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martes, 4 de septiembre de 2007

Madame de Staël en la España del siglo XXI

Madame de Staël, por GérardSe llamaba Germaine, y ha pasado a la historia con el apellido de un barón sueco, embajador en la Francia prerrevolucionaria, cuyos méritos nos son por completo desconocidos. En cambio, el apellido paterno estaba adornado con un prestigio que ha pasado por encima de los siglos. Y es que su padre era nada menos que el insigne banquero suizo Jacques Necker, quien pudo haber salvado la cabeza de Luis XVI, en el caso de que Luis XVI se hubiera dejado salvar. Para rescatar a la monarquía francesa de la más grave crisis financiera de la que hubiera memoria, Necker había accedido en 1776 a puestos claves del Gobierno, por más que su militancia calvinista le vetara el acceso nominal a algunos cargos. Desde allí impulsó un programa de reformas administrativas, sociales y financieras que, de haberse aplicado en toda su amplitud, tal vez habrían podido evitar el marasmo revolucionario. Pero las resistencias en la Corte eran demasiado fuertes. La mayor parte de los aristócratas y familiares del rey, con una ceguera digna de su estupidez, jamás entendieron lo que estaba ocurriendo y se negaron a ceder ni un palmo de uno solo de sus privilegios. Cansado de luchar contra la estulticia, Necker hizo público en el presupuesto de 1781 su famoso Compte rendu au Roi, donde desvelaba punto por punto en qué gastaba la corte el dinero de los impuestos recaudados en un país empobrecido. El éxito fue espectacular, cien mil ejemplares vendidos, y la consecuencia directa, aunque no la más grave, su destitución. Cuando en 1788 el rey volvió a recurrir a sus servicios ya era demasiado tarde. A pesar de que entonces fue nombrado Ministro de Estado, con importantes responsabilidades políticas, todos sus esfuerzos por frenar la oleada revolucionaria fueron sencillamente abortados desde la Corte, donde se juzgaron sus medidas demasiado condescendientes con el tercer estado. Una nueva destitución y una última llamada a la desesperada, dos días después de los sucesos de la Bastilla, no tuvieron el menor efecto en la subversión ya desencadenada.

Germaine vivió pues en primera línea los sucesos que habrían de marcar el principio del fin del Antiguo Régimen, cuyas bases ella habría oído sin duda socavar en el salón que su madre mantenía en París, donde se reunía la elite de los pensadores ilustrados, de Diderot a D'Alembert, y al que, es leyenda, la pequeña Necker asistía desde antes de cumplir los 10 años. En este ambiente se forjaron sus ideas sociales y políticas, cercanas a la de la burguesía revolucionaria, pero enemigas del jacobinismo y el radicalismo extremos, que provocaron su exilio a Suiza en 1792. Espantada y conmocionada por el estallido del Terror y amiga personal de María Antonieta, trató infructuosamente de salvarla con la publicación de sus Reflexiones sobre el proceso de la reina. En 1786, a los 24 años, se había casado con Eric Magnus, barón de Staël-Holstein, diecisiete años mayor. Las razones de su elección no están claras, pero parece que pesó decisivamente su protestantismo (condición exigida por su familia) y su residencia en París, ciudad a la que Germaine no parecía dispuesta a renunciar. Dio tres hijos al barón, ese sueco "perfectamente honesto, incapaz de decir o hacer tonterías, mas estéril y sin nervio: si no me hace infeliz es porque no osa inmiscuirse en mi felicidad", dejó escrito. Y parece que, en efecto, Staël no se inmiscuyó lo más mínimo en la agitada vida sentimental de la baronesa, amante de aristócratas e intelectuales.

Fascinada por la personalidad del joven Bonaparte, Germaine volvió a París en 1797, pero pronto quedó decepcionada por las escasas dotes intelectuales del militar y por su personalismo, más típico de un rey del Antiguo Régimen que de un general revolucionario. "Bonaparte se convirtió en Napoleón", y el nombre de la baronesa cayó en desgracia. En su salón no sólo participaban los opositores al régimen, sino que ella misma se había convertido en la amante de Benjamin Constant, lo que la condenó a un nuevo exilio en 1803. Se establece entonces en Coppet, donde se rodea de escritores y amigos. Visita su admirada Alemania en varias ocasiones y tras la Restauración vuelve a París, donde fallece en 1817.

Germaine Necker escribió algunas novelas (Delphine, Corinne) hoy perfectamente olvidadas, pero su obra teórica es importante para el mundo de las letras, por su empeño en hacer compatibles el racionalismo ilustrado y el romanticismo, lo que preparó el camino para la evolución hacia el modernismo de la literatura en la segunda mitad del siglo. Sin embargo, si la traigo hoy aquí no es por sus aportaciones a la estética literaria, sino por su pensamiento político. En 1792, tras su primer exilio, Madame de Staël, marcada por los acontecimientos que vivía su país, escribió una obra que tituló De la influencia de las pasiones en la felicidad de los individuos y de las naciones, en la que dejó párrafos de una modernidad auténticamente visionaria, que, a mi modo de ver, encajan a la perfección con la actualidad española, en especial con la formación del nuevo partido político en torno a Savater, Gorriarán y Rosa Díez, personalidades que han desafiado al sectarismo imperante en la vida política nacional, proceso ya iniciado en Europa en las personas de Angela Merkel o Nicholas Sarkozy y que se me antoja crucial para el futuro de nuestro país y de nuestras vidas. Se refiere Germaine Necker al "espíritu de partido" (nosotros lo llamamos "sectarismo") y lo hace en los siguientes términos:

El orgullo, la emulación, la venganza, el temor se colocan en ocasiones la máscara del espíritu de partido, mas esta pasión se basta a sí misma para superar a las demás en ardor: es fanatismo y fe, cualquiera que sea el objeto sobre el que se aplique. ¿Existe en el mundo algo más ciego y violento que estos dos sentimientos?
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Son espíritus crédulos [los sectarios] que se apasionan a favor o en contra de antiguos errores. Y su violencia permanente les hace sentir la necesidad de situarse siempre en el extremo de todas las ideas: sólo en los extremos se sienten cómodos su carácter y su juicio.
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Para el espíritu de partido, un triunfo conseguido con condescendencia es una derrota.
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Y es que la integridad del dogma importa más que el éxito de la causa.
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Mas el espíritu de partido es como esas fuerzas ciegas de la naturaleza que avanzan siempre en la misma dirección: una vez que el pensamiento ha tomado impulso, adopta un carácter de rigidez que le anula, por así decir, sus atributos intelectuales. Creemos haber chocado contra algo físico cuando hablamos con hombres que se encarrilan en ideas fijas: no oyen, ni ven, ni comprenden. Les basta con dos o tres razonamientos para hacer frente a cualquier objeción, y cuando constatan que las flechas lanzadas no han logrado convencer, entonces sólo les resta la persecución. El espíritu de partido une a los hombres en un odio común no en la estima o el afecto del corazón. Destruye las afecciones del alma para reemplazarlas por vínculos basados tan sólo en opiniones compartidas.
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Para quien es presa del espíritu de partido, son las consignas las que marcan el límite de la opinión.
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No existe otra pasión que arrastre en mayor medida a los crímenes que el espíritu de partido, y ello porque quien lo experimenta está embriagado de la mejor fe: dado que el individuo que se entrega a esta pasión no lo hace en aras de un propósito personal, considera que al hacer el mal está entregándose a una causa justa.
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El espíritu de partido es una suerte de frenesí del alma que no surge de la naturaleza de su objeto. Consiste en no pensar más que en una idea, vincularlo todo a ella y ver únicamente lo que guarde relación con esta obsesión. Resulta fatigoso comparar, contrarrestar, modificar, admitir salvedades, y de todo esto nos libera totalmente el espíritu de partido.
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Cuando el pensamiento es presa del espíritu de partido, las impresiones ya no proceden de la realidad hacia uno mismo, sino que surgen de uno mismo hacia la realidad; no las esperamos, sino que las anticipamos; es el ojo el que da forma a la imagen en lugar de recibirla. En este estado, los hombres de espíritu, que en cualquier otra circunstancia tratan de distinguirse de los demás, no se sirven más que de ese pequeño número de ideas compartidas por los más mediocres de la misma facción. Existe una suerte de círculo mágico trazado en torno al tema de adhesión, círculo que todo el partido ha de recorrer, mas cuyos límites no osa nadie atravesar: ya sea porque temen ofrecer puntos débiles al enemigo –los razonamientos para justificarse son múltiples–, ya sea porque la pasión exalta en todos los hombres la identidad de espíritu antes que su complejidad, la fuerza antes que la variedad.
/.../
Un siglo, una nación, un hombre tardarán mucho tiempo, bajo el único influjo de las luces, en recuperarse de la epidemia que supone el espíritu de partido. Puesto que las reputaciones ya no guardan relación con el mérito real, la emulación pierde sentido al carecer de objeto.
[Negritas mías].
[Uso la traducción de David Marín Hernández, que aparecerá en breve en la editorial Berenice]

viernes, 6 de julio de 2007

Todos contra el fuego (del PP)

