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miércoles, 2 de junio de 2004

James y Lucia

Una apasionada del género epistolar nos instruye acerca de sus secretos. No sé qué tendrá que decir acerca de esta carta que envió James Joyce desde París a su hija Lucia, que se encontraba recluida en un sanatorio de salud mental en Suiza, aquejada de una grave esquizofrenia. Aunque todos los signos parecían indicar que la locura de la joven era irremediable, él seguía confiando en su restablecimiento.

Querida Lucia:

Mamá te ha enviado hoy algunas cosas de vestir. En cuanto llegue la lista de lo que quieres te lo enviaremos inmediatamente. En la carta del 29 del pas. no había lista. Lo de la máquina de escribir sería un gasto bastante grande, unos 4.000 francos. Aquí en casa hay una y supongo, por lo que dice el doctor Forel en su última carta, que tu estancia en las agradables playas del lago de Ginebra ya no se prolongará mucho. Me dio una gran alegría. (¡Que el diablo se lleve el verano! El calor me empaña las gafas y apenas veo lo que estoy escribiendo.) Pero podrías alquilar una máquina. Estoy seguro de que encontrarías en Ginebra.

Siempre falta algo en mi palacio real. Hoy toca tinta. Te envío el programa del bailarín indio Uday Shankar. Si actúa alguna vez en Ginebra no dejes de ir. Deja muy por detrás de él hasta a los mejores bailarines rusos. Nunca he visto nada igual. Se mueve por el escenario como un ser semidivino. Créeme cuando te digo que en este pobre viejo mundo hay aún algunas cosas bellas.

Me alegra que tengas buenas relaciones con ese médico holandés, pero ¿no te parece que sería poco educado por mi parte escribirle a él dado que mantengo correspondencia con los doctores Forel y Humbert? Pero si él me escribe primero, le podré contestar. (San Francisco de Sales, protector de los escritores, ¡haz que baje algo de tinta a este tintero!)

Mamá está charlando por teléfono con la vecina de arriba, esa que baila tan bien y que logró pescar en el ascensor el billete de mil liras que se me cayó. El tema de conversación es la señora que vive en el quinto y tiene tantos perros. Estos "amigos del hombre" molestan a la señora del cuarto piso, sobre todo cuando se pone a meditar en Buda. Ahora ya no hablan de dioses y se han puesto a hablar de mí.

Veo que en tu última carta muestras haber progresado mucho, pero hay al mismo tiempo un tono de tristeza que no nos ha gustado. ¿Por qué te sientas siempre en la ventana? Es una imagen bella sin duda, pero también es una imagen bella la de una chica paseando por el campo.

Escríbenos más a menudo. Y olvidemos los problemas de dinero y los pensamientos negros.

Ti abraccio,
Bababo

15 de junio de 1934


Lucia Joyce Posted by Hello

sábado, 29 de mayo de 2004

Bloomsday

Ayer, presentación del Bloomsday en el Flaherty. Como este año se da la circunstancia de que coincide el centenario del día en que transcurre la acción de la novela (16 de junio de 1904), la Diputación ha conseguido implicar a otras instituciones y preparar un programa de actos más florido que las simples lecturas de otras ocasiones. Éstas se reservan, obviamente, para el 16, y ocuparán casi todo el día, pero antes habrá cinco mesas redondas y una función teatral preparada por Denis Rafter con el título de Viaje a Ítaca. Resulta ciertamente divertido (y no poco patético) ver a la diputada de cultura defender la importancia que tiene para la cultura sevillana la difusión del Ulysses, cuando el presupuesto de exposiciones está congelado, la música bajo mínimos y la línea editorial prácticamente paralizada. En fin... Entre los parlamentos, se incluye el del autor del cartel, Javier Velasco, que ha dibujado un cuerpo femenino sobre el que puede verse el trazado del plano de los autobuses de Dublín, con el ombligo como centro, y con el término "Bloomsday" grabado a fuego en un costado. Comenta que su idea parte de la presencia constante del cuerpo de la mujer en la novela. Lo cierto es que podría haber hecho lo mismo con el cuerpo de un hombre, porque lo sustancial de Ulysses no tiene relación expresa con la anatomía femenina, aunque su presencia sea recurrente desde luego, sino con las funciones corporales de cualquier ser humano.


