lunes, 27 de diciembre de 2004

Hinojosa

Manuel Altolaguirre, Baltasar Peña, Luis Cernuda y José María Hinojosa (Ronda, 1928)En mayo inauguré El festín de la araña con un comentario sobre José María Hinojosa. Leía por entonces La Flor de Californía y apenas sabía nada de él. Me sorprendió que una obra con unas imágenes de tanta fuerza expresiva pudiera ser tan desconocida y profundicé algo más en su personalidad artística. Descubrí a un escritor interesante, con una alta significación histórica por su papel en la difusión del surrealismo en España, acaso no un gran poeta (desde luego, inferior a Cernuda, Aleixandre, Alberti o Lorca), pero al fin y al cabo un hombre cuya actividad literaria no merecía el olvido absoluto al que había sido condenada.

Descubrí, claro está, su trágica muerte en la Guerra Civil, en una saca de los milicianos, y me pregunté cómo era posible que los vencedores de la guerra no hubieran usado su imagen para contrarrestar la propaganda republicana con el caso paralelo de García Lorca. Muchas de esas respuestas he empezado a conocerlas ahora, cuando he tenido acceso a una comunicación del profesor Julio Neira en un Congreso sobre Hinojosa y el Surrealismo español celebrado en San Roque en el año 2000. Su interpretación acerca de la actitud del franquismo con el poeta está llena de sentido: "...en el ambiente del nacional-catolicismo imperante en España durante la posguerra una literatura iconoclasta y transgresora en lo religioso, lo social y lo sexual como la que había publicado Hinojosa entre 1928 y 1931 contradecía de raíz los principios estéticos e ideológicos clasicistas y conservadores que auspiciaba la cultura oficial". Manuel Altolaguirre (3º por la izquierda), Luis Cernuda (5º) y José María Hinojosa (7º) en el Pantano del Chorro (1928)Cita también Neira la explicación que Guillermo Carnero ofreció en la revista Saber leer de abril de 2000 sobre las causas que provocaron el olvido del poeta malagueño, auspiciado incluso por quienes fueron sus compañeros: "1. La evidente falta de calidad de los tres primeros libros le privó del aprecio inicial de sus compañeros, tanto como su procedencia social y su señoritismo; 2. el hecho de que La Flor de Californía fuera, en términos de prioridad cronológica, el libro fundador del Superrealismo español hizo a otros sentirse amenazados en cuanto a su protagonismo en ese episodio de la trayectoria del 27; y 3. ante la muerte de Hinojosa sólo cabían dos posibilidades desvirtuar su pertenencia al 27 o enmascarar las circunstancias de aquella muerte".

Lo más terrible de todo es cómo sus propios compañeros y amigos lo negaron repetidamente a su muerte. La envidia (Hinojosa era no sólo rico sino generoso) ocupa un puesto en absoluto desdeñable en este triste episodio. El juicio de Neira es aquí implacable, y se fija para ello en tres personajes absolutamente cruciales: José Moreno Villa, Rafael Alberti y Manuel Altolaguirre. José María Hinojosa, Manuel Altolaguirre (detrás, casi oculto) y Luis Cernuda en el Pantano del Chorro (1928)Moreno Villa, con el que compartió amistad en Toledo, Madrid, Málaga y París y que fue el prologuista entusiasta de La Flor de Californía, se refiere a Hinojosa en sus Memorias en los siguientes términos: "El pobre José María, que en verdad era un poeta pardillo deslumbrado por una larga estancia en París". Mucho peor fue lo de Manuel Altolaguirre, malagueño como él, amigo de la infancia, compañero de pupitre, que tergiversa de esta forma las circunstancias de su muerte (que debió de conocer bien, pues perdió a dos hermanos en circunstancias semejantes): "Al iniciar su campaña política, en uno de los mítines en donde iba a contradecirse a sí mismo delante de los trabajadores explotados de sus propias tierras, fue víctima de un sangriento motín que le costó la vida. A cuchilladas mataron sus compañeros al poeta que había soñado durante su juventud con una sociedad más justa". Y absolutamente despreciable la actitud de Alberti (extraordinario poeta, pero al que cuanto más conozco, más execrable me parece como persona), que no sólo repitió en La arboleda perdida la información de Altolaguirre (según la cual, José María murió "...caído bajo las balas de sus propios campesinos en las confusas horas iniciales de la Guerra Civil"), sino que en sus últimos años afirmó haberlo apenas conocido. Y comenta rotundo Neira: "...bastan las cartas del gaditano a José María Chacón y Calvo publicadas por Zenaida Gutiérrez-Vega (Corresponsales españoles de José María Chacón, Fundación Universitaria Española, Madrid, 1986), de lectura incluso sonrojante por sus elogios y protestas de amistad, para conocer el intenso vínculo que les unía cuando en 1925 Hinojosa le visitó durante su retiro en el serrano pueblo de Rute, o cuando juntos subieron a Juan Ramón Jiménez sus libros primeros: Poesía de perfil y Marinero en tierra". Y el corolario terrible: "Pero la Guerra Civil rompió vidas, amistades y toda una sociedad, la española". Parece mentira que lo hayamos olvidado tan pronto.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuanto más conozco sobre la Guerra Civil, más terrible me parece. Más, mucho más, que cualquier otro tipo de contienda. Comparto tus pensamientos sobre Alberti (hace ya tiempo que perdí esa inocencia según la cual todo artista que se precie resultaba ser algo así como un ser "superior" -es un decir).
Un saludo.
Liv.

