viernes, 11 de febrero de 2005

Mahler

Gustav Mahler (1860-1911)Gustav Mahler era un neurótico de tendencias sado-depresivas, que se regodeaba con el sufrimiento. Sólo así puede entenderse que fuera capaz de componer esos terribles Kindertotenlieder mientras sus dos hijos se le acercaban a besarlo en la mejilla. Obsesionado con el sentido de la existencia, trató de establecer la base de su obra a mitad de camino entre un panteísmo de corte naïf (“Mi música es sólo un sonido de la Naturaleza”) y un trascendentalismo místico que la mayor parte de las veces terminó convertido en pura histeria.

Despótico a la vez que brillante como director y carente de las mínimas habilidades sociales, su matrimonio con Alma Schindler fue de todo menos feliz. Angustiado por la situación de su relación conyugal, el compositor recurrió a Freud, quien muchos años después recordaría aquella sesión en los siguientes términos:

Analicé a Mahler una tarde del año 1912 (¿o 1913?) [fue en 1910] en Leyden. Si puedo creer en los informes, esa vez conseguí mucho con él. La visita le pareció necesaria porque, en ese período, la esposa se había rebelado contra el hecho de que la libido de Mahler se había retraído de ella. En varias expediciones muy interesantes a lo largo de la historia de su vida, descubrimos sus condiciones personales para el amor, y especialmente su complejo de la Virgen María [fijación materna]. Tuve muchas oportunidades de admirar la capacidad de comprensión psicológica de este hombre genial. En ese momento no se aclaró la fachada sintomática de su neurosis obsesiva. Fue como si uno hubiera hundido un solo ariete en una estructura misteriosa.

En los años 30, el psicoanalista Theodor Reik recabó informes variados (entre ellos, este de Freud) para terminar afirmando:

Buscaba la verdad metafísica oculta detrás y más allá de los fenómenos de este mundo. Perseguía el ideal. Nunca se fatigó en su búsqueda de ese secreto trascendente y sobrenatural de lo absoluto, y no advirtió que el gran secreto de lo trascendente, el milagro de lo metafísico, consiste en que no existe.

Un secreto que rastreó a lo largo de toda su obra. Tomemos por ejemplo la Sinfonía en do menor, la de la Resurrección, de la que escribió en carta a un amigo:

...denominé “Ceremonia fúnebre” al primer movimiento, y si desea saberlo es el héroe de mi Primera Sinfonía el ser a quien estoy enterrando, y el ser cuya vida estoy reflejando en un espejo límpido, encarando el asunto en cierta perspectiva. Al mismo tiempo, se trata del gran interrogante: ¿por qué habéis vivido? ¿Por qué vuestros sufrimientos? ¿Todo esto es una broma gigantesca y horrible? Debemos resolver de un modo u otro estos interrogantes si pretendemos continuar viviendo. Cuando este llamado resuena en la vida de cada uno, debe ofrecer una respuesta, y yo formulo dicho respuesta en el último movimiento.

Oyendo anoche la sinfonía comprobaba cómo es la de Mahler una música en la que se mezcla la melodía más sublime (ese Andante de gracia casi schubertiana o el Urlicht, delicadísimo) con la cencerrada populachera más infame, el más audaz pasaje rítmico con la más simple, vacua y grandilocuente pretensión de trascendencia. Y a la gente le gusta (¡no digamos a Baricco!). Así que la mezcla funciona. En un artículo publicado en el número de enero de la revista Scherzo, Antonio Muñoz Molina establecía un inteligente paralelismo entre la música de Mahler y el Ulysses de Joyce. Así que termino con él:

Hay, en la novela como en la sinfonía, una ambición insensata de contener el mundo, propósito que los dos declararon de manera más o menos explícita. […] En Mahler, como en Joyce, la tensión entre el orden y el desorden permanece siempre explícita, no suavizada ni embellecida del todo por las sabidurías del arte. [...] Al adentrarnos en Ulises o en la Tercera, la Cuarta o la Séptima de Mahler ­–pero con casi todas ellas tengo una impresión parecida– lo que sentimos es que estamos sumergiéndonos en la materia misma del mundo, no en su representación o en su resumen: en su variedad, en su aleación indescifrable de azar y destino, de vulgaridad y belleza, de disonancias lacerantes y milagrosas armonías. Hay música y obras literarias que son como habitaciones acolchadas, como jardines, como refugios seguros para quien se acerca a ellas: pero en Joyce, como en Mahler, la experiencia más poderosa es la de la intemperie, la de los sonidos y las caras que aparecen por sorpresa y se borran a la vuelta de una esquina. […] No hay tal delicadeza en las escenas urbanas de Joyce o de Mahler: hay ruidos, no rumores, músicas baratas y fanfarrias de bandas, están los materiales crudos de la existencia de la gente común, lo chabacano mezclado con lo más excelso, lo que atruena machaconamente y lo que tiene un sonido de tal delicadeza que apenas puede captarlo el oído más alerta. Mahler era un judío bohemio que se hizo católico para escalar en las jerarquías sociales y musicales del imperio austrohúngaro; Joyce, un fugitivo del catolicismo y de Irlanda, un apátrida de elección que creó en el Leopold Bloom de Ulises a uno de los judíos más desarraigados de la literatura del siglo XX. Gracias a ellos la música y la novela ensancharon sus límites para contener el mundo.

39 comentarios:

Gin dijo...

Pues en mi caso esa mezcla no funciona. Nunca me ha gustado la música de Mahler, nunca. Y lo he intentado con voluntad pero es imposible. A los dos minutos el cerebro me hace "click" y desconecta los oidos. Pero vaya, que yo soy una cateta musical así que si viviera igual Mahler se tomaría esto como un elogio y todo.

Ignacio dijo...

Muy bueno lo de AMM... pero no. Los registros vulgares están agarrados en Joyce por una estructura de acero acojonante. Mahler en cambio es deslavazado, rapsódico; ¿es eso un defecto? para mí, sí. No es sólo que no me guste (eso es trivial) es que lo considero inferior, errado, débil.

Lo que no quita para que disfrute escuchándolo, cuando me da por ahí.

lukas dijo...

La verdad, lo que hizo Muñoz Molina de poner al lado a Joyce y Mahler no fue muy acertado, pues aparte que no se conocieran, es que en gustos musicales Joyce era más bien "folk", y aparte de eso, las intenciones de uno y otro son muy distintas: Mahler era un melancólico que experimentó bastante, pero que también agotó la forma sinfónica, y ya estaba exhausto en esos últimos años en que menos mal que vino Schönberg a despejar un poco. Joyce, en cambio, se sumergió en el marasmo moderno y abrió plenamente, sin angustias, con el desparpajo de un psicótico, la riqueza y la hipercomplejidad de los lugares y la rizomática densidad de la conciencia. Esto no ha sido superado; Mahler es aceptado, es fantástico y pesado, y la música que hoy necesitamos no es la suya.

Paolo dijo...

Ignacio, ¿y es que en Mahler no existe esa estructura de acero? Sin ir más lejos, el primer movimiento de la Resurrección está construido en una forma sonata perfecta y descomunal, es un logro formal en toda regla; el andante es una estupenda mezcla de rondó y tema con variaciones que deriva del clasicismo vienés y el tercer movimiento es un scherzo soberbio, construido sobre un lied preexistente... y esto no impide que dentro quepan melodías estilizadas y elegantes al lado de fanfarrias estridentes y chabacanas.

¿Inferior, errado, débil? ¿La canción de la tierra, los Kindertotenlieder, el Adagietto de la Quinta, la Novena? No es que yo sea un forofo de Mahler, pero su música tiene algo atrayente y convincente, y sí, como dice AMM, una pretensión no siempre errada de capturar la imagen de las urbes modernas en forma de auténticos cuadros sonoros.

Paolo dijo...

Lukas, Joyce era tenor, aficionado básicamente a la ópera italiana (también a la música popular, sí, y a la música antigua). No es imposible que en Zúrich hubiera podido oír alguna sinfonía de Mahler, pues iba habitualmente a los conciertos, aunque es cierto que por entonces Mahler se programaba poco. Pero eso es meramente anecdótico. No es su relación personal la que invoca AMM para reunirlos en un artículo.
Cierto que la música de Mahler parece pertenecee más al siglo XIX que al futuro, al contrario de la obra de Joyce, aunque eso habría que mirarlo con algo más de atención.

Por otro lado, hay que tener mucho cuidado a la hora de establecer paralelismos entre actividades tan diferentes como la novela y la música, pero creo que AMM acierta al referirse al carácter de collage hiperrealista con el que Joyce construyó Ulysses, un carácter que puede rastrearse también sin problemas en las sinfonías mahlerianas, en las que parece caber de todo.

Artaher dijo...