Bloomsday Posted by Hello

La sorpresa llega después, cuando en las copas M me comenta que el cartel ha tenido problemas en la Diputación, ya que alguna capitoste de no sé qué departamento consideraba que el dibujo suponía una ofensa a la mujer. Y es que al parecer cualquier imagen que vaya a utilizar la corporación para convocar o difundir sus actividades tiene que pasar antes una serie de controles en determinadas áreas (entre ellas, la de la Mujer, llamada de "Políticas de Igualdad"). Esta forma de censura progre, asentada en la anchísima plataforma de lo políticamente correcto (que abarca desde las cuotas que el PSOE quiere imponer por ley hasta la extrema vigilancia sobre los anuncios publicitarios o los intentos de imponer códigos restrictivos de comportamiento a la Prensa), es una de las más demoledoras y perversas que han existido nunca, ya que parte de quienes hacen ostentación de la defensa de la libertad y la igualdad como valores supremos. Valores que al parecer tienen que abrirse paso en la sociedad a través de las formas más variopintas de discriminación (que atienden a demoler obstáculos supuestamente colectivos, pero en realidad inexistentes como tales) y de la imposición rígida de unas pautas de expresión (ahí está ese ridículo lenguaje administrativo) que sujetan la libertad de los hombres a un supuesto interés superior, protector del honor y la dignidad de las más diversas colectividades. Legislar en beneficio de los individuos desfavorecidos (independientemente de su sexo, raza, religión, profesión, nacionalidad, parentesco o afición conocida) debe de ser mucho más difícil, claro.

¿He escrito "sorpresa"?

martes, 25 de mayo de 2004

Joyce y Proust

El 18 de mayo de 1922, Sidney Schiff, novelista inglés residente en París, invitó a James Joyce (que también vivía entonces en la ciudad) a una fiesta que daba en su casa en honor de Stravinski y Diaguilev. Joyce llegó tarde y sin la prescriptiva etiqueta, por lo que se sentía bastante incómodo y trató de vencer su azoramiento dedicándose a beber copiosamente. Más tarde aún apareció Marcel Proust, envuelto en un llamativo abrigo de piel. Los dos escritores no se conocían. La esposa de Schiff hizo las presentaciones y JJ y MP cruzaron algunas palabras, cuyo sentido varía notablemente dependiendo del informador al que atendamos.

Según William Carlos William, Joyce dijo: "Tengo dolores de cabeza todos los días. Mis ojos son terribles". Proust replicó: "Mi pobre estómago. ¿Qué voy a hacer? Me está matando. De hecho tengo que irme enseguida". Siguió Joyce: "Yo me encuentro en la misma situación. Me iré en cuanto encuentre a alguien que me lleve del brazo. Adiós". "Charmé -terminó Proust- oh, mi estómago."

La versión de Margaret Anderson difiere. Proust habría dicho: "Lamento no conocer la obra de Mr. Joyce". Joyce respondió: "Nunca he leído a Mr. Proust". Y ahí se acabó la conversación.

El propio Joyce hizo varias referencias al encuentro. Según Arthur Power, el escritor irlandés le dijo que Proust le había preguntado si le gustaban las trufas. Joyce contestó: "Sí, me gustan". Y Power comenta: "He ahí a las dos figuras más importantes de la literatura actual. Y, sin embargo, se conocen y se preguntan uno a otro si les gustan las trufas". Jacques Mercanton comentó que Joyce le dijo: "Proust sólo hablaba de duquesas, mientras que yo estaba más preocupado por las doncellas de éstas". Sin embargo, la versión joyceana del encuentro que resulta más verosímil es la que ofrece en una carta que envía al pintor Frank Budgen, uno de sus mejores amigos de los tiempos de Zurich y con el que tenía una inhabitual confianza. Dice JJ: "Nuestra conversación consistió solamente en la palabra 'no'. Proust me preguntó si conocía al duque de tal. Yo le dije: 'No'. Nuestra anfitriona preguntó a Proust si había leído tal parte de Ulysses. Proust dijo: 'No'. Y así. Naturalmente, era una situación imposible. Lo de Proust empezaba. Lo mío estaba terminando".

La fiesta concluyó cuando Proust sugirió a sus anfitriones que le acompañaran en taxi a su casa. Joyce se metió en el mismo taxi. Cuando llegaron a su destino, Proust insistió en que Joyce aprovechara ese vehículo para que le llevara a su domicilio, pero Joyce, que estaba bebido, se negó. El hipocondríaco Proust, que temía que el frío de la noche pudiera afectar a su siempre delicada salud, zanjó la cuestión al marcharse corriendo hacia el portal, dejando que los otros convencieran a Joyce de que lo más conveniente sería la retirada. Tiempo después, JJ se lamentaría de no haber podido hablar tranquilamente con el escritor francés. Pese al desdén que mostró siempre por el estilo de Proust ("Proust, bodegón analítico. El lector termina la frase antes que él", escribió en uno de sus cuadernos de apuntes), que hacia extensible a toda la literatura francesa (cuando un amigo le preguntó si Proust era bueno, le respondió: "Los franceses creen que sí y, después de todo, tienen sus estándares, tienen a Chateaubriand y Rousseau. Pero los franceses están acostumbrados a las frases cortas, no a esa forma de escribir".), Joyce no dejaba de reconocer que había algo que los unía, como demuestra esta frase de una carta que envió a Sylvia Beach en octubre de 1922: "He podido corregir la primera mitad de Ulysses para la tercera edición y leer los primeros dos volúmenes recomendados por Mr. Schiff de À la Recherche des Ombrelles Perdues para Plusieurs Jeunes Filles en Fleurs du Côté de chez Swann et Gonorrhée et Co. par Marcelle Proyce y James Joust". Pero lo que Joyce de verdad envidiaba era la posición económica y social del autor de À la recherche: "Proust puede escribir, tiene una casa cómoda en l'Etoile, con suelo de corcho y corcho en las paredes para que no haya ruido. Yo, mientras, tengo que escribir en este sitio, con la gente que entra y sale. Me pregunto cómo puedo terminar Ulysses".

