas, porque consideraba que eran cobardes incapaces de afrontar la pobreza y el dolor. Pero no me refiero ahora a tomar la decisión final de quitarse la vida, sino simplemente a contemplar esa posibilidad como factible, a considerar que el peor de los escenarios imaginables es fácilmente eludible con un salto a la inexistencia.

4. En El libro de los amores ridículos, Milan Kundera se burla despiadadamente de la pasión romántica, terreno en el que las cosas sólo ocurren en la apariencia. Enamorada febrilmente, sin correspondencia, una de las protagonistas de Kundera es rescatada cuando estaba a punto de morir asfixiada por el gas de una cocina. Pobre mujer, tan desesperada estaba por su mal de amores, que optó por el suicidio, dicen todos, hasta que uno de ellos entra en la cocina y ve el cazo de leche puesto a hervir, la leche rebosada sobre los fogones apagados, la espita del gas abierta.

5. Memento homo, hoy en un día despejado y transparente, azul de otoño, como los ojos poéticos de la amada intocable e incorrupta.

18 comentarios:

Saf dijo...

Hhhhmmmmmmm..... para que yo me entere....... ¿ésto significa que si Ud. no comparece y nos toca el euromillón.... me lo puedo quedar entero????????

Saf ;-))

Anónimo dijo...

También Camus y también en El Mito de Sísifo: Se tiene la certeza de que las cosas no tienen solución, pero se debe actuar siempre como si la tuvieran.

La donna è mobile dijo...

Yo sólo sé que nunca lo haría. La vida lo mismo te lleva de cráneo que te saca en hombros en cuestión de días. Es imprevisible, es lo que tiene, y ¿qué otra cosa hacemos que pelear a diario? ¿por qué dejar de hacerlo? ¿quién hay por ahí que no tenga problemas y pueda permitírselo? Creo que siempre estamos en guerra contra muchas cosas y que rendirse en la de los opciones, la más fácil.

La donna è mobile dijo...

Además (y esto ya extra-oficialmente) me parece que escribir sobre suicidios es mucho peor que hacerlo sobre, no sé, ¿el nacimiento de la infanta doña Leonor?

Paolo dijo...

Saf, egoistona, que antes del viernes no va a ser...

Ay, Donna, a mí es que las infantas recién nacidas no me inspiran nada, pero nada nada, de verdad. Y ya sé, ya sé que tú no lo harás. Es que como lo hicieras, me ibas a oír...

:-))

Egonauta dijo...

Nada más que considerarlo como potencial vía de salida hace de su eventualidad un hecho más cercano……. Camus flirteó más de una vez con esa idea.

Egonauta

Artaher dijo...

Pues a mi el suicidio me parece, salvo casos excepcionales, absurdo y ciertamente patológico.
Para un creyente, supondría la condenación eterna. Una razón de peso, sin duda, y que en si misma debiera ser efectiva.
Para un ateo, llevaría implícita la desaparición definitiva, la nada eterna. Algo aterrador, si se mira bien, y si se cree que esta vida es todo lo que hay. Visto asi, y por muy mal que vayan las cosas en el ámbito amoroso, laboral, o personal, si la salud no está irremediablemente deteriorada siempre es posible volver a empezar de cero, aún en otro lugar, con otras personas, etc.
Antes que huir de la vida e ingresar en la nada, es posible huir de lo que uno ha sido y empezar otra vez. Pero para ello hay que ser valiente, aceptar el fracaso, y entender que el mundo no se acaba en lo que nos rodea, en la inmediatez en lo cotidiano.

Pero antes de dar el salto, y como arma disuasoria para evitarlo, unos y otros deberían aceptar que podría existir, al menos como posibilidad, un más allá, una vida "espiritual" después de la muerte (aceptando o no la existencia de Dios, que eso es otra cuestión), posibilidad que unos afirman sin la menor duda, y otros niegan.
Y por si así fuera, sería interesante conocer qué "vida" arrastran allí los suicidas. Y es fácil suponer que sea espantosa... Uno cree que se ha liberado de todo, por fin, y en vez de descansar se encuentra alli re-viviendo su acto, atormentado por lo que ha hecho, viendo a sus familiares sufriendo por su culpa, lamentando su gran error, viendo que ya no puede hacer nada tras haberse negado a si mismo a todo futuro... No se, lo veo más bien espantoso. Ante este panorama, un fracaso amoroso, en los negocios, o en la busqueda del sentido de la vida resulta tan poca cosa...
En realidad, el suicidio sólo lo entiendo en casos de daño fisico muy importante, con deterioro severo de las funciones y nula esperanza de mejora. Fuera de ahí, lo veo como un acto de cobardía o como una salida desesperada en una situación de panico.

Saf dijo...

Pues sí, Arti, y....... no.
Todos (es un plural cuasi mayestático); todos, repito, en algún momento hemos reflexionado sobre el suicidio. No como algo a hacer de inmediato, ni siquiera como un acto plausible peeeeeeero... ¿quién no ha pensado alguna vez en la mejor forma de hacerlo? ¿en el método mas aséptico e indoloro? ¿en el sistema más propicio para fomentar la duda que haga el acto menos doloroso a los que queden? ....se cayó... resbaló... se cortó.... se electrocutó sin querer...

