jueves, 30 de diciembre de 2004

Aldea

Si Marshall McLuhan hubiese conocido el caso español, no me cabe la menor dude de que habría modificado su exitosa fórmula: nada del mundo como una aldea global, la aldea (nuestra aldea) como el mundo. Resulta en verdad tragicómico acercarse a contemplar el espectáculo de un país en lucha permanente por profundizar en la atomización y la desintegración (incluida la morfológica). Tal vez sólo el caso patético de Polonia, ejemplarizante en su histórico y constante esfuerzo por autodestruirse, tenga parangón con la situación actual de España. En un reciente chat, Arcadi Espada afirmaba que en realidad la gente es cada vez menos nacionalista, que es el establishment de los partidos políticos el que causa esa falsa percepción de la realidad. No comparto su optimismo.

Hagamos el esfuerzo de alejarnos de la gran política (y mira que nos lo ponen difícil, con el aún reciente, pero seguro que ya antiguo -en estos días han tenido tiempo más que suficiente de tramar otro-, disparate del Archivo de Salamanca, un disparate al fin y al cabo "folclórico", en afortunada adjetivación de Fernando Savater) y bajemos a las comunidades autónomas, a las provincias, a los pueblos. En esta ola que nos arrastra, digna del mayor tsunami político-social del que yo tenga memoria, no hay presidente, regional o de diputación, ni alcalde que se precie, por pequeña que sea la clientela que administra, que no dedique buena parte de sus esfuerzos a buscar, con linternas, espectrógrafos y tuneladoras si es necesario, las señas de identidad propias que los singularicen con respecto a sus vecinos. No hay pueblo, por pequeño que sea, que no se crea con derecho a gestionar su propio teatro, su auditorio, su festival de música, sus cursos de extensión universitaria y hasta su equipo en primera. No existe villa ni parroquia, por minúscula que pueda parecer, que no aspire a tener su propio diccionario de modismos y expresiones locales, y eso cuando no pueden aplastar a sus vecinos con la lengua o el dialecto autóctonos, expresión última de la riqueza lingüística de la España plural.

El pretendido carácter anárquico de los españoles, que muchos viajeros románticos recogieron en sus libros de viaje por nuestro país y que supuestamente nos convertía en un pueblo ingobernable, ha alcanzado cotas dignas del esperpento en estos días de finales de 2004, en que no sólo los reyezuelos de taifas desafían, sin coste alguno, las leyes que a todos obligan, sino en que su fundamento se dinamita desde la propia administración central del Estado. La próxima invasión almohade, con su caudal dogmático e intolerante, nos la tenemos bien merecida. Pero no llegará de África, como muchos piensan. Se incuba lentamente en el interior de nuestra débil sociedad, intelectual y moralmente degradada.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Me bautizo en tu blog con triste tema. Lo que dices está, lamentablemente, todavía algo lejos de lo que es la realidad diaria.

Discrepo solamente de tu aserto al atribuir a pueblos, villas y parroquias los deseos de instrumentar diferencias arrojadizas contra sus vecinos, tan autóctonos como ellos en la misma cultura, historia y vivencia fundamental.

No creo que sean ellos, son muy otros y tu lo indicas. Son los que bajo la cobertura de su ser “político”, y olvidándose del mismo origen de su nombre –administradores de la cosa pública- se convierten en gestores de los intereses de su clan y por ende en detractores de los otros clanes -la tarta es una y compartirla cuesta-.

Para porvenir a estos fines, tienen que levantar banderas inventadas y atractivas que, como el culo de las monas en celo de los babuinos, cuanto más coloridas y abultadas, más lascivas.

Así se atrae al potencial votante, que sin tiempo para analizar programas de gobierno –o desgobierno si se con cuidado se leen- se tiene que conformar con el eslogan fácil, chapoteando en la superficie dialéctica de la peor demagogia. Mientras, las mentiras -mil veces repetidas- adquieren estatus de verdades fundamentales y eternas.

No es todo así –o así lo espero- pero mucho me temo que la honradez original de muchos se quede enganchada y prisionera del engranaje del aparato del partido.

Para completar el círculo infernal, por ser vicioso, nos quedan los media, esos que realimentan el sistema sin tener que pasar, ni tan siquiera, los exámenes cuatrienales que se les exigen a los otros.

Tu final es estremecedor y solo del análisis de la historia sacaremos lecciones sobre el futuro de naciones en decadencia.

A pesar de todo, la esperanza sigue viva. Cuando se toca fondo, el duro fondo permite un buen apoyo, se rebota y se sale de nuevo a la superficie a llenar de nuevo los pulmones de aire fresco y después nadar, nadar, luchar y así hasta la próxima.

Egonauta

P.S.- En Kracovia un amigo polaco me preguntaba si sabía la razón de que en su escudo hubiera un águila con dos cabezas, ante mi ignorancia, me indicó que una miraba al oeste y otra al este para alertar de las invasiones de alemanes y rusos. Valga esto para romper una lanza en su defensa muy a pesar de su autodestructora historia.

Paolo dijo...

