viernes, 5 de noviembre de 2004

América

Desde que en 1823 James Monroe (V Presidente de los EEUU) formuló la doctrina que lleva su nombre, y que puede resumirse en el slogan "América para los americanos", los estados europeos empezaron a ver con preocupación la emergencia de una gran potencia al otro lado del Atlántico. La expansión de las primitivas colonias hacia el Pacífico y la Guerra de Secesión retrasaron lo que parecía inevitable, la preponderancia americana en el concierto mundial de las naciones.

Tras el extraordinario desarrollo industrial que siguió a la Guerra de Secesión, los EEUU se sintieron con la fuerza y el poder suficientes como para irrumpir en el mundo en el momento justo en el que las potencias europeas se disputaban el globo en una expansión imperialista cuyas consecuencias sentimos duramente hoy. Mientras, en la segunda mitad del siglo XIX, América se había convertido en una tierra de promisión para millones de emigrantes europeos, una tierra de acogida generosa y feraz. Los estadounidenses aprovecharon esta desorbitada afluencia de mano de obra para asentar y potenciar aún más su crecimiento. Quedaba claro que los EEUU, pese a todos sus problemas de integración y diversidad cultural, hablarían con voz alta, clara y única al mundo. Y asi lo hizo saber en 1904 Theodor Roosevelt, con su Corolario a la doctrina Monroe, por el que se reservaba el derecho a intervenir en cualquier país de su zona de influencia y se autoasignaba poderes de policía internacional.

Europa, atascada por los coletazos de los grandes imperios autocráticos y de la aristocracia ancien régime, perdía influencia con rapidez, hasta el punto de que por dos veces tuvieron los americanos que intervenir en nuestro continente para sacarnos las castañas del fuego. En la segunda mitad del siglo XX, convertidos definitivamente en la gran potencia económica, militar y política del mundo, cabeza indiscutida de uno de los dos polos en los que se fracturó la política internacional con la Guerra Fría, los EEUU terminaron por adquirir todos los perfiles que han caracterizado tradicionalmente a los grandes imperios de la Historia: admirados y odiados al mismo tiempo, los americanos desarrollaron sentimientos de orgullo, arrogancia y seguridad en sus fuerzas que fueron consolidándose a medida que se hundía el bloque soviético y que se quebraron de manera estruendosa el 11 de septiembre de 2001.

Aquello fue el comienzo de una nueva era, que en Europa aún sigue sin ser asumida en todas sus dimensiones. Cuando los dirigentes estadounidenses afirmaron que consideraban el ataque de Al Qaeda como una auténtica declaración de guerra del terrorismo islámico, y que estaban dispuestos a afrontar esa guerra, que, a pesar de carecer de las características de las guerras clásicas, sería larga y dura, muchos siguieron pensando en función de los conflictos regionales típicos de la guerra fría, a los que el mundo parecía ya acostumbrado. Uno de los que así lo creyeron fue, para su desgracia y la de los iraquíes, Saddam Hussein, que pensó que podría mantenerle indefinidamente el pulso al gigante americano. Pero no. La disuasión del poderío soviético ya no existía, y los EEUU, liderando una coalición internacional más amplia de lo que habitualmente se admite, lo derrocó con estrépito.

Afrontar unas elecciones presidenciales con la situación empantanada en Iraq (es cuestión de ver la botella medio llena o medio vacía: lo de Afganistán era infinitamente peor y acaban de celebrarse con gran éxito, reconocido incluso por la prensa socialdemócrata europea, unas elecciones democráticas) podía ser un arma de doble filo. Tradicionalmente los americanos se habían puesto siempre detrás de sus dirigentes en períodos de guerra, pero ¿ocurriría lo mismo ahora, cuando Bush parecía tener en contra a la mayoritaria opinión de los medios periodísticos e intelectuales del mundo? En realidad eso iba a importar poco, como se demostró, para el resultado final de las elecciones. Primero, porque extrapolar la política americana a Europa, como se ha insistido una y otra vez en la prensa del viejo continente, era un auténtico disparate. Segundo, porque el término intelectual le viene bastante grande a los Moore, Robbins, Springsteen y demás millonarios del cine y el pop en campaña promocional permanente. En estas circunstancias, hemos vivido unas semanas patéticas, de simplificación constante y necedades continuas, que podían recogerse a puñados, con sólo conectar la televisión o la radio, pasarse por un quiosco o dar un paseo por la red.

