Nihilistas

He visto el periódico en el quiosco, los dos adjetivos con su pizpireta copulativa interpuesta, y he dado un respingo. No por sorpresa, sino porque hoy no tendría más remedio que escribir sobre monseñor Cañizares, y me da mucha pereza. La nada cogidita de la mano del Estado laico, mientras se invoca a la “recta razón” y a la “verdad del hombre”, pero no desde una “concepción confesional”, dice, como dándole vergüenza. La recta razón es la del estado laico, neutro, sin más definición ideológica que la de la democracia y los derechos de los individuos; la verdad del hombre es aquella que vale para todos, luego es intersubjetiva, y sólo representa la ciencia; los mitos, entes sobrenaturales, ficciones sentimentales y fantasías creadoras, aunque puedan resultarnos atractivos y consoladores, tienen su sitio en el interior de cada cual, en el baúl de casa, bajo la almohada, en el armario, allá cada uno y su circunstancia.
Desde aquí se entiende muy bien la alianza, tácita y estratégica, de todas las confesiones. Si en el asunto de las caricaturas de Mahoma hemos visto tantas posturas equidistantes sólo ha sido porque llevamos años soportando reclamaciones por parte de los cristianos de un trato privilegiado para sus creencias. Si diarios conservadores no se han atrevido a condenar en su línea editorial y de forma rotunda la reacción de los islamistas es porque luego no podrían esgrimir la llantina habitual cada vez que un cristo cocinado o una virgen por un pene profanada. Monseñor Cañizares y el ABC están más cerca de los incendiarios de las embajadas que de mí.
Tampoco me ha sorprendido la postura de ciertos intelectuales progres. Es una pena lo del pensamiento que se llama a sí mismo de izquierdas, pero ya está asumido. La polémica de la chirigota de Ceuta ha vuelto a retratar a muchos. La ignorancia, unida al sectarismo y la mentalidad inquisidora, produce monstruos. Zerolo, IU y Moratinos condenando una letrilla de Carnaval. Ignorancia de la historia, del significado del Carnaval, del contexto lingüístico y social en que se desenvuelven las chirigotas, ignorancia del sentido profundo de la palabra ‘libertad’. Por supuesto que esa letrilla sería inaceptable como columna de opinión, en una tertulia televisiva o en un mitin político, pero no en el Carnaval, un tiempo muerto y al margen de la vida cotidiana, cuya esencia se basa justamente en la abolición absoluta de lo ‘sagrado’, en el sentido más hondo de la palabra. Y ahí están, los de siempre, en medio, no criticando a Zerolo por su actitud de ahora, sino por lo que él permitió contra los cristianos en la manifestación aquella, etc., etc., etc. Muy cansado.
Y frente a eso, el coraje cívico, la lucha firme y decidida contra los seres imaginarios y las fantasías medievales instalados en el centro de la plaza pública. Ayer los Ciudadanos de Catalunya dieron el paso decisivo para convertirse en un partido político. Arcadi Espada pronunció uno de los discursos más brillantes y emotivos de los que yo tenga memoria. Acaso todavía haya esperanza.