domingo, 4 de marzo de 2007

Los adversativos

Son parientes cercanos de los hiperdemócratas y como a ellos se los distingue fácilmente por las coletillas. Su discurso suele empezar siempre más o menos así:

-A mí, sujetos como de Juana me causan auténtica repulsión, pero
o
-El estado no tiene que pagar ningún precio político, pero
o
-Nada justifica un atentado terrorista, pero
etc., etc., etc.

Indefectiblemente, la oración subordinada que sigue a la conjunción termina por contradecir, tras tortuosos circunloquios, la proposición principal, que queda así finalmente desvelada como la pila donde lavar las vergüenzas propias antes de presentarlas al mundo.

Sin duda, se trata de un problema ético y de vergüenza -jamás pensé que pudiera llegar a afectar a tantos de mis compatriotas la incapacidad para distinguir el bien del mal-, pero a mí me parece que incluye también, y en alto grado, un componente de estupidez (congénita o contagiosa, que en ese terreno ya me cuesta trabajo penetrar), y entiéndase esto como una exculpación moral de muchos adversativos y no como un insulto; digo 'estupidez' entendiendo el término como la incapacidad intelectual para seguir en línea recta y por propia iniciativa el hilo de un argumento o de una idea; por eso terminan todos, después de dar muchos tumbos por falsos antecedentes, reglamentos de la granja de Famóbil y consuetas del Misteri, en Aznar, que ya se sabe que acabó poniendo una bandera muy gorda en la Plaza de Colón (y, para colmo, el hijoputa no se la encargó al bueno de Cerezo). Estupidez que, ya desveló con admirable precisión Carlo Cipolla, responde a unas leyes de naturaleza casi científica, puesto que económica, lo que hace que combatirla sea tarea que queda incluso fuera de la esfera de los titanes; no en vano ya dejó escrito Shakespeare que "contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano".

Contra los adversativos no se atreve ni el diablo.

15 comentarios:

Portorosa dijo...

Tú te lo guisas, tú te lo comes. Tomas al tipo de sujeto que quieres y lo haces categoría, y sobre ella teorizas; y estableces una regla general con la que tratas de descalificar a todos los que, pobrecitos, son tan tibios que no ven todo blanco o negro y necesitan matizar sus opiniones.

Que sí, que existirán, como existirán tus hiperdomócratas, pero son los que son, probablemente mucho menos numerosos que los que comienzan cada frase con "Es acojonante que..." y siguen con una decidida y clarividente tontería, sobre la cual, eso sí, no tienen duda alguna.

Portorosa dijo...

(Hiperdemócratas, hiperdemócratas; nada que ver con el hogar)

Paolo dijo...

Arteta.

Portorosa dijo...

Si no niego que pase eso, lo que niego es que se le pueda dar la vuelta a la ecuación, y cualquier matización, cualquier incertidumbre, sean criticables y sospechosas. Que eso también pasa, ya lo creo que pasa.

Personalmente (y, repito, sin negar a Arteta, ni mucho menos incluirlo a él en el grupo), creo que han venido siempre más males de los seguros y tajantes, de los que no vacilan y tienen todo claro, que de sus opuestos. Sobre todo porque cuanto menos se sabe menos se duda.

Ignacio dijo...

Habría que dedicar un post también a los bizcos que se dedican a mirar fijamente una amenaza minúscula o insignificante cuando del otro lado vienen manadas enemigas.

Preocuparse por los derechos de los presos terroristas, por la amenaza del nacionalismo español rampante o por el resurgimiento de la extrema derecha son algunos síntomas de la bizquera nacional.

(Lo de la memoria de los muertos de hace un siglo y el olvido de los de anteayer no es ya bizquera sino directamente cinismo).

Pero también, en grado más leve y sutil, encuentro algo bizca esta inquietud de Portorosa por el exceso de certeza. A mí me parece que estadísticamente está mucho pero mucho más extendido (y por tanto ha de preocuparnos más) el relativismo extremo que denuncia Arteta... pero a lo mejor eso se debe a una bizquera mía.

Portorosa dijo...

Ya, pues ya ves, yo lo mantengo. No estoy de acuerdo con tu dato estadístico, pero me temo que ni tú ni yo podemos demostrarlo: creo que actualmente, en España, sobran seguridades, intransigencias y afirmaciones tajantes (lo cual no quiere decir que no sobre también papanatismo que no se atreve a opinar ni a denunciar, pero precisamente lo que yo mantengo es que no por no hacer lo primero se cae en lo segundo). Es lo que ocurre siempre que un grupo se polariza, que todo lo que no sea de tu extremo es considerado del otro.
Tampoco estoy de acuerdo con que el resurgimiento de posturas híper-reaccionarias sea un problema minúsculo y anecdótico.

Pero ya sabemos lo del color del cristal con que se mira.

Paolo dijo...

Para evitar el diálogo de besugos, aclaro, Porto, que el enlace a la entrevista con Arteta no iba como respuesta a tus comentarios. Con Arteta me pasa más o menos lo mismo que con Savater o que con Arcadi, que me evitan escribir sobre muchas cosas, porque coincido casi completamente y casi siempre con sus puntos de vista.

