miércoles, 14 de diciembre de 2005

Plácidos

Plácido, de Luis García BerlangaHan pasado ya 44 años desde que Luis García Berlanga filmase Plácido, esa genial sátira sobre la caridad navideña. Envuelta en el celofán de una amable comedia de costumbres, la obra de Berlanga arremete contra la política oficial de las fachadas relucientes y los pasillos mugrientos, pero sobre todo contra las conciencias puritanas y nacionalcatólicas de los bien pensantes. Han pasado ya 44 años, pero la política oficial de la imagen no sólo no ha remitido, sino que se encuentra en su máximo apogeo (y creciendo), mientras que las conciencias puritanas siguen azotándonos con su verborreica expansión evangelizadora, por más que hayan cambiado el discurso moral del franquismo por el políticamente correcto del progre. La nada embotellada.

Y es que no falla. Cuando alborea diciembre y las primeras estrellitas empiezan a lucir en la fachada de El Corte Inglés, la monserga puritana, disfrazada para la ocasión de feroz anticonsumismo, pasea sus vergüenzas sin pudor alguno por todos los medios nacionales. Protegidos por el pensamiento débil y tiránico de la political correctness, los difusores de los clichés más caducos, las medias verdades más insidiosas e histéricas, las más burdas simplificaciones históricas y sociales van lavando sus conciencias llenando páginas y más páginas de periódicos y revistas y ocupando horas y más horas de radio y televisión. Sin mucho éxito, habría que decir. Pues, por suerte, consumimos.

Por suerte, porque nuestra civilización se basa en él. En el consumo. Porque ya hemos conocido (conocemos) otras realidades, y me quedo con ésta, en este mundo que nunca será el mejor de los posibles, pero que es mucho mejor que todos los otros que son o han sido. No hemos creado sociedades terciarias, mecanizadas y abiertas, no hemos ganado tiempo para el ocio y el goce de los sentidos y los sentimientos para renunciar al placer que nos proporcionan compartir las cosas que nos gustan con aquellos a los que amamos, y todo por unos rancios y acomodaticios principios devenidos en vacuas consignas que la historia se ha encargado de desacreditar: si ellos no tienen (lo que nosotros) es porque nosotros (lo) tenemos. El asunto parece algo más complicado. Pero exige pensar, y eso a un progre le cuesta tanto como a la familia burguesa de Plácido. Quien lo ha vivido, lo sabe.

¿Combatir el despilfarro (de energía, de trabajo, de ideas)? ¿Dónde se apunta uno? ¿Solidaridad? ¿Cuándo y dónde ha habido una sociedad más solidaria, más preocupada por la suerte de los otros? ¿Autocomplacencia? ¿Qué mayor autocomplacencia que la del sermón moralista a fecha fija contra la situación de privilegio que se disfruta? Llega la Navidad, y yo me pongo muy contento, porque, a pesar de los petardos (odio los petardos, las tracas y todo lo que huela a pólvora) y de las monsergas, tendremos cenas, meriendas, villancicos, panderetas, risas, sorpresas, emociones y regalos, un montón de regalos. Y, por suerte, los pobres ya no se sientan a las mesas de las familias con recursos, ahora se acomodan en las columnas de los periódicos y en los plácidos blogs de los concienciados. Algo se avanza.

28 comentarios:

Gin dijo...

Consumamos un café, un té, una copa, o lo que le parezca, cuando le parezca bien. Ya he vuelto.

La donna è mobile dijo...

Anda, Gin, que ya estaba bien. Me alegra poder saludarla, :-)

A mí también me gusta la Navidad, no diré lo contrario, pero no soporto (no soporto) el fin del mundo en los supermercados. Mercadona estaba ayer, y seguirá estando durante las fiestas, infartado. Tal parece que haya familias que piensen comerse estas vacaciones lo que no se han comido en todo un año. Se quita el hambre sólo de ver esos carros llenos hasta la bandera de productos típicos que están, muy a la española, por encima de las posibilidades y que se agarran al crédito de la tarjeta como una mancha de vino.

Pues ya está, don Paolo I El caústico, que como decimos en mi familia, "somos pobres, pero que no se note". Oh, :-)

Paolo dijo...

Sí, claro, Gin, me encantan las proposiciones deshonestas...

Pues sí, Donna, así es, en efecto, son muchos lo que comen todo el año de lo que los demás consumimos sólo en Navidades. Y que sigan comiendo así (digo yo, sin animus molestandi)...