Desde tiempo inmemorial, la llegada del verano ha coincidido con la intensificación de las campañas contra los incendios forestales. Desde aquel célebre lema del ICONA, "Cuando un monte se quema, algo suyo se quema" ("...señor Conde", que le añadió con genio Peridis), los mensajes de las autoridades siempre han tratado de incitar a los ciudadanos a luchar unidos contra la lacra del fuego (ya parezco hasta un político escribiendo). Pues bien, este verano el mensaje trata de concienciar a la sociedad para luchar unida contra un mal todavía peor que el del fuego: el Partido Popular. Ayer, en el Congreso, volvió a escenificarse la canción de la legislatura: el PP está solo, mientras el Presidente del Gobierno (el Estado es él) lucha tan denodada como generosa e inútilmente por la unidad y la concordia.

Al fin y al cabo, lo que el partido de Rajoy pretendía en el Parlamento era una auténtica infamia: nada más y nada menos quería que el Gobierno diera cuenta detallada ante los ciudadanos de sus contactos con una banda terrorista (habrase visto qué desfachatez) y, a la vez, que el Parlamento anulara el permiso concedido al ejecutivo para negociar con la misma banda, un permiso que dio lugar a uno de los episodios más hermosos y edificantes de la democracia española. Tenían razón todos los grupos cuando censuraron duramente las pretensiones del partido conservador. Lo mejor en estos casos es el silencio y la ficción.

Y se acabó la ironía.

Ha pasado un mes del anuncio por parte de ETA de la ruptura del "alto el fuego permanente" y sigo esperando. Aún no he escuchado ni leído absolutamente a ningún defensor del llamado "proceso de paz" reconocer que los que desde el principio nos opusimos a él teníamos razón, que no había un solo dato objetivo que hiciera pensar que ETA pretendía renunciar a la violencia a cambio de nada (su comunicado reclamaba exactamente lo mismo de siempre), que, en el mejor de los casos, todo fue un acto de fe en un Iluminado que no sabía de la misa la media, un acto de fe que a medida que pasaba el tiempo fue trufándose con mentiras, medias verdades y vergonzosos actos de apaciguamiento y humillación, que los adeptos asumieron con una normalidad sonrojante.

Ha pasado un mes, y estamos mucho peor que hace 30 días, muchísimo peor que antes de la famosa declaración del Congreso que, en lógica aplastante, pretendía anular el PP. Y estamos peor porque los ideólogos de la negociación (sector del PSOE liderado por Zapatero, IU y nacionalistas, los grandes beneficiados de la existencia de ETA, si no de cuándo iban a tener el poder que tienen) han conseguido hacer pasar el error del proceso, el bochorno de sus manejos y sus cesiones como un bienintencionado y deseable esfuerzo por ganar la paz, de cuyo fracaso no cabe hacer el menor reproche al Gobierno.

Entre los que, pese al fracaso del proceso y las mentiras evidentes de sus conductores, siguen defendiendo la necesidad de su puesta en marcha ("era una obligación", dicen falazmente), se han ido delimitando varios grupos. Todos coinciden en la buena fe del Presidente del Gobierno y la irresponsabilidad de la oposición realizada por el PP, pero sus justificaciones son de diversa índole. Repasémoslos:

1. Los amebas. "Yo, lo que diga Zapatero". Y no hay más.

2. Los cínicos. Niegan la evidencia: el Gobierno no ha negociado nada. Se ha ajustado escrupulosamente a la declaración del Congreso, rompiendo los contactos en cuanto tuvo la certeza de que ETA no abandonaba la violencia. Increíble, pero sí, muchos continúan afirmando esto, pasando incluso por encima del atentado del 30-D y la evidencia de los gestos apaciguadores del Gobierno después de esa fecha (por no hablar de todo lo anterior, esto es, la verificación fantasma, las cartas de extorsión a empresarios, la reunión pública PSE-Batasuna , las alusiones explícitas a la mesa de partidos, los zulos descubiertos, el robo de armas, etc., etc., siempre minimizados en pro del "noble objetivo de alcanzar la paz"; y ni siquiera entro en las muy verosímiles -por los hechos ya conocidos y el uso del lenguaje del Presidente- revelaciones de Gara).

3. Los utilitaristas. La mayoría provienen del grupo anterior. Son cínicos sin careta. Conscientes de que negar la evidencia tiene unos límites y de que hacer el ridículo de forma manifiesta acarrea una dosis importante de pérdida de prestigio (imprescindible para la supervivencia profesional de muchos de ellos), asumen que el Gobierno negoció, pero que eso en sí no es malo, que es aceptable plantearse cesiones políticas con tal de acabar con el terrorismo. Están muy bien retratados en la frase de Ignacio Sánchez Cuenca que reproducía hace unos días Ignacio en su blog:

Todo esto, francamente, es un disparate. No tiene mucho sentido decidir con criterios morales si negociación o derrota. En teoría, son dos medios para conseguir un mismo fin, la desaparición del terrorismo. Su uso debe venir dictado por las circunstancias.
Es, sin duda, la postura de Zapatero y del sector del PSOE que domina el partido. Aparte de que esta postura me resulta éticamente deleznable (sobre todo, ¡40 años, más de 800 muertos y miles de heridos después!) ha demostrado ser por completo ineficaz. Lo más útil para combatir el terrorismo es negar absolutamente la posibilidad de la negociación. Sólo dejando claro que no se negociará en ninguna circunstancia y atacándolos desde todos los flancos de la lucha policial y jurídica, los terroristas se quedarán sin expectativas. Sobre esto volveré después más en extenso.

4. Los memoriosos. No dicen ni que sí ni que no. Ni afirman ni niegan. Pero insisten en que tienen memoria (muy flaca, desde luego, pero tenerla la tienen, claro). Muestran un relativismo cercano al del grupo anterior, pero lo que los distingue de ellos es su justificación de que los pasos dados por el PSOE son aceptables por el hecho de que "el PP hizo en su momento lo mismo". Es más, algunos incluso llegan a afirmar (y no los fulmina un rayo en el acto, lo cual es una nueva demostración de la inexistencia de Dios) que el PP cedió mucho más. La argumentación sólo se sostiene desde el cinismo más absoluto o desde la ignorancia. Siempre desde la indigencia intelectual más desoladora. Primero, porque en el caso de que fuera así, de que tuvieran razón y el PP hubiera hecho lo mismo, en ese caso su ejemplo tendría que haber servido de lección para no caer en el mismo error. Segundo, porque es radicalmente falso que el PP hiciera lo mismo. Cansa repetir las mismas cosas una y otra vez: lo del PP fue un error (UN ERROR), que, por otro lado, supieron reconocer (Mayor no se cansó de hablar de la tregua-trampa), pero las circunstancias eran por completo diferentes, partiendo del hecho, absolutamente fundamental, de que aquellos contactos se hicieron con el apoyo de la oposición y la aceptación de las principales asociaciones de víctimas. Y, una vez más, da igual quién rompiera el consenso (en mi opinión, es evidente que fue el PSOE, que dejó sin efecto práctico el Pacto Antiterrorista), lo único real es que es irresponsable emprender un proceso de esas características sin el apoyo del principal partido de la oposición.

