lunes, 6 de febrero de 2006

Artesanos

 Mozart: Conciertos. Jos van ImmerseelMozart odiaba la flauta y el arpa. Cuesta trabajo creerlo escuchando el Concierto en do mayor que dedicó a ambos instrumentos, pero así era, o al menos así lo dejó dicho en varias ocasiones. El concierto es por supuesto una obra de circunstancias, como la inmensa mayoría de las que escribió a lo largo de su vida. A finales de marzo de 1778 el músico, que contaba ya 22 años, llega a París acompañado por su madre. Vienen directamente desde Mannheim, en un viaje que duró nueve días y medio, por el que Wolfgang se queja ("Nueve días sin poder hablar con nadie"). Hace ya seis meses que la pareja falta de Salzburgo, donde el padre ha tenido que quedarse por no enfurecer más al arzobispo Colloredo después del retraso de su anterior excursión por Europa. Leopold busca desesperadamente una corte que acoja a Wolfgang. Un puesto seguro de kapellmeister, esa es toda la aspiración del padre para el hijo al que ha exhibido durante años como una atracción de feria. Pero, perdida la gracia del niño prodigio, no hay puestos libres para Wolfgang, a pesar de su prestigio y de sus éxitos. Fracasado el intento en Mannheim, Leopold exige a su esposa y a su hijo que se dirijan a París y no a Italia, adonde desearía acercarse Wolfgang, recordando aún los aplausos de la infancia.

Wolfgang tarda en rebelarse contra la autoridad paterna y acepta sus designios. Amarga iba a ser, sin embargo, la experiencia del joven músico en París, donde tuvo que asistir solo e impotente a la corta enfermedad y a la muerte de su madre. Pero eso sería a principios del verano. En abril, recién llegado, Mozart ha iniciado sus contactos y se ha reencontrado con sus amigos de Mannheim, que se encontraban de gira en la capital francesa. Entre los primeros conocidos se encuentra el duque de Guisnes, flautista aficionado, y su hija, arpista virtuosa a la que el padre trata de convertir en compositora, pese a que el talento de la joven no pasaba al parecer de su gran habilidad como intérprete. El duque desprecia al hombre ("papanatas alemán", le llama) pero admira al músico y encuentra en seguida la oportunidad no sólo para solicitarle clases sino para encargarle una obra para esos dos instrumentos que Mozart consideraba insoportables.

Poco importa. El compositor va a poner toda su ciencia compositiva y su fantasía artística en cumplir dignamente con el encargo, que se quita de encima antes de que termine abril, pues a finales de julio se queja de que hacía tres meses que había entregado la obra y el duque aún no le había pagado por ella. Ese mismo mes ha visto nacer la Sinfonía concertante para instrumentos de viento y algunas otras obras menores. Esto quiere decir que la producción del músico sigue a buen ritmo y, aunque algunos analistas (entre ellos, los Massin) consideran que el Concierto para flauta y arpa no aporta nada nuevo e incluso puede considerarse un retroceso en el estilo del músico, lo cierto es que a la obra, escrita en la misma línea de la Sinfonía concertante, no le falta inspiración, en especial a su segundo movimiento, un Andantino de nostálgica y conmovedora poesía.

Esta aplicación de Mozart en una obra que para él sólo tenía interés pecuniario (uno recuerda en seguida las películas alimenticias de Buñuel en México) queda bien explicado por el valor sociológico de la música en el tiempo en que le tocó vivir. Es este un aspecto que estudió muy bien Norbert Elias en un libro publicado póstumamente con los ensayos dedicados al compositor, que estaba reuniendo y corrigiendo para corresponder a un encargo de su editor justo en el momento en el que le sorprendió la muerte. Para Elias, Mozart cumple, bien a su pesar, el papel histórico de bisagra entre un arte artesanal y un arte artístico, barrera que el compositor trató, aun sin ser consciente de ello, de traspasar cuando en 1781 se marcha a Viena con la intención de sobrevivir como compositor libre. Y aunque en un primer momento la suerte y el éxito le sonríen, el pulso social era demasiado fuerte, pues institucionalmente el terreno no estaba abonado y las elites que dominaban la cultura oficial vienesa no estaban dispuestas a permitir que se suplantaran los mecanismos de producción y difusión de la música, que, como casi siempre, también en ese aspecto iba a remolque del resto de las artes. Tuvo que pasar toda una generación para que Beethoven se encontrase ya en disposición de imponer su voluntad a públicos y editores. Pero en 1778, Mozart todavía es un compositor sumiso que sabe con quién se juega el pan y sabe atenerse al gusto de quien le encarga la música. Con un conocimiento profundo del medio musical en el que se desenvuleve, para el talento del compositor no supone ningún esfuerzo orientar su fantasía musical en el sentido deseado por sus clientes. La reflexión de Norbert Elias sobre esta cuestión va bastante más allá, y la reproduzco íntegra por su indudable interés:

