lunes, 4 de octubre de 2004

Arte

Maurizio Cattelan es un provocador. Te lo dicen así, los mismos organizadores de la BIACS (Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla) y se quedan tan anchos. Un provocador financiado con dinero público, habría que concretar. Y es que la trangresión artística ya no es lo que era. Gauguin se marchó a las islas del Pacífico en busca de su paraíso personal y por el camino se inventó la pintura de un nuevo siglo. Duchamp presentó su Fuente (el famoso urinario) en un momento en el que no se sabía adónde podían conducir las revolucionarias transformaciones que afectaban a las artes plásticas, para preguntar(se), qué era lo que hacía que algo se convirtiera en una obra de arte. Cage hizo lo mismo en música con 4'33''. Todos ellos (y muchos otros) actuaron desde la más absoluta independencia y libertad y sabedores de que la transgresión tiene sentido artísticamente como gesto concreto y puntual opuesto al pensamiento dominante.

Hoy la transgresión se financia con dinero público y consiste en enfatizar con pésimo gusto una de las líneas de pensamiento que gobiernan nuestra existencia cotidiana. Como el niño ahorcado que Maurizio Cattelan ha traído hasta el Monasterio de la Cartuja.


El niño de Cattelan Posted by Hello

Es curioso analizar mínimamente lo ocurrido este fin de semana. El viernes, el mismo día en que se abría la Bienal, la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía pedía a los organizadores la retirada del niño de Cattelan por considerarlo una imagen de una extremada violencia que podía herir la sensibilidad de los espectadores. La Bienal responde en sentido negativo, y la Consejería de Cultura de la Junta se alinea con su postura. Hasta aquí, obviando la falta de coordinación de la administración andaluza, todo más o menos normal.

Lo verdaderamente alucinante del asunto son las justificaciones de los organizadores. Harald Szeeman, comisario, afirma que bueno, que realmente no es una imagen tan violenta, que, en el fondo, si la gente se fija bien, el niño tiene los ojos abiertos y una expresión de sonrisa, es como un crucificado triunfante...


Detalle Posted by Hello

Sin comentarios.

Pero quien sobrepasa todos los niveles de la estulticia es la directora-gerente del certamen, la insigne Juana de Aizpuru (esa que para inaugurarlo organiza un concierto con música de Mozart, Schumann y Ravel). "La obra viene a hacer un llamamiento de atención a una sociedad hipócrita que se indigna y sorprende por un muñeco colgado de un palo, pero que es capaz de ver por televisión cómo muere de inanición un niño en brazos de su madre sin fijarse en él.". Échale guindas al pavo. La directora-gerente del certamen no sólo le dice a la gente (la que le paga los caprichos a los cattelanes de turno) que es insensible ante el sufrimiento de los niños (algo tan demagógico como rigurosamente falso), sino que le resta valor a la oferta que ella misma nos propone, al convertir la supuesta obra artística en "un muñeco colgado de un palo", negándole así al arte su esencial valor simbólico, sin el cual no tendría ningún sentido, no existiría. Pero continúa: "Cattelan pone el muñeco en esta situación para que veamos aunque no queramos hacerlo, [y así consigue unir] ética y estética". ¿Para que veamos qué, a un muñeco colgando de un palo? En las ferias de muchos pueblos, todos los años. Aunque allí habitualmente no se jactan de unir ética con estética, se conforman con divertirse. Y termina: "[Ante la polémica generada], Maurizio Cattelan ha conseguido lo que quería. [Su obra] ha tenido el efecto que buscaba: abrir un debate y denunciar la hipocresía de Occidente". De verdad que esto causa tanta risa, que no sé muy bien por dónde empezar. Ha conseguido lo que quería. Coño, claro. Si yo me meto en el Covent Garden el día de estreno de La Traviata y me cago sobre la alfombra del foyer, habré conseguido lo que quería, conmover las conciencias de los asquerosos burgueses occidentales, que no se preocupan por las miles de personas que mueren de cólera todos los años en el mundo. En cuanto a considerar que lo de Cattelan abre un debate, es indicador claro de que tantos años pasados en Sevilla han hecho que la señora de Aizpuru no pueda poner control al sentido de lo hiperbólico.

¿Mi opinión? Pues si no ha quedado clara, que esto es sólo una muestra del fraude en el que se revuelcan y del que se alimentan (en su sentido más literal) centenares de artistas actuales. Denunciar la situación de pobreza e injusticia en la que viven muchos niños es una labor noble. Hacerlo a través de la creación artística merece todos mis elogios, pero es algo que resulta extremadamente difícil. Las (buenas) intenciones de desplegar un discurso ético a través de una obra de arte conducen con frecuencia al sermón o al panfleto más astringentes, moralina sin menor categoría ni ética ni estética. Sí, definitivamente escribir Oliver Twist o pintar el Guernica es mucho más difícil que colgar a un muñeco de un palo.

[Cuando tenía ya las imágenes escogidas y colocadas en su sitio e iba a empezar a escribir esta reflexión, he descubierto que Arcadi Espada se hace eco hoy también de la cuestión. Me complace la coincidencia. El retraso en su publicación sólo se debe a problemas con Blogger]

jueves, 30 de septiembre de 2004

Ética

No tengo demasiado claras las razones por las cuales he releído determinados libros. Supongo que las motivaciones (que en su mayor parte he olvidado) habrán sido diferentes en cada caso. Lo que no he olvidado son los libros que he leído más de una vez ( y obvio las repetidas lecturas infantiles de Los hijos del Capitán Grant o Las aventuras de Marco Polo, en aquellos grandes tomos ilustrados que me regalaron por la Primera Comunión, que para algo tuvo que servir). No son muchos: La Celestina, El Lazarillo, el Quijote, Hamlet, Macbeth, Romeo y Julieta, El Rey Lear, Madame Bovary, El proceso, Ulysses, El extranjero, Rayuela, Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, La colmena, Luces de bohemia, Tirano banderas, alguna otra novela que seguramente se me escapa, algún poemario (Neruda, Machado, Cernuda...) y relatos varios (Poe, Cortázar, Borges, Hemingway, Bécquer, Quevedo...).

