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jueves, 12 de julio de 2007

Contra la censura

Mientras el PP (adiós definitivamente con la manita), se aferra a lo más rancio y retrógrado de su electorado y promueve un supuesto derecho a la objeción de conciencia con respecto a una asignatura de valores cívicos, sus amigos de la curia siguen a lo suyo, a promover la censura. Y que quede claro: si hoy no arden las hogueras de la Inquisición en los quemaderos públicos de las ciudades europeas no es gracias a la Iglesia, sino a quienes, durante siglos, la combatieron con toda la fuerza de la razón y aun a riesgo de sus vidas.

jueves, 24 de mayo de 2007

Un expresidente del gobierno, ETA y las instituciones

Se equivoca Aznar al afirmar que cada voto que no vaya al PP servirá para consolidar a ETA en las instituciones. Se equivoca mucho porque las elecciones del domingo son municipales y ya me dirá usted qué tiene que ver ETA con el alcalde que elijan los vecinos de Calzadilla de los Barros. Se equivoca menos, pero sigue equivocándose, si se sitúan sus palabras en el contexto de las Elecciones Generales, algo que no hace sólo el expresidente, pues todos los partidos parecen haberse tomado las elecciones del domingo como unas primarias. Pero se equivoca, pues hay opciones más allá del PP que comparten su criterio de enfrentar a ETA. No se equivoca nada, en absoluto, sino que acierta de pleno si se restringen las opciones políticas a las que hoy ocupan el Congreso de los Diputados: ahí el PP está solo (como no se han cansado de aventar sus rivales), solo en contra de la negociación y del apaciguamiento con los terroristas. Enfrente, esto es, por el apaciguamiento y la negociación, todos los demás. Y que cada palo aguante su vela.

domingo, 18 de marzo de 2007

Antefuero

A los que ayer se manifestaron en Pamplona por España y el fuero, me gustaría decirles que hay otra España posible (y deseable), la España de los ciudadanos, sin fueros ni privilegios para nadie. Vale, ya sé que el fuero está en la Constitución del 78 y a través de ella parece haber quedado fijado en los genes de nuestra democracia por siempre y para siempre, pero yo aspiro a abolir algún día todo tipo de privilegios forales (o a concederles graciosamente la independencia a quienes lo reivindiquen como un derecho: ahí os quedáis, y que os vayan dando), como los genes de la época de celo quedaron atrofiados en su día en el homo sapiens, y me jode que los navarros (y la compañía) salgan a la calle en manada para agitarlo delante de nuestra estólida cara de cornudos consentidos, y además con la colaboración entusiasta del PP...

(Cosa tan antigua la de los fueros, de verdad, qué bochorno...)

martes, 13 de marzo de 2007

Lo están empeorando (también)

No toda la culpa del aislamiento del PP la tienen sus malvados opositores políticos. Sus dirigentes cargan también con una parte de responsabilidad por la torpeza con la que se están desenvolviendo en el lugar que les dejaron las urnas del 14 de marzo de 2004.

El principal problema de la oposición del PP es la falta de matiz. Se empeñan en utilizar el mismo megáfono para todo, y así les va. Que se aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, bronca (la familia, núcleo básico de la sociedad, se rompe); que se reduce (mínimamente) el peso de la asignatura de religión en la escuela, bronca (se atenta gravemente contra el derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos); que se aprueba el Estatuto de Cataluña, bronca (España se rompe); que el gobierno negocia con ETA, bronca (España se vende y se rompe). Y claro, así resulta difícil llegar con un mensaje bien articulado y definido a la sociedad. Derecho a oponerse a las iniciativas gubernamentales, todo el del mundo. Pero se agradecería la correcta modulación, dar a cada cosa su importancia, su lugar y su espacio, porque si no, acaba pasando como con el cuento del Pedro y el lobo, que cuando venga el bicho de verdad nadie le va a hacer caso.