Respecto a lo que dices, lo cierto es que, aunque no lo creas, yo soy mucho de matices y de grises (si no, como fácilmente podrás entender, habría sido imposible que me hubiera tirado cinco o seis años participando diariamente en foros internáuticos, no demasiado complacientes ni unánimes que digamos). Lo que ocurre es que hace tiempo que decidí que el blog dejaba de tener sentido como espacio para plasmar obviedades (y admito que en materia política pueda resultar provocador: es una provocación buscada) y que el relativismo ético posmoderno es superior a mis fuerzas (eso también pasa), o sea que hace tiempo que Zapatero y su troupe agotaron su crédito conmigo, así que cada cosa que dicen o hacen parte, por lo que a mí respecta, con la presunción de estupidez o infamia (cuando no un poquito de cada): son ellos los que tienen que convencerme de lo contrario (y no se dan demasiada maña, para qué engañarnos). Pero eso no es lo peor, pues como digo, ya lo tengo asumido. Lo peor son sus defensores y voceros, sobre todo cuando más a menudo de lo que me gustaría se confunden con mis amigos.

Paolo dijo...

Ignacio, sí, lo de los bizcos es concomitante con adversativos e hiperdemócratas. Resulta patético contemplar a tantos (y con tanto poder) escudriñando en las manifestaciones antigubernamentales para encontrar un águila pegada a una bandera con la que desacreditar a los convocantes... Coño, si yo hubiera hecho eso en 2003 y 2004 todavía no habría terminado de contar hoces y martillos.

Ignacio dijo...

A mí me pasa también últimamente que no me reconocen (y ni yo me reconozco a ratos) por esto de las certezas, que siempre he sido yo más de ver los dos lados de cada cuestión.

Pero si se piensa bien, lo de que cada cuestión tenga dos lados no va de suyo. Hay cosas indiscutibles, por qué no va a haberlas, hay dilemas en que toda la razón cae de un lado e irse al término medio no es más que media injusticia; y yo quiero pensar que es en esas en las que me planto, y que mis (pocas) certezas llaman la atención porque de repente todo el mundo se ha vuelto relativista y cuestiona acuerdos que hasta hace nada sosteníamos todos como mínimos.

Portorosa dijo...

Enterado.

Er Opi dijo...

Caro Paolo, particularmente no soy capaz (tengo un atasco importante) sobre la decisión esta concreta. Valoro mucho tu opinión siempre, y me interesa conocerla. Te copypego dos mensajes que he escrito en el Pabellón al respecto:

"Las razones a favor [de la concesión del segundo grado, previamente Scar había planteado una serie de cuestiones en contra de la concesión, a la que yo añadí el chantaje] son las médicas (si ellos lo dicen, ellos sabrán, no puedo valorar ese tema) y el auto de un juez (más el voto de la Junta de la penitenciaría). Por lo pronto voy a obviar la de las posibles consecuencias si muere, por ser totalmente secundario y sólo importante si el precio a pagar es irrelevante (por poner dos ejemplos muy diferentes del PP: en el caso de Ortega Lara le pareció que el precio que estaba pagando valía la pena; en el caso de M.A. Blanco fue al revés: la valoración de las consecuencias era que el precio a pagar ante la cesión era extremadamente alto -por cierto, este tema creo que puede ayudarnos a intentar centrar la cuestión en, dentro de la legalidad, qué es lo racional o en su defecto, razonable, y no en cuestiones más subjetivas e intangibles como la dignidad, el honor y esas cosas) . El auto del juez puede saltarse (por lo que parece, no es de obligatorio cumplimiento, es sólo una recomendación, por muy fundamentada que esté). Pero la razón médica no me parece tan claro que pueda obviarse. ¿Puede el Estado realmente dejar que muera alguien, aunque este lo esté haciendo adrede [añado, en contra de la opinión médica]? Para los católicos, parece que este caso es claro: el Estado no podría permitirlo. A mí, que aún no tengo claro el tema de la eutanasia, que me parece sumamente complejo, se me abre un mar de dudas. Ante un dilema así uno puede esconderse tras el auto del juez y los informes de los médicos si no lo ve claro. Es decir, que decidan ellos por mí [parece que el Gobierno ha decidido optar por esta via]. Pero yo soy incapaz, lo reconozco, no soy capaz de salir de mi atasco."

Gracias y abrazos,

Er Opi.

Paolo dijo...

Opi, a lo mejor este artículo de José Luis Díez Ripollés que publicó El País el viernes pasado le ayuda respecto a lo del asunto médico. (Resumiendo: la famosa sentencia del Constitucional instando a la alimentación forzosa de los huelguistas de hambre es de 1990 y hoy está obsoleta a la vista de la nueva legislación).

Respecto a los otros asuntos, mejor me callo (al menos, de momento).

Er Opi dijo...

Sí me ha ayudado bastante, muchas gracias, le voy a dar un par de vueltas más al asunto, pero lo veo bastante más claro ahora.

Thanks y abrazos,

Er Opi.

Er Opi dijo...

También muy interesante al respecto el artículo que hoy cuelga Berlín Smith (www.nochesconfusas.blogspot.com) sobre el tema.

Abrazos,

Er Opi.

Ignacio dijo...

Estoy viendo a Pérez Royo explicar que la decisión es del juez y que no podía ser otra.

¿Nadie le ha explicado a este que Rubalcaba asumió la decisión como política?