Todo esto viene porque anteanoche volví, después de varios meses, sobre Octaedro, uno de los libros de relatos del Cortázar post-rayuela al que todavía no le había hincado el diente. Antes del verano leí los dos primeros relatos y luego tuve que dejarlo hasta antes de ayer. Cuando cogí el libro, ya sabía que no podía pasar al tercero sin antes haber releído los dos primeros. "Liliana llorando" es una muestra típica del Cortázar de siempre: alguien al que le queda poco tiempo de vida y que imagina (casi recrea) cómo serán las cosas entre sus familiares y amigos en los momentos inmediatamente posteriores a su muerte. "Los pasos en las huellas" no deja, en cambio, de ser algo atípico y extraordinario. Mis recuerdos de la primera lectura eran notablemente nebulosos. Aquella vez no pasó nada especial, leí casí mecánicamente la historia de un hombre enfrentado a un dilema ético, como si aquello no fuera conmigo y desease terminar cuánto antes para pasar al cuento siguiente. Es como si no hubiese encontrado a Cortázar en aquellas páginas, como si hubiera entendido literalmente su advertencia previa: "Crónica algo tediosa, estilo de ejercicio más que ejercicio de estilo de un, digamos, Henry James que hubiera tomado mate en cualquier patio porteño o platense de los años veinte".

Esta vez, sin embargo, el relato me ha atrapado desde su escueto primer párrafo: "Jorge Fraga acababa de cumplir cuarenta años cuando decidió estudiar la vida y la obra del poeta Claudio Romero". Todas las cartas sobre la mesa. Nada de alusiones veladas, de sugerencias que el lector tiene que colocar en el puzzle en el que se convierten la mayoría de sus historias. Aquí no se nos ocultan datos. Es justamente eso lo que juzgué poco cortazariano, seguramente poco atractivo para una calurosa tarde de verano. O acaso es que en estos meses ha pasado algo que me ha hecho sentirme el mismo Jorge Fraga. Este profesor, cuyo silencioso y discreto trabajo de intelectual no ha tenido el reconocimiento que él cree merecer, que siente celos de la popularidad alcanzada por escritores mediocres, se embarca en la tarea de su vida: redactar la biografía definitiva de un poeta que es considerado un héroe nacional. Tras años de labor escrupulosa y mecánica publica por fin un libro que tiene una acogida extraordinaria. Es el éxito con el que siempre soñó, el dinero, la fama, los galardones... Y, sin embargo, hay una sombra que le impide sentirse del todo satisfecho. Durante sus investigaciones tuvo la oportunidad de entrevistarse con la hija de Susana Márquez, una maestra que mantuvo una larga relación con el poeta, quien le proporciona una serie de cartas en las que éste se muestra como un hombre altruista, noble, generoso, lo que sólo sirve para engrandecer su figura ante los lectores... Pero ahora, cuando le espera un deseado puesto diplomático en Europa, intuye que hay algo más. Algo que siempre ha sabido y en lo que ha preferido no profundizar para no poner en peligro el éxito de su libro, de su carrera, de su vida. Se derrumba. Vuelve donde la hija de Márquez y le exige las otras cartas. Es sólo una, pero suficiente. La lee como quien vuelve sobre lo ya leído. El altruista era realmente un canalla. Y ahora él, en el discurso de recepción del Premio Nacional, tiene que contarlo al país, no puede callárselo, aunque sabe que puede olvidarse de Europa, de las entrevistas en la radio, de las nuevas ediciones, de la fama, del dinero y de su carrera. Aquella noche, cuando ha pasado todo y sólo falta esperar la consumación de su hundimiento, Jorge Fraga habla con su mujer:
"- Si pudieras dormir un rato -dijo Ofelia.
- No, es que tengo que encontrarlo. Hay dos cosas: eso que no entiendo, y lo que va a empezar mañana, lo que ya empezó esta tarde. Estoy liquidado, comprendés, no me perdonarán jamás que les haya puesto el ídolo en los brazos y ahora se los haga volar en pedazos. Fijate que todo es absolutamente imbécil, Romero sigue siendo el autor de los mejores poemas del año veinte. Pero los ídolos no pueden tener pies de barro, y con la misma cursilería me lo van a decir mañana mis queridos colegas.
-Pero si vos creíste que tu deber era proclamar la verdad...
- Yo no lo creí, Ofelia. Lo hice, nomás. O alguien lo hizo por mí. De golpe no había otro camino después de esa noche. Era lo único que se podía hacer".

Lo único que se podía hacer. Qué extraordinaria receta para nuestro putrefacto entorno político-mediático. Entonces era esto. Esto lo que me enganchó al relato. Lo único que se podía hacer. La ética nos escoge. A nosotros realmente sólo nos queda aceptarla.

martes, 28 de septiembre de 2004

Religión

Es como remontar el curso de las décadas. La Segunda República Española cometió un error estratégico al tratar de modernizar el país reduciendo los privilegios de una Iglesia Católica reacia a perder su desmesurada influencia sobre la sociedad. La reacción de los sectores más cercanos al clericalismo fue un factor decisivo en los trágicos acontecimientos que pusieron final al proyecto republicano.

Hoy, de nuevo la cuestión religiosa, dejando traslucir un retraso civilizatorio verdaderamente dramático. Que desde la jerarquía católica y los sectores más conservadores de la Iglesia se hable de "fundamentalismo laicista" debería de ser suficiente para entender la base del problema. Y es que el laicismo no puede ser jamás fundamentalista, porque el laicismo consiste simplemente en la proclamación de la neutralidad del Estado en materia ideológica (incluida, obviamente, la religión, la superideología que te soluciona todos los problemas con un simple acto de fe), algo tan sencillo de entender y que deberíamos de tener todos tan asumido que causa sonrojo el que alguien pueda considerar antirreligiosa su aplicación.

Ni siquiera se trata de eso. Llevado hasta sus últimas (y naturales) consecuencias, el laicismo debería de terminar con el adoctrinamiento religioso en las escuelas. Eso no socava ningún derecho, como pretenden los obispos. La libertad religiosa y de cultos está perfectamente garantizada y no corre ningún peligro. La aplicación de ese principio, básico en una sociedad moderna, simplemente actuaría en la eliminación de un privilegio intolerable, por el cual aquellos que desean utilizar los medios públicos para el adoctrinamiento ideológico de sus hijos pueden hacerlo siempre que esa ideología sea la católica.

Pero no, ni siquiera es eso. Los colegios van a seguir ofreciendo obligatoriamente doctrina religiosa a aquellos que lo deseen. Es algo mucho más nimio. Es volver a la situación anterior a la nefasta idea del PP de retomar la cuestión religiosa en su reforma de la educación. El debate era inexistente. Todos habíamos aceptado el punto muerto al que había llegado la situación. Los que consideramos que el estado laico debe tener una aplicación práctica y real sobre la vida cotidiana nos habíamos resignado a que los colegios siguiesen ofreciendo adoctrinamiento religioso con tal de que fuera una asignatura (se me hace difícil llamar "asignatura" a algo que no lo es) sin valor académico, algo tan obvio, por otro lado. La gran mayoría de los padres que escogían la religión para sus hijos (más empujados por la inercia que por la necesidad, desde luego) tampoco parecían especialmente preocupados. Así que el PP despertó a la bicha dormida, provocando de paso el fracaso de su reforma que, en algunos aspectos, era impecable y necesaria. Porque fue esto lo que hizo intolerable la reforma para muchos que consideramos que esa etapa de la disputa religiosa estaba ya superada y nunca tendríamos que volver a recorrerla.