El PP, escorado el PSOE hacia el radicalismo de sus impresentables socios, tenía una oportunidad extraordinaria de presentarse como el partido que podía ejercer de auténtico dique de contención contra las derivas nacionalistas y apaciguadoras de un Gobierno inane, papel que en efecto parece querer adoptar y en el que encuentra un notabilísimo apoyo popular, mediático e intelectual, pero todo ese caudal de fuerza política lo hecha por la borda por su falta de capacidad para la matización. Y ahora esa falta de mesura, del saber distinguir tiempos y oportunidades se aprecia una vez más con claridad. Vale, aceptamos que el caso De Juana suponía la superación de un límite, de una raya roja y podría ser aceptable dar un puñetazo en la mesa y sacar a la gente a la calle. A mí no me apasiona la idea, pero bueno, está bien. ¿Pero a qué coño va Rajoy ahora a manifestarse a Navarra? Ayer dijo que había un riesgo de anexión. ¿Riesgo de anexión? ¿Nos va a invadir Francia? ¿Andorra quizá? ¿Dónde ve Rajoy el riesgo? ¿En el País Vasco? ¿En el gobierno de España? Pero si existe una disposición transitoria en la Constitución que regula la posibilidad de una asociación entre las dos comunidades... ¿Dónde está el riesgo? ¿Dónde el problema? ¿En la misma Constitución? Los dirigentes del PSN se han hartado a declarar que ellos no van a proponer la asociación con el País Vasco, pero si lo propusieran, estarían en su absoluto derecho. Sería un proyecto político perfectamente legítimo, que le tocaría juzgar a los ciudadanos en las próximas elecciones. Lo ilegítimo sería presentarse a las elecciones con un programa y luego aplicar otro. ¿Conoce alguna cosa el señor Rajoy que le haga pensar en ese sentido? ¿Podría el gobierno del PSOE tratar de aplacar a ETA accediendo a aplicar la disposición transitoria 4ª de la Constitución, aprovechando para ello un hipotético gobierno del PSN en Pamplona? ¿Y sobre este prematurísimo juicio de intenciones en torno a una realidad improbable (al menos, escuchando a los dirigentes socialistas navarros) se organiza una manifestación contra la "anexión" de Navarra? ¿Pero no se da cuenta de que estas excursiones gratuitas y poco fundadas, de que esta dispersión no favorece en absoluto la coherencia de lo que debería ser la esencia de su discurso: la concepción de España que ha expuesto brillantemente más de una vez en sede parlamentaria (coherencia muy afectada también por la deriva de los Estatutos de Andalucía y Valencia, por cierto) y dignidad y entereza en la lucha contra ETA? ¿Pero no se da cuenta de que el PP tiene una ocasión única de aglutinar en su torno a una opinión pública que muchos estimamos mayoritaria contra la deriva nacionalista del PSOE y que se pierde en estos recodos sin fundamento y sin sentido? Don Mariano, déjese de milongas, concéntrese en lo importante y mande a los subsecretarios a pelearse por las migajas, no sea que a no mucho tardar tenga que dedicarle un post con el título de Marianico, el corto.

