jueves, 16 de febrero de 2006

Encuentros

Júpiter
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges, "Borges y yo" de El hacedor (1960)

A veces es el otro quien escribe, quien se acerca por las noches al borde del río o sostiene una conversación intrascendente sobre la necesidad de renovar el seguro del coche, el otro quien escucha una ópera de Haendel y se deja arrastrar por el murmullo turbio e irreal de una canción del suburbio. A menudo es el otro quien sortea el tráfico del centro, cruza miradas de desprecio o de deseo y se sumerge en el espesor diario de los saludos y los roces ardorosos en el ascensor. Yo lo miro todo con distancia, como sentado en mi butaca de diseño, esperando a que termine el tango de Aquiles Roggero y a que esa cinta grabada con el tono quejumbroso del bandoneón suplante el espacio que ocupaba la realidad. Yo miro inquisitivo al otro, el violinista me mira a mí, el piano mira al violinista, el poeta bebe su café y la vida se desliza sin sentido por los altavoces de un teatro del extrarradio, isla cercana e inhabitable.

19 comentarios:

Turulato dijo...

"Todo retrato pintado con sentimiento es un retrato del artista y no del sujeto. Este último sólo es un factor accidental, ocasional. No es él quien desenmascara al pintor; es más bien el pintor quien, sobre el lienzo, se desenmascara a sí mismo."
Creo que la idea subyacente en esta opinión de Picasso es la misma.
Y en cualquiera de nuestros artículos; ocurre siempre. Dirigirte a uno de tus semejantes es descubrirle tu intimidad, por lo menos en parte.

Roma dijo...

Si sólo fuera un otro, si sólo fuera uno... y a mí que me parece que somos bastantes más de dos en uno. Es como si UNO fuera la suma de varios y variados unos. Yo tengo muchas veces esa sensación, que aparentemente parece que un "uno" se contradiga con otro "uno", pero enseguida me convenzo de que todos esos "unos" aparentemente distintos y también a veces aparentemente contradictorios, no son más que partes que conforman un UNO entre todas ellas.
Está muy bien y me gusta mucho el cuento de Borges que pone el tema sobre el papel, y expone la ambiguedad y la angustia de ese sentirse como si uno fuera varios, y su lucha, la lucha entre ellos, para mantener su espacio y para mantenerse, porque todos se necesitan entre sí.
Leí un texto muy cortito de un poeta uruguayo, Oliverio Girondo, que también trataba de este tema del otro, de los otros que viven en nosotros, y que me pareció tremendo. Muy bueno. Luego lo busco y pongo el enlace.
(Perdón por extenderme tanto)

Roma dijo...

Aquí está:

http://www.poesia-inter.net/og32008.htm

Ignacio dijo...

¿Se te cruzan miradas de deseo, así, todos los días? ¿has estado haciendo gimnasia?

Paolo dijo...

Roma, en mi opinión lo que has escrito es demasiado corto. te castigo a copiarlo cien veces... (Bueno, por llamarte Roma, te rebajo el castigo a cincuenta veces).

Ignacio, Nacho, Nachete...

Paolo dijo...

Roma, me tomo la libertad de poner tu enlace al texto de Girondo como si fuera en realidad un enlace:

Girondo

Paolo dijo...

Informo igualmente de que por aquí abajo, el debate se ha reanimado. Por si ustedes gustan...

Saf dijo...

(¡Chivato!)

Roma dijo...

Gracias por poner el enlace "como si lo fuera en realidad", jaja, jajaja. Me ha gustado eso. Mucho. La ironía y el humor dan lugar a platos excelentes. Y bueno, yo es que todavía estoy en una fase prehistorica de conocimiento de los medios (lo he dicho bien?, no, a que no? Pero da igual. Está estupendo así el enlace, he picado y me lo he vuelto a leer. Gracias.

Ignacio dijo...

Off topic por si Pablo ha perdido el camino al pabellón (no sería extraño con las miradas de deseo que no paran de importunarlo).

Un atajo: http://60gp.ovh.net/~pasosper/foro/index.php?sid=af82ce710d6c0fbba2a3d21e74ad0a1f

(si eres tan amable de ponerlo como si fuera un enlace...)

Paolo dijo...

Atajo
...comme ça?

Ignacio dijo...

Ok

También vale esta más corta:

http://60gp.ovh.net/~pasosper/foro/index.php

La donna è mobile dijo...

Los unos están relaciones con su proyección. Con los que le devuelven su imagen. Tantos unos como imágenes proyectamos sobre los demás, tantos unos como ambientes frecuentamos. Un uno para este medio, un uno para la familia política, un uno para nuestros hermanos, un uno para tu madre, un uno para el trabajo, un uno para los amigos, un uno por cada persona que nos lee; y es curioso como esos unos, a menudo con peculiaridades ligeramente distintas, no llegan nunca a traicionarse, saben mantener el tipo. El único uno, y no necesariamente aquel en el que se juntan el resto, sino otro, el uno íntimo, el más puro, está proyectándose sobre el espejo cuando nos asomamos; aunque personalmente creo que el uno mondo y lirondo es el que se oye en la cabeza cuando piensas, cuando razonas, la voz con la que te hablas. Con esa más vale llevarse bien. Es recomendable.

Paolo dijo...

¡Uy, los espejos!, ¡qué peligro!

Saf dijo...

Y reflejos, ¡uy!

La donna è mobile dijo...

(Van a volar las zapatillas...)

Jesús Miramón dijo...

No sé a quién ni dónde leí una vez que todos tenemos varias biografías, y que mostramos a nuestros interlocutores -y añado, acaso a nosotros mismos- la más conveniente en cada momento (para que no salgan corriendo).

Saf dijo...

OFF:

Oiga, tarantella maliciosa, éste es el tanka que ha escrito la Sra.Condesa, ¡¡¿ande está el suyo?!! (póngase, póngase... no quiera ser la vergüenza de la virtu-virtualidad):

Vendo mis ojos,
¡Oh, luna bien reluces!,
vibrando mi Ser,
Ofrezco yo mi canto,
entregándome a Él.

Azuldeblasto




Hale, ya, sigan, sigan.....

Saf dijo...

Para Jesús:
Uno de los valores (entre otros) del Cuarteto de Alejandría de Durrell es ese mismo.... la posibilidad de ver, como en un prisma, las muy distintas facetas de uno mismo y de los otros, desde otros puntos de refracción.

Un espejo o muchos y sus múltiples reflejos... eso, más o menos, somos. Y lo difícil -me da la sensación- es no perder el centro sobre le que gravitan todos.