Nos equivocamos. Hasta el punto de que resulta absolutamente patético leer determinada prensa y escuchar la COPE estos días. Han pasado siete décadas pero estamos como entonces, con el núcleo duro del clericalismo de este país poniendo sus intereses y sus privilegios como ejemplos de derechos que deben ser defendidos. Me da pavor pensar hasta dónde están dispuestos a llegar para conseguirlo.

lunes, 20 de septiembre de 2004

Palabras

Quienes deberían ser considerados como referentes morales de nuestra sociedad nos lo han repetido en infinidad de ocasiones. Pienso en Aurelio Arteta o en Fernando Savater o en Antonio Muñoz Molina. Hay que tener mucho cuidado con el uso que hacemos de las palabras, porque por sí solas las palabras son capaces no sólo de interpretar la realidad sino incluso de crearla. Nuestro modelo de civilización empieza defendiéndose desde el uso que hagamos del lenguaje. Y parece que habrá que seguir repitiéndolo.

Ayer por la tarde. Titular de elmundo.es: “Ejecutan a tres kurdos, mientras el tiempo se agota para otros tres occidentales” (cito de memoria, pero la forma impersonal del verbo encabezaba la frase tal y como la transcribo). Más abajo. Otro titular: “Se entrega en Valencia el hombre que mató a un policía e hirió a dos guardias civiles”. Me pregunto intrigado qué habrá llevado al redactor de elmundo.es a considerar ejecución el asesinato de tres rehenes kurdos en Iraq. Porque, aunque lo parezca, no es lo mismo ‘ejecutar’ que ‘asesinar’. Se ejecuta a los reos condenados a muerte. El asesinato es otra cosa bien diferente.

Por supuesto que la pena de muerte me parece por completo rechazable, un rastro del pasado aún vigente en algunos estados, que por ello deberían recibir el repudio generalizado del resto. Pero no conviene picar el anzuelo y caer en el siniestro juego de las equivalencias. Porque si un estado ejecuta y unos terroristas ejecutan, a la postre se está sugiriendo que unos y otros hacen lo mismo, que el estado se convierte en el ejecutor de una violencia estructural y los terroristas en meras réplicas de esa violencia. Y esto es sencillamente inaceptable, el primer paso para justificar los crímenes y las amenazas de los terroristas, las causas de sus actuaciones criminales. Éticamente rechazable, la pena de muerte se aplica, en último caso, tras procesos en los que los condenados por crímenes de especial gravedad son sujetos con derechos y en los que se cumplen toda una serie de garantías procesales (por supuesto, me refiero a esta pena de muerte. La que se aplica sumariamente y sin garantías en tantos estados del mundo es tan asesinato como el de los terroristas). Compartiendo su carácter inaceptable no deja de existir un considerable salto ético entre la ejecución de un reo condenado a muerte y el asesinato de rehenes por grupos terroristas.

Ayer noche. Observo que elmundo.es ha cambiado el titular: “Matan a tres kurdos...”. Al menos es un paso, aunque aquí habría que aplicar el dicho de Oscar Wilde: “¿Obsceno? Mucho peor: está mal escrito”. El uso impersonal del verbo ‘matar’ encabezando un titular en este contexto resulta ofensivo al oído de cualquier aficionado medio a la lengua castellana. Y como se supone que los periodistas son profesionales de la lengua, no termino de entenderlo. “Asesinan a tres kurdos...”. Era así de fácil. Y no entiendo por qué esa resistencia a emplear el verbo ‘asesinar’ cuando corresponde.

Esta mañana. Telediario de la 1ª. Hablan del asesinato de tres kurdos. Bien. Luego otro titular: “Hamas jura venganza por el asesinato de uno de sus líderes”. También correcto. Pese a lo complejo de la situación palestina, los asesinatos selectivos que cometen los servicios de seguridad israelíes no dejan de ser eso, asesinatos. Sólo confío en que a partir de ahora los israelíes también sean asesinados por los terroristas palestinos, y dejen de una vez de morirse a causa de las explosiones provocadas por los palestinos, como habitualmente puede leerse en la prensa española. Morirán del susto, supongo. Como todo el mundo sabe, los judíos han sido siempre muy impresionables.

sábado, 18 de septiembre de 2004

Locura


Avant le massacre Posted by Hello

Apenas sabía nada de Louis Soutter. Recuerdo alguna referencia muy vaga cuando estudié hace ya casi veinte años el expresionismo y el surrealismo; uno de esos artistas marginales, que si figuran en los currículos universitarios es sólo para engrandecer los nombres de los consagrados y admitidos en el club de la excelencia. Así que se ha presentado de repente, sin avisar. Pintor y músico suizo, nacido en 1871 y muerto en 1942. Desde 1907 fue primer violín de la Orquesta del Teatro de Ginebra, la que unos años después pasaría a llamarse Orquesta de la Suisse Romande (la de Ansermet). Ya pintaba, obras figurativas, retratos, en los que no es raro detectar cierto aire de familia con el Picasso de la etapa azul. Hombre de sensibilidad extremada, siempre a flor de piel, se sentía muy unido a una hermana que falleció en 1915. Desde aquel instante fatídico la mente de Soutter renunció al esfuerzo que debía hacer para adaptarse a una realidad que lo rehuía. Se construyó la suya propia. Perdió el puesto de concertino en la orquesta y fue bajando por la escala jerárquica hasta terminar ocupando un atril perdido entre los segundos violines. Su familia lo presionaba para que aceptara una reclusión temporal en un sanatorio mental, manicomio lo llamábamos hasta hace bien poco. Vencido, angustiado, agotado, aceptó finalmente en 1923. Ingresó en el asilo de Ballaigues y allí pasó los últimos veinte años de su vida, pintando a todas horas, comiendo muy de cuando en cuando. Fuera locura o un simple modo de protesta o evasión, su obra adquirió en aquellas condiciones una lucidez inusitada, que en algunos casos llega a alcanzar para nosotros la categoría de lo visionario. Como en el lienzo de arriba, que se titula Avant le massacre (Antes de la masacre) y que fue pintado justo el mismo día en que comenzó la Segunda Guerra Mundial. Las gamas de grises, el negro restallante con que caracteriza a los hombres, la diagonal amenazante que dibuja al personaje central, esas manos en alto parecen anticipar en efecto el horror en que se hundiría durante casi seis años la Europa que Soutter había conocido. No tuvo fuerzas para llegar al final. Debió de pensar que tres años eran suficientes. Que lo que tenía que decir ya había sido dicho, y que el futuro era demasiado incierto para lo que su mente alcanzaba a vislumbrar, en medio de la desolación y el espanto.

