lunes, 26 de noviembre de 2007

Muertes exquisitas

Había visto pocos días antes de su muerte El último caballo de Edgar Neville, en la que hacía de un oficinista recién licenciado del servicio que invierte todos sus ahorros en comprar el caballo con el que pasó sus años de milicia para evitar que el ejército lo venda a un promotor taurino y el pobre bruto acabe destripado sobre la arena. Pero ¿dónde había sitio en Madrid a finales de los 40 para un caballo? Fernán Gómez aún no había cumplido los 30 y Neville rondaba los 50, estaba gordo y era ya un genio. Esas imágenes del Madrid de 1949 o 1950... Aunque a lo mejor desvarío, y toda su obra merezca ser quemada en hoguera pública (y el caballo y su jinete con ella, claro).

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También se ha muerto Maurice Béjart, que este verano estuvo en Granada, y era un hombre educado y se mostró siempre agradecido delante de sus anfitriones.

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La Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años. Dada la ubicación astronómica y las condiciones físicas del planeta, la aparición de la vida en él era inevitable, y de hecho se produjo casi enseguida. Hace 4.000 millones de años ya estaban aquí las bacterias. Durante los siguientes 3.500 millones de años casi no pasó nada más. Es con la gran explosión vital del cámbrico, hace sólo 500 millones de años, cuando llegan las complicaciones: la vida se expande y los organismos pluricelulares se extienden y ocupan todos los ecosistemas conocidos. Las bacterias contemplaron impertérritas todo ese proceso, acaso lo entendieron como nuevas oportunidades de prosperar, aunque tiendo a pensar que en realidad les importó un comino. Están aquí con nosotros. El humán (que diría Mosterín) es un conglomerado de 10 billones de células que da albergue a 100 billones de células bacterianas. O sea, que nos tienen rodeados. Casi podría afirmarse que nos perdonan constantemente la vida. Cuando nos hayamos ido y ni sombra de los humanes quede sobre la faz de la Tierra, ellas seguirán aquí, tan ricamente. Este es su planeta, que es casi lo mismo que decir que este planeta es suyo. Y es que, en el fondo, no hay nada como ser sencillo para durar mucho. Todo tiende a perdurar en lo simple. Y cuanto más simple, más perdura.

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España es un país de 44 millones de muertos (según las últimas estadísticas).

2 comentarios:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Para que luego digan que no vamos mal: de un millón a cuarenta y cuatro (más de cinco en Madrid). Y sólo usted para contarlos... Un abrazo.

Paolo dijo...

Da gusto con lectoras tan instruidas, pero aquellos eran cadáveres, y estos míos simples muertos (sin glamour alguno).