De pronto, la elección del presidente de los EEUU se convirtió en un asunto de vital trascendencia para el universo, como si el triunfo de Kerry fuera a suponer un cambio en la política exterior americana. De repente se hizo la amnesia, y todos parecieron olvidar que los intervencionistas y los expansionistas fueron siempre los demócratas y que Bush llegó al poder con la promesa de un repliegue progresivo de EEUU sobre sí mismo, promesa que cambió drásticamente la realidad impuesta por el 11-S. No parece que las caricaturas que se llevan haciendo de Bush en todo el tiempo de su mandato (ya ocurrió con Reagan) haya afectado lo más mínimo al elector americano, si acaso para movilizar a las bases del Partido Republicano. Las comparaciones, hechas desde España, de Bush con Aznar y de Kerry con Zapatero tenían tan poco fundamento que a alguien medianamente informado sólo podían causarle risa. Y sin embargo, muchos medios españoles apostaron por acentuarlas, llegando hasta el ridículo en el caso del diario El Mundo que en un editorial hilarante pedía el voto para Kerry, como si su voz fuese a tener alguna influencia en la opinión americana.

Pero quedaba el corolario, que ha sido bastante peor. Muchos se han sorprendido de la victoria republicana, y han buscado la justificación: América está dividida y en estas elecciones se ha impuesto la América profunda, rural y ultraconservadora, dicen (¿alguien recuerda los argumentos que empleaba la inteligencia socialista cuando desde la derecha se utilizaban las mismas tesis para el caso español: el PP era el partido de las ciudades y el progreso, mientras que el PSOE representaba al campo atrasado y subvencionado?). Es más, los americanos se han convertido en unos paletos e ignorantes integrales que no han sido capaces de detectar el olor a azufre que despedían Bush y su equipo y no han hecho caso a las prudentes llamadas al cambio que les llegaban desde Europa (un vendaval iba a derribar a los protagonistas de la foto de las Azores, y entonces el mundo viviría en paz, felicidad y armonía perpetuas). Lo terrible es que se esgrimen incluso argumentos morales deslegitimadores, que no hacen sino recordar las barbaridades de la política americana en Sudamérica o en Iraq. Y eso se hace desde Europa, casi como queriendo descargar la responsabilidad de los previsibles ataques terroristas del futuro en el voto inmoral de más de cincuenta millones de americanos. Cuán flaca es la memoria. Y cuán estúpido puede llegar a ser el hombre blanco, ¿verdad Míster Moore?

17 comentarios:

Ignacio dijo...

De acuerdo con matices con lo escrito. Sin embargo... sigo pensando que Bush (y la combinación de circunstancias, alianzas y poderes que lo han puesto ahí) es otra cosa, algo especialmente peligroso para el mundo.

Y lo pienso basado en la arbitrariedad de sus decisiones, en la contumacia fanática con que las mantiene y en el contenido terrorífico de sus proclamas religiosas.

A lo mejor es falta de perspectiva: a lo mejor todos eran así. Me gustaría que fuera cierto, que se tratara de otro imbécil sinvergüenza más.

Pero me temo q

Ignacio dijo...
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Paolo dijo...