lunes, 5 de febrero de 2007

El aprendiz de brujo y su maestro

En plena oleada de indignación nacional por el apoyo del Gobierno Aznar a los aliados que intervinieron en Iraq, algunos manteníamos que lo que se jugaba en las elecciones generales de 2004 no era la alineación internacional de España con EEUU-Gran Bretaña o con Alemania-Francia, dos parejas que, antes o después, iban a acabar coincidiendo en una política similar para Oriente Medio y frente al fundamentalismo islámico, una cuestión por completo menor para nuestros intereses más urgentes. Lo que se jugaba en aquellas elecciones era el problema de España, tal y como ha ido afectándonos cíclicamente desde hace algo más de un siglo, desde que la generación del 98 lo puso en primerísimo plano de la vida cotidiana. El problema de España es el problema de su organización territorial, de su vertebración. Y en aquel momento de marzo de 2004 se presentaban al elector dos opciones muy claras: el PP representaba una cierta estabilidad del estado de las autonomías, la búsqueda de un cierre aceptable del modelo de manera definitiva y de forma que el estado mantuviera una capacidad de poder suficiente para potenciar el equilibrio interterritorial; el PSOE, IU y los partidos nacionalistas representaban el mantenimiento de una estructura abierta permanentemente, lo que suponía más poder para los territorios y un debilitamiento de la capacidad de decisión del estado. El problema de la segunda opción, la triunfante, es que no sabemos a dónde nos conduce. Como un auténtico aprendiz de brujo, el PSOE de Zapatero se ha puesto a hacer ingeniería social, algo extremadamente peligroso, sólo admisible cuando existe una crisis del sistema verdaderamente grave, cuando se llega a un punto sin retorno, a una situación en la que el mantenimiento de la estructura del estado es más perjudicial que la aventura de la búsqueda de algo nuevo. Es decir, una situación como la de 1931 o la de 1975, pero en absoluto como la de 2004, cuando a una inmensa mayoría de los españoles no le preocupaba en absoluto el modelo existente de estructura territorial. Lo cierto es que se ha emprendido un camino difuso, nebuloso y peligroso por satisfacer las ansias de poder de las oligarquías nacionalistas de Cataluña y el País Vasco, y todo ello se ha hecho fijándolo teóricamente en un equívoco político verdaderamente insólito: para Zapatero y sus acólitos lo progresista es la debilitación de un poder central igualador en torno a la categoría del ciudadano y la entronización de caudillajes locales, a la manera feudal; un equívoco que parece que sólo se da en España (por ejemplo, en el referéndum italiano que propugnaba más poder para los territorios la derecha defendía el Sí y la izquierda el No). En sólo tres años la deriva nacional ha alcanzado tal punto de esquizofrenia que al Gobierno de España le sienta mal que sus ciudadanos se manifiesten con banderas españolas, mientras en los actos en que los que sus miembros participan se enarbolan enseñas preconstitucionales (como la tricolor) y a todos parece bien. Todos los riesgos han sido puestos sobre la mesa. El concepto mismo de nación española está afectando a los partidos políticos. Apenas queda el PP como partido nacional y, de manera incomprensible, se suma también de forma indecente y electoralista a empujar en el sentido señalado por Zapatero, y lo hace defendiendo adefesios como el nuevo Estatuto andaluz. Más allá aún, están algunos (a los que la buena fe se les supone, exactamente igual que el desconocimiento más elemental de las leyes de la historia) que juegan a contextualizarlo y desdramatizarlo todo. Se reformó el Estatuto de Cataluña y no se ha roto España, y se ríen, jaja. Como si el proceso puesto en marcha se hubiera detenido justo en el momento de su inicio, como si esto no fuera sólo el punto de partida de algo que ya se está notando (la desafección entre españoles de distintas regiones y la de muchos españoles con sus propios símbolos constitucionales es verdaderamente grave), pero que sólo alcanzará a mostrar sus auténticas consecuencias sobre la vida cotidiana dentro de una o dos generaciones.

Hoy, elmundo.es trae una entrevista con Francisco Sosa Wagner, quien fuera profesor de Zapatero y miembro del tribunal que concedió sobresaliente cum laude a una tesis del hoy presidente del Gobierno (se ha hecho un excesivo hincapié sobre la calificación de la tesis, lo cual sólo es posible desconociendo que el sobresaliente cum laude es casi lo menos que se estila en este tipo de trabajos académicos). Sosa Wagner habla con absoluta claridad, y no me resisto a traer hasta aquí los puntos fundamentales de su discurso:

-"Nos hemos lanzado a la reforma de los estatutos sin antes habernos puesto de acuerdo en lo esencial: el Estado. Hemos metido a España en un quirófano para una gran operación alumbrados por una simple vela."

-"Nos cansamos de escuchar que con estas reformas vamos hacia un Estado federal y eso no es verdad en absoluto."

-"Como socialdemócrata, combato abiertamente la idea de cuanta más descentralización, más 'progre' soy y más pegatinas me pongo."

-"Nosotros caminamos claramente hacia el confederalismo. Es un disparate esto de que cada uno apruebe por su cuenta los estatutos alentados por un incesante victimismo local."