En 1993 la Orquesta de la Suisse Romande solicitó al compositor suizo Heinz Holliger una obra para celebrar el 75 aniversario de su fundación. Holliger, hombre de una profunda formación literaria, optó en esta ocasión por acercarse al mundo de la plástica, homenajeando a Louis Soutter, al fin y al cabo, alguien que había sido violinista de la Orquesta. Nació así el Concierto para violín, obra en cuatro tiempos, tan sugerente y radical como todas las de su autor, en la que el instrumento solista funciona a manera de personaje, de individuo que se enfrenta o se diluye en la colectividad de una orquesta que está tratada básicamente por grupos de timbres homogéneos. El Concierto, que fue estrenado el 16 de noviembre de 1995 en Lausana, con el salzburgués Thomas Zehetmair como solista y la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por el propio Holliger, funciona a modo de auténtico drama sin palabras, que pretende sondear las más profundas pulsiones destructivas del ser humano. Música de nuestro tiempo, de nuestra más estricta cotidianeidad, que Zehetmair y Holliger nos ofrecen, ahora con la Orquesta de la SWR, en este soberbio disco del sello ECM.


Holliger Posted by Hello

viernes, 10 de septiembre de 2004

Amenábar

Después de ver Abre los ojos juró que me esforcé, me esforcé y me esforcé por mantenerlos bien abiertos (los ojos interiores) tratando de entender qué era lo que había llevado a gente a la que conocía y respetaba intelectualmente a hacer el elogio de semejante bodrio. Claro que también repiqueteaba en mi cerebro la advertencia de mi amigo P R ("No hay una sola frase inteligente en toda la película"). Y no es que no hubiera una sola frase inteligente, es que la película era un profundo insulto a la inteligencia.

Con ese precedente, me negué a pagar una entrada por ver Los otros, película que recuperé el otro día en TVE, en medio del mayor aparato publicitario-propagandístico que se haya conocido nunca en el cine español, con motivo del estreno de Mar adentro. Sin entrar en la polémica del paralelismo de la película con El sexto sentido y cuál de las dos fue concebida en primer lugar, Los otros me pareció mejor concebida y acabada que la anterior (no era necesario mucho, desde luego), pero de una vacuidad extrema.

No quiero quitarle a Amenábar mérito alguno. Es hábil con la cámara, indudablemente, y poco a poco va aprendiendo a contar una historia, pero el problema es que el trasfondo de sus películas es inane, cuando no rídículo, algo que puede ser considerado como símbolo de nuestro tiempo y que deriva indudablemente de las influencias que él reconoce en su cine, ¡que no pasan de Spielberg! Lo cual viene a ser más o menos como si un novelista joven afirmase que sus referentes como escritor son Antonio Gala y Arturo Pérez-Reverte y que para él Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Baroja son sólo nombres.

No he visto Mar adentro, y no pienso pagar una entrada por verla. Amigos que la han visto y que trabajan en el entorno del cine (y de quienes me fío) coinciden (lo que es noticia) en que Amenábar no se atreve a ponerse en la piel de Sampedro, que es incapaz de adoptar la posición de alguien que quiere morirse, que la película es tremendamente tramposa con los sentimientos del espectador y que además la música (Amenábar insiste en escribir sus propias bandas sonoras) es de auténtico sonrojo.

En cuanto al exagerado apoyo de los medios afines al Gobierno y al PSOE a un film que trata un tema de una extraordinaria hondura humana y social desde la perspectiva más correctamente política que pueda imaginarse, me produce un profundo rechazo. Que Amenábar haya aprovechado justamente este momento para salir del armario (¿ante quién, si en el entorno del cine su condición de homosexual era conocida de sobra?) para redondear así el círculo del talante y mercadear con su sexualidad convierte el rechazo en pura repugnancia.

jueves, 9 de septiembre de 2004

Agua

Me encanta cepillarle el pelo mientras le paso el secador, y lamento no hacerlo más a menudo. Me encanta tenerla sentada en mis rodillas, envuelta en la toalla, mientras me cuenta del caballo del parque y cómo ella y Sonia le daban de comer tierra o del lobo que se asomó a su cama la otra noche o de la canción que cantaba con Sara y Belén. Y me gusta creer que a ella también le gusta. Por eso, ahora que pasamos tanto tiempo juntos por las mañanas, me pide todos los días que la meta en ese barreño azul donde se bañaba su hermana. En apariencia lo hace para jugar con la ducha infantil que le compró su madre cuando era más pequeña y le espantaba la idea de que un chorro de agua le mojase la cara, pero en el fondo yo sé que es porque disfruta sentada en mis rodillas, contándome sus increíbles aventuras mientras siente mis caricias leves mezcladas con el calor y el runrún del secador. Me encanta sentir el roce de su espalda mientras le cepillo el pelo y escucho del castillo o del puzzle que haremos después, y lamento no sentirlo más a menudo. Lamento haber delegado tantas cosas, por comodidad, o por incapacidad, o por miedo, y cuando la oigo jugar a mi alrededor, mientras trabajo, haciendo familias con los paraguas o con los botes de crema o con los rotuladores y suena un preludio de Sainte Colombe imagino que el Paraíso original debió de ser algo así, un espacio donde el sentimiento de ternura fluía entre los hombres sin necesidad de palabras ni de gestos, imponiendo un orden en el que el tiempo parecía detenerse. Y entiendo el dolor que esa pérdida supuso para nuestros padres. Y, por todo eso, y aunque no considere imprescindible la paternidad para alcanzar a comprenderlo en toda su profundidad, el horror de Beslan me ha afectado tan íntimamente que, más a menudo de lo que ella necesita, me sorprendo preguntándole: "Cariño, ¿quieres agua?".

domingo, 5 de septiembre de 2004

Contexto

Y esto, ejemplar, de Juan Avellana, porque sí, los contextualizadores han comenzado ya su execrable trabajo, cuyo fin (no premeditado, por supuesto) no es otro que el de allanar el camino para otros verdugos, para otras víctimas:

"Albert Camus deseaba la justicia; a la vez, era consciente de los crímenes cometidos en su nombre. Así que expresó de este modo la quintaesencia de las elecciones morales: «Yo creo en la justicia, pero defendería a mi madre antes que a la justicia». Desde ahí se empieza.
No hay ninguna razón abstracta que pueda obligar a un hombre a matar a unos niños en una escuela secuestrada, y una vez que ese hombre lo ha hecho, entonces no hay ninguna disculpa abstracta que lo libere de la carga del más espantoso de los crímenes que se pueden cometer contra la más indefensa de las víctimas. En los días que vendrán oiremos cómo unos y otros contextualizan los hechos, cómo se buscan causas, cómo se intenta explicar, cómo se reparten responsabilidades y culpas. Pero nada de eso podrá aligerar el peso del horror de la culpa que cae sobre cualquiera de esos hombres que se han cubierto de bombas y han secuestrado una escuela llena de niños.
Porque en el fondo, todas esas explicaciones nada tienen que ver. O sí, pero son escolios, marginalia. El culpable es un hombre. No sirve la obediencia debida. No le sirve al torturador que obedece a sus superiores jerárquicos ni tampoco al que obecede el mandato de su patria, o el de Dios, o el de sus muertos que reclaman venganza. El mal en estado puro no puede llamar en su disculpa a ningún mal anterior.
Ninguna colectividad diluye el tamaño de la culpa sobre los hombros de un hombre que ha decidido entrar a propósito en una escuela cubierto de bombas. Si no entendemos eso y a partir de ahí organizamos el universo moral, estamos perdidos.
La moral puede llegar a ser una asignatura compleja, pero en el último de los casos nos queda Camus: «Yo creo en la justicia, pero defendería a mi madre antes que a la justicia». Nada puede obligar a un hombre a atacar a su madre. Ni a matar a unos niños. Desde ahí se empieza."

Énfasis

Y, por supuesto, esto de Arcadi:

"Caiga mi maldición para todo aquel trastornado que exhibiendo su enfermedad, la absoluta pérdida de todos los principios (el más grave el de lo real) y una impiedad hija del politburó que sigue organizando su vida, si es que vida puede llamarse a semejante despojo deliberativo, ha ordenado el asalto a los titulares de los periódicos, nivelando terroristas con soldados, asalto con rescate, y bala con espalda, metaforizando muy precisamente el no man’s land moral desde el que narran, y practicando la más repugnante operación de palabra quemada de que tenga noticia este asqueado".

Y esto otro:

"El énfasis sobre las causas del terrorismo es directamente proporcional a la distancia entre el lugar del terrorista y el lugar del enfático. A mayor distancia de las bombas mayor insistencia en las causas".

sábado, 4 de septiembre de 2004

Promesa

Y no olvidar este párrafo de Muñoz Molina:

"No olvidaremos y no perdonaremos. No dejaremos que se esconda en la impunidad ningún asesino, que se borre en el anonimato de las cifras la cara o la identidad de ninguna víctima. Ésta es una promesa que me hago a mí mismo: no permitiré que nadie, en mi presencia, infame o ponga en duda la dignidad de los que ahora sufren, no aceptaré delante de mí más palabras embusteras o cínicas que enturbien la clara línea de separación entre los inocentes y los verdugos, no me rozaré con nadie de quien tenga la sospecha de que se ha infectado con su cercanía.".

Piedad


Piedad Posted by Hello

Y aunque trato de obligarme a pensar, no sé qué decir.

martes, 31 de agosto de 2004

Odio

¿Puede llegar a odiarse lo que un día se amó por encima de cualquier otra cosa?

"Acerca de mi muerte
Nada de música antes, durante, después de la incineración.
Ni siquiera una cigarra suspendida en una jaula.
Si entre los asistentes alguno llega a llorar o llega a sonarse, todos sentirán desazón y la desazón será más grande por no estar disfrazada por la música. Me disculpo ante quienes me sobrevivan por la desazón en que los habré colocado, pero prefiero esa molestia a la música.
Ningún tarabustis.
Ningún rito será observado. Ningún canto se elevará. Ninguna palabra será pronunciada. Nada de reproducción electrónica de lo que sea o de quien sea. Nada de abrazos, de gallos sofocados, de religión, de moral. Ni siquiera los gestos usuales.
Se me habrá dicho adiós si se ha callado."
(Pascal Quignard. El odio a la música)

martes, 24 de agosto de 2004

Recuerdos olímpicos (3)

De ningunos otros Juegos tengo tantos recuerdos como de Los Ángeles 84. En Montréal era demasiado pequeño. En Moscú se dieron muchas circunstancias adversas. Pero en el 84 yo tenía tiempo (¡¡¡tiempo!!!). Así que pasaba horas y horas delante del televisor. Por la mañana, por la tarde y por la noche. Me levantaba de madrugada para ver los partidos de baloncesto y las pruebas de atletismo, mientras me hartaba a comer galletitas untadas de Nocilla o tajadas de melón.

Recuerdo en la inauguración a un hombre que volaba, muchas bandas de música, los inevitables mosaicos, al nieto de Jesse Owen y el encendido de la llama, después de que un atleta subiese una escalinata interminable, que parecían haber trasladado directamente desde Hollywood.


Llama Posted by Hello

Como en el 80 los países occidentales habían boicoteado los juegos de Moscú, en el 84 fueron la URSS y sus satélites quienes se negaron a asistir a Los Ángeles. Una lástima, porque nos perdimos un duelo baloncestístico apasionante: la EEUU de Michael Jordan contra la URSS, que tenía el mejor equipo de su historia, con un joven y pletórico Sabonis incluido, como había demostrado en el preolímpico de París (cuando ya sabían que no asistirían a los Juegos) aplastando inmisericordemente a España. Aunque también nos ahorramos algunas mentiras, como las marcas imposibles de las nadadoras y las atletas de la RDA (para escarnio del lenguaje, República Democrática Alemana). Yugoslavia, tradicionalmente el país comunista más alejado de las decisiones de Moscú, la Rumanía de Ceaucescu y China desafiaron el bloqueo y asistieron a los Juegos.

Los Ángeles 84 fue, para mí, la constatación de que todos los JJOO se desarrollan en dos semanas perfectamente diferenciadas. La primera es la semana de la natación y de la gimnasia; la segunda, la del atletismo y del baloncesto. Todo ello se adorna con otros muchas competiciones paralelas, ornamentos más o menos prescindibles, que dan color y ambiente, pero nada más.

De la gimnasia tengo una imagen clavada en mis retinas de modo imborrable. Fue el salto que le dio el título individual a la estadounidense Mary Lou Retton, la chica profidén, que al parecer ahora se dedica a escribir (o firmar) libros de autoayuda.