5. Los absolutistas. Tienen puntos en común con los tres grupos anteriores. Aceptan que el Gobierno negocie de política con los terroristas (en esto, son utilitaristas), mientras no se les conceda las reivindicaciones máximas, esto es, la Independencia y Navarra. Es decir, van todavía más lejos que los propios terroristas, que no piden la independencia, sino el derecho de autodeterminación (o sea, un referéndum en el "ámbito vasco de decisión"), que no es lo mismo. Demuestran una supina ignorancia sobre la forma en que una banda terrorista pretende alcanzar sus objetivos y sobre la eficacia de sus métodos. ETA sabe perfectamente que no le resulta posible invadir Navarra con un ejército para terminar izando la bandera de la Gran Euskalherria Libre en el Ayuntamiento de Pamplona. ETA es consciente de que militarmente no puede ganar nunca. Su objetivo no es imponerse con las armas, sino a través del miedo. Lo que buscan es el amedrentamiento general de la sociedad para conseguir su desestimiento, lo que les permitirá imponer sus puntos de vista en una mesa. Su objetivo no es otro que el ser reconocido como interlocutor para la negociación, por lo que aceptar ésta es ya una forma de rendirse. Así que negociar no significa salvar vidas, como hemos tenido que oír machacona y simplistamente todos estos meses, sino ponerlas en peligro (salvo que se les dé lo que piden, claro está, pero eso se podría haber hecho hace 40 años y nos habríamos ahorrado mucho dolor y mucha miseria). Negociar supone alargar en el tiempo la existencia del terrorismo, así de simple. Cada reconocimiento (aun parcial) de su discurso, los terroristas lo consideran terreno ganado al enemigo. Cuando decimos (cuando digo) que ETA está más fuerte que hace dos años no es sólo porque se haya rearmado (en el sentido literal del término) y reorganizado, sino porque se ha rearmado en el sentido metafórico, esto es porque se han consolidado sus expectativas de lograr su gran objetivo (la NEGOCIACIÓN en pie de igualdad con el Estado), expectativas que había perdido casi completamente por la admirable rebelión cívica de una parte importante de los ciudadanos del País Vasco a finales del siglo pasado y por las medidas legislativas (Ley de Partidos, Pacto Antiterrorista) aprobadas en los primeros años del nuevo siglo y que la habían llevado a una situación cercana al colapso. ETA sabe hoy que siempre le será posible repetir la jugada de la última tregua, ya que hay una parte sustancial de la sociedad (encabezada por el PSOE de J. L. R. Zapatero) dispuesta a lo que sea con tal de que la dejen en paz. Y mientras ETA sepa eso, ETA seguirá existiendo, puesto que el asesinato, la extorsión y el miedo serán instrumentos eficaces para alcanzar sus fines. Ese es el gran legado real que nos deja el proceso de pazzzzzz y la responsabilidad de quienes, aun después de su rotundo fracaso, lo apoyan y lo justifican.

lunes, 28 de mayo de 2007

Un país de Berlanga


Tras los terroríficos resultados electorales de ayer en el País Vasco y Navarra, un paso por la berlanguiana Villar del Río (un censo de 242 votantes con tres opciones, agrupación local de electorales incluida) nos ofrece una perspectiva interesante del momento político del país. Ahí, la metafórica bisagra regionalista bien colocada justo en medio y en espera del plan Marshall, o sea, del área de Urbanismo.

viernes, 25 de mayo de 2007

Lo peor de lo peor

Uno de los más lúcidos y brillantes análisis que se ha hecho en la prensa de la actual situación de la política española la escribió Carlos Martínez Gorriarán y la publicó ABC en su Tercera del pasado 23 de mayo:

La promoción de lo peor

No es muy corriente que un Fiscal General se dedique a proporcionar coartadas y lemas electorales a la rama política ilegalizada de una banda terrorista en activo, deslegitimando de paso las leyes del Estado que ha jurado defender y arruinando años de trabajo y resistencia de miles de ciudadanos vascos perseguidos por ETA, pero eso mismo es lo que ha hecho Cándido Conde-Pumpido con su equiparación de la Ley de Partidos al inaceptable limbo jurídico de Guantánamo. Así lo ha certificado Pernando Barrena a su modo: “Las elecciones están amañadas –ha venido a decir– y la mejor prueba es que el propio Estado lo ha reconocido; todos los cargos que nos hubieran correspondido de no haberse ilegalizado algunas listas de ANV, serán cargos usurpados y los usurpadores deberán responder por ello” (una amenaza en toda regla a los futuros alcaldes y concejales). El Fiscal General no habla en nombre del Estado, pero se puede disculpar la confusión de Barrena, ya que nadie puede creer a estas alturas que haya diferencia práctica alguna entre la portavocía gubernamental y la fiscalía. Tampoco entre Cándido Conde-Pumpido y Pernando Barrena, que habla en nombre de Batasuna (que no existe, nos dicen todos los días socialistas y jueces galácticos): a este punto hemos llegado, a que el Fiscal convierta en víctimas a los verdugos.

¿Y cómo hemos llegado aquí? La pregunta clásica de los perdidos. Uno de los frutos más venenosos del zapaterismo es, lo estamos viendo, la progresiva difuminación de fronteras y funciones entre los distintos organismos del Estado, consecuencia lógica de una confusión inicial catastrófica: la indiferencia entre verdad y mentira, hechos y opiniones. O entre Partido y Estado, Estatuto y Constitución, anomia y tolerancia. Todo es igual, nada es mejor, como en el Cambalache del maestro Discépolo. “La ideología”, según el presidente Rodríguez Zapatero, es “una idea lógica”, pero la política no debe ser ideológica para no caer esclava del pensamiento racional y abrirse al mágico, mientras que las palabras deben estar al servicio de la política, y no al contrario. De todo este turbión de charlatanería de feria –ese bullshit de Harry Frankfurt tan actual– surge una pregunta inquietante de respuesta inequívoca: si todo debe estar al servicio de la política, ¿al servicio de qué o de quiénes está la política? Obvio: al servicio de los usufructuarios.

Hay una cierta tendencia en atribuir al relativismo la responsabilidad última de los desatinos gubernamentales y la decadencia socialista, pero me parece una atribución demasiado sofisticada. Para ser relativista hay que haber dado bastantes vueltas a cuestiones de cierta enjundia filosófica, y no se ven por ninguna parte. Que el presidente Zapatero promocionara su “Alianza de Civilizaciones” como uno de los frentes estratégicos de su política exterior adolescente no parece la consecuencia de la equiparación relativista del islamismo y la democracia, por ejemplo, sino una muestra rotunda de puro oportunismo. De lo que se trataba era de iniciar negociaciones con un enemigo potencial que podía estar interesado en un reparto de la tarta beneficioso para ambas partes, esto es, compartir una concepción mafiosa de la política. Y en efecto, hemos ido viendo que esa regla inspira no sólo la Alianza de Civilizaciones, esa nada, sino asuntos domésticos como la negociación política con ETA, la reforma del Estatuto catalán o las maniobras empresariales a la mullida sombra del poder del Estado. La desvergonzada manipulación de la Fiscalía General o de la CNMV toman sentido en ese cuadro general: no se trata solamente que hayan caído en manos de sujetos sin escrúpulo alguno, que también, sino de que estas instituciones públicas han sido puestas de inmediato al servicio de una política que no tiene otro horizonte ni objetivo que la supervivencia y el medro de sus administradores. Y como éste es un mal objetivo (en su doble sentido), resulta imprescindible la selección y promoción sistemática de las peores alternativas: desde las personas, iluminados o rufianes o tontos o todo junto, a las salidas políticas de los líos en que éstas se pierden en pos de sus ambiciones.

Es comprensible que haya muchas personas incrédulas todavía, refractarias a la cuestión de fondo: que hemos caído en manos de un grupo resultante de una larga, sistemática y eficiente selección negativa, especialidad de los partidos políticos donde el PSOE amerita el Nóbel, de haberlo. Lamentablemente, es cierto. Si reclaman alguna documentación adicional para llegar a esta conclusión, pierdan cuidado: el diario Gara ya ha comenzado a publicar sus rigurosas exclusivas, de muy buena fuente, sobre la negociación política entre ETA y los enviados socialistas, con Jesús Eguiguren a la cabeza, otro acabado ejemplo de esa política de selección de incapaces, tan ambiciosos como carentes de escrúpulos. Naturalmente, el pensamiento mágico progubernamental se apresurará a desechar el dato y a negar toda credibilidad – “pues viene de un partido ilegalizado”, dice María Teresa Fernández de la Vega– a los mismos sujetos con los que, sin embargo, se empeña en llevar adelante lo que llaman un “proceso de paz”, gigantesca incongruencia que no implica problema alguno para el zapaterismo, capaz de negociar acuerdos trascendentales con grupos cuya existencia no sólo niega –Batasuna– o confunde –ANV–, sino de los que dice no creer ni una palabra ni esperar nada. Claro que esto es una bagatela al lado del empeño en aliar civilizaciones, por ejemplo.

