viernes, 7 de julio de 2006

Juntos

JuntosEl 8 de febrero de 2003 un pistolero de ETA asesinaba de tres tiros en la cabeza a Joseba Pagazaurtundúa mientras desayunaba en un bar cercano a su domicilio de la ciudad guipuzcoana de Andoain, en donde trabajaba como jefe de la policía local. Joseba era también militante del Partido Socialista de Euskadi y un destacado miembro de la Plataforma ¡Basta ya!, lo que le había causado numerosas incomodidades en forma de chantajes y amenazas recibidos desde su regreso a Andoain en 1999 desde la localidad alavesa de Laguardia, adonde se habia exiliado en comisión de servicios. Su situación personal era tan grave que el 14 de septiembre de 2001, unos días después de que le incendiaran el coche, mandó una carta al Consejero de Interior del Gobierno vasco donde le detallaba las razones de la inseguridad cotidiana de su existencia, incluido un ataque con cócteles molotov a su vivienda. "Las anteriormente citadas breves notas no son más que una somera semblanza de la situación que vivo. Puede usted hacerse cargo de que no es nada sencilla la supervivencia de este ciudadano vasco", escribía Joseba. En la primavera de 2002, en otro borrador de una carta que acaso nunca envió, volvía a escribir: "Señor Balza: Soy Joseba Pagazaurtundúa Ruiz, ex agente 00201 de la Ertzaintza. Cada día veo más cerca mi fin a manos de ETA". No pasó ni un año hasta que se produjera su anunciado asesinato.

En aquel momento, Pachi López, secretario general del PSE, afirmaba:

No hay soluciones ni planes con los que contener ni acallar a la Bestia. Hay, tiene que haber, decisión política y coraje cívico para enfrentarnos a ella hasta hacerla desaparecer. No basta con hacer llamamientos para que desaparezca por la gracia divina, ya sólo nos sirve quien detiene terroristas, quien evita que tengan cobertura política y respaldo social. Pido a los partidos coraje para impedir que alcaldes que no condenan el asesinato de su vecino sigan gobernando nuestros ayuntamientos, porque hay que negarles la legitimidad para intervenir en los asuntos públicos. No pueden depender la educación de los niños, ni las ayudas sociales, ni siquiera el urbanismo de quien, por cobardía, no rechaza la violencia, o de quien, por convencimiento enloquecido, lo aplaude. Nunca más un alcalde de Batasuna para justificar un asesinato.

También por aquellos días, Ramón Jáuregui, destacado miembro del PSE y diputado socialista por Álava, escribió un revelador artículo en el Diario Vasco en el que, entre otras cosas, afirmaba:

Escuché ayer una peregrina interpretación de su asesinato. En Radio Euskadi decían que era un atentado contra el plan Ibarretxe. Una dirigente nacionalista dijo que era un atentado contra el pueblo vasco. Pero no dijeron que Joseba estaba en contra del plan Ibarretxe y que también le mataron por eso. No dijeron que matan sólo a una parte del pueblo vasco, precisamente a la que se opone a las mismas aspiraciones de esa dirigente nacionalista.

¡Por favor, no manipuléis su muerte! No tenéis derecho quienes sois incapaces de comprender que quienes nos matan lo hacen por vuestros mismos ideales. No queremos vuestras condolencias, que sabemos sinceras, si a vuestro rechazo de los medios, unís vuestra coincidencia en sus fines. Ya no valen vuestras condenas si van acompañadas de "apoyo moral" a Batasuna y de apoyo real a su alcalde en Andoain.