-"Quitémosnos las caretas de una vez. Nadie quiere una reforma del Senado para que se convierta en una cámara de representación territorial en la que todas las autonomías son iguales. Eso no lo quiere nadie: a lo que se aspira es a la bilateralidad. Es lo que se está haciendo en Cataluña y lo que se quiere hacer también en Andalucía."

-"Hasta ahora el problema era la sobrerrepresentación de los nacionalistas, ahora está ocurriendo algo más grave: la territorialización de los partidos nacionales."

-"Esto ha tomado ya un ritmo imposible de frenar. El Estado se irá fragmentando cada vez más. Veremos cómo el Gobierno será cada vez más incapaz de hacer nada, de legislar nada, de imponer nada."

-"La reforma de la Constitución para reforzar el 'disco duro' del Estado es la única salida a todo este absurdo, pero ¿quién quiere eso?"
Creo que somos muchos los que queremos eso, pero tenemos que hacer algo, juntos, sin complejos, y pronto.

sábado, 13 de enero de 2007

El Manifiesto

Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio: avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba. Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”
(Octavio Paz, Libertad bajo palabra)

Hace dos semanas, en plena efervescencia de buenos deseos para el nuevo año, una bomba mató a Carlos Alonso y a Diego Armando. ETA volvió a atentar contra la vida, haciendo añicos la esperanza honestamente alimentada durante un amplio periodo de tiempo por los hombres y las mujeres que conviven en este país. Una vez más un crimen de ETA, tan inútil [¿seguro? Yo prefiero esperar] como macabro, vuelve a reunirnos en las calles de Madrid.

Con ellos murieron una parte de los sueños de miles de migrantes que cada día cruzan océanos y desiertos [y arroyos y montañas y pasos de cebra] para hacer realidad los derechos humanos básicos para sus familias [quieren decir para sobrevivir o para vivir mejor]. En un sistema económico que decide quienes son los dueños de las oportunidades [pero qué chorrada es ésta, dios mío, el sistema no decide nada]; en un mundo que se gasta más dinero en armas que en medicinas y escuelas, las personas migrantes, como Diego y Carlos, trabajan, sueñan y apuestan por una vida digna para todos [¡Ah!, ¿sí? ¿La filantropía es condición inexcusable del migrante? Bueno, bueno, lo que aprende uno]. Estamos aquí para mostrarles nuestra solidaridad y apoyo [¿a los muertos? Antes, antes de que los mataran, ya para qué] y para condenar con toda nuestra rabia y nuestro pesar este repugnante crimen.

Pero la bomba del 30 de diciembre también hizo pedazos los sueños de los hombres y las mujeres sin distinción de lugar de nacimiento que, por opción o por azar, tenemos esta tierra como casa. Los que creímos que era posible recuperar el poder de la palabra para conquistar la paz [primera aparición del fetiche. ¿Paz para acabar con qué guerra? Reinciden en el error, ergo ETA seguirá existiendo]. También de esta negación de la palabra fueron víctimas nuestros compañeros [pero qué tontería, virgen santa]. Ante la inocencia de las victimas se oponía la bajeza de un acto irracional que rompe con la esperanza de las fuerzas democráticas [se agradece la claridad: el PP, que no había expresado ninguna esperanza, no es una fuerza democrática].

La muerte absurda, terrible, traicionera. La muerte infame, la muerte agazapada ante sus victimas esperaba oscura, indolente en la modernísima terminal 4 del Aeropuerto de Barajas [magistral período: obsérvese cómo la cursilada disfrazada de trascendencia de los adjetivos con que se califica a la muerte queda hecha añicos con el superlativo que se aplica a la terminal: “absurda, terrible, traicionera, infame, agazapada, oscura, indolente (?)... modernísima”. Y todo para echarle la culpa a la “muerte”. Pero no. La que esperaba no era la muerte, era una bomba puesta por terroristas. Podría haber habido 50 muertes o ninguna. Y el mensaje de los terroristas habría sido el mismo: negociemos, dialoguemos para conseguir la paz; he aquí mis argumentos. Mientras no se entienda que para acabar con el terrorismo la vida tiene solo un valor relativo no se acabará nunca con el terrorismo, y por tanto habrá más muertes]. Esa muerte sin sentido, ni razón, esa emboscada del terror ha golpeado a la sociedad española, a todos los que aquí vivimos y ha truncado la vida de dos compatriotas ecuatorianos.