Solo añadir algunas cosas para completar lo escrito por Paolo.
Alma tuvo una vida relativamente agitada en el terreno amoroso. Tuvo varios maridos, tres al menos, tuvo hijos de varios de ellos y algún hijo natural, aparte de coquetear con Zemlinsky y ser buena amiga de Schoenberg. A sus 21 años conoció a Mahler, que casi la doblaba en edad y estaba ya en la cúspide de su fama, y éste se ofreció a escuchar las canciones que ella había compuesto... pero le hizo saber que dos compositores eran demasiados. Alma se vio así ninguneada musicalmente por un marido que, concentrado en su música, la ignoraba. Tuvieron una hija que murió a los cinco años de difteria tras una larga agonía, y tal cosa fue demasiado para él: el dolor de Alma le recordaba a sus ocho hermanos (de Gustav) muertos y la consiguiente tristeza de su madre, que alternó su azarosa existencia entre nuevos embarazos y luto por hijos muertos. De ahí salieron los Kindertotenlieder, las “canciones a la muerte de los niños”, de las que el propio compositor dijo que no hubiera querido escribirlas y no querría que el mundo tuviera que escucharlas... Alma sufrió más tarde otro embarazo malogrado con la muerte prematura del bebé, y encontró refugio en los brazos del joven arquitecto Walter Gropius (con el que años mas tarde llegaría a casarse y con quien tendría otra hija ... que también murió joven, al igual que murió a los diez meses un niño natural que tuvo con un escritor).
El caso es que Mahler, que cumplía por entonces 50 años (mala edad...), quería encontrarse consigo mismo, y más cuando acababa de conocer la infidelidad de Alma, que amenazaba con sustituirlo por un amante más joven –Gropius-. Así que en el verano de 1910 pidió una cita con Freud. Al telegrama original de Mahler le siguió otro que lo anulaba, luego otro pidiendo una nueva cita, y una segunda cancelación, ejemplo claro de la neurosis obsesiva que le afectaba. Finalmente se encontraron en Leiden (curiosamente, ciudad alemana cuyo nombre quiere decir “sufrimiento”). Durante toda una tarde pasearon mientras Freud realizaba un psicoanálisis de urgencia. "Si doy crédito a las noticias que tengo, conseguí hacer mucho por él en aquel momento”, recordaba Freud años después en carta a Theodor Reik. En aquella sesión de Leiden, Freud le dijo a Mahler que él buscaba una mujer como su madre y que, por fortuna para él, Alma tenía una fijación complementaria: ella amaba a su padre y por tanto, tendía a elegir y amar a un hombre mayor que ella, como Gustav.
Años después, el propio Freud recordaba que las experiencias infantiles de Mahler pudieron tener una importancia especial en su neurosis y en su música: "Su padre, aparentemente un bruto, trataba muy mal a la madre de Gustav. Cuando éste era pequeño, hubo una escena particularmente dolorosa: el niño no la pudo soportar y salió corriendo de casa. En aquel momento, un organillo callejero tocaba una popular tonadilla vienesa y, desde entonces, quedó fijada en su mente la conjunción de la tragedia con la frivolidad; un estado de ánimo traía consigo al otro". Una de las contribuciones de Mahler a la música clásica podría ser esta polifonía de estados de ánimo, esta conjunción de lo aparentemente banal con lo sublime... que varios han señalado antes.
Casi un año después de su experiencia psicoanalítica, Mahler fue llevado en estado agónico a Francia con un diagnóstico de endocarditis incurable y, días después murió, como Beethoven, durante una tormenta.
Existe una hipótesis no contrastada, según la cual tras este encuentro, Mahler mejoró, y la actitud hacia su mujer cambió. Sin embargo, estas modificaciones fueron acompañados por una aparente perdida de su capacidad compositiva: de hecho, no parece que escribiera nada desde entonces hasta su muerte casi un año más tarde. ¿Podría Mahler haber optado por el amor humano frente a la creatividad artística? Es difícil saberlo, y no sé si hay algo escrito sobre ello. Pero de hecho, hay quienes afirman que esta hipótesis no es verídica, que Mahler no mejoró demasiado, y que solo se ha difundido por los autores de biografias elogiosas de Freud.

Artaher dijo...

Añado para indicar que ese encuentro al que me refiero en el último párrafo es la famosa sesión con Freud en Leiden. Me temo que no quedó claro.

Paolo dijo...

