sábado, 10 de febrero de 2007

Soledad y decencia

Rosa Díez, hoy, en su blog de Basta ya. Grande. He pensado que difundiendo su texto quizá no se sienta tan sola.

HAN PASADO CUATRO AÑOS

Han pasado cuatro años; cuatro años desde el día en que Joseba Pagazaurtundúa fue asesinado cuando se disponía, como cada mañana, a abrir la casa del Pueblo del Partido Socialista de Euskadi-PSOE en Andoain. Cada mañana levantaba aquella persiana porque él creía que la casa del pueblo de los socialistas era uno de los pocos espacios de libertad que existía en Andoain. Era, según Joseba pensaba, un faro en medio de tanta oscuridad, de tanta ignominia, de tanto temor, de tanta complicidad.

El jueves día 8 le recordamos en el Centro Cultural Bastero. Hablamos de él, de su vida, de su muerte; de las cosas que pasaron antes de que le abandonaran a su suerte quienes tenían la obligación de protegerle; de las cosas que han pasado después. Allí estaba Pilar, su madre; y Maite, su hermana; y Estíbaliz, su esposa amada, como nos recordó en una de sus cartas manuscritas que pudimos ver tras su muerte; y Ander, su hijo pequeño. Y viejos amigos: Agustín Ibarrola, Mari Luz, Beristain, Latierro, Matu, Fabián, Maite, Pilar, Ramón, Carlos, Juan Luis, Rogelio, Armando, Arantza, Guillermo y su hijo Guillermo, Estanis, Manoli, Mikel, Nati... También estaba el alcalde de Andoain, compañero y amigo de Joseba, que abrió el acto.

No había nadie de la dirección del Partido Socialista. Ni de Guipúzcoa, ni de Euskadi. Nadie. A Joseba le asesinaron por defender la Libertad, la Justicia, la Constitución, la ciudadanía. A Joseba le asesinaron por defender los principios y los valores que a lo largo de toda la centaneria vida del Partido Socialista han constituido su razón de ser. Pero nadie de los que representan al Partido Socialista en Euskadi quiso estar presente en el cuarto aniversario de su asesinato. Nadie. Ninguno de ellos acompañó a su familia, ni a su recuerdo. Nadie quiso honrarle. Porque honrarle y respetarle es estar allí, en ese acto de homenaje, aunque uno se arriesgue a escuchar la voz de Joseba -como vimos en el documental- denunciando lo que él creía que eran actitudes equivocadas del Partido Socialista de Euskadi: en relación con la autovía de Leizarán, en relación con el pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que siempre rechazaron, en relación con sus pactos con el nacionalismo, que siempre quisieron reeditar... Honrar la memoria de los muertos es reconocerles y respetar su verdad y su memoria, sin inventar una historia distinta a la que ellos mismos protagonizaron en vida.

Su madre dijo hace ya más de dos años, dirigiéndose a Patxi López: "Qué solos se quedan los muertos", intuyendo lo que habría de pasar. El pasado jueves todos percibimos esa soledad, ese abandono del partido Socialista a uno de los suyos, a uno de los mejores; a un hombre que fue asesinado por decir una verdad molesta para los fanáticos de ETA; y que es excluido de los homenajes y de la memoria de los dirigentes de su partido porque en vida tuvo la osadía de disentir. Y porque muerto su familia y sus amigos nos empeñamos en recordar cómo era Joseba y por qué le mataron.

Al salir del acto un amigo se me acercó y con una gran amargura me dijo: "Que te maten ahora es como una broma; no te acompañarían ni los tuyos. Vamos, los del partido en el que has militado toda la vida". Y eso me recordó algo que ocurrió en 2001, cuando la dirección del PSOE había decidido liquidar a Nicolás Redondo. Un grupo de alcaldes del PSE se reunieron con Jose Luís Rodríguez Zapatero. Le preguntaron sobre el significado de la defenestración de Redondo. Y uno de ellos le dijo: "Queremos saber de qué va esto; si va de defender la libertad y la Constitución, de derrotar a ETA, de ser la alternativa al nacionalismo, yo estoy dispuesto a seguir arriesgando mi vida; pero si no va de eso, dínoslo también. Porque yo quiero decidir por qué estoy dispuesto a morir. Y por algunas cosas no estoy dispuesto. Quiero saber por qué me matan".

Mario Onaindía también lo dejó escrito: "Si me matan no quiero que sea por su patria (la de los nacionalistas); quiero que sea por la libertad".

Qué amargura. Qué enorme soledad.

1 comentario:

Ignacio dijo...

Llegarán las próximas elecciones y los pocos miembros del PSOE que no comulgan con la nueva línea desaparecerán de las listas, y pasarán a ser militantes de cuota sin voz alguna. Al aparato no le hará falta siquiera expulsarlos.

Rosa Díez y los que piensan como ella deberían hacer algo antes; no tiene sentido la lealtad a un partido que ha dejado de ser el que era.

Pero en fin, haga lo que haga, va por delante mi enorme admiración y respeto.