Un amigo mío y un conocido de juventud, se suicidaron. Éramos jóvenes, tan jóvenes que el resto de los que nos frecuentábamos por aquel entonces ni siquiera nos habíamos sentado a pensar en el sentido de la vida... nos conformábamos con encontrarle lo divertido y disfrutarlo.
Pero los que se pegaron un tiro, los dos álvaros, si debieron hacerlo...
Dijero que era una depresión, pero la familia se sintió culpable.
-¿Cómo no nos hemos dado cuenta? ¿Cómo no hemos podido evitarlo?- Se flagelaban, una y otra vez.

La vida es un esfuerzo, sí. Uno constante. Para algunos es más llevadera, para otros francamente penosa. Y luego están los otros..... los que ni fú ni fá, los que no están conformes con ella pero no ponen los medios para darle un vuelco.
Porque se puede.
Se puede.
En todo momento y circunstancia.
Y ese es el caso: QUE HAY QUE DARSE CUENTA, algunas veces, de que la vida es como una mujerzuela abierta de patas. No es inevitable follarla (con perdón por el vocabulario...), sino que le puedes dar la mano y ayudarla a levantarse.

Eso creo.
Que para lamentarse tenemos todos los años que nos queden por vivir.

Haaaaaaaaaale.

Safita-buena-y-bonita ;-))

La Oruga dijo...

Arti, disculpe... una curiosidad: ¿por qué siempre se presupone que los suicidas serán castigados? Si han sido cobardes, si han tenido miedo y no han encontrado o visto otra salida, ¿qué hay de la compasión?

Ignacio dijo...

La vida virtual ofrece una variante que no llamaré indolora, pero tampoco irreparable. Se borra uno y deja de ser.

Artaher dijo...

Srta. Oruga, supongo la idea del castigo se daría sólo desde una perspectiva católica, en la que los suicidas serán castigados porque matar, matarse, es un pecado mortal, una ofensa directa a Dios que es quien creó la vida y al propio suicida... Tiene vd. mucha razon sobre la compasion, y que Dios debiera tenerla. Pero no se...

Pero cuando yo, jugando a las hipotesis de un más allá, me referia a que el suicida podria sentirse muy mal a posteriori, no decia que pudiera "ser castigado". Mas bien, me refería a que él mismo se haría consciente, ya tarde, de lo que habia hecho, del posible daño causado a su familia, de que habia roto todo su futuro terrenal, toda posibilidad, con su acción. Y desde la lucidez que supuestamente se posee alli arriba (o abajo) lamentaría las infinitas posibilidades perdidas en una vida malgastada por un momento de turbación.
Pero yo no he estado en el más allá, créame. Ni me lo han contado. De allí solo tenemos indicios, que para unos son pruebas indudables y para otros mera palabrería irracional.

Cecilia B. dijo...

En mi opinión el suicidio es un acto lleno de vida puesto que es una decisión inequívoca, una decisión de la que no hay posibilidad de dar marcha atrás. De alguna forma es una victoria sobre la propia muerte: el suicida conoce con antelación la fecha y la hora, puede actuar en consonancia y, salvo que la muerte se le adelante, tomará una decisión claramente consciente y vital. Es la negación a esa arbitrariedad de la muerte que puede aparecer en cualquier momento: el suicida determina cuando se acaba, en qué momento debe terminar. Si tiene suerte, todo será una victoria.

No siempre es así, pero en muchos casos es así. Además el suicidio es un acto tan puramente racional y humano que no puiede serlo más. No hay ningún animal que se suicide, que intencionadamente ponga fin a su vida como una forma de enfrentarse a la propia muerte.

La Oruga dijo...

Ummm... ¿animales suicidas?
Sí, sí se da el caso de animales que ponen fin a su propia vida ante la certeza de su propia muerte. ¿Recuerda el caso del escorpión acorralado?

Lo que no soy capaz de hacer es establecer un paralelismo entre el animal acorralado y el hombre suicida...

Cecilia B dijo...

Sería realmente gracioso que el escorpión no fuera inmune a su propio veneno, a su propia picadura. ¿o no?

La Oruga dijo...

Sería realmente gracioso... entre otras cosas ;)

Entre una de las muchas crueldades que el hombre lleva a cabo con los animales, con afán de divertirse, está la de rodear a un escorpión con fuego, observando su comportamiento. El pobre animal, al ver en peligro su vida, trata de defenderse en la única forma posible que conoce, lanzando su aguijón en todas direcciones; la gente cree que, en su desesperación, se suicida al picarse a sí mismo. La realidad es que muere por asfixia y por las quemaduras, ya que, aunque llegara a picarse, lo cual no sucede, es inmune a su propio veneno.

La Oruga dijo...

Sobre suicidios y animales no logro encontrar nada concluyente... Sirva este enlace como botón de muestra: http://suicidiario.bitacoras.com/archivos/2005/07/14/suicidio_animal

La Oruga dijo...

Disculpe el exceso de links y comentarios, Paolo.

Paolo dijo...

¿Qué excesos? Está usted en su casa, señorita Oruga.