Sí, pero verá, amigo Ignacio, yo no me he pronunciado sobre si era mejor Kerry que Bush o viceversa, entre otras cosas, porque me faltan demasiados datos como para establecer un juicio claro al respecto. Simplemente, pretendía analizar la forma, desde mi punto de vista, torticera y equivocada, de cubrir las elecciones americanas que se ha seguido en Europa (fundamentalmente, en España, claro), y que ha asumido básicamente la táctica de superar la realidad por el procedimiento sumario de ignorarla.

Ahora bien, ya que saca la cuestión, mi inclinación era ligeramente del lado de Kerry (un 51%-49% o así). Como podrá imaginar, a mí los vendedores de fundamentalismo religioso del tipo Bush (aunque sólo sea para consumo interno de los sectores más derechistas de su electorado, como, sin duda, creo que es el caso) me dan dentera. Aunque, sinceramente tampoco veo mucho a Kerry en el papel, con el consabido "Dios salve a América" con que remató su discurso de claudicación.

Anónimo dijo...

Durante toda la campaña electoral USA he evitado comentarla con los amigos para no ser tachada de inocente o de infantil, pero lo cierto es que me ha parecido que se le ha dado un tratamiento equivocado. A ver cuándo nos enteramos de que NO se pueden analizar unas elecciones USA desde la lógica y la perspectiva europea. Que no. Que luego pasa lo que pasa. Que nosotros somos nosotros y ellos son ellos. Y piensan distinto. Como los marcianos.

Gin

Ignacio dijo...

Paolo, había entendido la intención, por eso empecé mostrándome de acuerdo.

El sinembargo y sobre todo el otracosa de mi comentario querían ir subrayados, sólo que no se puede.

Lo que quería decir es que temo que Bush Jr. se sitúe en otra categoría, que no sea un presidente un poco peor que otros. Que pase a la historia pero de verdad, como el tipo que organizó el desastre que acabó con la mejor oportunidad que ha tenido la humanidad de organizarse decentemente.

Pero ya digo, es difícil tener perspectiva. Ojalá me equivoque.

Paolo dijo...

Eso lo dirán los acontecimientos. Y sí, creo que es un problema de perspectiva, porque en los últimos cincuenta años hemos estado mucho más cerca que ahora del desastre en innumerables ocasiones. Y, en último término, a mí me preocupan mucho más Bin Laden, Al Zarqaui, el GIA, Yihad Islámica, Hamas y demás chusma islamista que el Presidente de los EEUU.

Esquerpa dijo...

Disculpe el off-topic, Paolo, pero llevo unos días sin leerle en el Pabellón, así que, para asegurarme, le doy aquí las gracias por su compañía e inteligencia, que tanto bien me han hecho durante los meses más difíciles que me ha tocado vivir. Sin todos Uds. no habría logrado salir indemne de la prueba. Con toda mi alma, GRACIAS.

Un abrazo.

Talaia.

Paolo dijo...

Pues sea lo que sea que le ha pasado estos meses, Esquerpa-Talaia, me alegro de que haya salido indemne, y el agradecimiento es por supuesto recíproco. Por aquí seguiremos (supongo).

Anónimo dijo...

Muy buen post! :-) Me ha encantado el análisis que has hecho, lo considero muy acertado. De los mejores que he leído tras la victoria de Bush.

Un saludo!
Mao de ajopringue.com

Paolo dijo...

Mao, gracias, aunque en verdad, como he dicho ya, no se trata tanto de un análisis de los resultados (la realidad americana es lo suficientemente compleja y yo la conozco demasiado poco como para atreverme a hacerlo), cuanto de la visión que he detectado en los medios europeos (sobre todo, españoles) a la hora de explicarlos. Creo que todos están desbordados por la realidad desde hace al menos tres años. Así que han decidido inventarse una para el consumo interno. Luego cuando el mundo real y el virtual que ellos han creado no coinciden, pasa lo que pasa...

Anónimo dijo...