La gran ventaja que ha disfrutado el zapaterismo es, precisamente, la incredulidad que despierta la correcta interpretación de sus intenciones y procedimientos. Cierto día discutía con un exsecretario general socialista, defenestrado por Zapatero, la implicación socialista en la famosa “mesa de partidos” con ETA. Por razones morales (imposible que su partido cayera tan bajo) y políticas (no podían ser tan torpes), no podía aceptar el hecho de que ya se estaban celebrando reuniones de esa mesa, según noticias publicadas por la prensa sin desmentido alguno.

La promoción de las peores ideas y de las peores personas ha ido avanzado como una invasión de termitas que ha brotado a la luz con el derrumbe de algunas estructuras carcomidas en la oscuridad. Muchos prefieren consolarse suponiendo que se trata de un problema aislado, menor, que no podrá con nuestro sólido edificio institucional. Peligroso consuelo, desmentido por la sórdida historia del “proceso de paz”. Lamentablemente, la sociedad española no brilla por su alto nivel de exigencia democrática o por su conciencia ciudadana. Muchos piensan que Zapatero y compañía pueden y deben hacer lo que quieran si a cambio consiguen que ETA no les estropee la cena con la imagen de un atentado, o si los islamistas eligen ciudades remotas para poner sus bombas. Esta actitud no es típica de gente de escaso nivel cultural, sino que abunda entre los catedráticos universitarios, los periodistas de peso o los empresarios más boyantes. Sea cómplice o fatalista, la promoción de lo peor es una muy larga tradición de la España plural. Tenemos un año por delante para comprobar si somos un país democrático normal, es decir, una sociedad de ciudadanos con algún sentido de la realidad, cierta autoestima, algún amor a la libertad y la mínima solidaridad debida a sus conciudadanos en peligro por el hecho de serlo. Porque el problema de fondo que está agravando el zapaterismo es la inmadurez de la democracia española, la pobreza de nuestra cultura política, la fragilidad de las instituciones que caen en manos de incompetentes e indeseables que parece imposible quitarse de encima. Tolerar a los peores es llamar a gritos al desastre de lo peor. Y es lo que pasará si no hacemos algo al respecto.

La ecuación puede plantearse más o menos así:

Irresponsabilidad + pensamiento mágico + ineptitud + sectarismo + charlatanería + rufianismo + ambición + falta de escrúpulos + adanismo = PSOE DE ZAPATERO. Una catástrofe muy española. A su lado, el pedrisco es como el rocío de la mañana.

lunes, 21 de mayo de 2007

Otras noticias

Esta es buena.

* El nuevo partido tendrá un ámbito nacional español inequívoco, con la ventaja de nacer libre de las hipotecas territoriales y clientelares asumidas tanto por el PSOE como por el PP en estos años.

* Se comprometerá a impulsar un gran debate sobre la reforma de la Constitución, con vistas a resolver algunas deficiencias patentes en materia de igualdad y derechos, modelo territorial –con la vista puesta en un modelo federal cerrado, donde todas las comunidades tengan idénticas competencias dentro de un Estado sólido igualitario-, y mejorar la separación de poderes, especialmente para mejorar la autonomía del judicial respecto del ejecutivo.

* Promoverá la reforma de la Ley Electoral para impedir expresamente el peso excesivo de los nacionalismos periféricos y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña.

* Será una alternativa al sistema actual de dos partidos nacionales antagónicos y obligados a aliarse con partidos regionales o separatistas para conseguir mayorías parlamentarias.

* Asumirá medidas de regeneración democrática y propondrá su institucionalización, comprometiéndose a actuar de manera más abierta y transparente que las organizaciones de modelo centralizado tradicional, y lanzando un debate sobre la conveniencia de listas abiertas, limitación de mandatos, tutela judicial de los derechos de afiliados, etcétera.

* Promoverá una política de Estado para luchar contra ETA, o cualquier otro grupo terrorista, sin concesiones políticas de ningún tipo, menos dependiente del partido que gane las elecciones o de las características personales del presidente del gobierno de turno, a salvo por tanto de las contingencias que han arruinado el eficaz y añorado Pacto Antiterrorista.

[Las negritas son mías]

martes, 8 de mayo de 2007

Paz para nuestro tiempo

Neville Chamberlain era una buena persona. También era Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, pero esa es una cuestión secundaria. Lo que cuenta es que era buena persona. Para el verano de 1938, cuando llevaba algo más de un año ocupando su alta responsabilidad política, Neville estaba convencido de que Adolf Hitler era un hombre de paz. ¿Que era nacionalista? ¿Bueno y qué? ¿Es que no tenían los nacionalistas también derecho a existir? ¿No eran acaso legítimas y democráticas sus reclamaciones sobre la región de los sudetes? ¿Por qué no iban a integrarse los sudetes en Alemania si la mayoría de su población hablaba alemán? A ver, ¿qué iban a hablar los alemanes?, ¿chino? Y si uno hablaba alemán, ¿qué era?, a ver... ¿No era pues justo que todos los germanoparlantes vivieran acogidos en el seno de la gran madre patria? ¿No se habían integrado ya los austriacos y, frente a los apocalípticos anunciantes del fin del mundo, los belicistas de siempre, no había pasado nada? Nada. ¿Qué había pues de malo en ello? Más aún, ¿qué había de malo en hablar de ello? Así que Neville cogió un avión en septiembre de 1938 y se fue hasta Múnich con la sana intención de reunirse con Herr Hitler. Tenía la convicción de que si lo miraba seriamente a los ojos y le pedía que abandonase las malas compañías, el canciller alemán no iba a poder sustraerse a la dulce mirada de un hombre bueno, pues al fin y al cabo Hitler era un hombre de firmes convicciones, pero que también deseaba, por encima de cualquier otra circunstancia, la paz. Bien, era cierto que para aceptar esa paz ponía algunas condiciones, pero no había condición que él no estuviera dispuesto a discutir con el mismísimo diablo con tal de satisfacer las ansias infinitas de paz de los súbditos de su augusta majestad. Así que la reunión transcurrió de forma agradable y se coronó con un rotundo éxito. Neville no cabía en sí de gozo y volvió feliz a Londres con un papelito en el que se veía chiquitina y grácil la firma del Führer, qué trazo tan fino y preciso, se notaba a las claras la honda sensibilidad de la mano que lo había estampado sobre el papel. Así que cuando llegó al aeropuerto lo primero que hizo fue mostrar exultante el papelito a sus seguidores, que lo aclamaban y vitoreaban como el gran príncipe de la concordia universal. No había duda ninguna. Neville había ganado la paz para su tiempo. Ya lo decían todos. Y el Daily Express tenía razón: llegaría el año nuevo de 1939 e Inglaterra seguiría en paz.

lunes, 7 de mayo de 2007

Ça va

Entre las múltiples virtudes que adornan a nuestro presidente Rodríguez Zapatero no se encuentran desde luego la de la prudencia ni la de la diplomacia. Nada más ganar las elecciones generales anunció que España volvía al corazón de Europa que, según él, representaban la Francia de Chirac y la Alemania de Schroeder, que habían tenido el valor de oponerse al imperialismo americano, y el corazón hizo casi de inmediato bluff, como el de una alcachofa puesta a hervir. Decidido a hacer méritos para que un cálido abrazo lo acogiese en ese retorno a la Europa de los buenos, impulsó deprisa y corriendo un referéndum de aprobación de una supuesta Constitución europea entre la indiferencia de sus propios votantes. Luego se colgó la medalla de que los españoles nos poníamos a la cabeza del proyecto europeo al ser los primeros en apoyar la Constitución, y el tratado de marras (pues no era otra cosa) encalló al primer contacto con otros europeos menos ansiosos por cortar cintas inaugurales. Apoyó a Kerry y ganó Bush. Dijo que el de Angela Merkel era un proyecto fracasado y hoy Merkel es una de las mujeres más influyentes de Europa.