Mary Lou Retton Posted by Hello

Las rumanas habían ganado el concurso de equipos, y en la final individual había gran igualdad, aunque la favorita era la rumana Ecaterina Szabo, a la que algunos señalaban como la sucesora de la gran Comaneci.


Ecaterina Szabo Posted by Hello

Pero llegó Mary Lou, paticorta y maciza, con esa eterna sonrisa adolescente de mala película americana, e hizo un salto portentoso. Cuando salió la nota, las caras de las rumanas eran de no creérselo, mientras Mary Lou se abrazaba a su entrenador (rumano) emitiendo todo tipo de sonidos ininteligibles (para mí, negado con el inglés, of course). Puede que en otros aparatos, los jueces hubiesen deslizado alguna décima del lado de la americana, pero en salto, no, así que nadie de la delegación europea se atrevió a la más mínima protesta. El título cambiaría por completo la vida de esa mujer que ya entonces parecía predestinada a posar con su familia modelo. Fue su único oro, porque en las finales por aparatos sólo consiguió medallas menores, mientras que Szabo conseguía imponerse hasta en tres de ellos.

De la gimnasia masculina recuerdo el triunfo del conjunto de los EEUU, que tenían un equipo extraordinario, y también recuerdo el fracaso del chino Li Ning, el favorito absoluto de la competición, en su intento por ganar el concurso individual, en el que sólo alcanzó el tercer puesto, aunque luego se resarciría ganando oro en tres aparatos.


Li Ning Posted by Hello

De la natación me ha quedado el dominio absoluto de los nadadores estadounidenses, pero sobre todo conservo ecos de un duelo, que se repetiría luego en campeonatos mundiales, el que mantuvieron en mariposa el alemán Michael Gross y el norteamericano Pedro Pablo Morales. Gross aventajaba a Morales en la envergadura impresionante (por algo, era conocido como el albatros), pero Morales era técnicamente superior, peleón y muy fuerte. Ganó Gross.


Michael Gross Posted by Hello

Los Juegos del 84 fueron sin duda los Juegos de Carl Lewis, considerado por muchos (y con razones de peso) el mejor atleta de todos los tiempos. Ganó cuatro oros, en 100, 200, 4 x 100 y longitud, igualando el récord del mítico Jesse Owen, ante un atónito y enfurecido Hitler, en los Juegos de Berlín del 36.


Carl Lewis Posted by Hello

El hijo del viento, con su impresionante clase y en la plenitud absoluta de sus medios físicos, no tuvo rivales: en 100 y 200 sacó casi dos décimas a los segundos; en 4 x 100, el equipo de EEUU aventajó en casi un segundo a sus perseguidores jamaicanos (todo un mundo en la velocidad) y en longitud, la plata quedó a 30 centímetros de Lewis. Todo salió exactamente como estaba previsto.

Son muchísimos los recuerdos que guardo del atletismo, como la victoria en los 400 vallas del gran Edwin Moses, por delante de su compatriota Danny Harris (quien tres años después, en Madrid, rompería su racha de 122 victorias consecutivas) y del alemán Harald Schmidt. Fue una final preciosa, en la que Moses se permitió el lujo de hacer una salida nula.


Moses, Schmidt y Harris Posted by Hello

Por supuesto, no me olvido del medio fondo. Sebastian Coe era mi ídolo de entonces. En Moscú había ganado el 1500, pero perdió el 800 (prueba en la que tenía el récord del mundo) ante su compatriota y gran rival Steve Ovett. Ahora nadie parecía capaz de impedir un doblete que sería histórico. Pero en la final de 800 apareció un actor que no estaba en el guión. Era brasileño, y se llamaba Joaquim Cruz.

Recuerdo a la perfección el esfuerzo de Coe en la recta final, mientas yo lo arengaba desde mi casa (entre susurros, para no despertar a nadie), y su cara de decepción (y la mía: de tonto integral) cuando fue incapaz de alcanzar a Cruz. El brasileño tenía una planta de atleta formidable. Parecía predestinado a rebajar el récord de Coe (1:41:73), pero después de Los Ángeles fue diluyéndose hasta desaparecer del panorama atlético internacional. Coe se quedó sin su ansiado oro en el 800, pero conservó su récord hasta la irrupción del keniano (hoy, nacionalizado danés) Wilson Kipketer hace menos de una década.


Joaquim Cruz gana a Coe Posted by Hello

Como en Moscú, a Coe le quedó la ocasión de resarcirse de su derrota ganando el 1.500, y como en Moscú, así lo hizo. Aquella fue la carrera que más interés despertó en España, ya que para la final se había clasificado José Manuel Abascal, que tenía seria opción de medalla. La carrera empezó lenta, por lo que, conocedor de que a ese ritmo su final no era lo suficientemente veloz como para imponerse a la mayoría de los participantes en la final, Abascal cambió bruscamente de ritmo, como solía hacer, a falta de 600 metros. Lo siguieron Sebastian Coe y Steve Cram, el tercer gran mediofondista británico. En la recta, Coe, con una fluidez increíble, dejó atrás a todos sus rivales y ganó con absoluta claridad. Cram entró segundo y Abascal, tercero. Fue el primer gran éxito olímpico del atletismo español en pista (Jordi Llopart había sido medallista en Moscú, pero en la especialidad de marcha).


Sebastian Coe Posted by Hello

Otra imagen del estadio que no creo que olvide nunca es la de la caída de Mary Decker. Esta magnífica fondista americana, la novia de América, había ganado el año anterior en los primeros Mundiales de Atletismo disputados en Helsinki los 1.500 y los 3.000 (entonces las mujeres corrían tres mil y no cinco mil metros), y para Los Ángeles era la gran favorita. Sin embargo, en la final del 3.000 tropezó con Zola Budd, una jovencísima atleta sudafricana que corría descalza, y se lesionó.


Mary Decker y Zola Budd Posted by Hello

Mary lloraba inconsolable, mientras Zola pareció tan confusa por la situación que prácticamente desapareció de la final. Fue un hecho inexplicable (en un primer momento, la americana acusó a la sudafricana de haber provocado su caída por inexperiencia, aunque supongo que después, más serena, entendería el carácter absolutamente fortuito y azaroso del incidente). Aquello afectaría de manera definitiva la carrera de ambas atletas. Parecieron eclipsarse mutuamente. Decker era ya mayor, y aquellos iban a ser sus últimos juegos. Budd apenas hizo nada digno de ser recordado a partir de aquel momento aciago.

Una de las imágenes más impactantes de aquellos Juegos fue la entrada en el estadio en la prueba de marathon femenino de la atleta suiza Gabrielle Andersen, afectada por un golpe de calor, absolutamente exhausta, sin poder controlar sus movimientos, pero perfectamente consciente de lo que pasaba a su alrededor.