En la fase del arte artesanal, el canon estético del que encarga la obra prevalecía como marco de referencia de la formación artística por encima de la fantasía artística personal de cualquier creador; la imaginación individual de este último se canaliza estrictamente según el canon estético del estamento dominante que encarga las obras. En la fase del arte artístico, los creadores están situados en un plano de igualdad por lo que se refiere a su situación social general con respecto al público que compra y admira el arte; y en el caso de su élite, del establishment de especialistas formado por los artistas de un país, están por encima de su público, en cuanto a poder, como jueces estéticos y pioneros del arte. A través de modelos innovadores pueden encauzar en otra dirección el canon establecido de la producción artística y quizás el gran público aprenda lentamente a ver y escuchar por sus ojos y sus oídos.

Interesante motivo de reflexión para relacionar con la polémica Azúa/Sánchez Verdú que ya tratamos por aquí. No seré yo quien lo haga ahora, pues sólo deseo dejar constancia de la aparición de una nueva grabación mozartiana de ese auténtico mago de la música del Clasicismo que es Jos van Immerseel, quien, de nuevo para el sello Zig Zag y al frente de su conjunto Anima Eterna ofrece tres muestras de música concertante de Mozart: además del Concierto para flauta y arpa en do mayor KV 299, con el flautista Frank Theuns y la arpista Marjan de Haer como solistas, el Concierto para dos pianos en mi bemol mayor KV 365, con el propio van Immerseel y Yoko Kaneko en los pianos, y el Concierto para trompa en mi bemol mayor KV 447 (el nº3), con Ulrich Hübner como solista. Un prodigio de refinamiento, elocuencia y profundidad.


Andantino del Concierto para flauta y arpa en do mayor KV 299 de Mozart. Frank Theuns, flauta; Marjan de Haer, arpa. Anima Eterna, Jos van Immerseel (Zig Zag)

22 comentarios:

Artaher dijo...

Muy interesante, Paolo.

Supongo que una "obra de circunstancias" no resulta solo por ser un encargo, sino por la calidad como interpretes de aquellos a los que supuestamente iría dirigida, que con frecuencia sería menor de la deseable, lo que podria coartar al compositor reduciendo el vuelo de su "obra de encargo". Es lo que podría haber ocurrido con este concierto que, no obstante, siempre me pareció delicioso: aunque no suponga un progreso -Massin dixit- ¿por qué lo bello tiene siempre que suponer un "progreso" estético?.

Por lo demás, la distinción entre obra de encargo y composición libre no siempre me ha parecido ajustada cuando se utiliza como justificación de la supuesta menor calidad de una obra. Si no recuerdo mal, todos o la mayoria de los conciertos mozartianos para piano (para un piano) no fueron obras de encargo, sino que los compuso, por decirlo así, para él mismo. Y ciertamente, muchos de ellos son obras maestras en su género. Pero no menos cierto es que también existen en su catálogo obras "de encargo" no por ello menos brillantes. El Requiem es un buen ejemplo.

Por lo demás, siempre me resultó curioso la influencia de los instrumentos odiados y amados por Wolfgang en las obras a ellos dedicadas. Por ejemplo, -y si no recuerdo mal- la viola fue uno de sus preferidos (junto con el piano) y, sin embargo, ningún concierto para viola solista nos dejó (de encargo o no).

Jesús Miramón dijo...

Caray, Paolo, todos tus artículos me parecen interesantes, pero los músicales son un verdadero lujo, un lujo que nos regalas como si nada. No quiero parecer adulador, qué vergüenza, pero cuando en alguna ocasión, afortunadamente cada vez menos, alguien habla de internet con menosprecio, siempre me acuerdo de ciertas islas del tesoro que conozco, y entre ellas, junto a paseantes invisibles y preciosas donnas móbiles, está este sitio.

Jesús Miramón dijo...

