domingo, 19 de febrero de 2006

Biografía

Mis penasEl verano de 1835 Chopin lo pasó en Alemania. En el balneario de Karlsbad se reencontró con sus padres, a quienes no veía desde su marcha de Polonia en 1830 y a los que no volvería a ver nunca más cuando el 14 de septiembre regresaran a Varsovia. Fueron días felices, extendidos a partir del 19 de septiembre, fecha en la que inesperadamente coincidió con los Wodzinski, una familia polaca exiliada en Génova que veraneaba aquel año en Dresde. Chopin debió de recordar entonces los juegos de la infancia, pues los hijos de los Wodzinski residieron en su casa mientras estudiaban en el Liceo, y comprobó que Maria se había convertido en una joven de extraordinaria belleza, de la que enseguida quedó prendado. Maria era además una pianista excelente y Chopin compuso para ella el Vals en la bemol (op.69 nº1) que ella llamaría más adelante el Vals del adiós.

No fue mucho tiempo el que los jóvenes pasaron juntos aquel año, pues el 26 de septiembre Chopin estaba ya en Leipzig, donde volvió a ver a Mendelssohn, que lo idolatraba (“Para mí fue muy placentero encontrarme de nuevo con un músico verdadero, que tiene un estilo perfecto, bien definido, y no uno de esos artistas medio virtuosos y medio clásicos”, escribía a principios de octubre a su hermana Fanny) y conoció a Schumann, quien lo había escuchado ya tocar cuando en julio de 1832 Chopin interpretó en la Academia de Música de Leipzig sus Variaciones sobre Là ci darem la mano.

El invierno fue duro para el músico polaco, recluido en París a causa de una gripe de tan extrema gravedad que llegaron incluso a circular insistentes rumores acerca de su muerte. Ese tipo de habladurías eran las últimas que hubiera deseado Chopin, que temía que los Wodzinski se negaran a aceptar el compromiso de su hija con un hombre débil y enfermo. No parece que a Maria le preocupase mucho la situación, pero su madre mostró cierto desasosiego. Pese a ello los Wodzinski invitaron a Chopin a que pasara el verano siguiente junto a ellos en el balneario de Marienbad. Fue un mes de agosto tranquilo y feliz, de tocar relajadamente el piano con Maria y dar con ella largos paseos por el campo. Cuando en septiembre los Wodzinski se marcharon a Dresde, Chopin los siguió y el día 9 declaró su amor. La joven aceptó, pero su familia intervino de inmediato para poner a prueba al músico, quien debía de mostrar un mejor comportamiento, evitando amistades inconvenientes y las visitas a los salones de la nobleza parisina hasta altas horas de la noche.

De regreso a la capital francesa, Chopin no tuvo en cuenta las recomendaciones de mamá Wodzinski y retomó su agitada vida social. Fue entonces cuando conoció a George Sand, que en un primer momento le desagradó profundamente. Una nueva gripe, que lo mantuvo en cama durante semanas, no hizo sino agravar sus crónicas dolencias respiratorias y enturbiar su imagen en el entorno de su amada. En esas circunstancias, la familia de Maria tomó la decisión de cortar cualquier relación con el músico. Cuando Chopin se repuso hizo todo lo posible por recuperar el afecto de los Wodzinski: les mandó cartas, regalos, pero las respuestas no dejaron lugar a dudas: no había superado el período de prueba, y Maria no se casaría con él. Resignado, Chopin hizo un atado con las cartas y los recuerdos de María y dejó encima una escueta nota en polaco: “Mis penas”. Lo conservaría toda su vida.

Corría el año 1837. En aquellas circunstancias (decepción sentimental, agravamiento de los síntomas de su enfermedad), el músico escribe una obra llena de chispa, vitalidad y gracia como el Impromptu en la bemol mayor Op.29, el primero de los cuatro que compuso. ¿Qué harán para explicar esto aquellos que piensan que la biografía del artista determina siempre el sentido de su obra? Vale, vale, es cierto que aquellos días fueron también los que vieron nacer la Marcha fúnebre...


Impromptu nº1 en la bemol mayor Op.29 de Chopin. Stanislav Bunin, piano (Deustche Grammophon).

3 comentarios:

Saf dijo...

...y en Noviembre de 1938 viaja a Palma y se instala en la Cartuja de Valldemossa, privatizada por vía de la Ley Mendizabal, con George Sand, sus dos hijos y una camarera francesa....... allí sufrió un agravamiento de su enfermedad hasta casi morir.
Me pregunto cuáles serían los pensamientos de este genio de la música, expatriado temporalmente en un ambiente descrito por Sand como "hostil", dejado por su extrema debilidad en manos de esta compleja mujer y rodeado de un paisaje de una belleza casi irreal.

Hace unos veranos, una noche de luna, hubo un concierto en el ancho corredor al que dan acceso algunas celdas del Monasterio. Sonó el Impromptu número 1. -Fue algo inolvidable.

Paolo dijo...

“Ningún humor era más desigual, ninguna imaginación más recelosa y más delirante, ninguna susceptibilidad más imposible de satisfacer”, George Sand.

“Su imaginación era ardiente, sus sentimientos llegaban a la violencia; su organización física era débil y enfermiza”, Franz Liszt.

“No era un hombre como los demás”, Jane Stirling.

“En él sólo la tos era permanente”, Marie d'Agoult.

“Chopin enfadado era espantoso”, George Sand.

“Toda su vida se estuvo muriendo”, Hector Berlioz (¡¡¡pero no vivió tanto como para conocer el otoño de 1938!!!) :-))

Saf dijo...

Estooooo... ejemmmmmssss.... me atrevo a recalcarle que Chopin estuvo del 8 de noviembre de 1838 al 13 de Febrero (¡¡qué falta de respeto a San Valentín!!) en Palma... y que hubiera sido obra del formol, más que de otra cosa, que consiguiera aguantar hasta el 1938.
Comprenda Ud. que los números para mí y más allá del Sudoku... no tienen sentido alguno.

XXDDDDDDD