Jesús Miramón dijo...

Paolo, le agradecería mucho que eliminase la dirección de mi blog de su lista "Ventanas".

Feliz navidad.

La donna è mobile dijo...

!!!!

Paolo dijo...

¿Por qué razón tendría que hacerlo, Jesús?

Jesús Miramón dijo...

El último post, que leí anoche, me desagradó mucho, tanto que me molestó ver mi blog a su lado. Mi comentario lo escribí en ese momento.

Paolo dijo...

Vaya, pues lamento que te desagradara. No lo escribí para eso obviamente. Y me causa una gran tristeza pensar que no quieres ver tu blog al lado del mío. Pero me parece que ese no es un motivo suficiente para que yo quite ese enlace (que es simplemente eso, un enlace público dentro de un espacio público). A mí me desagradan diariamente montones de cosas que escriben otros y no pido por ello que cambien la decoración de sus casas ni las recomendaciones de sus cartas de vinos.

La donna è mobile dijo...

¡A Saf van!

Saf dijo...

(Ni me lo mencione, Sita, que llevo mirándoles fijo hooooooooras... y que no sé si darles a cada uno con la pandereta en la cabeza, o ponerles a convencer al enano de mi casa de que en el belén viviente (porque las figuras andan y no están jamás en su sitio) no es oportuno poner esa cartulina azul pintada de ola, para que parezca un tsunami....

¡¡Brrrrrrfffffffff, hombres!! ...están llenos de principios, de verdades absolutas, de testosterona, de..... por la Santa Compaña!!

Artaher dijo...

¿llenos de principios y verdades absolutas? Mmmmm... será con el fin de hacer aun más descollante la flexibilidad de principios y verdades absolutas de que presumen las damas?
Comprendo bien el enojo de Jesús por ese post tan bien escrito como un tanto alambicado; pero hasta los grandes genios produjeron alguna obra que no nos place, por una u otra razón. Y no por ello dejamos de admirarlos.

Jesús Miramón dijo...

Si dije antes que escribí mi comentario "en ese momento" fue porque hoy me arrepiento de haberlo hecho. Nunca aprenderé que uno no debe abrir la boca en caliente, pero soy muy impulsivo (y hasta espasmódico, diría yo).

Y el caso es que en el texto, como siempre brillante y muy bien escrito, dices cosas con las que estoy de acuerdo: a mí también me pone malo la que llamaste una vez estúpida militancia antinavideña. Lo que me puso nervioso fue la virulencia con la que, una vez más, expresas tu opinión sobre los progres. Será porque en los últimos tiempos se está convirtiendo en un lugar común -casi parece que uno no pueda ser inteligente ni tener espíritu crítico si no dedica algún esfuerzo a desenmascarar esa etérea caricatura denominada "progre", dotada del don de la ignorancia, la inanidad, la ingenuidad más idiotizada y peligrosa, etc. Es lo mismo que sucede con la caricatura del "facha", dotada del don de la maldad intrínseca, el afán de destruir la naturaleza y los derechos humanos, etc.

Créeme si te digo que tu blog me gusta mucho. Tus artículos musicales son apabullantes, he aprendido y aprenderé mucho, leyéndolos; también me gustan los por desgracia más escasos de carácter estrictamente literario, aquellos en los que hablas de tus sentimientos, de tu vida cotidiana, tus recuerdos. Pero, ay, cuando arremetes contra los progres y los rojos con armas y bagajes, con todos tus recursos, me cabreo como un enano. Luego se me pasa y ya está, qué tontería. Anoche, en un gesto de infantilismo ¿progre? que ahora me averguenza escribí ese comentario. Y aún esta tarde me mantenía, con menos fuerza, en mis trece. Ahora, a las once y pico de la noche, te pido disculpas.

Tú tienes tus opiniones políticas y sociológicas y yo las mías. Pero éste es tu cuaderno de un melómano en calzoncillos, y casi todo lo que he leído en él desde que lo iniciaste me ha gustado mucho. A menudo me pareces brusco, irritable e irritado con el mundo, incluso un poco misántropo, y qué.