Otra cosa, Paolo: ya que en otro lugar me has recomendado un libro que pienso encargar mañana o pasado mañana, me atrevo a pedirte más, ¿podrías aconsejarme una buena biografía de J. S. Bach?

P.D: He anotado los dos sobre Mozart que has referenciado en el artículo.

Paolo dijo...

Pues si te parece antes de entrar en Bach, te comento lo de Mozart. El libro de los Massin (que en España publicó Turner, editorial desaparecida, por lo que lo que queda por ahí son restos de edición: en la Casa del Libro se encuentra en cualquier caso sin problemas) es el gran clásico sobre Mozart. La edición española es un poco difícil de manejar, un tomo de bolsillo de más de 1500 páginas y no es un libro precisamente barato (en torno a los 50 euros), pero es desde luego una obra extraordinaria, y aunque tiene ya muchos años (fue escrito en los 50 y revisado hacia 1970), no ha envejecido demasiado.

El librito de Norbert Elias, Mozart.Sociología de un genio es una pequeña joya, una de mis debilidades en torno a Mozart. Son siete ensayos, alguno sin terminar, con el material organizado por el editor, una visión muy especial y lúcida del entorno estético y social y de la personalidad del compositor.

Pero hay otros libros sobre Mozart también interesantes. Por ejemplo, el que Ramón Andrés publicó hace unos años en la editorial Ma Non Troppo, que acaba de ser reeditado en edición especial, con fotos a color y pasta dura. Ma Non Troppo es una editorial no demasiado fina. Normalmente sus libros están mal corregidos y, en el caso en el que toca, pésimamente traducidos, pero éste es una excepción, posiblemente porque Andrés lo sabe y siguió muy de cerca los trabajos de edición. El libro es muy interesante (en mi opinión menos que el que el propio Andrés ha dedicado a Bach en El Acantilado, del que ya hablé), pero por ejemplo la falta de un índice onomástico es clamorosa.

En El Acantilado, P. A. Balcells publicó hace unos años Autorretrato de Mozart, que es una visión del músico en la que se hacen muchos juicios de intenciones partiendo de la correspondencia y los rasgos psicológicos de la personalidad que de ella se desprenden. Está bastante bien, aunque como complemento de otras obras, ya que como primer acercamiento a Mozart puede confundir.

Luego está el clásico de Wolfgang Hildesheimer en Destino, que yo no he leído, pero todo el mundo destaca como muy equilibrado, y una biografía reciente que al parecer ha publicado Gabriel Jackson, que tampoco he leído y no recuerdo en que editorial está.

Y por último dos obritas más, para mí excelentes: una es 1791. El último año de Mozart de Harold. C. Robbins Landon, publicado por Siruela, una auténtica maravilla, magníficamente escrito y centrado en 1791, el año de La flauta mágica y La clemencia de Tito, del Requiem y el Concierto para clarinete. Y, finalmente, un librito que todos los amantes de la literatura deberían conocer, aunque los aspectos biográficos e históricos hayan quedado por completo obsoletos, es la Vida de Mozart de Stendhal que publicó Alba, en el que el músico se convierte en un héroe romántico más.

Hay mucho más obviamente, pero esto me parece lo mejor y más accesible para un interesado en iniciarse en la vida y obra de este extraordinario compositor. Y ahora me tomo un respiro, luego vuelvo con Bach.

La Oruga dijo...

Martes. Diez de la mañana. El viento del sur sopla con tanta rabia que tengo que meter a toda prisa las alfombras y cojines que cubren el suelo de mi terraza amarilla. Preparo té chino, regalo de un viajero infatigable. Leo las noticias en internet. Siete muertos es el precio de una caricatura. Viajo hasta el Festín. Mozart. Le doy al play, me reclino en el sillón rojo... y sueño... ¿qué hubiese sido de la música, de nosotros, si Mozart hubiese compuesto sin ataduras? Ay...

Paolo dijo...

Oruga y Artaher, en el fondo, que Mozart hiciera obras por encargo y de circunstancias, como las he llamado yo, tampoco es tan malo. En realidad, durante la mayor parte de la historia todas las obras de arte han nacido más o menos así, por encargo. Además cada creador es por completo inseparable de su tiempo. A Mozart le tocó vivir en una época en que las cosas eran como eran, y en aquellas condiciones produjo una obra capaz de asombrarnos incluso más de dos siglos después de su muerte. No puedo imaginar a Mozart escribiendo música en 1845 o en 1910. ¿Qué habría hecho? ¡Qué más da lo que hubiera hecho! Lo importante es lo que hizo.