Gabrielle Andersen Posted by Hello

La vuelta que los atletas debían dar a la pista para concluir la prueba fue sin duda la más agónica y patética que yo recuerde, con la suiza dando tumbos por el tartán, rodeada por jueces y médicos que esperaban una indicación suya para intervenir, el público puesto en pie aplaudiendo sin parar y la sensación de que Andersen sería capaz de dejarse morir antes de renunciar a concluir sus 42.195 metros de rigor. Espíritu olímpico de superación, le llaman, aunque, desde otro ángulo, yo lo considero una soberana estupidez. La prueba (que era la primera vez que se celebraba en categoría femenina dentro de unos JJOO) la había ganado la estadounidense Joan Benoit, quien por aquellos días hizo unas declaraciones auténticamente sorprendentes: afirmaba la americana que en un futuro no muy lejano, hombres y mujeres competirían juntos en marathon, y habría veces en que las carreras las ganarían las mujeres (¡si la hubieran oído nuestras ministras!).


Joan Benoit Posted by Hello

Algunos otros recuerdos son algo confusos, pero siguen ahí, como las volteretas de Daley Thompson después de renovar el oro de Moscú en Decathlon (yo tenía un juego para el Spectrum con su nombre, ¡las cosas que eran capaces de hacer con 16 K de memoria!)


Daley Thompson Posted by Hello

O la victoria de la marroquí Nawal El Moutawakel en 400 metros vallas, la primera que obtenía en una prueba olímpica una mujer de un país musulmán.


Nawal El Moutawakel Posted by Hello

Pero si por algo se recuerdan los Juegos de Los Ángeles en España es por la medalla de plata que obtuvo el equipo de baloncesto, que hizo madrugar a medio país en uno de esos intermitentes booms que este deporte ha conocido en España en los últimos veinte años. Recuerdo que en la fase de clasificación lo pasamos fatal en el primer partido contra Canadá, pero después ganamos todos los demás encuentros con comodidad, hasta que nos cruzamos con los EEUU. Yo jugaba por entonces en un equipo de baloncesto de amigos. Nos entrenaba un portorriqueño, Carlos, quien nos había señalado al jugador de la selección americana al que debíamos prestar atención: Michael Jordan. Del resto del equipo (los profesionales de la NBA tenían vedada su participación) me sonaba el nombre de Patt Ewing, porque acababa de ganar la final universitaria, en un partido que creo que pasó TVE, y poco más, aunque también estaban Chris Mullin o Sam Perkins, que serían luego estupendos jugadores NBA. Los entrenaba el grosero impresentable de Bobby Knight. Del primer partido contra los americanos, sólo recuerdo que nos dejaron sin resuello y que Jordan encestó casi desde el centro del campo al final del primer tiempo.

Luego vinieron los cuartos de final, contra Australia, y una canasta desde lejísimos de José María Margall (hoy sería de 3 puntos: la línea de 3 se implantó en el baloncesto FIBA justo después de estos Juegos) en un momento especialmente comprometido, que ha sido lo único que retengo de aquel partido; las semifinales contra una Yugoslavia en la que ya comenzaba a despuntar Drazen Petrovic; y la final, otra vez contra los americanos, que no nos dieron opción (nos ganaron 96 a 65), aunque nos quedara el buen sabor de boca de un impresionante tapón de Romay sobre el mismísimo Jordan. Aquella plata fue saludada como una auténtica gesta. Sus protagonistas: José Luis Llorente, Fernando Arcega, Jose Mª Margall, Andrés Jiménez, Fernando Romay, Fernando Martín, Juan Antonio Corbalán, Ignacio Solozábal, Juan Domingo De la Cruz, Juan Manuel López Iturriaga, Juan Antonio San Epifanio Epi y José Manuel Beirán. [En estos días, el nuevo equipo olímpico español busca repetir, e incluso mejorar, aquella plata histórica. Otra vez nos cruzamos con los americanos, pero esta vez en cuartos de final, y contra un equipo formado íntegramente por jugadores de la NBA. Sin embargo, somos favoritos. Sin duda, los tiempos están cambiando.]

Sólo he conseguido una foto de aquella final (sorprendentemente, en la Web de la Federación Española de Baloncesto no he encontrado ninguna). Es en blanco y negro, y no demasiado buena. Sam Perkins y Fernando Romay saltan por el primer balón del partido. De espaldas, el número 4 americano es el base Steve Alford, un muy buen jugador, que, pese a ello, no logró hacer carrera en la NBA.


Romay y Perkins Posted by Hello

sábado, 21 de agosto de 2004

Cuotas

Cientos de millones de mujeres en el mundo viven en situaciones de discriminación legal, sojuzgadas y sometidas al imperio arbitrario de padres, hermanos o maridos y a unas tradiciones religiosas y sociales que las esclavizan, impidiéndoles disfrutar de los mismos derechos que los varones.

Afortunadamente, esa situación es desconocida en las democracias occidentales desde hace mucho tiempo. Los ordenamientos jurídicos de todos los países avanzados reconocen la igualdad de derechos de hombre y mujer ante cualquier situación vital y a lo largo de toda su existencia. Las excepciones a la norma son en realidad poco significativas. Así, en la Constitución española de 1978 se reconocen dos situaciones de desigualdad legal, una de las cuales aún persiste, pero afecta solamente a una familia: es la prelación del varón sobre la mujer en la sucesión al trono. La otra ha sido ya abolida en la práctica, al desaparecer el servicio militar obligatorio, que tenían que prestar sólo los hombres.

Pese a esta igualdad ante el Derecho, sin vuelta atrás posible, persisten en nuestra civilización situaciones en las que los roles sexistas están tan asumidos, tan fijados en las relaciones y los comportamientos sociales que en determinados ámbitos conducen a discriminaciones prácticas y reales por causa de sexo. Resulta evidente que la generalización de determinadas prácticas se toma su tiempo en asentarse en todos los espacios de relación social. Hay quienes consideran que la mejor forma de acelerar estos procesos es la de empujar empleando una legislación discriminatoria. Discriminación positiva, le llaman. Y consiste en que, ya que hay mujeres que en determinados ámbitos son discriminadas, favorezcamos a todas las mujeres en todos los ámbitos. Así convertiremos antes la igualdad legal en igualdad social, efectiva y real. Pretensión excesiva y procedimiento bastardo, que actúa como un ariete contra el propio estado de derecho que lo desarrolla. Si todo el mundo (hombres y mujeres, musulmanes y católicos, pelirrojos y morenos, médicos y albañiles...) es igual ante la ley, combátanse desde la ley las injusticias y las discriminaciones que afectan individualmente a los sujetos y no sean favorecidos determinados colectivos con la excusa de mejorar sus posibilidades individuales.