Dice Ibarretxe que su plan para la convivencia es también un plan para la paz. En nombre de Joseba os pedimos que no nos sigáis salvando. No lo hagáis con esa paz. Que ni es paz, ni es justicia. Porque nos siguen matando mientras os empeñáis en tenderles la mano y pagar el precio que acompaña a su violencia. En nombre de tantas víctimas y en el de Joseba, la última, os pedimos que no les deis la razón. Y tu plan, lehendakari, se la da. Acepta su explicación histórica del conflicto y plantea la misma solución, desde la unidad nacionalista, proponiendo a los no nacionalistas que aceptemos ese destino para que no nos maten. Luego, sí, ya lo sabemos, ETA dice no y sigue matando porque no quieren permitir que gestionéis su historia. Pero nos matan a nosotros, a los que rechazan vuestro plan. A los que reclaman libertad, a los que recuerdan a las víctimas, a los que reivindican la pluralidad vasca. A los autonomistas, a los constitucionalistas. A todos los que representan la infinita superioridad moral de una causa justa cruelmente reprimida por el fascismo vasco, por un nacionalismo etnicista brutal.

En nombre de Joseba Pagazaurtundúa, de Fernando Buesa y tantos otros, ¡por favor, no nos apliquéis esa convivencia! ¡No nos salvéis con ese plan!
[Las negritas son mías]
Ayer se consumó la traición largamente anunciada, casi tan largamente como el asesinato de Joseba. Pachi se tragó su coraje cívico y Ramón no ha abierto la boca, al menos hasta el momento presente (17 horas de 7 de julio de 2006), para desautorizar en su nombre la villanía cometida. Ayer el PSE, con el respaldo del gobierno de España, asesinó a Joseba Pagazaurtundúa y a todos las víctimas mortales de ETA por segunda vez. Lo hizo al dar cobertura política y respaldo social (¡esos contra los que clamaba Pachi hace tres años!) a un grupo político ilegalizado en sentencia firme del Tribunal Supremo por considerarlo parte sustancial del entramado de ETA, es decir, un grupo formado por los compañeros de aquellos que asesinaron a Joseba y a otros militantes socialistas y a otros varios cientos de ciudadanos españoles más. Lo hizo al renunciar incluso a la condición que el propio Presidente del Gobierno había marcado como inexcusable para que pudiera materializarse ese encuentro público: que Batasuna condenara la violencia y se refundara aceptando los límites marcados por la ley y que cumple el resto de fuerzas políticas legales. Ayer, el PSE y el Gobierno de España les regalaron a los terroristas la foto que andaban buscando desde hace décadas, esa foto por la que han asesinado a más de 800 personas: el reconocimiento de que su existencia tiene un fundamento político razonable, que su razón de ser estriba en una realidad conflictiva en la que ellos han actuado como un agente más, y que tienen previsto seguir haciéndolo. Ahora tocar recoger las nueces de la sacudida. Y mañana ya se verá.

En el envilecido clima de la vida pública española, uno ya no sabe a qué hecho otorgar mayor gravedad, pues se encadenan de tal forma en la ignominia, la desfachatez y la infamia que se corre el riesgo de acabar disparando hasta contra las golondrinas que se cruzan por el aire, pero todo lo que ha rodeado a esta burla al Estado de Derecho, a esta afrenta a las víctimas de ETA, resulta especialmente siniestro. Empezando por el incalificable auto del juez Garzón, que emplea para autorizar la reunión argumentos que habrían hecho enrojecer a un alumno de 3º de BUP (no sé los de la LOGSE, la verdad). Resulta sorprendente que el señor juez tenga en cuenta el supuesto contenido de la reunión (iban a mirarlos a los ojos para decirles que se legalizaran, afirmaron los socialistas, y no se les cayó la cara de vergüenza), como si Batasuna hubiera sido suspendida de sus actividades por las ideas políticas de sus dirigentes y no por su integración en un entramado terrorista, como el propio Garzón dispuso en su momento. Más sorprendente es aún el segundo argumento: que la reunión había sido convocada por el PSE y no por Batasuna, lo que me lleva a deducir que lo ideal para la negociación con ETA será que el Presidente del Gobierno convoque a sus dirigentes a una cena de gala en la Moncloa, con lo cual ETA podrá ya actuar y parlamentar como una agrupación legal, exactamente igual que lo haría una asociación de jubilados. Los argumentos empleados por los voceros oficiales y oficiosos del Gobierno (cuando no por los mismos dirigentes del PSOE) no merecerían ni ser comentados: que los miembros de Batasuna no tienen en cuanto tales sus derechos políticos suspendidos, como si hubiesen acudido a la reunión a título individual, no sabemos si a jugar al tute o a hacer la porra para la final del domingo; o, estupidez supina que debería inhabilitar a cualquier político para el ejercicio del poder, que Batasuna, como es ilegal, no existe, según lo cual se me hace por completo incomprensible la apertura oficial de negociaciones con ETA, grupo obviamente ilegal, luego inexistente.