Paolo dijo...

Pues vamos con Bach.

La biografía de Christoph Wolff es posiblemente la más recomendable de las disponibles hoy en castellano. El problema es que está en Ma Non Troppo, en dos volúmenes, y aunque parece que aquí se esmeraron algo más (hay índices, ilustraciones), la traducción no resulta especialmente brillante. Pero Wolff es uno de los grandes especialistas bachianos de hoy, y la obra está muy bien, la verdad. Un inconveniente puede ser el coste de los libros: más de 60 euros.

En Alianza Música sigue disponible otro clásico, el de Friedemann Otterbach, que se empeña en poner a Bach en contacto con la Ilustración alemana, pero es un trabajo serio.

Lástima que hoy no esté disponible la biografía de Malcolm Boyd que en su día publicó Salvat en su colección de Biografías, aunque siempre se puede recurrir a una librería de viejo. Boyd se empeña en el asunto ese de la numerología (y hasta reserva una sorpresita para el final), pero su librito es muy bueno y por 5 euros, una ganga.

En 2000, Siglo XXI publicó un libro muy polémico, La verdadera vida de Johann Sebastian Bach de Klaus Eidam (el título es ya arrogante), quien arremete contra todos los grandes bachianos del pasado y del presente. Visión por completo heterodoxa, que condenan la mayoría de los especialistas (de libelo ha llegado a calificarla alguno), pero muy interesante, porque hace reflexionar sobre algunos aspectos firmemente establecidos en la tradición.

Hace unos años, el musicólogo español Juan José Carreras editó una obra muy interesante, Johann Sebastian Bach. Documentos sobre su vida y su obra, un recorrido biográfico siguiendo la documentación que ha quedado de la época del compositor.

Por supuesto, tengo que volver a recomendar el libro de Ramón Andrés en El Acantilado, Johann Sebastian Bach: Los días, las ideas y los libros. No es una biografía, sino más bien un paseo por el entorno intelectual del músico, pero es una maravilla.

Y creo que con eso puede ser suficiente para hacerse una idea de quién era Bach. Suerte.

(Había algunos problemas con los enlaces. A ver ahora)

La Oruga dijo...

No quiero sacar a Mozart de sus circunstancias, sin duda Mozart es Mozart gracias a ellas... sólo imagino... qué más podríamos escuchar ahora si hubiese compuesto más obras siguiendo el único dictado de su imaginación... y me estremezco.

Jesús Miramón dijo...

Yo pensaba que me proporconarías uno o dos títulos, pero hacerlo con tanta minuciosidad y además incorporando los enlaces (con el trabajo que da eso). Te lo agradezco muchísimo, Pablo. Un abrazo.

Jesús

La donna è mobile dijo...

Lo hace para lucirse, Jesús, lo de este hombre ya es lamentable.

Lamentable, pero lamentable de verdad...

(sobre todo para el resto, XDDDD)

Artaher dijo...

Paolo, hay un catalán (aseguraría que es Balcells..., al que citas) que lleva tiempo trabajando en una monumental obra sobre Mozart, y que está traduciendo todas sus cartas... Si es Balcells, supongo que su visión será tan personal como dices...

Recuerdo en ese sentido un libro (grueso) que tengo por casa, "La pensée de Mozart", de Jean Victor Hocquard, de 1958, y que compré en Paris hace años junto con la versión francesa del de los Massin. Este hombre, Hocquard, se doctoró en la Sorbona en los años 50 con una tesis sobre el pensamiento de Mozart, de donde proviene ese libro que menciono.
A partir de su música, trata de ofrecer una visión filosófico-psicológico-espiritual del compositor.
Reconozco que solo lo leí a medias (740 pags.) pero, desde luego, su visión es también muy personal. Tanto que no ha debido ser muy leido: nunca he visto comentarios sobre esta obra, ni tampoco la han traducido (que yo sepa).

Paolo dijo...

Hocquard tiene varias obras sobre Mozart, y creo que sí hay algo traducido, aunque yo no he leído nada. En cuanto a las Cartas, existe ya una selección traducida y publicada por Muchnik, pero no me consta que esté el Epistolario completo, que es en verdad muy interesante. Recuerdo que cuando leí el libro de Balcells tuve una rara sensación: me pareció que estaba magníficamente trabado y construido, pero se tomaba demasiadas libertades para interpretar aquello que pensaba Mozart. Por ejemplo, se empeñó en que Wolfgang nunca estuvo enamorado en realidad de Constanze, a pesar de que en cartas y más cartas él se lo repite una y otra vez: "Te quiero, te quiero, te quiero"...