Como hacen los niños en los patios de los colegios, retiro lo que dije. Con el enlace a mi blog puedes hacer, por supuesto, ya lo sé, como antes y después, lo que quieras. Pero me gustaría que estas letras te hicieran saber que aprecio tu inteligencia (incluso cuando se emplea a fondo contra asuntos en los que yo discrepo de ti), y que lamento haberte perturbado siquiera un poco. Te confesaré que yo he andado todo el día raro, perturbado e inquieto por esto.

Saf dijo...

¡¡Oléeeeee!! (¿Lo ves, Sita???? .....como niños, ¡son como niños con canicas de colores!)

Hale.
Que me alegro.
Bien hecho, Yisas.

Saf ;-))

Paolo dijo...

Sabía de antemano que este post no iba a gustar a gente que me lee, habitualmente o de vez en cuando, pero yo no escribo el blog para complacer a nadie (¿misantropía? Muy posiblemente), lo cual no significa que no me guste ser leído, gustar y ser entendido, sería absurdo (y falso) afirmar lo contrario. Sólo puedo decir que me sorprendió tu comentario y me dejó un profundo malestar (tenía la esperanza de que no estuviera motivado por mi texto, sino por un impulsivo deseo de hacerte invisible en la red), pues creo que sabes que no sólo aprecio tu blog (esa mirada poética sobre la cotidianeidad es lo mejor que he leído nunca en este género) sino a ti personalmente o, al menos, la imagen que me hecho de ti leyéndote, que no nos conocemos.

Respecto al tema de fondo, tienes razón en el carácter de estereotipo que han asumido las voces "progre" y "facha", pero no estoy en absoluto de acuerdo con que el uso de una y otra sean simétricos. El "progre" está amparado por un manto oficial y general de respetabilidad (sus ideas y sus propuestas son lo guay), mientras que el "facha" es un reaccionario intolerante y oscurantista, que sólo defiende ideas retrógradas y autoritarias (acabamos de asistir a un hecho verdaderamente insólito: las fascistas de libro de ERC llamando "facha" a Boadella, ante la indiferencia de la "progresía" oficial; pero es que yo he visto llamar "facha" a Giovanni Sartori o al mismísimo Félix de Azúa). Es esto lo que combato: en absoluto a las personas, sino el cliché que salta automáticamente en las mentes de muchas en cuanto se tratan temas políticos y sociales (y lo sé bien, porque en mi mente también funcionó ese cliché durante mucho tiempo; de hecho, llevo bastante debiéndome el post en el que iba a contar la liberación que supuso para mí levantarme un día por la mañana y comprobar que no necesitaba defender ninguna pose "progre" delante de nadie). El "progre" se siente un hombre progresista y de izquierdas, pero en el fondo no lo es (jamás se me ocurriría decir que Alfonso Guerra, Rosa Díez o Fernando Savater son progres). Cree que tiene ideas, pero en realidad lo que tiene es ideología, sustentada en la repetición irreflexiva de consignas demagógicas que siempre elaboran otros. El "progre" nace del marasmo del 68 francés y se consolida en nuestro país tras el hundimiento del bloque soviético. De pronto, ya no pudo negarse por más tiempo la realidad del triunfo incontestable del modelo social y económico de Occidente y hubo que buscar una ideología urgente de recambio. En esa situación, el ecologismo, el pacifismo, el feminismo, el antiamericanismo, el multiculturalismo (y muchos otros ismos) funcionaron a modo de lenitivos para los huérfanos del socialismo real, quienes tomando una pizca de aquí y otra de allá conformaron un informe amasijo que dio lugar a un mundo de ficción y cartón-piedra en el que se sintieron cómodos y (aún) resistentes. Lo terrible es que esa idea, tan ficticia como acomodaticia, del mundo y de la realidad se ha convertido (en España) en pensamiento dominante antes de alcanzar (para mí, con una mezcla de sorpresa y pavor) el gobierno de la nación, desde donde se reproduce, apoyado en un colosal imperio mediático, a bordo de coches y presupuestos oficiales. Esto es lo que creo y esa es la figura de "progre" que combato y combatiré mientras siga teniendo el aire de respetabilidad oficial y social generalizada de la que hoy disfruta.

Lamento el pasajero disgusto, Jesús, y agradezco mucho tu último comentario, no sólo porque me haga sentir mucho mejor, sino porque ha salvado el post de Reyes, que ya tenía escrito y he estado a punto de borrar.

Paolo dijo...

A todo esto, el post iba contra las monsergas anticonsumistas, que en realidad tienen la virtud de congraciar y unir a progres y no progres.