Sólo una precisión, amigo Artaher, la muerte de su hija Maria (ocurrida en 1907) es tres años posterior a la conclusión de los Kindertotenlieder.

Artaher dijo...

Si, gracias. Quiza ha parecido que yo relacionaba las canciones con la muerte de Maria, cuando sólo quería decir que la muerte de Maria pudo revivir emocionalmente en él la de sus hermanos muertos, en relación a los cuales surgen las canciones.
Lo que no me acaba de cuadrar es por qué dice al principio que Mahler se regodeaba con el sufrimiento, como lo prueba el que escribiera esas canciones. No sé, visto de lejos, no me resulta eso una prueba suficiente para tal afirmación. Aunque tampoco queda claro si se refiere usted al sufrimiento propio (que tendría, en todo caso, más que ver), al ajeno, o a ambos...

Paolo dijo...

Los Kindertotenlieder son poemas que Friedrich Rückert escribió a la muerte de dos de sus hijos pequeños con escasas semanas de diferencia entre 1833 y 1834. Me parece que hay algo de enfermizo en componer música sobre esos poemas, absolutamente desgarradores, provocados por la muerte de dos hijos mientras tú abrazas a los tuyos y les das un beso de buenas noches, ¿no le parece a usted así?

Artaher dijo...

¿enfermizo?
No sé qué decirle... a mi no me parece necesariamente enfermizo, aunque es difícil juzgar desde fuera el alma de un ser atormentado. Pero musicar esos poemas también pudo ser una válvula de escape, un intento de dar salida a emociones dificiles de expresar por otro lado poniendo música a unos textos cercanos a sus sentimientos. De hecho, volver sobre hechos dolorosos escribiendo o musicando sobre ellos, puede hasta ser terapéutico. En ocasiones, incluso se aconseja a quien ha perdido un ser querido que escriba... Aunque en otros casos, puede ser contraproducente.
Pero en fin, para el caso da igual. Lo unico que yo pretendí con mi texto es añadir algún dato más que pudiera ayudar a entender algo mejor la tormentosa psicología de Mahler y, al tiempo, esa extraña conciliación que en su música se da entre lo vulgar y lo sublime.

Saf dijo...

Interesantísimo el post.
Interesantísimos los comentarios de Artaher.
Y fascinante, más que Mahler, Alma Schilder, la que fuera su esposa, de la que las crónicas sociales de su tiempo dejaron constancia como: Mujer que cumplía el canon de belleza al uso: alta, opulenta, los ojos muy azules, los rasgos perfectos... y con una mítica capacidad de atracción debía de residir en su personalidad más que en su mero aspecto: coqueta, culta, inteligente, brillante, original... volvía locos a los varones de su entorno. Los que la amaron la definieron como: "maga, bruja buena, madre tierra, hechicera"...palabras legendarias, antiguas, primordiales, que hacen un dibujo de lo femenino. Se podría decir que fue la musa, la pieza fundamental en la vida de Mahler, Kokoschka, Gropius, Werfel, Klimt, Hauptmann, Kammerer (a quien nunca correspondió y que dijo de ella "cuando estoy con Alma, acumulo la energía que preciso para producir".
Alma... vienesa (con todo lo que ello significa), brillante, compositora, arrebatadora... recibió una carta de Mahler en la que le decía cosas como éstas:
"Alma, mi niña, estaremos unidos en nuestro amor y nuestro corazón... ¿pero también en nuestras ideas? ¿cuáles son tus ideas? ¿Quizá el capítulo relativo a las mujeres de Schopenhauer?" "Sigo dando vueltas a esa obsesión que se ha fijado en esa cabecita que yo tanto amo respecto a que deseas seguir siendo tú misma. Tú escribes: "Tú y mi música. ¡Perdóname pero también tenemos que discutir eso! ¿Cómo te imaginas la vida matrimonial de un hombre y una mujer que son los dos compositores? ¿Tienes alguna idea de lo ridícula y, con el tiempo, lo degradante que llegaría a ser inevitablemente para nosotros dos una relación tan competitiva como esa? ¿Qué va a ocurrir si, justo cuando te llega la inspiración, te ves obligada a atender la casa o cualquier quehacer que se presentara, dado que, como tú has escrito, quisieras evitarme las menudencias de la vida cotidiana? ¿Significaría la destrucción de tu vida (..) si tuvieras que renunciar a tu música por completo a cambio de poseerme a mí y de ser mía? (..) Tú no debes tener más que una sola profesión: la de hacerme feliz. Tienes que renunciar a todo eso que es superficial (todo lo que concierne a tu personalidad y tu trabajo). Debes entregarte a mí sin condiciones, debes someter tu vida futura en todos sus detalles a mis deseos y necesidades,y no debes desear nada más que mi amor."