Me alegro de que queden optimistas en el mundo. Yo soy profundamente pesimista. Creo que en los próximos meses las cosas sólo pueden ir a peor. Y me da igual quiénes sean los responsables (ahora se ha puesto de moda echarla la culpa de la crispación a Aznar, en mi opinión otro descomunal disparate): la realidad es que este país se va al carajo, y nosotros con él. La situación es idónea para que haga su aparición en escena otro cirujano de hierro o, aún peor, el demagogo a lo Le Pen que arrase en unas no lejanas elecciones. Se aproximan tiempos duros.

Saf dijo...

Me parece a mí que sí.
Se respira otro aire -quizá porque es Madrid, centro de todas las tramas e intrigas, quizá porque es la corte-.

Lo hablábamos Hagen y yo el otro día: Ahora hay división. Un grupo (y digo bien 'uno') descerebrado se ha dedicado a mover unas ascuas que parecían extinguidas.
Y se respira el aire del odio y la separación que precede a las desgracias.

Espero que sus aciagos pronósticos no se cumplan; que no se ahonde más la zanja que está dividiendo en dos nuestra España. Que costó mucho coser y unir esta triste historia nuestra como para ponerse ahora a jugar con los flecos.

Saf dijo...

Buenooo y.... estooo... ¿quién era Nía?? (quesemestáUd.disgregando)

Saf ;-))

La Oruga dijo...

Me uno al malestar por el incierto mañana de este país nuestro... cada día menos nuestro y más desmigado. Y al hilo de tanta reflexión, me apetecía dejarles un articulo de opinión de Pablo Sebastián que creo resume tanta inquietud. Que ustedes lo disfruten y critiquen también, si ha menester ;)

http://www.estrelladigital.es/articulo.asp?sec=opi&fech=30/12/2004&name=manantial

¡¡QUEREMOS SABER QUIÉN ES NÍA!!

Anónimo dijo...

Tanto Paolo como Saf me dais pié para el estrambote.

Optimismo siempre, y para siempre, de ahí no me apeáis ni a cañonazos. Convengo en lo del corto plazo, pero eso es un suspiro. Y en el mover de alfombras no todo es malo.

No creo que ni Aznar ni Zapatero deban preocupar. El problema, el gordo, el del carajo, es que son exponentes de una manera de generar ideas que produce espanto.

Tradicionalmente, desde que el pueblo es ciudadano, el ideario se generaba en el pueblo –Dictadura ilustrada, monarquía parlamentaria, democracia a la pata la llana, marxismo y tanto y más…- Después, y con trabajo, se filtraba hacia arriba por, y a través de, las manidas clases sociales. Finalmente, alguna lumbrera lograba darle forma coherente y reglada. Ahora el problema no es de gestación y percolación –que diría un guiri- si no simplemente de…. ¡marketing! ¡Hay que buscar una idea que venda!.....¡Y venderla cueste lo que cueste! Su calidad, necesidad y capacidad de respuesta a las necesidades reales de la ciudadanía –bello palabro- no cuentan casi nada.

Egonauta

Paolo dijo...

Señor(it)a Oruga, gracias por el enlace, aunque no comparto casi en nada el análisis del señor Sebastián...

Queremos saber queremos saber... O sea que yo tengo que contar mis secretos y Saf puede guardar los suyos para siempre con un simple "¿por?"... Hmmmmmmmm

Saf dijo...

Sá, claro.

Anónimo dijo...

Yo no me siento especialmente pesimista con respecto al futuro, pero quizá sea porque soy de naturaleza optimista, siempre (así me va, quizá algún día me convierta no ya en una pesimista, sino en una 'optimista experimentada', como dijo alguien ;)...
Sin embargo, quisiera dejar aquí algún apunte. Hace unos años viví en Italia, cuando aquí aún andábamos estrenando cadenas de televisión y no sabíamos lo que era un 'reality show' (que allí estaban a la orden del día y que a mí me dejaban profundamente perpleja).
Hace ya tiempo volví a España y, durante estos años, hay algo que no he podido dejar de observar: Cómo nos vamos asemejando, progresivamente, a nuestros vecinos italianos en determinadas costumbres (no en vano es cierto aquello de que nos parecemos bastante -en la esencia): En las costumbres "americanófilas" (por mucho antiamericanismo del que se hable, que yo me río) que adoptamos (tonterías como celebrar Haloween, 'adoptar' a Papa Noel o utilizar ropa interior roja en Nochevieja, sin olvidar el uso cada vez mayor de palabras anglosajonas que incluso diarios de gran prestigio utilizan cotidianamente en noticias de portada, saltándose a la torera el Libro de Estilo), en la cantidad de telebasura que nos inyectan diriamente, en ésta, cómo no, nuestra identidad 'europea' (y que bienvenida sea, pero con matices) y... En fin, no sabría decir. Quizá no os parezca suficiente, aparte de que he obviado el tema puramente político en el cual he perdido cierto interés de un tiempo a esta parte, pero... Hay un presentimiento que no me abandona. Que ese Berlusconi que tienen los italianos y que francamente no se merecen (aunque, contradictoriamente, lo hayan votado mayoritariamente), mañana podemos tenerlo aquí. Entiéndanme. En versión española.
Liv.