Se me revolvieron las tripas (otra vez, sí) cuando en una de las fotos publicadas ayer vi una media sonrisa en la cara de López, y a su lado, la imagen de Pilar Ruiz Albisu, la madre de Joseba Pagazaurtundúa, en la calle, con el rostro desencajado y sufriendo la que habrá sido seguramente la humillación más dolorosa de su vida, la de sentirse abandonada por la justicia y los representantes oficiales de un Estado en cuya defensa dejó la vida su hijo. Hace más de un año, cuando se cumplía el segundo aniversario de la muerte de Joseba, Pilar envió a Pachi López una carta demoledora y visionaria que terminaba de esta forma:
Fui una refugiada de guerra miserablemente pobre, crecí como la hija de un rojo represaliado, no pude votar hasta los cuarenta y cuatro años. Y después vino el calvario de nueve años de ver sufrir a mi hijo, que veía llegar su propio asesinato. Se jugó la vida por defender la libertad, no por lo que parece que viene de vuestra mano, eso que pomposamente se anuncia como un proceso de Paz. Porque, Patxi, ahora veo que, efectivamente, has puesto en un lado de la balanza la vida y la dignidad, y en el otro el poder y el interés del partido, y que te has reunido con EHAK. Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!, Patxi. ¡Qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos!
Ayer, Pilar Ruiz, perdido todo menos la dignidad, les gritaba a Pachi y sus secuaces desde la calle: “¡Traidores, sinvergüenzas!”. Hoy, algunos de los que han preferido cerrar los ojos, la justifican de forma condescendiente por aquello del dolor de una madre. No se atreven a decirle que está manipulada por el PP. Mirando a las víctimas a los ojos, una a una, no se atreven. Eso lo dejan para cuando se agrupan de cien mil en cien mil. El dolor de una madre, nublada la razón. Miserables. Es que tiene razón.

7 comentarios:

Artaher dijo...

Nada que añadir a tanta claridad de ideas, Paolo, aparte de felicitarte.
¡Qué pena que el sectarismo y la ideologia de partido impida a algunos ver las cosas, sencillamente, como son!
¡Y qué pena que tantos socialistas de bien tengan que mirar hacia otro lado, y taparse la nariz ante lo que, atónitos, están contemplando!

Achab dijo...

Y cuando lleguemos a un acuerdo con los asesinos lo mismo toca negociar con los ladrones de bancos, digo yo.

Ignacio dijo...

¿Tienen que taparse la nariz y mirar hacia otro lado, esos tantísimos socialistas de bien? ¿Les están apuntando con una pistola, tal vez?

A mí me da la impresión de que aceptan porque quieren. El carnet se puede devolver, digo yo, de los cargos se puede dimitir, y el voto es libre.

Paolo dijo...