Pero como de los golpes y las caídas se aprende, ayer, tras la victoria de Nicolas Sarkozy en las presidenciales francesas, nuestro presidente se aprestó a comentar que Sarkozy representa a una derecha abierta y moderna (o sea, que no es como la de otros). Mientras eso ocurría en España, en París, el nuevo presidente de la Francia eterna explicitaba el contenido del ideario que le ha llevado al triunfo: "Trabajo, autoridad, respeto e identidad nacional". De cederle ese lema a los conservadores españoles, nadie duda de que la derecha "abierta y moderna" de Sarkozy pasaría a situarse automáticamente en España (a ojos de Zapatero y su troupe) a la extrema derecha de la derecha extrema. Pero da igual. Zapatero ha aprendido la lección y ya será difícil cogerlo en otro renuncio. Es propio del pensamiento mágico, relativista e infantil atribuir la verdad a la personalidad del que dice las cosas y no a las cosas que se dicen, o hacer de la realidad una entidad ficticia, cuya existencia depende del contexto social en que se manifieste. Aprendida la lección de la diplomacia, a Zapatero le queda un arduo recorrido hasta entender el significado de los términos "realidad" y "verdad". Mientras, tiene por delante el ancho mundo de la política de las emociones, un espíritu que tan bien supo recoger Segoléne Royal en uno de sus últimos mítines: "Amaos los unos a los otros". Y la concordia se hizo.

domingo, 18 de marzo de 2007

Antefuero

A los que ayer se manifestaron en Pamplona por España y el fuero, me gustaría decirles que hay otra España posible (y deseable), la España de los ciudadanos, sin fueros ni privilegios para nadie. Vale, ya sé que el fuero está en la Constitución del 78 y a través de ella parece haber quedado fijado en los genes de nuestra democracia por siempre y para siempre, pero yo aspiro a abolir algún día todo tipo de privilegios forales (o a concederles graciosamente la independencia a quienes lo reivindiquen como un derecho: ahí os quedáis, y que os vayan dando), como los genes de la época de celo quedaron atrofiados en su día en el homo sapiens, y me jode que los navarros (y la compañía) salgan a la calle en manada para agitarlo delante de nuestra estólida cara de cornudos consentidos, y además con la colaboración entusiasta del PP...

(Cosa tan antigua la de los fueros, de verdad, qué bochorno...)

martes, 13 de marzo de 2007

Lo están empeorando (también)

No toda la culpa del aislamiento del PP la tienen sus malvados opositores políticos. Sus dirigentes cargan también con una parte de responsabilidad por la torpeza con la que se están desenvolviendo en el lugar que les dejaron las urnas del 14 de marzo de 2004.

El principal problema de la oposición del PP es la falta de matiz. Se empeñan en utilizar el mismo megáfono para todo, y así les va. Que se aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, bronca (la familia, núcleo básico de la sociedad, se rompe); que se reduce (mínimamente) el peso de la asignatura de religión en la escuela, bronca (se atenta gravemente contra el derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos); que se aprueba el Estatuto de Cataluña, bronca (España se rompe); que el gobierno negocia con ETA, bronca (España se vende y se rompe). Y claro, así resulta difícil llegar con un mensaje bien articulado y definido a la sociedad. Derecho a oponerse a las iniciativas gubernamentales, todo el del mundo. Pero se agradecería la correcta modulación, dar a cada cosa su importancia, su lugar y su espacio, porque si no, acaba pasando como con el cuento del Pedro y el lobo, que cuando venga el bicho de verdad nadie le va a hacer caso.

El PP, escorado el PSOE hacia el radicalismo de sus impresentables socios, tenía una oportunidad extraordinaria de presentarse como el partido que podía ejercer de auténtico dique de contención contra las derivas nacionalistas y apaciguadoras de un Gobierno inane, papel que en efecto parece querer adoptar y en el que encuentra un notabilísimo apoyo popular, mediático e intelectual, pero todo ese caudal de fuerza política lo hecha por la borda por su falta de capacidad para la matización. Y ahora esa falta de mesura, del saber distinguir tiempos y oportunidades se aprecia una vez más con claridad. Vale, aceptamos que el caso De Juana suponía la superación de un límite, de una raya roja y podría ser aceptable dar un puñetazo en la mesa y sacar a la gente a la calle. A mí no me apasiona la idea, pero bueno, está bien. ¿Pero a qué coño va Rajoy ahora a manifestarse a Navarra? Ayer dijo que había un riesgo de anexión. ¿Riesgo de anexión? ¿Nos va a invadir Francia? ¿Andorra quizá? ¿Dónde ve Rajoy el riesgo? ¿En el País Vasco? ¿En el gobierno de España? Pero si existe una disposición transitoria en la Constitución que regula la posibilidad de una asociación entre las dos comunidades... ¿Dónde está el riesgo? ¿Dónde el problema? ¿En la misma Constitución? Los dirigentes del PSN se han hartado a declarar que ellos no van a proponer la asociación con el País Vasco, pero si lo propusieran, estarían en su absoluto derecho. Sería un proyecto político perfectamente legítimo, que le tocaría juzgar a los ciudadanos en las próximas elecciones. Lo ilegítimo sería presentarse a las elecciones con un programa y luego aplicar otro. ¿Conoce alguna cosa el señor Rajoy que le haga pensar en ese sentido? ¿Podría el gobierno del PSOE tratar de aplacar a ETA accediendo a aplicar la disposición transitoria 4ª de la Constitución, aprovechando para ello un hipotético gobierno del PSN en Pamplona? ¿Y sobre este prematurísimo juicio de intenciones en torno a una realidad improbable (al menos, escuchando a los dirigentes socialistas navarros) se organiza una manifestación contra la "anexión" de Navarra? ¿Pero no se da cuenta de que estas excursiones gratuitas y poco fundadas, de que esta dispersión no favorece en absoluto la coherencia de lo que debería ser la esencia de su discurso: la concepción de España que ha expuesto brillantemente más de una vez en sede parlamentaria (coherencia muy afectada también por la deriva de los Estatutos de Andalucía y Valencia, por cierto) y dignidad y entereza en la lucha contra ETA? ¿Pero no se da cuenta de que el PP tiene una ocasión única de aglutinar en su torno a una opinión pública que muchos estimamos mayoritaria contra la deriva nacionalista del PSOE y que se pierde en estos recodos sin fundamento y sin sentido? Don Mariano, déjese de milongas, concéntrese en lo importante y mande a los subsecretarios a pelearse por las migajas, no sea que a no mucho tardar tenga que dedicarle un post con el título de Marianico, el corto.

viernes, 9 de marzo de 2007

Lo que yo decía...

A trabajo regalado..

LO ESTÁN EMPEORANDO

Las explicaciones que ofrece el gobierno socialista para justificar su decisión de excarcelar (llamemos a las cosas por su nombre) a de Juana Chaos me recuerdan al viejo cuento del caldero prestado. ¿Se acuerdan? Un hombre presta su caldero al vecino y días más tarde éste se lo devuelve agujereado; ante sus protestas, el vecino responde: a) que el caldero no está agujereado; b) que ya tenía agujeros cuando se lo prestaron; c) que no le han prestado ningún caldero. Contradicciones interesadas del mismo calibre estamos oyendo estos días para explicar o tratar de hacer digerible ante una opinión pública cuyas tragaderas son anchas pero no hasta el infinito la cesión del ejecutivo por razones políticas ante el chantaje del terrorista en huelga de hambre.

Todas son increíbles o superfluas, pero algunas también resultan repugnantes porque juegan con la mala conciencia o la bobaliconería bondadosa que todos queremos tener en el corazoncito. Tal es el caso, por ejemplo, de insistir en supuestas razones humanitarias y en el valor supremo de la vida humana para los santos que nos gobiernan. Que la vida humana es un altísimo valor nadie lo pone en duda: por eso precisamente quien asesina a ventitantos seres humanos y no se arrepiente de ello ni nos da garantías de que no va a volver a empezar mañana cuando le suelten está mejor en la cárcel que en ninguna otra parte. ¿Humanitarismo? Una de sus características es respetar la libre voluntad de las personas, es decir, ayudarlas a vivir bien y, cuando prefieren morir, no obstaculizar tiránicamente su voluntad (caso de Ramón Sampedro o de la paciente granadina cuyo respirador va a ser desenchufado). Iñaki de Juana debía estar en la cárcel pero él prefería morir antes que seguir allí: lo humano hubiera sido respetar su voluntad y también la ley que le condena. Por cierto, el mismo día que se “alivió” su prisión sacándole de ella (¿se ha molestado alguien en justificar por qué se le llevó al País Vasco si el caldito reconstituyente también pueden darlo en el 12 de Octubre de Madrid?) oí por la radio que una señora hospitalizada en La Paz con cuatro costillas rotas murió en un pasillo del hospital, probablemente mal atendida por la saturación del centro. Si el gobierno acaba de descubrirse vocación humanitaria, no le faltará dónde ejercerla sin necesidad de plegarse a las exigencias de los asesinos.

