miércoles, 6 de julio de 2005

Saltos

Los hay al Infierno. Y al Paraíso. Hay recuerdos demasiado absorbentes. Que te envuelven y te atrapan en una red espesa de referencias múltiples y ubicuas. Presencias difusas. Sombras incompletas. Ruidos familiares. Gritos silenciosos. Fuegos fatuos que marcan los lindes del camino. Olvidos que nunca llegan. Sueños ondulantes, que te acechan permanentemente, acodados junto a ti en la barra del bar o sonriéndote desde la pantalla del televisor, esperando pacientemente a que bajes las defensas. Y luego están las palabras, que salen y entran, entran y salen como los alevines en las redes de los pescadores. A menudo se quedan atascadas. Pero hay veces que fluyen y colean y, aunque parezcan no decir nada, en el fondo lo dicen todo, tan torpes como siempre y sin embargo cristalinas. Basta con saber leer, no tanto en los signos escritos cuanto en la mano de quien los dibuja. Y entender que es tan delgada la línea que separa un salto de otro salto...

6 comentarios:

Gin dijo...

Me acaba de recordar un post que leí ayer en el blog de escritores de la escuela de letras de madrid. Hablaba de la posibilidad de que las palabras, después de recorrer un largo camino en el tiempo, volvieran a nosotros para susurrarnos de nuevo aquello que creíamos olvidado.

Gin dijo...

Por cierto, hombre-araña, ¡tengo entradas para los conciertos de la semana que viene! ole ole! ¿Le veré por allí?

Paolo dijo...

Es posible que en alguno.

Gin dijo...

Estupendo! Yo iré lunes, martes, y miércoles.

La donna è mobile dijo...

Yo digo que para leerle, don Paolo (ay, mi Paolo, :-) qué alegría de leerle al fin) en algunas cosas que escribe, me gustaría tener a mano una cajetilla de Camel para fumármela entera. Caramba, qué de significados, y qué bien dichos y qué raros y qué crípticos, con lo sencillo que es todo, que le pregunten a sitaSaf y pasado mañana al concierto y así todo, y todo igual de divino de la vida, y una tomándose la única cosa que queda en su nevera que es un Mediterráneo de Pascual que tampoco es manco, fresquito, y regando sus macetas que son, pobriñas, la única cosa viva que queda en el rancho. Que dicen que no dijeron de venir, que a ver, toda la semana sin agua y que dónde coño está el libro de reclameishons y blablá. Usté ya me entiende. Ay, qué alegría, si fíjese, menos mal que no me llevé el portátil de mi hermana, que ni pastilla ni nada, si ahora tengo unas ganas de escribir que me subo por las paredes, imagine a final de mes. Ufff. Verá. Sin parar. Una cosa...

Y a sólo un salto, XDDDD

(Ay —insisten los huesos— ay, mi Paolo)

La donna è mobile dijo...

(que lo de la pastilla es lo de las internetes portátiles con tarifas planas que se mete en los laterales de los pecés portátiles y eso. Vaya a parecer ahora que aprovecho el veraneo para la cosa del bajarme del jaco, o qué sé yo...)

Yo qué sé, ay, qué agustito.