Y desde esta Puerta de Alcalá, donde conviven pasado y presente [como en todas partes, es necesario ser bobo], el primer grito unánime que sale de nuestras gargantas es ¡No al terrorismo, no a ETA! ¡Si [sic] a la paz [2; no estamos en guerra] y a la libertad [1]! ¡Si [sic] a la unidad para derrotar al terrorismo!

Nos manifestamos para mostrar nuestra repulsa a ese vil atentado. Nos manifestamos para expresar, en este acto cívico, nuestra firme e irrenunciable determinación de acabar con la lacra de la violencia [no, muy mal, con la violencia es imposible acabar. Ya se encargará el sol a su debido tiempo de acabar con la vida y, por tanto, con la violencia. Lo que hay es que acabar con ETA]. Nos manifestamos para apoyar la unidad de los demócratas en torno a los valores de la libertad [2] y a las Instituciones e instrumentos del Estado de Derecho [nunca es tarde si la dicha es buena]. Es la hora de expresar, una vez más, nuestro reconocimiento y apoyo a la labor realizada por los profesionales de los Servicios de Seguridad y de Urgencias y Emergencias [¿y a qué viene eso ahora?].

Nos manifestamos en solidaridad con Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, ecuatorianos de origen que vivían, trabajaban y eran parte viva e ilusionada de la sociedad española. Habían venido en busca de la oportunidad de conseguir un trabajo digno y progresar a una vida mejor. Desde hace años aportaban su esfuerzo y contribuían, como el resto de trabajadores españoles, a la prosperidad y el desarrollo del conjunto del país. La organización criminal ETA ha puesto fin a sus vidas, ha roto sus sueños, ha llevado el dolor a sus familias y a sus pueblos. [Me parece que la sintaxis y la inútil retórica se comentan solas]

La banda terrorista ETA con este sangriento atentado [Con este sangriento atentado, la banda terrorista ETA] ha decidido dar por concluida la tregua permanente que hace unos meses anunció y terminar con más de tres años sin asesinatos [no, muy mal, otra vez. ETA ha dicho que no quería acabar con la tregua. Esta es simplemente su forma de entender el diálogo. Parece mentira que sigan sin enterarse de algo tan sencillo de comprender]. Se quiebran con ello, nuevamente, la esperanza y los deseos de paz [3; no estamos en guerra] de [una parte de] la sociedad española, y especialmente de la sociedad vasca, manifestados de forma permanente [hasta ETA expresa de forma permanente los deseos de “paz”]. Y por la forma y el lugar elegido, ETA no sólo ha roto la tregua que unilateralmente [tan descarado es ya este cable al gobierno que espero que los bienintencionados por lo menos duden, porque hay serias dudas del carácter unilateral de la llamada tregua] declaró, sino que ha pretendido mandar un mensaje de muerte y dolor atentando en un lugar altamente [¿por la altura de los vuelos?] transitado.

De nuevo de nuestras gargantas sale una exigencia: ¡Que ETA abandone definitivamente la violencia! [Que no, hombre, que se disuelva. Es una contradicción in terminis pedir a un terrorista que deje la violencia, lo que hay que pedirle es que deje de ser terrorista] Los terroristas y quienes les avalan y apoyan se vuelven a confundir. Este nuevo crimen como todos los que han cometido hasta ahora es profundamente inútil [sigo manteniendo mis dudas. Mientras haya una parte significativa de la clase política, los medios y los ciudadanos que piensen que la forma de acabar con ETA sea negociar con ella, el crimen será a los terroristas tan útil como los 819 asesinatos previos], solo ha conseguido llevar la muerte y el dolor a dos trabajadores y sus familias cuando se disponían a reunirse viajando a su querido Ecuador [cursilada evitable, obviamente]. Se equivocan cuando desoyen el clamor unánime a favor de la paz [4; no estamos en guerra; es mentira lo de unánime, claro está] y de la convivencia pacífica [no. Otro mensaje erróneo. No hay guerra. La gente decente no busca la paz por la paz, sino la justicia y la libertad] y caen en un trágico error si creen que con la coacción, con el chantaje y con el terror van a provocar la fractura del marco democrático y quebrar la voluntad de los demócratas [jajaja, pero si ya lo han hecho, a qué viene esto].

