martes, 26 de octubre de 2004

Órgano

ÓrganoTriste sino el de los órganos, durante siglos orgullosos emperadores entre los instrumentos de la música y hoy durmientes sombras desvencijadas en miles de templos que los prefieren callados. Apartados, en la abrumadora mayoría de los casos, de sus funciones litúrgicas de antaño, de vez en cuando los órganos recuperan su voz y se presentan ante un pueblo que ya no va a escuchar la palabra de Dios, sino a oír el fulgor de sus registros de lengüeta, la profundidad de sus violones y el brillo exuberante de sus trompeterías. Curiosa situación la que se vive en un concierto de órgano. Sobre todo si, como el de la Iglesia del Convento de San Clemente de Sevilla, se sitúa al pie de la nave, en el coro, con el público sentado mirando hacia el altar mayor. Como ir en un tren en dirección contraria a la de la marcha.

En esos casos, mejor evitar los ordenados bancos de madera y tomar una silla. Esperar obedientemente sentado a que comience el recital. Y entonces girar la silla hacia la consola del organista, ante la sorpresa de quienes te rodean, que no se atreven a alterar la disposición geométrica que un día imaginó un sacerdote para infundir a sus acciones el respeto reverencial que sólo es capaz de procurar el misterio del sonido imposible de ubicar. Uno puede estudiar psicología contemplando los rostros complacidos, serenos, relajados, aburridos, expectantes, arrobados, que parecen no saber dónde mirar... ¡Y vaya si hay sitios en San Clemente a los que mirar!

Retablo Mayor de San Clemente. Felipe de Ribas

Pasan los minutos pausada, lentamente, se desgranan fugas, corales y tientos, los flautados han dado inusitada luz a las pinturas murales, y en el centro justo de las exuberantes fantasías que Sweelinck creó sobre el hexacordo, la chica pelirroja apoya la cabeza en el hombro del amante, la niña se revuelve inquieta en el regazo de su madre, el cincuentón calvo bosteza ostentosamente, la mujer del broche de oro, a su lado, esboza una tenue sonrisa, el joven de barba y pelo largo gira el cuello y clava sus ojos en los míos medio segundo. De pronto, todo cobra un sentido que trasciende la música y el espacio que alguien, un día, concibió para el culto divino. Es lo sagrado. Y es mortal. Acaso el hombre inventó a Dios porque no soportaba ese peso sobre sus espaldas.

8 comentarios:

Saf dijo...

Ya.
Ud. me quiere tener enfrente... ¿no?
Le explicaré mañana tooooooodito lo que es INCORRECTO y EQUIVOCADO.
Pues eso.
Sa.

Saf;-))

Anónimo dijo...

"De pronto, todo cobra un sentido que trasciende la música y el espacio que alguien, un día, concibió para el culto divino. Es lo sagrado. Y es mortal"

Bravo, Paolo! Es un verdadero placer leerte.

Jesús

Paolo dijo...

Gracias, Jesús.

¿Saf?

Saf dijo...

¿Síiiiiiiiiiii????

¿Paolo?


Saf ;-p


....ta biennn. A ver: ¿Y no será que esa música, inspirada por lo más sagrado y NO "para el culto" (que es muy distinto y Ud., buen conocedor de la música sabrá reconocer la diferencia) hace al hombre tan consciente de su temporalidad que no tiene más remedio que admitir que hay un Misterio en un Dios del que no conocemos el principio ni el fin?

Todos tenemos una inspiración de ese misterio.


¿Ya?

Paolo dijo...

Nein. Cuando hablaba de lo sagrado me refería al hombre y no a la música. Más concretamente, al valor de la vida humana tomada de manera individual y única. Yo no intuyo ningún misterio de orden sobrenatural. Así que ya no somos todos. Al menos, todos - 1. Cambie su fórmula.

Saf dijo...

Cambie entonces su adjetivo, querido Paolo.
Desde que usa "sagrado" está prestando una trascendencia sobrenatural.

sagrado, da.
(Del lat. sacrātus).
1. adj. Digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad.
2. adj. Que es objeto de culto por su relación con fuerzas sobrenaturales de carácter apartado o desconocido.
3. adj. Perteneciente o relativo al culto divino.
4. adj. Digno de veneración y respeto.
5. adj. inmodificable. Sus costumbres son sagradas.
6. adj. Entre los antiguos, sobrehumano.

MORF. sup. irreg. sacratísimo.
7. m. Lugar que, por privilegio, podía servir de refugio a los perseguidos por la justicia. U. t. en sent. fig.
acogerse alguien a sagrado.
1. fr. Huir de una dificultad que no puede satisfacer, interponiendo una voz o autoridad respetable.

......si en el fondo..... algo de inspiración sí que tiene....

Saf ;-))

Paolo dijo...

No.

Saf dijo...

...estaaaaaaa biennnnnnnn... seguiré teniéndole presente en mis oraciones (¿Qué sería un purgatorio sin compartirlo con Ud.???)

Saf ;-))