Artaher, yo he dejado ya de creer en esos socialistas de bien. ¿Dónde estaban el otro día? Si Bono perdió el congreso con Zapatero por un puñado de votos y a Redondo Terreros y Rosa Díez les pasó lo mismo en el País Vasco, ¿dónde han ido todos esos que defendían un proyecto diferente al actual?, ¿es que piensan que las circunstancias no son lo suficientemente graves como para manifestar públicamente su desacuerdo?, ¿es que como diagnosticó con extraordinaria lucidez Pilar Ruiz hace un año ponen sistemáticamente los intereses del partido por encima de la dignidad y de la vida? Sí, es cierto que escuchamos a veces las voces de Maite Pagaza, de Rosa Díez, de Gotzone Mora, de Carlos Totorica, ¿pero dónde están los militantes de base que supuestamente los apoyan?, ¿de qué tienen miedo? ¿Se aplican el cuento de que mejor dejar pasar y tragar que "hacerle el juego a la derecha"? El Foro Ermua ha hecho también un llamamiento a los socialistas coherentes, pero la coherencia de los socilaistas parece pasar hoy por renunciar a todos los valores que defendieron un día con tal de no perder el paso alegre de la paz que les ha prometido Zapatero.

Artaher dijo...

Eso exactamente, Paolo: parece ser que muchos socialistas ponen sistemáticamente los intereses del partido por encima de la dignidad, de la vida -y yo añadiría, de la patria-. Diríase que su interés fundamental es llegar al poder y mantenerse en el, pero como un fin en sí mismo, no como un medio para mejorar la situación de los ciudadanos. Así, el PSOE podría haberse convertido en una auténtica empresa u organización cuyo objetivo no es otro que alcanzar cuantas más cotas de poder mejor: ganar elecciones como sea azuzando esa peregrina creencia –compartida por la mayoría de socialistas- de que siempre la izquierda tiene la verdad y la derecha es siempre reaccionaria. Montados así en un sectarismo que nunca se reconoce, pues se alimenta de esa creencia, muchos socialistas terminan por disculpar muchas indecencias, primero porque las hacen los suyos (que siempre es un atenuante), y luego porque casi todo vale frente al peligro (¿) de la derecha. Se justifican así actitudes y conductas que la derecha no se atrevería a tener, y de nada vale que las grandes promesas populistas se las lleve el viento. España siempre adoleció de una escasa memoria histórica, y se sigue hablando de intolerancia, corrupción y falta de diálogo en la derecha (como si fuera un dogma de fe), cuando lo que nos enseña la historia reciente es que tales comportamientos han sido tan propios, o incluso más, de la izquierda.

Paolo dijo...

