viernes, 2 de junio de 2006

Muertos

Una noche de hace un par de meses llegué al periódico y leí sobre una impresora la noticia de que Rocío Jurado había muerto. Como la actividad en la redacción era completamente normal y en la sección de cultura no quedaba ya nadie, entendí enseguida que aquello no era una noticia, sino sólo su anticipo, así que me fijé en la cabecera de la página para confirmar que, en efecto, la aún no-noticia figuraba en Adelantos.

Hay gente que no lo sabe, pero cuando los famosos alcanzan cierta edad o se hace público que padecen enfermedades graves, para los medios de comunicación se convierten oficialmente en muertos. Es entonces cuando un equipo de redactores, cuyo volumen y categoría depende de la importancia social del finado, empieza a dedicar parte de su tarea diaria a la recopilación de documentación, tanto gráfica como biográfica, relacionada con el personaje y a la preparación de un número de páginas, fijado también de antemano según la relevancia del cadáver, para la glosa de su actividad pública y privada, dependiendo obviamente de la naturaleza de la labor conocida (profesional o no) del aspirante a muerto. Por ejemplo, para cuando un médico firmó su certificado de defunción, Juan Pablo II llevaba en realidad muchos años muerto en las redacciones de los periódicos, que le habían dedicado ya docenas y docenas de páginas. Cada vez que el Papa hacía un nuevo viaje, publicaba una nueva encíclica o superaba una nueva operación, un jefe de sección encargaba a algún redactor la revisión del reportaje, para añadir la última hazaña del fiambre. Así, el día en que la aún no-noticia se convirtió en noticia, se trató simplemente de estar atento a recoger la información que mandaban las agencias contratadas o, en su caso, la crónica del enviado especial de turno, porque la mayor parte del periódico del día siguiente estaba ya hecha. Recuerdo que algo parecido pasó con Alberti, un cadáver menos exquisito que el de Su Santidad, por lo que ocupó un espacio más pequeño en las informaciones de los diarios.

Esta mañana, en mi visita cotidiana a los quioscos cercanos, he visto ediciones especiales de las revistas hemoglobínicas y hasta una edición de un DVD con la actuación de Rocío Jurado en aquel vetusto programa de Lauren Postigo titulado Cantares, y no he podido evitar pensar en cuánto tiempo llevarían esas páginas preparadas en un ordenador madrileño, cuánto tiempo se habrá pasado esa grabación perfectamente editada, maquetada, retractilada y empaquetada en un almacén ignoto, esperando simplemente que la noticia, que se produjo realmente hace dos años, pasara de la página de Adelantos a la del día.

9 comentarios:

La donna è mobile dijo...

Pues compitiendo en lo tétrico (e incluso en otras categorías: lo desalmado, indecente, inmoral), el programa del corazón de T5 contratando —como parece que es habitual— un lector de labios que visione las imágenes de ayer, y nos chive las palabras que intercambiaron familiares y amigos durante el velatorio.

“Qué hermoso es todo.”, como ya predijo nuestra encantadora Letizia.

Menos mal que tenemos los mundiales de fútbol encima y gracias a ellos, estamos a punto de reconciliarnos con el género humano (!).

Paolo dijo...

Bueno, Donna, hay escalas.

Lo de la prensa puede tener en determinadas circunstancias cierto tufillo a macabro, pero no es ningún atentado contra la ética, sino simplemente una forma práctica de actuar, guiada por la necesidad.

Lo del vídeo en el quiosco el mismo día del entierro vuela alto, como los buitres, pero nada más.

Lo que me cuentas de TELE 5 es algo, como bien dices, sencillamente indecente e inmoral, pero es que además debería de ser un delito.

burbujavirtual dijo...

asi no +

manolotel dijo...

Yo creo que Rocio Jurado se ha muerto ahora para tapar el posible escándalo político que podría suponer la decisión del partido socialista vasco (o, sin vasco)de dialogar con batasuna.

Como se ha visto, nadie se ha preocupado de esas conversaciones. Es que Rocio era mucha Rocio. Por lo menos lo es ahora.

Yo pasé dos horas hablando con Rocio en un avión, cuando iba a separarse de Pedro Carrasco. Me pareció una mujer, con gran curiosidad por saber, pero bastante normal. Se ve que ser normal en este pais, es ser especial.

Ignacio dijo...

¿Y qué te preguntaba, si se me permite a mí también la curiosidad?

Gin dijo...

Hace 20 años me tocó a mi hacer la necrológica de Antonio Gala para la Agencia EFE. Como era la primera vez que hacía algo así, sí me pareció macabrillo, la verdad.

Portorosa dijo...

¡¿De Antonio Gala?!
Se adelantaron un poquillo, ¿no?

Gin dijo...

Pues sí, pero si le digo algunos más a los que me tocó "necrologicar" se quedaría de piedra porque por aquel entonces eran unos pipiolos.

Portorosa dijo...

Increíble.

Por cierto, y sabiendo como sé que Paolo lo habrá sentido: damas y caballeros, tres hurras por Arcadi Espada.