Marcel Proust murió el 18 de noviembre de 1922. James Joyce acudió de etiqueta a su funeral.


Tombeau Posted by Hello

viernes, 14 de mayo de 2004

James y Nora


James Joyce Posted by Hello

James Joyce a Nora con respecto al libro en pergamino con sus poemas que le regaló en 1909: "Quizá este libro que ahora te mando viva más que tú y yo. Quizá los dedos de un o una joven (los hijos de nuestros hijos) pasen con veneración las páginas de pergamino cuando los dos amantes cuyas iniciales se entrelazan en la cubierta hayan desaparecido desde mucho tiempo atrás de la superficie de la tierra. Nada quedará entonces, querida, de nuestros pobres cuerpos arrastrados por la pasión. Quién sabe dónde estarán entonces las miradas que se miraron mutuamente con sus ojos. Pediría que mi alma fuera esparcida al viento si Dios me permitiera soplar suavemente para siempre sobre una extraña, solitaria flor azul oscuro empapada de lluvia de un seto silvestre de Aughrim o de Oranmore".

Para provenir de alguien que se jactaba de no creer en el amor, no está nada mal.


Nora Barnacle Posted by Hello

lunes, 10 de mayo de 2004

Maternidad

"Joyce parece que sentía también muy afectivamente los lazos que hay entre la madre y el hijo. Una vez le dijo a Stanislaus que 'Hay sólo dos formas de amor en el mundo, el amor de una madre por su hijo y el amor de un hombre por la mentira'. Más adelante, como señaló Maria Jolas, 'Joyce hablaba de la paternidad como si de la maternidad se tratase'. Parece que quiso asentar en sí mismo todos los aspectos de los lazos entre madre e hijo. Le atraía especialmente contemplar la imagen de sí mismo convertido en un niño débil mimado por una mujer fuerte, imagen que parece estrechamente relacionada con otra de las que le gustaban, aquella en la que aparecía como víctima, fuera el ciervo perseguido por los cazadores, o el hombre pasivo rodeado de fornidos extrovertidos, como un Parnell o un Jesús rodeado de traidores. Sus personajes favoritos son aquellos que de un modo u otro se retraen ante la masculinidad y, sin embargo, son amados por mujeres maternales." (Richard Ellman)

Siento que esto tiene mucho que ver con mi propia vida.

domingo, 9 de mayo de 2004

Hiperrealismo de Joyce

Leo en la biografía de Richard Ellman: "Sin embargo, ni siquiera Ibsen se adaptaba siempre a los requerimientos de Joyce. 'La cuestión está en que Ibsen es demasiado simple', le dijo a Stanislaus el 16 de mayo de 1907. 'La vida no es tan simple como Ibsen la representa. Mrs. Alving por ejemplo es Maternidad, y así sucesivamente... Todo es muy sutil, por supuesto. Si hubiera sido escrito en la época de Moisés, ahora lo consideraríamos maravilloso. Pero carece de importancia en estos tiempos. También es un vestigio de grandilocuencia. ¡Y la obra de Synge [The Playboy] también! Para mí, la juventud y la maternidad son estos dos [señalando a un joven borracho de unos veinte años -un trabajador- que había llevado a su madre a la trattoria...]. Me gustaría poner sobre el papel las complejidades de su mente... El realismo absoluto es imposible, por supuesto. Ya lo sabemos. Pero es el colmo que Ibsen haya omitido en sus trece obras toda referencia a las finanzas'." (Negritas mías)

Aquí está desde luego el hiperrealismo de Ulysses sobrevolando la mente de Joyce. Su mirada cubista, que no se conforma con las dimensiones que la realidad presenta a nuestra vista. Lo que hace su obra tan radicalmente moderna aun ahora.