Los que dicen que la excarcelación del etarra en huelga de hambre se debió a razones humanitarias –empezando por el propio Zapatero, la directora de Instituciones Penitenciarias y los propagandistas afines- mienten como bellacos: o peor, mienten como si fuésemos bellacos los ciudadanos y no nos mereciésemos más que mentiras. Pero, naturalmente, tras hablar de humanitarismo enseguida mencionan que así se han evitado otras muertes o situaciones de violencia en el País Vasco: es decir, conveniencias políticas. La nota oficial del gobierno vasco auguraba que esto relajaría la tensión en Euskadi; y Patxi López, ni corto –bueno, un poco corto sí- ni perezoso proclamó ante la asamblea socialista que la excarcelación hacía que se viviera mejor aquí. O sea que la tensión, la crispación y la incomodidad se acaban cuando se da gusto a los violentos que tienen por héroe a un asqueroso serial-killer. Que las víctimas, sus familiares, los que no han perdido aún el sentido moral por culpa de la obcecación política, es decir, los ciudadanos vascos decentes… que todos éstos estén crispados y sientan que viven peor desde que el criminal y sus amigos se pavonean triunfantes ante ellos, eso no es un problema ni entra en consideración. Lo importante es que estén sosegados los que dan miedo, los demás ya se apañarán. Y luego dice Miguel Buen (a quien los dioses, tras negarle los demás dones, le concedieron como compensación una ausencia total de sentido del ridículo) que a él le da más miedo pasearse por ciertos barrios de Madrid que por Rentería… claro, porque aquí las víctimas no dan la lata ni siquiera a los zafios más patosos, lo que en cambio en otras partes de España ya va siendo algo más frecuente. Por cierto, ahora muchos se quejan de que por sacar un encendedor del PSOE o llevar “El País” debajo del brazo uno se puede buscar hostilidades en ciertos lugares públicos. No es que yo desee que a nadie le molesten los intransigentes en ninguna parte de España, pero quizá así algunos “modelnos” se hagan una pálida idea en carne propia de cómo viven muchos ciudadanos vascos desde hace décadas en este país.

La argumentación mas inconsistente y menos convincente para apoyar el disparate gubernamental con de Juana es apelar a las supuestas excarcelaciones de etarras antes del plazo debido por parte del gobierno de Aznar o los acercamientos de presos realizados en el mismo período, para probar la “hipocresía” de la oposición (la palma se la lleva la SER, que siempre bate el récord de bajura con este tema, proclamando la gran noticia de que “el gobierno de Aznar” no actuó contra de Juana cuando el miserable pidió “champán y langostinos” para celebrar el asesinato de Tomás Caballero: ¡sólo le falta decir que se los envió Aznar pagados de su bolsillo!). Como sabe cualquiera que se moleste en enterarse de las cosas, el PP insistía en cambiar la legislación para hacer cumplir íntegras las penas pero entre tanto, como no podía ser de otro modo, cumplía con la legislación vigente y sus reducciones de condena. En cuanto a los acercamientos de presos, no respondían al chantaje de ningún recluso sino a reiteradas peticiones parlamentarias y de medios ilustrados de comunicación. Pero en fin, aunque no fuera así: ¿y qué? Si el gobierno Aznar lo hizo mal entonces (aunque lo que hizo nada tiene que ver con la excarcelación mediante chantaje de Juana Chaos)… ¿por qué el PSOE no se lo reprochó en su día, cuando tantas cosas le censuraba en otros campos? Aún peor: si aquello fue un error, ¿por qué ahora se utiliza como justificante en lugar de haberlo tomado como advertencia de lo que no debe hacerse, visto el resultado? Es floja excusa para equivocarse el que otros se hayan equivocado antes y uno repita de buena fe los errores…

Pues no, las explicaciones del Gobierno no hacen más que empeorar las cosas. Y las de sus propagandistas que se empecinan en informarnos día y noche de lo malo que es el PP, que no gobierna, en lugar de explicarnos porque gobierna mal quien gobierna, tampoco mejoran ni ánimos ni inteligencias. ¿Que hay crispación? Claro, como la hubo cuando Aznar metió al país en la invasión de Irak. La gente se indignó con razón y se echó a la calle (los decentes junto a representantes del peor lumpen extremista del país) lo mismo que hoy otra decisión errónea gubernamental subleva a tantos, que se manifiestan junto al indeseado Inestrillas y compañía. Ya ven, la historia se repite… y la histeria también. Entre tanto seamos optimistas y esperemos que Batasuna, con su nombre o con otro postizo, no termine por poder presentarse a las elecciones de mayo, como le solicitan al gobierno sus aliados parlamentarios… en contra de lo que quiere la inmensa mayoría del país (por cierto, nunca tan pocos han fingido representar a tantos como hoy sucede en el parlamento español). Si finalmente sucediera tal cosa, como algunos temen que la excarcelación de Iñaki de Juana preludie, habrá llegado la hora de ponerse serios de verdad. Basta de juegos con lo que no es de jugar.

Fernando Savater

Y añado sólo un par de cositas:

1. Tener a los presos encerrados en una cárcel o en otra es sólo un elemento más de una estrategia general que busca la eficacia en la lucha contra el delito, también contra los delitos terroristas. La dispersión se consideró en su momento una medida adecuada para el tratamiento del problema; si en otras circunstancias se ha considerado (o se considerase en el futuro) que era (o es) bueno cambiar, total o parcialmente, esa estrategia, yo puedo estar más o menos de acuerdo, exactamente igual que estoy o no de acuerdo con la subida de un impuesto o la construcción de una carretera, pero ese desacuerdo no es un desacuerdo sobre los principios en que se fundamenta el Estado, no puede serlo, porque no afecta para nada a su naturaleza ni a su función. Pero la concesión de beneficios penitenciarios como cesión a un chantaje sí que lo afecta, de modo radical. No tiene absolutamente nada que ver el traslado de presos entre cárceles con la graciosa concesión de un segundo grado penitenciario, cesión política, bajada de pantalones clamorosa (que sólo tiene dos precedentes, aunque no exactamente iguales, cierto también, en nuestra democracia: Lemóniz y Leizarán).


2. Independientemente de las medidas que pudiera tomar el gobierno de Aznar antes y durante la tregua de ETA que le tocó vivir (que en absoluto se parecieron a la excarcelación de facto de De Juana, como hemos visto), existía entonces un
consenso entre los dos grandes partidos y se contaba además con la aquiescencia de las más importantes asociaciones de víctimas. Da la casualidad de que el consenso lo rompe el partido del Gobierno (contra lo que decía su propio programa electoral), pero para el fondo de la cuestión habría dado igual que lo hubiera roto el PP. No se puede emprender la negociación con una banda terrorista sin el apoyo del principal partido de la oposición y teniendo a la inmensa mayoría de las víctimas en contra. No se puede. Es inútil y perjudicial para la propia lucha antiterrorista. Sólo este aspecto cambia tan absolutamente el contexto en que el gobierno de Aznar (o los de González en su momento) tomó sus decisiones que cualquier equiparación con la situación actual es una falacia absoluta y sus defensores no hacen sino caer en el más espantoso de los ridículos... Y luego está todo lo demás. Todo eso que tan bien dicen Savater o Mikel Azurmendi.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Una propuesta

Va en serio.

Que el miércoles de la próxima semana debatan en el Congreso Aznar y Felipe González. Puede invitarse también a Leopoldo Calvo Sotelo y Adolfo Suárez (con voz pero sin voto o al revés, según disponga la mesa). Y ya puestos, la vicepresi podría dirigir una güija, con todos los diputados y las diputadas cogidos de las manos y de los monas, para convocar a Paco Paquito Paquete (alias el Caudillo).

domingo, 4 de marzo de 2007

Los adversativos

Son parientes cercanos de los hiperdemócratas y como a ellos se los distingue fácilmente por las coletillas. Su discurso suele empezar siempre más o menos así:

-A mí, sujetos como de Juana me causan auténtica repulsión, pero
o
-El estado no tiene que pagar ningún precio político, pero
o
-Nada justifica un atentado terrorista, pero
etc., etc., etc.