(Y me gustaría que Artaher (me)explicara lo del alambicamiento y la justificación del enojo)

Saf dijo...

Vaaaaaale (que se explique Artaher... que siempre es entretenido), pero que yo lo que querría decir -ahora que ya ha pasado el "grueso" más agrio del arrebato, es lo siguiente:

Que no importa.
Que hay algo que está más allá de lo que nos parezcan las palabras o gestos de los demás: ellas mismas y su derecho a expresarse.

Yo leo, a menudo, cosas que me gustan muchísimo de personas que me disgustan profundamente. Igualmente, personas que me gustan escriben o tienen actuaciones que ni comparto ni entiendo.... ¿y?
¡Pues que no pasa nada!
Que eso es lo maravilloso: que somos distintos. Y que es estupendo.
Y que detrás de los hechos y las palabras, de las ideas, ideologías y procedencias.... hay personas.
Personas estupendas.

Aquí lo hemos visto.
Ni más ni menos.

Y ha sido bonito (suena tonto, pero así es).

Y que haga Ud. el favor de colgar ese post del regalo de Reyes que dice que ya tiene escrito, don P.!!!!

Y un beso (o dos, o tres, o cuatro...)

Saf ;-))

La donna è mobile dijo...

Entonces, ¿ya puedo sacar el pavo?

Artaher dijo...

Estimado Paolo, creo que después que el propio Jesús se ha explicado, y habéis aclarado el tema, no tiene sentido que añada yo algo, por mucho que pueda resultar “entretenido” (Saf dixit). Al fin y al cabo, fue Jesús quien dijo sentirse molesto por tu escrito, no yo. Pero me pides una aclaracion, y debo responder.

Comenté que podía entender el enfado de Jesús porque, aún estando de acuerdo con mucho de lo que decías en aquel post (y con absolutamente todo lo que acabas de añadir en tu última y larga contestación en este dialogo), algunas expresiones no me gustaron. Tampoco es tan extraño, tu mismo has reconocido que sabías que ese post iba a disgustar a gente que te lee. Dije que me parecía “alambicado” en el sentido, no sé si correcto, de complicado y sutil, pues pese a mi acuerdo con muchas de tus afirmaciones, había matices (quizá demasiada radicalidad) con los que no, y algunas de tus frases me rechinaban (no sé si por las mismas razones que a otros) tanto por el contenido como por las fuertes expresiones usadas. Me explicaré.

Por una parte, no acabo de ver tu mixtura de los progres (una especie de falsa izquierda hipócrita) con las conciencias puritanas y los bien pensantes (que sería algo más cercano a la derecha tradicional), ni su relación con el consumismo/anticonsumismo. Yo, sin ir más lejos, me considero bien pensante, pero no siento poseer conciencia puritana, y tampoco me siento progre. No veo tan claro que las conciencias puritanas nos asusten con su “verborreica expansión evangelizadora”, y mucho menos claro veo que esas conciencias fueran las franquistas que ahora se han tornado en progres. No acabo de ver que los progres sean especialmente puritanos, ni tampoco bien pensantes (en realidad, pensar piensan poco, como dices). Y tampoco creo que los puritanos bien pensantes muestren ese “feroz anticonsumismo sin pudor alguno”; hay de todo. Porque existen progres, muchos progres, absolutamente consumistas, y nada solidarios. Y hay en cambio bien pensantes, puritanos, que actúan de modo no especialmente anticonsumista en estos días, entre otras cosas, porque a menudo son católicos y le ven un sentido a estas fiestas; son, además, más solidarios probablemente.

