jueves, 13 de octubre de 2005

Alambradas

«Il est démontré, disait-il, que les choses ne peuvent être autrement : car, tout étant fait pour une fin, tout est nécessairement pour la meilleure fin. Remarquez bien que les nez ont été faits pour porter des lunettes, aussi avons-nous des lunettes. Les jambes sont visiblement instituées pour être chaussées, et nous avons des chausses. Les pierres ont été formées pour être taillées, et pour en faire des châteaux, aussi monseigneur a un très beau château ; le plus grand baron de la province doit être le mieux logé ; et, les cochons étant faits pour être mangés, nous mangeons du porc toute l'année : par conséquent, ceux qui ont avancé que tout est bien ont dit une sottise ; il fallait dire que tout est au mieux.» (Candide. Voltaire)

Golpeémonos el pecho con dura saña por la vileza de haber nacido en Europa. Cómo se nos ocurrió abarcar con nuestros interminables brazos hasta los confines de la madre tierra, que si Dios situó justo en el centro del Universo fue para mejor significar su naturaleza edénica, abarcarla no para compartir la universal dicha que por ser hombres nos ha sido concedida, sino para transformarla en este inmundo estercolero de injusticia global, sangre, dolor, vísceras, CO2 y lágrimas que clama permanentemente contra nuestra maldad y nuestra incuria. ¡Oh, horrendas visiones las de nuestras almas corrompidas, más que almas, sepulcros blanqueados donde yacen la inocencia y la ternura primigenias! ¡Oh, sociedades corruptas y crudelísimas!, ¿cuándo cesarán las injurias con que nos alimentamos? ¿Cómo no se nos hace el bolo alimenticio una bola de pus en el estómago? ¿Cómo es que nuestro duro corazón sigue produciendo sangre y no hiel? ¿Qué horizontes aspiramos aún a alcanzar para inundar con nuestra podredumbre? ¿Cómo pudimos construir una civilización de ciudades malsanas y enfermas? Culpables por vivir. Culpables por respirar. Culpables por haber nacido. ¿Acaso no vemos que los muros, las fronteras, las alambradas están sólo en nuestra mente? Admitamos, humildemente panglossianos, que nuestro mundo era el mejor de los posibles, y que nosotros, viles hombres de Occidente, sedientos del mar de la injusticia, convertimos en una inmensa cárcel de la que ni nosotros mismos podemos ya escapar. ¡Oh, cómo ansío la llegada de la justiciera espada flamígera que acabe con nuestro miserable mundo de sombras y nos vuelva al estado de feliz naturaleza para el que fuimos engendrados! ¡La luz, señor, haz que la luz prenda en nuestras mentes y todos los muros caigan derribados por una ola de amor universal y un ansia infinita de paz! Amén.

5 comentarios:

Paolo dijo...

Ya. Creo que podemos seguir.

Ignacio dijo...

¿Si yo lo enlazo, ya soy decente y puedo seguir también?

Paolo dijo...

¡Hombreeeeeeee! Indulgencia perpetua.

Portorosa dijo...
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Er Opi dijo...

Pues se reirán, pero yo un poco de sentimiento de culpa sí que siento. Pero de culpa por no hacer nada. Es algo así como si alguien tuviera un infarto de corazón a tu lado y no le ayudaras.

Abrazos,

Er Opi.