Indefectiblemente, la oración subordinada que sigue a la conjunción termina por contradecir, tras tortuosos circunloquios, la proposición principal, que queda así finalmente desvelada como la pila donde lavar las vergüenzas propias antes de presentarlas al mundo.

Sin duda, se trata de un problema ético y de vergüenza -jamás pensé que pudiera llegar a afectar a tantos de mis compatriotas la incapacidad para distinguir el bien del mal-, pero a mí me parece que incluye también, y en alto grado, un componente de estupidez (congénita o contagiosa, que en ese terreno ya me cuesta trabajo penetrar), y entiéndase esto como una exculpación moral de muchos adversativos y no como un insulto; digo 'estupidez' entendiendo el término como la incapacidad intelectual para seguir en línea recta y por propia iniciativa el hilo de un argumento o de una idea; por eso terminan todos, después de dar muchos tumbos por falsos antecedentes, reglamentos de la granja de Famóbil y consuetas del Misteri, en Aznar, que ya se sabe que acabó poniendo una bandera muy gorda en la Plaza de Colón (y, para colmo, el hijoputa no se la encargó al bueno de Cerezo). Estupidez que, ya desveló con admirable precisión Carlo Cipolla, responde a unas leyes de naturaleza casi científica, puesto que económica, lo que hace que combatirla sea tarea que queda incluso fuera de la esfera de los titanes; no en vano ya dejó escrito Shakespeare que "contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano".

Contra los adversativos no se atreve ni el diablo.

jueves, 13 de octubre de 2005

Alambradas

«Il est démontré, disait-il, que les choses ne peuvent être autrement : car, tout étant fait pour une fin, tout est nécessairement pour la meilleure fin. Remarquez bien que les nez ont été faits pour porter des lunettes, aussi avons-nous des lunettes. Les jambes sont visiblement instituées pour être chaussées, et nous avons des chausses. Les pierres ont été formées pour être taillées, et pour en faire des châteaux, aussi monseigneur a un très beau château ; le plus grand baron de la province doit être le mieux logé ; et, les cochons étant faits pour être mangés, nous mangeons du porc toute l'année : par conséquent, ceux qui ont avancé que tout est bien ont dit une sottise ; il fallait dire que tout est au mieux.» (Candide. Voltaire)

Golpeémonos el pecho con dura saña por la vileza de haber nacido en Europa. Cómo se nos ocurrió abarcar con nuestros interminables brazos hasta los confines de la madre tierra, que si Dios situó justo en el centro del Universo fue para mejor significar su naturaleza edénica, abarcarla no para compartir la universal dicha que por ser hombres nos ha sido concedida, sino para transformarla en este inmundo estercolero de injusticia global, sangre, dolor, vísceras, CO2 y lágrimas que clama permanentemente contra nuestra maldad y nuestra incuria. ¡Oh, horrendas visiones las de nuestras almas corrompidas, más que almas, sepulcros blanqueados donde yacen la inocencia y la ternura primigenias! ¡Oh, sociedades corruptas y crudelísimas!, ¿cuándo cesarán las injurias con que nos alimentamos? ¿Cómo no se nos hace el bolo alimenticio una bola de pus en el estómago? ¿Cómo es que nuestro duro corazón sigue produciendo sangre y no hiel? ¿Qué horizontes aspiramos aún a alcanzar para inundar con nuestra podredumbre? ¿Cómo pudimos construir una civilización de ciudades malsanas y enfermas? Culpables por vivir. Culpables por respirar. Culpables por haber nacido. ¿Acaso no vemos que los muros, las fronteras, las alambradas están sólo en nuestra mente? Admitamos, humildemente panglossianos, que nuestro mundo era el mejor de los posibles, y que nosotros, viles hombres de Occidente, sedientos del mar de la injusticia, convertimos en una inmensa cárcel de la que ni nosotros mismos podemos ya escapar. ¡Oh, cómo ansío la llegada de la justiciera espada flamígera que acabe con nuestro miserable mundo de sombras y nos vuelva al estado de feliz naturaleza para el que fuimos engendrados! ¡La luz, señor, haz que la luz prenda en nuestras mentes y todos los muros caigan derribados por una ola de amor universal y un ansia infinita de paz! Amén.

jueves, 13 de enero de 2005

Triple

Ayer tuvo lugar una reunión de representantes de todas las federaciones regionales de Izquierda Unida para tratar la llegada del Plan Ibarreche al Congreso de los Diputados. Javier (¿Xabier?) Madrazo explicó en el desarrollo de la sesión que su apoyo al Plan en el País Vasco era sólo una estrategia para hacer que fuera debatido, mientras que Gaspar Llamazares explicó al final del conciliábulo que algunos diputados de IU votarían que no al Plan y que otros se abstendrían. O sea, que se lo juegan a 1X2. Si a mí me dejaran rellenar así las catorce casillas de la Quiniela, acertaba siempre. Pero no me dejan. Será por algo. A lo mejor es que en el Patronato de Apuestas Mutuas Deportivo Benéficas (porque se sigue llamando así, ¿no?) hay más coherencia que en el seno del Partido Comunista (que está más partido que comunista, ya saben).

miércoles, 12 de enero de 2005

Asociados

Los partidos nacionalistas vascos pretenden convertir las actuales provincias de Guipúzcoa y Vizcaya en un estado libre asociado, pero mi duda es: ¿asociado con quién? Siempre preocupado por la salud de nuestros amigos Ibarreche, Ternera, Madrazo y Lasagabaster pretendo contribuir a resolver sus cuitas con algunas sugerencias:
1) Alfa
2) Beta
3) Gamma
4) Delta
5) Épsilon
6) Dseta
aunque yo pienso que la opción más razonable y conciliadora puede ser ésta:
7) Eta [¡caramba, qué coincidencia!]

(Razón: aquí)

jueves, 30 de diciembre de 2004

Aldea

Si Marshall McLuhan hubiese conocido el caso español, no me cabe la menor dude de que habría modificado su exitosa fórmula: nada del mundo como una aldea global, la aldea (nuestra aldea) como el mundo. Resulta en verdad tragicómico acercarse a contemplar el espectáculo de un país en lucha permanente por profundizar en la atomización y la desintegración (incluida la morfológica). Tal vez sólo el caso patético de Polonia, ejemplarizante en su histórico y constante esfuerzo por autodestruirse, tenga parangón con la situación actual de España. En un reciente chat, Arcadi Espada afirmaba que en realidad la gente es cada vez menos nacionalista, que es el establishment de los partidos políticos el que causa esa falsa percepción de la realidad. No comparto su optimismo.

Hagamos el esfuerzo de alejarnos de la gran política (y mira que nos lo ponen difícil, con el aún reciente, pero seguro que ya antiguo -en estos días han tenido tiempo más que suficiente de tramar otro-, disparate del Archivo de Salamanca, un disparate al fin y al cabo "folclórico", en afortunada adjetivación de Fernando Savater) y bajemos a las comunidades autónomas, a las provincias, a los pueblos. En esta ola que nos arrastra, digna del mayor tsunami político-social del que yo tenga memoria, no hay presidente, regional o de diputación, ni alcalde que se precie, por pequeña que sea la clientela que administra, que no dedique buena parte de sus esfuerzos a buscar, con linternas, espectrógrafos y tuneladoras si es necesario, las señas de identidad propias que los singularicen con respecto a sus vecinos. No hay pueblo, por pequeño que sea, que no se crea con derecho a gestionar su propio teatro, su auditorio, su festival de música, sus cursos de extensión universitaria y hasta su equipo en primera. No existe villa ni parroquia, por minúscula que pueda parecer, que no aspire a tener su propio diccionario de modismos y expresiones locales, y eso cuando no pueden aplastar a sus vecinos con la lengua o el dialecto autóctonos, expresión última de la riqueza lingüística de la España plural.

