jueves, 11 de noviembre de 2004

Apellidos

Leí hace unos años una disparatada teoría acerca de la raza, la sangre y los apellidos, y cómo la extensión de estos respondía a pautas puramente selectivas. Según esta especie de darwinismo social (o heráldico), el arraigo de los apellidos en un lugar determinado significaba el triunfo de unas ramas familiares sobre otras. Los que emigraban eran siempre los más débiles (en términos sociales), de modo tal que a medida que un apellido se expandía, partiendo de un núcleo originario, la raza de los que se marchaban iba degenerando, por lo que cuanto más alejado de ese centro encontrásemos a algún portador del mismo apellido, más débil (adaptatitavamente hablando) sería.

A la teoría le encuentro algunos defectillos, pero no la he traído hasta aquí ahora para desacreditarla (¿es necesario?), sino para tomármela muy en serio y advertirles de una cosa. Que nunca es tarde. Dado que el apellido de mi padre era originario de Asturias, él nació en Extremadura y yo en Andalucía, no se extrañen si encuentran mis textos contradictorios y poco consistentes. Se trata de un ejemplo palmario de degeneración de la raza.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Consuélese, querido, mis antepasados vinieron por una parte de Alemania, recalaron en Andalucía y se trasladaron a Madrid, y por la otra, del País Vasco, asentamiento en León y emigración a Madrid. Y yo vivo en Andalucía. O sea, degenerada total.

Gin

Ignacio dijo...

Eso explica muchas cosas; soy vasco degenerado.

Saf dijo...

Estoo... Ya decía yo que lo suyo (de Ud., D.Pab) tenía que tener alguna explicación razonable...

Artaher dijo...

Greg, lo malo de declararse victima de una degeneración racial es que siempre le van a salir personas aun mas degeneradas (en ese sentido, naturalmente).
Yo mismo lo soy, ya ve.
Mi padre nació en una comunidad y la vida le trasladó a otra. Mi madre nació en esta segunda comunidad, y el azar y el amor la dirigió, junto con mi padre, a una tercera. Yo nací allí, y los azares de la vida me llevaron a una cuarta, donde vivo...
Debe ser grave lo mío.
¿Y sabe qué es lo peor? Escuchar a mentes preclaras decirme que sin raices no se puede vivir.
Yo les digo que sí, que es cierto, que alguna raiz es necesaria pero... que demasiadas raices ahogan la planta.
No les gusta oirlo.

Saf dijo...

Bueeeeeno, Arti.... en su caso... ¡ejem!(y perdone el atrevimiento...) es que está Ud. bajo el "Efecto del clavel volador".
Tiene que ser eso.
Sa.
Decidido.

Saf;-p

Paolo dijo...

En realidad, los seres humanos no tenemos raíces. Yo por lo menos llevo mucho tiempo observando con atención mis extremidades inferiores (esas que ahora alguien -no diré quién- me quiere cortar) y no he visto nada parecido a una raíz. Aunque también podría ser que como yo soy un degenerado...

Artaher dijo...

Psss... el amor a la tierra esta bien, ¿por que no? Cada uno dirigie su amor a donde le place, sea hacia Dios o hacia alguna de sus criaturas, bien sean seres humanos, animales, vegetales o minerales.

Dicen algunos que el amor excesivo a la tierra (a la patria, incluso) podría ser un sucedaneo, o sustituto, del amor hacia otras personas (que falta). No se, pero el hecho es que el amor hacia otras personas puede ser recíproco, lo cual no deja de ser una ventaja. Y dudo que un terruño...
Por eso el amor a la tierra a menudo deja un cierto poso de insatisfacción, por eso algunos lo defienden con tanta virulencia... Es siempre un amor no correspondido, aunque pueda idealizarse hasta el infinito.

Y... Saf, me dará una explicación sobre eso del clavel volador, ¿verdad?

Saf dijo...

En el aire, Artaher... así tiene las no-raices el clavel volador...