Se equivocan quienes creyeron que las muertes de Diego y Carlos nos dejaron sin palabras. No conseguirán acallar las voces de quienes estamos profundamente convencidos, como decía nuestro hermano y compañero Víctor Jara, de “el derecho de vivir en paz [5; no estamos en guerra]”. No serán nuestros compañeros asesinados el pretexto. Ni las armas, ni aquellos que pretenden instrumentar nuestro dolor, acabarán con la esperanza de que el ejercicio de la palabra traiga la paz [6; no estamos en guerra] y la libertad [3] a lo largo y ancho del territorio español [a España, quieren decir. Persisten en el error. El ejercicio de la palabra no trae nada. Es el Estado de Derecho y la ley la que traerá la libertad; la paz no, porque no estamos en guerra].
En estos momentos difíciles, el pueblo andino y el pueblo de Madrid se sienten hermanados en el dolor y la esperanza, así como agradecidos a las múltiples muestras de solidaridad. Estamos profundamente convencidos y convencidas [bravo] de que en esta sociedad global cada vez somos más las personas [y los personos] que entendemos que ningún hecho tiene consecuencias aisladas [o sea, que hay cada vez más gente que piensa que los hechos no tienen consecuencias aisladas, ¿aisladas de qué? Lo de la neoparla es increíble, qué hallazgos idiomáticos...]. Cada vez es más evidente que los conflictos armados, el deterioro ecológico y la pobreza son problemas de todos y todas [el contexto: el terrorismo en pie de igualdad con la guerra, el “deterioro ecológico” y la pobreza. Genial]. Los seres humanos y los pueblos que compartimos esta tierra, nuestra pachamama, estamos necesariamente hermanados en la construcción de un mundo más sostenible, más justo y en paz [7; no estamos en guerra; y por eso existe ETA, y por eso ETA pone bombas, porque está a favor del deterioro ecológico y de la pobreza. No se puede ser más memo].

Las organizaciones convocantes de esta manifestación y todas aquellas que se han adherido a la misma, los ciudadanos aquí presentes, le decimos una vez más a ETA que no nos va a amedrentar. Queremos decirle a ETA que si su propósito con este atentado es que los demócratas cedamos a su reto y a sus intenciones, sabe ya que tiene la batalla perdida [impresionante, qué firmeza, así, así, y luego una rosa a Jone, que andará por allí]. No lo ha conseguido en 40 años. No lo ha conseguido ahora. No lo conseguirá nunca. Queremos decirle a ETA que si piensa que nosotros, unidos en los valores y las instituciones del Estado de Derecho, vamos a abdicar de nuestras ansias [infinitas] de paz [8; no estamos en guerra] y libertad [4], renunciando a luchar por el fin del terrorismo, está muy equivocada [a esta altura supongo que los terroristas estarán sujetándose el estómago para que se les pase la risa. Que se diga esto cuando muchísimos de los convocantes siguen afirmando que la única salida del terrorismo será una salida negociada es algo más que un sarcasmo]. Todos nosotros le decimos a ETA que ha elegido el peor, el más inútil de los caminos [sí, esto lo dijo Zapatero, estoy seguro de que Rosa sabrá poner el mismo gesto grave detrás de la sempiterna media sonrisa]. Este final de tregua, sólo servirá para prolongar el sufrimiento, ni antes ni ahora alcanzará objetivo político alguno [pero si estaban fijando los plazos de la mesa política... no se puede ser más desvergonzado].