El pretendido carácter anárquico de los españoles, que muchos viajeros románticos recogieron en sus libros de viaje por nuestro país y que supuestamente nos convertía en un pueblo ingobernable, ha alcanzado cotas dignas del esperpento en estos días de finales de 2004, en que no sólo los reyezuelos de taifas desafían, sin coste alguno, las leyes que a todos obligan, sino en que su fundamento se dinamita desde la propia administración central del Estado. La próxima invasión almohade, con su caudal dogmático e intolerante, nos la tenemos bien merecida. Pero no llegará de África, como muchos piensan. Se incuba lentamente en el interior de nuestra débil sociedad, intelectual y moralmente degradada.

viernes, 13 de agosto de 2004

Ínsula

La revista que dirigía Víctor García de la Concha dedica su número doble de verano a ofrecer un interesantísimo panorama de la situación de la lengua y la literatura en la España de Isabel la Católica. Del denso material que se ofrece a los curiosos, me gustaría destacar un párrafo de Francisco Javier Escobar Borrego:

"Este granado movimiento [el Humanismo] divulgaba, en beneficio de un horizonte de expectativas más amplio, el conocimiento de la cultura grecolatina, al tiempo que contribuía al creciente ascenso de las lenguas vernáculas. El humanista tenía conciencia de estar disfrutando una beneficiosa época en la que se había consumado la unidad territorial y religiosa de España. Por ello, la lengua castellana debía alcanzar paulatinamente el prestigio de las lenguas clásicas, puesto que había sido el cauce propicio mediante el cual se había producido dicha unificación. El castellano viene a erigirse, por tanto, en el sólido y necesario instrumento del Imperio, según refiere Antonio de Nebrija, siguiendo a Lorenzo Valla, en la dedicatoria a Isabel la Católica en su Gramática de la lengua castellana, de 1492".

La lengua como instrumento de la política. No otro es el empleo que propone el tripartito catalán en su alucinado proyecto de los Países Catalanes. No puede extrañar en absoluto que esto sea así, que en tiempos de posthumanismo la desintegración territorial tenga el mismo fundamento que en su día tuvo la unificación. Lo que no adivino a vislumbrar es el horizonte de expectativas que parecen contemplar con nitidez los nacionalistas [¿"Asia a un lado, al otro Europa/ y allá a su frente Stambul"?].

sábado, 17 de julio de 2004

Comisiones (2)

Bastaron unas pocas horas para que todos nos diéramos cuenta de que ni el PP ni el PSOE buscaban en la Comisión Parlamentaria del 11-M ninguna verdad, sólo la defensa de sus posturas y la justificación de sus actuaciones entre el momento del atentado y el de las elecciones. Han pasado los días y todo ha ido a peor. El Presidente de la comisión desmintiendo a un vicepresidente, éste contactando con un testigo antes de la declaración, "testigos de partido" convenientemente aleccionados, incluso en sedes políticas, funcionarios policiales contradiciéndose unos a otros, informes de la seguridad del Estado tan triviales y pueriles que uno se asusta de los oídos y los ojos que nos vigilan, un fiscal que dice ignorar hasta el hecho más elemental del caso, pero que se permite juicios acerca de la responsabilidad del atentado, un juez estrella ejerciendo de tal, un expresidente del Gobierno que reconoce haberse quedado con informes secretos, y todo ello aderezado por las manipulaciones permanentes de los titulares de El País, que luego contradecían sistemáticamente las informaciones interiores, o los comentarios de Carlos Llamas y sus adláteres en la SER, justo de ellos, difusores de la única mentira comprobada de aquellos días terribles... Y 192 muertos.

jueves, 20 de mayo de 2004

Música y política

¡Qué lejanos quedan hoy los días del compromiso político de los compositores! Un compromiso que se sustanciaba siempre en la asunción, la mayoría de las veces acrítica, de las tesis revolucionarias. ¡Qué vacuas resultan hoy obras como A floresta è jovem e cheja de vida o ¿Dónde estás hermano? de Luigi Nono! El mosaico musical, basado en una polifonía de voces y electrónica, de A floresta conserva intacta la fuerza y la intensidad expresiva de las mejores obras del compositor, pero su mensaje nos llega vacío, fofo, inútil como herramienta de transformación social (¡falaz utopía de los compositores y los escritores de los 60, que no leyeron a Rimbaud o, peor aún, lo leyeron fatal!).

Voices of Protest Posted by Hello

La caída del muro, con la consiguiente democratización de los países de aquel lado del telón, colocó a muchos intelectuales en una situación ciertamente comprometida: de repente, su compromiso se veía como aliado de una de las más crueles formas de opresión conocidas. O se seguía apoyando a los nostálgicos que deseaban frenar los anhelos de libertad de una sociedad mayoritariamente prooccidental y procapitalista o se dirigía la mirada hacia China, Cuba y los restos (poco aceptables intelectual y éticamente) del naufragio o se hacía como que la defensa de la "libertad" había sido siempre el fundamento de su "lucha"... Pero lo que los "intelectuales comprometidos" no pueden hacernos creer es que ellos no sabían. No pueden alegar ignorancia, cuando ya en 1940 Manuel Chaves Nogales remataba su Agonía de Francia con unos párrafos que no me cansaré de repetir ni de releer:

"La caída de Francia no es, sin embargo, el drama lamentable de un pueblo cobarde que no ha querido batirse. No. Francia, durante los meses de la guerra, que han sido su agonía, lucha, no contra el enemigo exterior, sino consigo misma. El proceso de su caída es una verdadera tragedia con todos los elementos de la tragedia clásica. Es la lucha de lo consciente contra lo inconsciente, del hombre contra el mito, del héroe contra la divinidad. Nuestra época, por extraño que nos parezca, es gran creadora de mitos y este del Estado totalitario, del Estado-Moloch, ha sido la divinidad bárbara a la que Francia ha sido sacrificada por sus propios hijos.

El nudo de esta tragedia de Francia radica en la sugestión fatal que sobre el hombre francés contemporáneo han ejercido esos mitos bárbaros que tenía que combatir, no ya porque combatirlos fuera un deber moral de ser civilizado, sino porque para seguir existiendo físicamente tenía que vencerlos, ya que esa divinidad del totalitarismo sólo había sido creada en su daño y para su perdición. Esta lucha interior que se desarrolla entre su conciencia de pueblo culto, ni un solo momento adormecida, y la fascinación que sobre él han ejercido las fuerzas de destrucción puestas en juego para aniquilarle, es lo que provoca el patético desgarramiento interior en el que Francia sucumbe.

Francia había llegado a enamorarse de su verdugo. Esta aberración, que en el ser humano aislado no es más que un caso de perversión sexual, al dominar a un pueblo y sobre todo a un pueblo superior como el de Francia, ha dado origen a una de las tragedias más hondas de la historia.

Tragedia, naturalmente, sin solución, sin más desenlace posible que el aniquilamiento del protagonista. Porque, a pesar de la fascinación que ha padecido, el pueblo francés, en el fondo de su conciencia insobornable, sabe que en ese mito bárbaro del totalitarismo al que se ha sacrificado, no hay nada, absolutamente nada más que una rudimentaria y bestial expresión biológica. Francia sabe, y no ha podido olvidarlo, que hasta ahora no se ha descubierto ninguna forma de convivencia humana superior al diálogo, ni se ha encontrado un sistema de gobierno más perfecto que el de una asamblea deliberante, ni hay otro régimen de selección mejor que el de la libre concurrencia: es decir; la paz, la libertad, la democracia.

En el mundo no hay más."

Ahora la fascinación de Occidente se llama multiculturalismo. Sus efectos pueden ser parecidos a los provocados por la rendición de Francia ante el Estado-Moloch del que hablaba Chaves. Hoy, cuando, como entonces, el único compromiso aceptable es con la libertad y con la democracia...

martes, 11 de mayo de 2004

Rumsfeld

No puede ser, no puede ser, no puede ser. No puede ser que Donald Rumsfeld acepte que él es el responsable de las torturas cometidas en Iraq y no dimita. No puede ser. Si la administración Bush quiere conservar el poco crédito que aún le queda en el mundo civilizado no puede consentir que alguien que dice ser responsable de las iniquidades cometidas en algunos centros de reclusión iraquíes siga en su Gobierno como si no pasase nada. No basta con que los responsables directos de las vejaciones se sometan a consejos de guerra. No basta con que las víctimas reciban indemnizaciones. Es algo mucho más importante lo que está en juego. Es la credibilidad de nuestro sistema de convivencia. La constatación de que en el mundo libre y democrático no caben las prácticas basadas en la humillación de la condición humana. En ningún caso. Occidente está en una encrucijada. Nuestro futuro está en juego. Buena parte de él en Iraq. Hay que estar en Iraq. Pero no así.