martes, 11 de octubre de 2005

Nada

Calavera de J. S. Bach, fotografiada por Wilhelm His
¿Adónde va el genio de los hombres cuándo mueren? ¿Quedan rastros en la materia física del talento, excepcional o no, de nuestros congéneres?

1. Cuando en 1955 el patólogo Thomas Harvey hizo la autopsia al cadáver de Albert Einstein, extrajo, sin el consentimiento de la familia, el cerebro del científico, al que previamente, y con el propósito de conservarlo, había inyectado formol, y cortó la masa encefálica en 240 pequeños pedazos que fueron colocados en un material transparente llamado celoidina antes de terminar en un par de jarras del salón de su casa en Wichita. En 1996, tal vez al darse cuenta muy tardíamente de la responsabilidad que había adquirido guardando una reliquia de tanto simbolismo para el mundo de la ciencia, la entregó al doctor Elliot Krauss, patólogo en jefe del Hospital de la Universidad de Princeton, que desde entonces se encarga de su custodia. Los diversos exámenes a los que ha sido sometido el distinguido órgano han desvelado algunas singularidades: primera, que el cerebro de Einstein pesaba 1230 gramos, algo por debajo de la media de los varones adultos, que suele rondar los 1400; segundo, que el científico carecía de un hueco que normalmente debe encontrarse en la región responsable del pensamiento matemático y de las habilidades viso espaciales, zona que era además un 15% mayor que el promedio humano. Algunos profesores piensan que estas singularidades anatómicas podían hacer que Einstein tuviera una mayor acumulación de células por neuronas, lo que habría facilitado la comunicación entre ellas, aunque, como afirma rotundo el doctor Mark Lythgoe, nadie ha dado todavía una explicación convincente de lo que hacía de Einstein uno de los mayores genios de la historia de la ciencia.

2. Johann Sebastian Bach fue enterrado el 31 de julio de 1750 en un ataúd de roble en el flanco sur de la iglesia de San Juan de Leipzig. Unas obras de ampliación realizadas en el templo en 1894 sacaron a la luz sus restos, que habían sido completamente olvidados. Wilhelm His aprovechó entonces para hacer un estudio completo del gran hombre, que incluyó un minucioso reportaje fotográfico, de donde ha salido la imagen de la calavera que encabeza este artículo. Terminados el estudio y las obras, los huesos de Bach volvieron a ser sepultados bajo la cripta de San Juan, pero esta vez en una urna de piedra. Tal vez este hecho fue lo que permitió que los despojos quedaran intactos cuando el templo fue destruido en un bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial. En 1950, los restos fueron expuestos de manera restringida, antes de ser trasladados a la iglesia de Santo Tomás, donde aún permanecen. Emil Cioran, el gran filósofo del escepticismo y la descomposición, tuvo ocasión de contemplar aquellos restos y nos dejó al respecto algunas reflexiones en su obra Ese maldito yo: "Bach en su tumba. Lo vi, como tantos otros, por una de esas indiscreciones a las que los enterradores y los periodistas nos tienen acostumbrados, y desde entonces pienso sin cesar en las órbitas de su calavera, que no tienen nada de original a no ser que proclaman la nada que él negó". (Citado en Ramón Andrés, Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros, página 73)

La nada que tantos niegan. El destino de todos.

11 comentarios:

Saf dijo...

Hhhhmmmmmmm... todo iba bien (demasiado bien) hasta Ciorán.
Discrepo, claro.
¿Con qué autoridad se designa ese designio ignoto, egh?

Saf ;-))

Paolo dijo...

La de la experiencia. ¿Alguna otra discrepancia?

Jesús Miramón dijo...

Cuánto me ha gustado este artículo, Paolo. No he podido evitar observar durante varios segundos seguidos la calavera de Bach. Un saludo.

Saf dijo...

¡La de la experiencia! (¡ja!)

Paolo dijo...

¿¡Ja!? Hmmmmmmm...

Saf dijo...

Pues sí: La experiencia, ¡ja!
Hasta el momento hay "experiencia cero" sobre la NADA o el TODO del después.
A eso me refiero.
¿Con qué pruebas se cuenta, que la experiencia haya dado, en la que se demuestre lo que hay o no hay después?

Saf dijo...

Y otra cosa -que hoy estoy parlanchina-... si el caso fuera que Ud. (y Ciorán) tuvieran razón, y después de esta vidabella no hubiera NADA, ¿qué?

¿Y qué? (que qué importa, vamos!)

Habríamos vivido (que ya es un regalo) y habríamos donado a los otros las cuatro acciones -buenas, malas, geniales, anodinas....- que hubiéramos sido capaces de acometer.

La vida es preciosa en sí y tiene algo magnífico: que es finita y no se espera de nosotros un esfuerzo eterno.

Los genios, los fuera de serie, los grandes talentos han quedado para la posteridad por la grandeza de sus obras... como también han quedado en el recuerdo los grandes malvados de la humanidad.
Eso debería bastar.
Vivir y acabar.
Fantástico.
(Y suficiente)
Sá.

Paolo dijo...

"Hasta el momento hay "experiencia cero" sobre la NADA o el TODO del después"

He ahí la mejor prueba...

"¿Y qué? (que qué importa, vamos!)/.../La vida es preciosa en sí y tiene algo magnífico: que es finita. /.../Vivir y acabar.Fantástico.(Y suficiente)"

Y esto, núcleo de la mejor filosofía... Si al final hasta estamos de acuerdo...

Saf dijo...

¡¡No me dé Ud. disgustos, ande...!!

Saf ;-pppppp



(Y además, mi queridísimo: Nadie hay más convencido que yo de que esta vidabella es un mero trámite, un tránsito apasionante, hacia la otra. La de verdad)
Pero como he encontrado una poesía que regalarle... no trataré de convencerle. Ésto pá Ud:

Si es posible
no me regales un caudal de emoción,
tu fe y tus convicciones,
ni una sima de pasión inmarcesible…
Regálame tu silencio,
tu risa ya cansada,
tu pudor olvidado
y tus nostalgias.
Ofréceme tu mano sin anillos,
tu abrazo destinado a un amigo
y este amor que comparto con tu gato.
Si es posible
cuéntame sin prisas una historia
y dime qué ocurrió cuando no estaba,
qué lejano país reconociste
y qué amaste en mi ausencia
que te hizo ser tú.


Clotilde Tambroni

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Así que: No trataré de imponerle mi credo, ni de tratar de convencerle a venir conmigo a esa otra Vida, cuando se nos acabe ésta: Simplemente me lo llevaré a Ud. de las orejas.

La donna è mobile dijo...

Hay pocas cosas que tenga claras, pero como que los Paraísos y los Infiernos están aquí abajo, ninguna.

Saf dijo...

(Ande, andeeeeee.... -¡juer lo que me va a costar subir con tannnnnnto lastre!!- que a Ud. querida Sita, también me la llevaré de las coletas)

Saf ;-))