jueves, 20 de octubre de 2005

Folía

Altre Follie. Hespèrion XXI y Jordi SavallLa folía es una especie de tarantela ibérica. En su origen fue un baile tradicional portugués, ampliamente documentado a finales del siglo XV y que, a través de España, se difundió por toda Europa para penetrar con una fuerza extraordinaria la música culta. Muchos compositores emplearon el bajo armónico de la folía desde principios del XVI para improvisar sobre él diversas melodías. Sin embargo, desde la segunda mitad del XVII, el bajo de la folía se asoció a un mismo discanto sobre el que los músicos construían variaciones. Ya en 1604, Kapsberger escribió variaciones sobre la folía en su Libro primo d'intavolatura di chitarrone, pero fue aquél un ejercicio que no tuvo continuidad inmediata. Habría que esperar a John Playford (1685), Henry d'Anglebert (1689) y, sobre todo, Arcangelo Correli (1700), Marin Marais (1701) y Antonio Vivaldi (1705) para que las variaciones sobre la folía se convirtiesen en un reto casi ineludible para cualquier compositor europeo que se preciase, pues en ella encontraban una forma ideal para demostrar su virtuosismo. (Hasta Bach empleó la folía en una de sus cantatas profanas.) Luego, durante el clasicismo, los compositores buscaron otro tipo de esquemas armónicos, pero la folía repuntó de forma espectacular durante el siglo XIX, y sobre ella volvieron músicos como Cherubini, Liszt o Rachmaninov.

Con Altre Follie, Jordi Savall regresa a uno de sus temas favoritos, pues ya dejó hace seis años en su mismo sello otro disco sobre el particular. Es en esta música, que admite una gran y sugerente variedad tímbrica así como un alto componente de improvisación, donde las maneras del último Savall y de Hespèrion XXI refulgen con mayor fuerza. Y es aquí donde la comparación que establecía al principio con la tarantela cobra todo su sentido. En ambos casos, se trata de una danza popular que conquista el terreno de la música culta, pero sin ceder ni un ápice de su vitalidad primigenia, de su sentido lúdico, de su espontaneidad, de su capacidad para tastornarnos temporalmente, aportando ese tan necesario toque de locura. Al fin y al cabo, Sebastián de Covarrubias había definido ya la folía en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de la siguiente forma: "Es una cierta dança portuguesa, de mucho ruido, porque ultra ir muchas figuras a pie con sonajas y otros instrumentos [...] y es tan grande el ruido y el son tan apresurado, que parecen estar los unos y los otros fuera de juyzio. Y assi le dieron a la dança el nombre de folía de la palabra toscana 'folle', que vale vano, loco, sin seso, que tiene la cabeça vana". Y es que hay días en que el toque de locura y el sentir la cabeça vana se hacen casi imprescindibles.


Folias echa [sic] para mi señora Doña Tarolilla de Carallenos (1650) de Andrea Falconiero. Hespèrion XXI. Jordi Savall (Alia Vox)

5 comentarios:

La donna è mobile dijo...

Usted no sabe de lo que le estoy hablando (natural), pero otros vendrán que de mi rollo se enterarán: al llegar al final de su texto he visto a Phoebe haciendo footing, :-)

(Phoebe es una de las protagonistas de Friends. En un episodio memorable nos la descubren corriendo por el parque como una cría, agitando pies y manos como molinillos, llamando mucho la atención y desfogándose en la carrera; proclamando que las cosas vale la pena hacerlas conforme uno cree que tiene que hacerlas, como le sientan bien, no como está establecido que sean, :-) tal que así)

Un abrazo, querido.

Paolo dijo...

No, no sabía quién era Phoebe (naturalísimo)...

¿Y cuando el problema es no saber (pero no saber nada, no tener ni puñetera idea, vaya) cómo tienen que hacerse las cosas?

:-)))))

Saf dijo...

Pues no se hacen.
O se hacen montando muchisísimo escándalo (para que nadie se atreva a decir nada).
Sí.

Saf ;-))

La donna è mobile dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
La donna è mobile dijo...

Cuando no se sabe hacer una cosa pero hay que hacerla, se aprende. Se aprende tirando de una puntita, pequeña, y buscando el ovillo de a poquito. Sin atragantarse, pero sin parar. Lo importante es no rendirse y mucho menos agobiarse. Piano, piano...

Además, ¿qué debe haber en este mundo que usted no pueda hacer? Ya se lo digo yo: nada. No hay nada. Organícese, encuentre la clave y el camino y recórralo que para animarle y sujetarle (y si es menester, arrastrarle y empujarle, XDDD) tampoco le han de faltar voluntarios. (No quería añadir el detalle graciosón del empujón porque quería que este mensaje sonara serio, bienintencionado, nada cibernético al uso, pero... bien sabe uste que me pierde el humor tanto como el jamón de veinte jotas)

:-) ¿Nos vamos? ¡Venga!