Quizá la razón de que parezca que haya cierta confusión se encuentre en este párrafo:

"Segundo, porque el término intelectual le viene bastante grande a los Moore, Robbins, Springsteen y demás millonarios del cine y el pop en campaña promocional permanente. En estas circunstancias, hemos vivido unas semanas patéticas, de simplificación constante y necedades continuas, que podían recogerse a puñados, con sólo conectar la televisión o la radio, pasarse por un quiosco o dar un paseo por la red.",

y en la frase final.

Estoy completamente de acuerdo con tachar de demagogo a Michael Moore (no sé por qué le han dado tanta cancha, francamente, y además me parece bastante tosco como "artista"), pero parece un poco simplificar el discurso de quienes se oponían a Bush, como si todos fueran como los citados, habiendo tanta gente de importante consistencia intelectual también en contra.

Por lo demás, estoy bastante de acuerdo con el post, y debo reconocer que tengo un cierto miedo a lo que pueda ocurrir a partir de ahora. Ya he dicho en otras ocasiones que creo que la invasión de Irak ha agravado el problema del fundamentalismo islámico (sí, sé que no hay perspectiva suficiente, pero no me siento muy optimista al respecto), que es lo realmente grave. Pero temo casi tanto como eso que la nación más poderosa del mundo caiga en un fundamentalismo religioso irracional del que se puede esperar casi todo, pensando a mayor largo plazo. Porque no estoy seguro de que, si todo continúa como no me gustaría pero sí me temo, realmente nos encontremos ante una situación de "cuanto peor, mejor".

Un abrazo,

Er Opi.

Paolo dijo...

"...habiendo tanta gente de importante consistencia intelectual también en contra". Aparte Chomsky, ¿quiénes? Y no me vale el comentario aislado y descontextualizado, sino la campaña consciente en contra de Bush con la intención de evitar su reelección, que es lo que, supuestamente, puede influir en el electorado.

Saf dijo...

También a mí me ha parecido un análisis muy acertado.
Siento decirles que si a mí me hubieran dejado (que no, claro) mi voto hubiera sido para Bush.
¡Hale, claven, cláven... clávenme en el madero...!
Que desde mi miope perspectiva el único freno real a los integrismos musulmanes y su colonización por el terror (ejemplo: nuestras últimas elecciones) es una política de severa defensa de los valores socio-económicos occidentales, aunque ello suponga una guerra.

Saf (marine de los blogs...)

Anónimo dijo...

Saf, no se me ocurriría clavarla en el madero, ni tan siquiera pensar mal de usted (y menos que de nadie, de usted) por preferir a Bush, creo que todo el mundo tiene derecho a pensar quién es el mejor que defiende los intereses que considere apropiados. Y un beso muy grande, que hacía mucho tiempo que no la veía :-)

Paolo, acepto las reglas del juego, aunque admito que me descolocan un poco, pues no imaginaba que se refería a personas que hicieran campaña de manera constante en contra de Bush, sino que bastaba con posicionarse en contra. Lo que yo quería decir es que me parece un poco parcial personificar a quienes estaban en contra de Bush con demagogos. ¿Acaso no los hay también a su favor? (¿por qué me habré acordado de César Vidal de repente? ;-)).

Pero bueno, aceptando esas condiciones me viene a la cabeza Paul Krugman ahora mismo. Cuando vaya recordando otros se los iré mencionando.

Un abrazo,

Er Opi.

Ignacio dijo...

Yo dejé por ahí un enlace (procedente de Arcadi) de la NY Review of Books con unas cuantas opiniones autorizadas contra George W.

Saf dijo...

Gracias, Opi! Es Ud. muy generoso (y muy querido, la verdad!). Me alegro de leerle.

Saf;-))

Paolo dijo...

Un estupendo artículo de Emilio Lamo de Espinosa en 'El País' sobre la cuestión puede leerse aquí (hay que darse de alta, pero es gratis y muy sencillo): http://www.periodistadigital.com/object.php?o=36129