Y eso hizo....

Saf

Ignacio dijo...

Paolo: estaba intentando hacer eso que he dicho por ahí de ser rotundo, pero nada más darle al botón ya empezaron las dudas.

La verdad es que no me llega el cacumen para distinguir esas estructuras en Mahler: a mí me da la impresión general que dije antes, un desequilibrio, un desbarajuste: como de una masa viscosa que va desbordando los contenedores en que la meten, o una forma más o menos regular a la que de repente le salen picos aquí y allá.

Pero es cierto que cuando entras resulta muy intenso y poderoso. No es un don nadie, desde luego.

Por cierto, ¿de dónde ha sacado esta pantalla de comentarios tan molona?

Paolo dijo...

Artaher, en el caso de Mahler hablamos de un hombre que se supone feliz, rodeado de su familia, con dos hijos pequeños, que se regodea dando forma musical a unos poemas que recrean la angustia de alguien que ha perdido a dos hijos pequeños. Uf, no sé... Algo me dice que hay algo que falla ahí.

Saf, resulta peligroso pretender ser el alma de Alma, ¿no te parece?

Ignacio, claro que hay desbarajuste en las obras de Mahler. Por ejemplo, en la 5ª cada movimiento va por su lado, no hay cohesión musical alguna entre ellos, pero ¡qué momento el del Adagietto! En cuanto a la pantalla de comentarios, no he hecho absolutamente nada. Ayer entré y me la encontré así, supongo que es un obsequio de Blogger por mi fidelidad (no como otros, jeje).

Artaher dijo...

jajaja, Fusa, comprendo muy bien su fascinación por esa mujer alta, opulenta, ojos azules, rasgos perfectos, con una mítica capacidad de atracción, coqueta, culta, inteligente, brillante, original, que volvía locos a los varones de su entorno, maga, bruja buena, madre tierra, hechicera...

Ay, no sé a quién me recuerda... (así por encima, conste)

Saf dijo...

¡¡Ehhhhhh!! ¡Stop! (cualquier parecido que Uds. vean es cosa suya, no mía ¡sinvergüenzas!)

Si he escrito así de Alma Schlinder es porque lo pienso. Encontré esas cartas (las cartas, como algunos saben, me apasionan...) y empecé a intentar comprender qué es lo que llevaba a alguien con talento a... desperdiciarlo.

¡Hay tantas vidas de mujeres increibles! Piensen en Mary Wollstonecraft, en Simone de Beauvoir, Isabelle Eberhardt, Laura Riding, María Lejárraga o Agatha Christie... por ejemplo.

Saf dijo...

Saf, resulta peligroso pretender ser el alma de Alma, ¿no te parece?Paoliño... ¿No creerás en serio tal cosa, verdad??

Paolo dijo...

¿Creer qué?

Saf dijo...

Que exista una mínima pretensión, claro.

Paolo dijo...

¿Por tu parte?

Yo no he dicho tal cosa...

La donna è mobile dijo...

Mira, en esta botella queda un culín de Martini...
Qué tarde llego, jolín.

Anónimo dijo...

Le faltan Bruckner y Shostakovich para poner al cuarteto de compositores reconocidos que no puedo digerir ;-)

Abrazos,

Er Opi.

Saf dijo...

¡Hola, Opiqueridisisisisimo, qué alegría coincidir aquí y en el disgusto por la música de Mahler!
Todo bien ¿verdad??

LMVN: ¡¡deje ya las aspirinas, corcho, están alterando el hilo invisible de entendimento sin palabras que nos une!!

¡ dijo...

Saludos:

El episodio que nos cita el señor Paolo acerca de los Kindertotenlieder es bien conocido, y hay que darle la razón…en parte. Que Mahler estaba absolutamente obsesionado con la muerte es indiscutible; pero habría que matizar que, en el caso que nos ocupa, ya había compuesto los tres primeros de sus antes incluso del inicio de su noviazgo con Alma Mahler. Y no son precisamente los tres más amables. Se ha observado que en el último de ellos, el motivo que orbita en torno a las palabras:

In diesem Wetter, in diesem Saus, in diesem Braus,
Sie ruh'n als wie in der Mutter Haus,
Von keinem Sturm erschrecket,
Von Gottes Hand bedecket.
[En este tiempo, con estas acometidas, en medio de la tormenta
Descansan como en casa de la madre
De (en el lugar en que) ninguna tempestad los asusta,
Amparados por la mano de Dios]

¡ dijo...

