martes, 11 de julio de 2006

Ruiseñor

Dan Laurin toca música de Jacob van EyckJacob van Eyck era un artesano como sólo sabían serlo los verdaderos artistas holandeses del siglo XVII. Nacido en Heusden, localidad cercana a Hertogenbossch, a finales de la década de los años 80 del siglo XVI y en el seno de una familia de la baja nobleza, era ciego, limitación física que encaminó su vida hacia el mundo de los sonidos. Carillonista célebre y concienzudo estudioso de los fenómenos acústicos, en 1625 se instaló en Utrecht como carillonista de la Domkerk y tres años después era ya director y supervisor de las campanas de todas las parroquias de la ciudad. Descubrió que la pureza del sonido de las campanas dependía de su forma y se convirtió en colaborador de los famosos constructores François y Peter Hemony, atrayendo sobre su figura la atención de intelectuales ilustres de su tiempo, como Isaac Beeckman, René Descartes o Constantijn Huygens.

Sin embargo, si el nombre de van Eyck ha sobrevivido hasta nuestros días ha sido gracias a la publicación de su Der Fluyten Lust-hof (El Jardín del Edén de la flauta), dos libros editados por Paulus Matthijsz en Amsterdam entre 1644 y 1655, un par de años antes del fallecimiento en Utrecht de su autor, que incluían unas 170 piezas para una y dos flautas dulces, instrumento del que van Eyck era un auténtico virtuoso. La colección, la más amplia dedicada jamás a un instrumento de viento a solo, es una sucesión de variaciones sobre piezas populares de diversas zonas de Europa o de compositores conocidos, como Dowland o Caccini. Aislado en los Países Bajos en una época en la que la guerra arrasaba el centro de Europa, imposibilitado para la lectura directa de partituras, van Eyck escribe una música de un aire indudablemente arcaico, que no recoge las novedades del barroco de su tiempo, sino que se centra en los procedimientos de glosa típicos del Renacimiento. Aunque la variedad de la temática que incluye este auténtico Jardín de las delicias musical es amplísima, van Eyck se recrea especialmente en el carácter arcádico, pastoril del instrumento, llegando a competir en virtuosismo con los mismísimos ruiseñores, como aquí nos muestra con soberbia maestría el insigne flautista sueco Dan Laurin.


Engels Nachtegaeltje de Der Fluyen Lust-hof de Jacob van Eyck. Dan Laurin, flauta. BIS.

3 comentarios:

La donna è mobile dijo...

Me encanta. Es como acceder limpiamente a la voz interior. La paz y el equilibrio tienen que sonar así.

¡Compro!

Peggy dijo...

interesante blog:)

Ia dijo...

Peggy: NO ES INTERESANTE (con perdón), es un blog EX-CE-LEN-TE, que no es lo mismo.
¡¡A ver si vas afinando unos y otros con la elección de las palabrassssssssssssssssss!!

Y que lo que yo venía a decir es que: MUY BONITO! yanosladao otra vez!! Va y se pira sin avisar... porque si hubiera dejado Ud. una tocata y fuga (de Bach, por ejemplo)....

ia XXXXpppppppppppp