La Oruga dijo...

Que me place, y digo bien, que me place este Hinojosa. Mi gratitud por esta reseña.

Al tal Alberti lo conozco de oídas, fíjese, a mi edad y sin probar uno solo de sus poemas.

Respecto a las amistades... qué quiere que le diga, pues que hay amistades y arrejuntamientos, y que los últimos están más extendidos. Lástima.

Saf dijo...

Cuantos más datos personales se van desvelando de estos personajes que formaron esta generación literaria.... más se ahonda la zanja que separa el respeto a la obra y al de la persona.
Parece, visto en la lejanía, la generación de los mejores escritores... y de la envidia personal y cochina. (Y el peor de todos Juan Ramón, a mi entender).

Srta.Oruga, si no ha leído "La arboleda perdida" de Alberti está Ud., como quien dice, perdiéndose una de las maravillas literarias del castellano.

D.Paolo, leeré "La flor de California", después de este interesantísimo artículo suyo.

Saf ;-))

La Oruga dijo...

Si ya, si ya... si fuera por libros, cuentos y poemas a los que no llego... Le agradezco seriamente la recomendación y apunto un título más en la lista... ufff... ¡¡no me van a dar las horas para tanta estantería pendiente!!

Paolo dijo...

La Flor de Californía, Saf.

-José María, José María,
Coge la flor de Californía.
-José María, José María,
Coge la flor de Californía.
-Coge la flor de Californía.
-Coge la flor de Californía.
Fornía, Fornía, Fornía, Fornía, nía, nía,
nía, nía, nía, nía, nía, nía, nía...

Y puede creerme que lo leerá: me ocuparé personalmente de que no se le olvide.

Ignacio dijo...

Levemente abochornado (porque he tenido una exposición sobre Hinojosa literalmente frente a mi portal más de un mes y no he entrado), recomiendo, en general, una publicación de periodicidad variable del Centro de Estudios de la Generación del 27, tremenda (de gruesa y documentada y costeada e interesante): El Maquinista de la Generación.

No sé si se distribuye más allá de Despeñaperros, pero merece la pena buscarla.

Saf dijo...

Hmmmmm.... D.Melómano... ¿puede estar sonándome a regañina?? -recuerde (alma dormida, avive el poco seso y despierte...) que tengo la tercera parte de la bondadosa vendetta que le he dedicado (con amorrrrrr, con amorrrrrrr) todavía en mi poder y que, con el mínimo estímulo, PUEDO (todavía) aumentar o... disminuir... a placerrrrrr.

Nía, nía
que la culpa no es mía.

Saf ;-))

Magda dijo...

En el mensaje del 2 de junio te dejé una nota.

Muchos saludos.

Paolo dijo...

Amiga Oruga, el consejo de Saf es en este caso pertinente, aunque yo dirigiría antes su atención hacia la poesía de Alberti y, en concreto, hacia un libro en mi opinión esencial, uno de los mejores poemarios (o lo que sea) escritos en castellano en el sigo XX, 'Sobre los ángeles'. (Y enhorabuena por su audacia: ya sabe lo que las arañas solemos hacer con los gusanitos.)

Magda, recibido y visto. Gracias.

Saf, pero ¿cómo es posible que no se acuerde usted de Nía?

Saf dijo...

Mi querido melómano... ¿si le digo que de la única Nía de la que guardo en este momento memoria es de la Narnia de las crónicas de Lewis.... me hará descender, de inmediato, a las mazmorras de sus afectos???

Andeeeee, sea Ud. un sol y explíquese, porfi...

Saf ;-))

La Oruga dijo...

Perdone, perdone, Don Araña... ¿me está usté queriendo decir algo? Porque no acabo de pillar eso de las arañas y los gusanos... No sé con qué clase de insectos está usté acostumbrado a tratar pero sepa que las orugas no tenemos nada que ver con semejante calaña.

Y dale con Alberti... Apuntado queda. Y pónganse de acuerdo con las reseñas, por dios, que me están engordando las estanterías peligrosamente :P

Paolo dijo...

Señorita Oruga, a ver si lo he entendido. Resulta que ustedes se creen algo así como la aristocracia gusanil. Bien. Entenderá que las arañas no prestemos mayor atención a esas sutilezas de boudoir.

Ángel Luis Robles Álamo dijo...

No borre nunca esta entrada en este blog. Para mí ha sido muy bueno encontrarlo y además, encontrar alguna cita bibliográfica que me vendrá bien. ¡Muchas gracias!