Te preguntas que cuándo y dónde ha habido una sociedad más solidaria, más preocupada por la suerte de los otros… Pues no sé, pero me cuesta ver a la nuestra, vivo retrato de un capitalismo dejado a su aire, como una sociedad modélica al respecto. Pero, en todo caso, lo primero para la solidaridad y la preocupación por los otros es tomar conciencia de las cosas; por ejemplo, de la propia situación de privilegio que se disfruta; por ejemplo, de la situación nada privilegiada de muchas personas; por ejemplo, de la pobreza y de las injusticias. Ciertamente, el umbral que separa esta toma de conciencia con el sermón moralista hipócrita que con fecha fija lava conciencias de muchos progres puede a veces ser imperceptible. Pero otras veces no, y por eso yo no generalizaría tanto. Hay personas con auténticos sentimientos solidarios que, en estos días, defienden un consumismo moderado compatible con la toma de conciencia de las grandes desigualdades (lo cual no supone autoculpabilizar a occidente de las mismas); son gentes bien pensantes, sí, son buenas gentes, más o menos puritanas; y nada progres. Y no veo que los valores que defienden, ni tampoco ellos mismos, puedan ser etiquetados, sin más, de insidiosos, caducos, histéricos, burdos, etc.
Ciertamente, el acomodo testimonial de los pobres en las columnas de los periódicos y en los plácidos blogs de los concienciados no les va a aliviar mucho. Pero así como su utilización para lavar las farisáicas conciencias de algunos es deplorable, deberíamos evitar desacreditar, metiéndolos en el mismo saco, a quienes tienen auténticas conciencias solidarias. Que los pobres están donde siempre, Paolo, y no hay menos ahora que antes.
Y dicho esto...
¡cuanta razones tienes, Saf!

Saf dijo...

Gracias, Arti (por la parte que me toca.... ¡la de la razón que tengo! ¡Tú sí que sabes!) ;-))

Creo que lo que ha pasado es que este texto del araña, escuece. Nos escuece -de alguna manera misteriosa- a todos. Porque cualquiera de nosotros podemos ser susceptibles de vernos representados en cualquiera de los supuestos que ha presentado.

Pero si se lee más detenidamente. Si se deja reposar y se vuelve a leer... se encuentra el undercurrent de una crítica certera, menos virulenta de lo que parece y... que hace pensar.

Pues eso.
Y que síiiiiiiiiiiii...... porfi, Sita, saca el pavo!!!!!!!

Saf ;-))

Paolo dijo...

Bien interesante lo que dice Artaher. Aunque para profundizar en todas las cosas que él extrae de mi post yo habría necesitado bastante más que los cuatro párrafos que escribí. Acepto pues su crítica a la simplificación de mi texto que, en el fondo, sólo pretendía mirar el tan denostado consumismo de las Navidades desde un punto de vista diferente, positivo. Y sí, pienso que en ese punto, en el sermón moralista sobre la derrochadora sociedad occidental coinciden, por distinas razones desde luego, los progres de hoy con los puritanos de ayer.

(Y apunto que esta mañana he tenido acceso a un libro de artículos recién publicado por Francisco Robles, cáustico donde los haya periodista sevillano, titulado Mester de progresía, y hojeándolo, ¡oh, sorpresa!, uno de los artículos comenzaba utilizando el Plácido de Berlanga como elemento comparativo, aunque para cuestión diferente a la mía. Sorpresas te da la vida.)

Saf dijo...

Paolitoooooooo....... ¡que no!, que no son casualidades: QUE TE COPIAN (que lo sé, que te lee mucha xente)

Y si no fíjate, haciendo "chin" (me siento burbuja de Freixenet...) en este sitio: copyscape.com

¿¿¿Pa cuando el post de los Reyes???????

Paolo dijo...

El día de Reyes, claro...

La Oruga dijo...

Leí su post, Paolo... y me entusiasmó su potencial para despertar comentarios como estos que leo ahora. Las palabras, como siempre, sirven para comunicar y ha sido de lo más enriquecedor disfrutar de esta puesta en común de ideas. Gracias.

Me gusta la Navidad, mucho. Me gusta ir de tiendas y ver a la gente recorriendo las calles alborozados, alegres, disfrutando. Creo que cómo vivamos estas fechas es únicamente responsabilidad nuestra. Los pobres son tan pobres como ayer, los ricos tan ricos, los buenos tan buenos y los malos tan malos. No es culpa de la Navidad, la Navidad no es consumista ni cruel, lo somos, en todo caso, nosotros. Y nosotros somos los mismos que ayer, cuando no era Navidad.

Realmente, lo único triste de la Navidad es que sólo ocurra (todo esto) una vez al año.

Paolo dijo...

Gracias, Oruga. Lo que en realidad yo quería decir es que la sociedad de consumo es un bien digno de protección (en Navidad y cuando no es Navidad) y no una monstruosidad por la que tengamos que estar permanentemente autoflagelándonos...

La Oruga dijo...

Paolo, respecto al consumo... pues mire, ójala tengamos siempre tanto que podamos despilfarrarlo navideñamente ;)

Ignacio dijo...