Ignacio dijo...

Desde el ángulo más literario me atrevo a añadir una recomendación (y ya que me atrevo la hago no menos que ferviente). Eduard Mörike, el poeta que tanto encontramos en lieder de unos y otros, escribió una maravilosa novelita (nouvelle, relato largo, como quieran) llamada Mozart, camino de Praga.

En Alemania, al parecer, está considerada como una cumbre de la prosa y figura en el programa de bachillerato tan fija como Platero y yo en los nuestros.

Yo la leí hace un par de años y puedo decir que es un artefacto resplandeciente y ligerísimo, puro siglo XVIII toda ella, y que después de ella es escuchar a Mozart y pensar en naranjas.

Paolo dijo...

Me uno a la entusiasta recomendación de la novelita de Mörike...

Y aprovecho para añadir que en relación a Bach se me olvidó comentar que la célebre Crónica de Ana Magdalena Bach no son unas supuestas memorias que hubiera escrito la segunda esposa del Cantor, sino una novela que Esther Maynell publicó en inglés en 1925, a pesar de que la última edición española (Círculo de Lectores, 2000) sigue presentando, vaya usted a saber por qué, como anónima. En cualquier caso, la obra está en general bien documentada y la lectura es muy agradable.

Artaher dijo...

Yo no descartaría de entrada la hipótesis de Balcells. Pues aunque sin duda Mozart era especialmente efusivo en las cartas dirigidas a su esposa, yo no sé hasta que punto una declaración verbal, por más que sea repetida, es siempre una prueba de amor fuerte, tanto entonces como hoy. ¡Es tan fácil escribir "te quiero".

Mi impresión, a partir de lo que he leido (en biografías, cartas) es que Wolfgang estaba convencido realmente de querer a su mujer, y como tal lo manifestaba; pero que estuviera realmente enamorado de ella... ya no lo sé. Quizá su educación (y también, el impagable ejemplo de sus padres) le había dibujado con precisión el camino a seguir: debía quererla, y la quería. Nada menos, sí, pero al mismo tiempo, nada más.

Claro que tampoco Constanza pareció captar demasiado bien la grandeza de aquel con quién estaba casada. Tuvo que enviudar para que empezase a intuirlo.

Turulato dijo...

Aunque en ocasiones no lo parezca, sus palabras me sosiegan.
Y cada vez estoy más convencido de que la música y la pintura tienen un lenguaje común.
Gracias

Saf dijo...

El lenguaje común del arte, Turu.

Atleti
Mozart
Regaliz negro (tres impepinables)

¿Habrá un post sobre Carmina Burana, Paolititito?

nina dijo...

Yo soy una lectora aprendiza tuya me chala la música clásica y la ópera, también el género chico, pero no se decir ni papa Más de una vez te pondré buenas noches solamente, pero ten por seguro que soy tu sombra. Buenas noches: nina

Jesús Miramón dijo...

Hola, Paolo, acabo de pedir a casadellibro.com algunos de los libros que tan amablemente me recomendaste:

1791: El último año de Mozart, Mozart, sociología de un genio, Johann Sebastian Bach: los días, las ideas y los libros (y también ha caído La naturaleza humana, junto a Amor mi señor, de Luisa Castro, una poeta que me gusta mucho). Ah, y he pedido el de Malcolm Boyd en las librerías de viejo -no conocía esa página y es muy pero que muy interesante.

En fin, nada más lejos de mi intención que fardar de tarjeta VISA, sólo quería darte las gracias otra vez :-)

Paolo dijo...

Nina, aquí todos somos aprendices. Puedes venir cuando quieras y decir lo que te plazca.

Jesús, es una responsabilidad (no por la Visa, sino porque sé que eres un lector exigente). Espero que no te defrauden...

Paolo dijo...

Saf, creo que nadie mejor que una gallega para escribir sobre Carmina Burana... :-)))

Saf dijo...

Oh, no! No-no-no. Nada como un sevillano (y más si está en calzoncillos) para enfrentarse a esa maravilla.

Escriba, andeeeeeeeeee.... ¡no me sea gago-gagísimo!

Saf XDDDD