CARAS

NO ha surgido de los salones del hotel Amara Plaza. La gran foto del encuentro histórico y extraordinario entre el socialismo y el nacionalsocialismo se ha tomado en la calle. Es la de una mujer mayor, que, mira por dónde, resulta ser la mayor mujer del País Vasco: Pilar Ruiz Albisu. Una mujer menuda que es la mujer más grande de la Historia póstuma de España. Su rostro contiene la amargura y el estupor de los traicionados, pero también la decisión y la rabia de los luchadores imbatibles: nos venderéis, pero no nos venceréis. Estaba allí para decirles eso a López y Ares, los mozárabes de Rodríguez Zapatero. Pilar es una mujer miope que ha visto lo que pocos: el fondo del horror. Pilar, en fin, es la madre de los hermanos Pagazaurtundua, por si alguien lo ignoraba. La madre de Iñaki, Joxeba y Maite.
A Joxeba Pagazaurtundua Ruiz, jefe de la policía municipal de Andoain, lo asesinó ETA el 8 de febrero de 2003. Fue la suya una muerte anunciada y ofrecida en bandeja. Si la televisión autonómica hubiese puesto un poco de interés en el asunto, la habría podido transmitir en directo, porque todos sabían que a Joxeba lo iban a matar. Lo sabía el alcalde de Andoain, lo sabía el diputado general de Guipúzcoa, lo sabía el consejero de Interior del Gobierno Vasco, lo sabía el lehendakari y lo sabía el director de Euskal-Telebista. Lo sabían los miles de chivatos de ETA que pueblan Andoain y sus alrededores, los que proporcionaban a las escuadras del amanecer información en tiempo real de los movimientos de Joxeba. Lo sabía, por supuesto, el propio Joxeba, y lo sabía su madre, Pilar Ruiz Albisu. Lo sabía su mujer, Estíbaliz Garmendia, y lo sabían sus hermanos, Iñaki y Maite. Porque a Joxeba lo habían vendido. Siempre dispuesto a proteger a los perseguidos por ETA, el Gobierno vasco hizo algo mucho mejor que proporcionarle una nueva identidad y conseguirle un trabajo en la raya de Portugal: en 1999 le forzó a volver a su plaza de Andoain al negarle una nueva comisión de servicio en la comisaría de la Ertzaintza en Laguardia (Álava), donde había pasado cuatro años relativamente tranquilos desde que se descubriera que ETA lo tenía en su agenda de tareas urgentes. Todo muy legal. No hay que abusar de las comisiones de servicio y, además, ETA estaba en tregua indefinida y permanente. Como ahora.
Las otras fotos del encuentro histórico y extraordinario entre el PSE y Batasuna carecen de chispa, aunque una, tomada por Ignacio Pérez y publicada el viernes en ABC, me parece curiosilla. Búsquenla. El pie alude a un cara a cara de socialistas y etarras en comisión de servicio, pero López mira hacia otro lado. Hay una forma muy vasca de mirar hacia otro lado. Se conoce que al divisar a Pilar Ruiz Albisu ante la puerta del Amara Plaza, López miró para otro lado y ya no pudo volver el cuello en todo el día. Tampoco Rodolfo Ares mira a la cara de nadie. Posa con pose estudiada de responsabilidad histórica y extraordinaria. Desde la otra banda, y nunca mejor dicho, Rufino Etxebarria escruta burlonamente el perfil izquierdo del hombre-que-mira-hacia-otro-lado y Olatz Danoebeitia observa a Ares, preguntándose, sin duda, cómo se las arregla para posar tan responsable, histórico y extraordinario. Pero lo más curioso de la imagen es el careto de Otegui. Frunce la nariz y tuerce el morro como si hubiera mil muertos apestando bajo la mesa. Qué tontería, ¿verdad?
Con todo, el de Arnaldo es un rictus inconfundible de repugnancia olfativa. Algo huele a podrido en el salón del Amara Plaza, nos dice el gesto del interlocutor necesario en libertad bajo fianza. Hombre, ya Arzalluz dijo aquello de que, para sentarse con los socialistas, hay que taparse las narices, aunque en estos delicados trances se debe siempre sospechar del primero que pone cara de asco. Pero también del que mira hacia otro lado. Nunca se sabe.

Jon Juaristi. ABC, 09-07-06

Turulato dijo...

Creo que las palabras carecen de valor en el momento español actual y no sólo en el ámbito político.
Muchas personas las utilizan obviando su significado estricto, atentos únicamente al uso popular de cada término.
Pero los políticos van un paso más allá y hacen lo que podríamos calificar de ingeniería verbal. Algo así, salvando distancias, a lo que ocurrió con la aplicación de las normas contables en la década de los 80 y primeros 90 del siglo pasado. Y todos sabemos como terminó..
Creo en la razón y la reponsabilidad que sustentan el diálogo y el pensamiento. No creo en la palabra por si misma. Hablar, en sentido lato, no tiene en mi opinión valor alguno.
Hace años aún tenía cierto valor la expresión "te doy mi palabra de honor"; creo que porque en la sociedad se respetaban, por lo menos en cierta medida, las consecuencias de lo dicho. Y así lo recoge nuestro Código Civil en las disposiciones contractuales.
Pero ¿qué valor damos hoy a lo dicho?; ¿qué responsabilidades asumimos por lo que afirmamos o negamos?.
Y cuando esto ocurre, más despacio o más deprisa las sociedades se convierten en algo así como un "Meat Loaf" o se desbordan las tensiones en acciones que nada tienen que ver con la razón, la justicia o el pensamiento.