Aqui desde la otra punta del mundo (India), solo para constatar que los que nunca han tenido sociedad de consumo quieren tenerla y la van teniendo (prueba de ello el estupendo bar en que estoy sentado ahora mismo), con un esfuerzo colectivo extraordinario y sin (solo faltara) el menor rastro de mala conciencia.

Abrazos a todos.

Paolo dijo...

"...los que nunca han tenido sociedad de consumo quieren tenerla".

Sí, eso me parece a mí...

"...con un esfuerzo colectivo extraordinario".

El esfuerzo que a nosotros se nos ha olvidado ya. Ha costado mucho sudor, mucha sangre, muchas lágrimas organizar una sociedad en torno a las ideas de libertad individual y seguridad colectiva y con el acceso (increíblemente sencillo si miramos con perspectiva histórica) a los bienes que hoy disfrutamos.

"...y sin (solo faltara) el menor rastro de mala conciencia".

Esa es su gran fuerza hoy. Supongo que llegarán generaciones que olviden el esfuerzo que es preciso hacer y mantener para alcanzar ciertas cotas de civilización y pasará como con nosotros.

Paolo dijo...

Mira tú por dónde...

Los mejores deseos

HAY una especie de conjura de los nuevos puritanos en contra de la Navidad. En la Navidad se festeja la familia, la buena comida, la alegría, la amistad, la música, la diversión. Y por supuesto que hay mucha gente a la que todo esto le repugna. No hay un solo puritano que en el fondo de su ser no sea un resentido, y como es natural el resentido soporta muy mal la diversión ajena. No hay que olvidar que siempre son los eremitas solitarios los que predican la abstinencia, por las mismas razones por las que los náufragos tienen que resignarse a valorar las propiedades curativas del agua de mar. Por eso mismo hay tanta gente que le pone mala cara a la Navidad. El ceñudo progresista obsesionado –todavía– por la CIA y el Che Guevara; el nacionalista prehistórico que sueña con rescatar a su patria oprimida y devolverla a los tiempos felices de las doncellas y los dragones; el carcamal que escucha la Cope vestido de obispo con tricornio; el nihilista incendiario que no ama a nadie ni ha sido amado por nadie; el solidario entristecido por las noticias de la hambruna en Sudán o en Níger, o el racista antropófago que desprecia a todos los seres humanos que no sean más ricos y más poderosos que él: he aquí un muestrario de nuevos puritanos que desprecian la Navidad. Todos ellos prefieren un mundo sombrío en el que resulte más fácil odiar a los demás.

Estos nuevos puritanos nos aseguran que la Navidad es triste, ya que hay mucha gente que no puede celebrarla y sufre y es pobre y está sola. Y también nos dicen que la Navidad es vulgar y estúpida, porque no es más que una celebración consumista en la que derrochamos un dinero que no tenemos. Sí, de acuerdo, pero ¿qué importa todo eso? Odio los villancicos, no me gusta el turrón, detesto las cenas familiares, no juego nunca a la lotería, aborrezco las compras en los supermercados abarrotados y no soporto la programación navideña de la televisión. Y a pesar de todo esto, doy gracias a no sé quién por haber vivido ya casi cincuenta navidades, de las que no guardo recuerdos abominables, sino más bien todo lo contrario.

A todos los que tenemos una cierta propensión a la felicidad y a la alegría, a todos los que creemos que la vida no es una penitenciaría en la que tenemos que expiar nuestros pecados y los pecados ajenos, la Navidad nos parece una grata rutina. Si lo pensamos un poco, tiene más ventajas que inconvenientes. A la Navidad le debemos algunos de los recuerdos más hermosos que tenemos: el musgo sobre una corteza de árbol, el ruido de la lluvia en una noche de Reyes, el escaparate iluminado de una juguetería, una cabalgata en la que se le cayó la corona a un rey mago. Por mucho que hagamos, esos recuerdos están ahí y nadie puede extirparlos. Y no podemos olvidar otra razón quizá más importante: la leyenda más bella que ha sido concebida por la imaginación humana es una leyenda navideña, la del dios que se hace hombre, nace en un establo y es adorado por unos reyes magos que han seguido el curso de una estrella errante. Dejemos que los fanáticos y los nihilistas despotriquen contra la Navidad. Mientras tanto, nos serviremos un poco más de pavo, nos acercaremos a la chimenea y escucharemos a Bach.

(Eduardo Jordá, Diario de Sevilla, 24-12-05)