sábado, 18 de septiembre de 2004

Locura


Avant le massacre Posted by Hello

Apenas sabía nada de Louis Soutter. Recuerdo alguna referencia muy vaga cuando estudié hace ya casi veinte años el expresionismo y el surrealismo; uno de esos artistas marginales, que si figuran en los currículos universitarios es sólo para engrandecer los nombres de los consagrados y admitidos en el club de la excelencia. Así que se ha presentado de repente, sin avisar. Pintor y músico suizo, nacido en 1871 y muerto en 1942. Desde 1907 fue primer violín de la Orquesta del Teatro de Ginebra, la que unos años después pasaría a llamarse Orquesta de la Suisse Romande (la de Ansermet). Ya pintaba, obras figurativas, retratos, en los que no es raro detectar cierto aire de familia con el Picasso de la etapa azul. Hombre de sensibilidad extremada, siempre a flor de piel, se sentía muy unido a una hermana que falleció en 1915. Desde aquel instante fatídico la mente de Soutter renunció al esfuerzo que debía hacer para adaptarse a una realidad que lo rehuía. Se construyó la suya propia. Perdió el puesto de concertino en la orquesta y fue bajando por la escala jerárquica hasta terminar ocupando un atril perdido entre los segundos violines. Su familia lo presionaba para que aceptara una reclusión temporal en un sanatorio mental, manicomio lo llamábamos hasta hace bien poco. Vencido, angustiado, agotado, aceptó finalmente en 1923. Ingresó en el asilo de Ballaigues y allí pasó los últimos veinte años de su vida, pintando a todas horas, comiendo muy de cuando en cuando. Fuera locura o un simple modo de protesta o evasión, su obra adquirió en aquellas condiciones una lucidez inusitada, que en algunos casos llega a alcanzar para nosotros la categoría de lo visionario. Como en el lienzo de arriba, que se titula Avant le massacre (Antes de la masacre) y que fue pintado justo el mismo día en que comenzó la Segunda Guerra Mundial. Las gamas de grises, el negro restallante con que caracteriza a los hombres, la diagonal amenazante que dibuja al personaje central, esas manos en alto parecen anticipar en efecto el horror en que se hundiría durante casi seis años la Europa que Soutter había conocido. No tuvo fuerzas para llegar al final. Debió de pensar que tres años eran suficientes. Que lo que tenía que decir ya había sido dicho, y que el futuro era demasiado incierto para lo que su mente alcanzaba a vislumbrar, en medio de la desolación y el espanto.

En 1993 la Orquesta de la Suisse Romande solicitó al compositor suizo Heinz Holliger una obra para celebrar el 75 aniversario de su fundación. Holliger, hombre de una profunda formación literaria, optó en esta ocasión por acercarse al mundo de la plástica, homenajeando a Louis Soutter, al fin y al cabo, alguien que había sido violinista de la Orquesta. Nació así el Concierto para violín, obra en cuatro tiempos, tan sugerente y radical como todas las de su autor, en la que el instrumento solista funciona a manera de personaje, de individuo que se enfrenta o se diluye en la colectividad de una orquesta que está tratada básicamente por grupos de timbres homogéneos. El Concierto, que fue estrenado el 16 de noviembre de 1995 en Lausana, con el salzburgués Thomas Zehetmair como solista y la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por el propio Holliger, funciona a modo de auténtico drama sin palabras, que pretende sondear las más profundas pulsiones destructivas del ser humano. Música de nuestro tiempo, de nuestra más estricta cotidianeidad, que Zehetmair y Holliger nos ofrecen, ahora con la Orquesta de la SWR, en este soberbio disco del sello ECM.


Holliger Posted by Hello

1 comentario:

Edipaldo dijo...

Me alegra encontrar algún dado de este autor marginado, Louis Soutter, porque es bastante difícil hallar algo sobre él. Nos bombardean tanto con el arte oficial que resulta casi imposible encontrar nuevas fuentes de inspiración. Descubrir a Soutter o a Wolfli, otro artista marginado y demente, hace que uno se convenza de que el arte al final no lo pueden dictaminar estetas de corbata y profesores con gafas de cristal más gordo que el de las vidrieras de una catedral gótica. Así que le agradezco esa breve nota que usted ha dejado en su blog. Para mí ya es mucho. No podemos olvidar a esta gente, especial y sensible que todavía tienen, aún muertos, muchas cosas que decirnos.

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