…es casi una canción de cuna navideña, y que Mahler alcanza sus momentos más dulces. Podemos pensar que, si por un lado, podía no haber seguido componiendo los lieder con los ya pensados textos de Rückert, una vez elegidos estos, no podría cambiarse del texto una coma: esto es, que si eran Kindertoten, eran Kindertoten.

En cualquier modo, seguimos de la mano la lectura (y el horror) de la supersticiosa Alma Mahler, empeñada en ver prefiguraciones y pronósticos en la música malheriana. El abuso de la interpretación biográfica en la música, en lo artístico (aun en Mahler) es harto peligroso: no sé, Paolo. Que yo sepa, nadie llamó a Dickens (por poner un ejemplo) enfermizo por relatar la muerte de little Nell en tanto tenía hijos pequeños. El estado mental de Mahler, sus neurosis fueron su particularidad como ser humano. No soy muy dado a pensar que fuese una característica de Mahler como compositor.

Saf dijo...

Y sin embargo, Robertokles, un apunte: es indiscutible que las obras (en todos los ámbitos artísticos: arquitectura, literatura, pintura, música...) son el producto de la mente y sus circunstancias temporales.

Y el equilibrio o la locura, las pasiones, la santidad... encuentran buen reflejo en ellas.

Paolo dijo...

Robert, yo también procuro ser prudente con las sobreinterpretaciones y tal vez tengas razón en lo que dices, pero fue el propio Mahler el que alimentó las interpretaciones, pues él no dejó nunca de comentar su obra en función de sus obsesiones vitales.

La donna è mobile dijo...

El camino de la reconciliación con Mahler pasa por aquí:
http://www.good-music-guide.com/reviews/007_mahler.htm

La Oruga dijo...

Fascinante, fascinante!!

Sólo un apunte "feminista"... ¿y qué me dice, Saf, de la fascinación que despiertan esas otras mujeres que no renunciaron a sí mismas?

Como botón de muestra, apunte entre sus curiosidades epistolares una singular recopilación ("Una pasión literaria. Correspondencia (1932-1953)" Ed. Siruela) de la correspondencia entre Anais Nin y Henry Miller. Ya me dirá, ya.

La Oruga dijo...

Fascinante, fascinante!!

Sólo un apunte "feminista"... ¿y qué me dice, Saf, de la fascinación que despiertan esas otras mujeres que no renunciaron a sí mismas?

Como botón de muestra, apunte entre sus curiosidades epistolares una singular recopilación ("Una pasión literaria. Correspondencia (1932-1953)" Ed. Siruela) de la correspondencia entre Anais Nin y Henry Miller. Ya me dirá, ya.

La Oruga dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Saf dijo...

Leí en su blog, Señorita Oruga, referencias a esas cartas, y ¡¡lo había olvidado!! (la edad...) Correré, el lunes, al Crisol más cercano a hacerme con él.
Mil gracias.

Un beso,

Saf ;-))

La donna è mobile dijo...

Yo solamente quería apuntar a todo lo dicho, que los problemas de vulgaridad y melancolía que acuciaban a don Mahler, se los provocaba ser hemofílico. ¿Que como lo sé?

XDDDD

Saf dijo...

¿¿Ehhhhh??
¡¡Explíquese!! Hhhmmmmm....

Saf ;-)) (Hemofílica a la par que alegre y bastante estilosa)

La donna è mobile dijo...

¡Jesús, Saf! Ahora ya me da cosa decirlo...

¡pero no ve lo amarillo que está el hombre!

Gin dijo...

Um... llevo un rato pensando y no doy con la relación entre la hemofilia y la amarillez de Don Gustav. Si hubieran dicho hepatitis, o ictericia...

Saf dijo...

(Pues... fíjese, Gin, que por culpa de Móbile, voy hoy como una pepona, por la cantidad de colerete que me he puesto por si lo del amarillo.... ¡ay, qué cruzzzzz (gamada)!)

Saf ;-))

Paolo dijo...

Pepona, pero patriótica...

(Pepona, luego patriótica...)

La donna è mobile dijo...

Jolín, sí.
Qué burrísima me pongo.

:S