Entre quienes defienden la discriminación positiva en favor de las mujeres, los hay que estiman que, ya que tradicionalmente las mujeres se han encargado en menor medida de labores políticas y de gobierno, lo ideal sería favorecerlas para que los puestos de responsabilidad pública estén ocupados paritariamente por hombres y mujeres, y hasta proponen fijar estas cuotas por ley. El actual gobierno socialista es un buen ejemplo, al estar formado por ocho hombres y ocho mujeres (aunque no resulta conveniente precipitarse; habrá que esperar a que el próximo candidato socialista a la presidencia del Gobierno sea una mujer: sólo así la aplicación maximalista de su principio de discriminación positiva paritaria será creíble). La pregunta es si los gobernados ganamos algo con esta situación. Parece que no, y que en una meritocracia, como en la que supuestamente vivimos, el acceso a los puestos públicos debe estar condicionado al mérito del aspirante y no a su sexo.

Deberían de ser las propias ministras las primeras interesadas en abonar la idea de que forman parte del Gobierno por su formación, su capacidad y su eficacia como gestoras y no por el hecho, irrelevante para la gobernación de la República, de la naturaleza de sus cromosomas sexuales. Pero parece, a tenor de la sesión de fotos conjunta que han concedido a una revista de moda, que esa, la de la igualdad entre hombres y mujeres, es cuestión que no les importa demasiado. “Aparecemos juntas porque somos las mujeres del Gobierno”. Curiosa forma de decir: “Somos cuota”.



Ministras Posted by Hello

jueves, 19 de agosto de 2004

Mapas

Estupendo artículo de Manuel Guerrero sobre la pretensión de los espectrales franceses, con Gérard Grisey a la cabeza, de ser representantes de la absoluta pureza de la música, por basar la composición de sus obras en la física del sonido. Estos tres párrafos me resultan especialmente afinados y atinados:

"Crear una música que imita el sonido de una fiesta campestre, con danzas, canto de pájaros y tormenta incluidos, constituye una voluntaria y artística confusión de niveles lógicos, ya que la música, que pertenece al mundo, juega a ser el mundo (confusión con un nivel lógico superior).

Crear una música que tiene la misma estructura interna que el material del que está hecha (el sonido) es también una voluntaria y artística confusión de niveles lógicos, porque la música, de la cual forma parte el sonido, juega a ser el sonido (confusión con un nivel lógico inferior).

En realidad, una música que mimetice la estructura interna del sonido, lejos de ser más pura que las demás, es una música descriptiva en toda regla: Vivaldi es descriptivo porque imita el sonido de los pájaros y las tormentas; los espectrales son descriptivos porque imitan el sonido del sonido".

miércoles, 18 de agosto de 2004

Recuerdos olímpicos (2)

1980 fue un año difícil. Año de enfermedad, muerte, ausencia, de viaje, lejanía, desarraigo, de sorpresa y descubrimientos. Los Juegos se celebraban en Moscú, siendo la primera vez que tenían lugar en un país del bloque socialista. La URSS estaba dispuesta a ofrecer al mundo una imagen de su poderío, su modernidad y su capacidad organizativa. Pero la política se cruzó en el camino. La invasión de Afganistán en diciembre de 1979 provocó el boicot a los juegos de muchos países occidentales, encabezados por los EEUU de Jimmy Carter. Hubo estados (como Gran Bretaña o España) que se sumaron sólo parcialmente al boicot, concediendo a sus deportistas la posibilidad de asistir a los juegos a título individual. Deportivamente el daño fue, en cualquier caso, irreparable.

Los Juegos de Moscú fueron los juegos de Misha, posiblemente la mascota de mayor popularidad de cuantas se han creado en las Olimpiadas.


Osito Misha Posted by Hello

Mis recuerdos de los Juegos del 80 son muy fragmentarios. Me parece estar aún viendo un césped repleto de gente y unos mosaicos impresionantes en las gradas durante la ceremonia de inauguración (estos mosaicos se pondrían de moda entonces y luego se repetirían en muchísmas ceremonias similares).


Ceremonia inaugural Posted by Hello

Aprovechando la ausencia de los atletas estadounidenses, los blancos ganaron las pruebas de velocidad: un inglés muy fuerte cuyo nombre no recordaba, pero que he visto que se llamaba Allan Wells, se impuso en los 100...


Allan Wells Posted by Hello

... y, cómo no, Pietro Mennea, el italiano eléctrico, en los 200.


Pietro Mennea Posted by Hello

En el estadio también recuerdo los duelos entre los dos grandes mediofondistas británicos, Steve Ovett y Sebastian Coe. Ovett ganó el 800, y Coe, el 1500. Curiosa la evolución de estas pruebas: sólo cuatro años antes, Juantorena había ganado los 400 y los 800. Creo que fue justo a partir de Moscú cuando los cuatrocentistas abandonaron definitivamente el 800, que pasó a ser una prueba típica de medio fondo. Hoy se ha quedado a medio camino. Es casi imposible que alguien pueda ganar a la vez (o tenga posibilidades de hacerlo) un 400 y un 800 o un 800 y un 1500.


Coe delante de Ovett Posted by Hello

Recuerdo también a Vladimir Salnikov, que ganó los 1500 libres, bajando por primera vez de 15 minutos. Salnikov se convertiría en un verdadero mito de la natación, a quien los grandes dominadores por entonces de las piscinas (los estadounidenses) idolatraban.


Vladimir Salnikov Posted by Hello

Ya dije que en Moscú descubrí a una Comaneci que distaba mucho de ser como yo la recordaba. Pero no tardé en encontrar a su sustituta. Se llamaba Nellie Kim, competía por la URSS y tenía rasgos orientales (hoy me entero de que era de Tadjikistán), aunque a decir verdad, nada fue como cuatro años atrás.


Nellie Kim Posted by Hello

Otros recuerdos son más desvaídos. La gran Yugoslavia de Cosic, Dalipagic y Delibasic ganando el oro en baloncesto a la URSS de Thatchenko y Belov. La medalla de bronce de David López-Zubero, primera en toda la historia de la natación olímpica española, o la plata de la selección de Hockey Hierba en una final disputada contra la India, en la que la mayoría de los jugadores hindúes jugaban con una especie de bolsita atada en la cabeza, algo que intuí entonces como parte de un ritual religioso, pero cuyo fin último aún hoy se me escapa.


Hockey Posted by Hello