A tantas víctimas que el terrorismo etarra ha provocado a lo largo de estos años se han unido ahora, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Todas ellas son la prueba palpable de la irracionalidad y la inutilidad del terrorismo [con mis dudas]. Cada una de ellas constituye para nosotros un referente moral. El compromiso social y la obligación de reconocer su sacrificio se hace más fuerte cada día [ningún sacrificio: les tocó]. Por eso, queremos que este acto sea un homenaje a Carlos, a Diego y a las miles de personas y sus familias que han sufrido el brutal zarpazo del terrorismo en España [curiosa forma de desear eso, con unas formas y un lenguaje que han alejado a la mayoría de los familiares de víctimas mortales].

Urgimos a la unidad de todos los partidos democráticos, de todas las organizaciones sociales y de todos los ciudadanos y ciudadanas [de toda la ciudadanía, habría aconsejado un inspector LOGSE] en torno a las Instituciones Democráticas, para hacer frente al terrorismo, derrotarlo [nunca es tarde; hará falta algo más que este comunicado para convencerme de las intenciones reales de los convocantes] y poner fin a la violencia, sentando las bases de la paz [9; no estamos en guerra] y la libertad [5].

En democracia hay un tiempo para la discrepancia y la crítica, pero hoy nos atrevemos a pedir que, sin renunciar a ellas y por encima de cualquier otra consideración, sea el tiempo de la voluntad por poner fin a ETA [muy bien, que el Gobierno reconozca sus errores y después convoque elecciones] y conseguir la paz [10; no estamos en guerra].

Es mucho más lo que nos une a los demócratas y sus organizaciones representativas de lo que pueda separarnos, y no entenderíamos que los partidos que nos representan y en quienes depositamos nuestra confianza los ciudadanos, no hiciesen todos los esfuerzos necesarios para terminar con el terrorismo [gran verdad: inaceptable la actitud del PSOE y sus adláteres en el último año].

Cuando lo consigamos, trabajando juntos por ello, nuestra sociedad será más libre y más digna, habremos dejado atrás el horror y habremos dignificado por completo el sacrificio de quienes dieron su vida por ello, entre ellos Carlos y Diego Armando.

El sueño [infinito] de paz [11; no estamos en guerra] que albergamos no es una utopía, es la fuerza de la esperanza que late en todos los aquí reunidos y en toda España, los aquí reunidos abrazados en esa esperanza gritamos “por la paz [12; no estamos en guerra], la vida, la libertad [6] y contra el terrorismo”.

Y aquí seguiremos apostando por la vida, por la paz [13; no estamos en guerra], por el derecho a vivir en libertad [7] y por la necesidad de entendernos para caminar juntos [no creo que sea necesario entenderse para caminar juntos. Basta con aplicar las leyes del estado de Derecho. Reconocer eso sería suficiente para que yo me pusiera al lado hasta de Rosa Regás].

Shuc makilla, shuc yuyailla, shuc shungulla!!

¡Un solo puño, un solo pensamiento y un solo corazón! [Ya]

Si es más tonto...

...nace dirigente del PP.

Como era de esperar, ya se ha escenificado la soledad del PP frente a las fuerzas políticas reunidas contra ETA (y hay que subrayar la preposición porque es de mucha risa). Es difícil hacerlo peor. Tenían razón. Durante nueve meses se enfrentaron a todos con la razón y la dignidad en la mano. Esa misma razón y esa misma dignidad es la que tendrían que haber esgrimido cuando, oportunista, la UGT de Madrid vio la ocasión de instrumentalizar la manifestación convocada por una asociación de ecuatorianos para convertirla en parapeto de las críticas contra el Gobierno. Decisiones unilaterales, lema ambiguo, comunicado sin consensuar, lectora infame... Y Rajoy, Acebes y los suyos mirándolo todo con caras de autistas y poniendo para participar una condición tan de parvulario que estaba claro que en último momento se iba a aceptar como la gran concesión para "lograr la unidad de todos", gran objetivo de los convocantes. Jajaja. No han leído a Maquiavelo, los pobres, o lo han hecho fatal. Porque si lo hubieran leído eso no les habría pasado y si les pasa, van a la manifestación, bueno que si van, de haber leído (bien) a Maquiavelo van a esa pantomima todos cogiditos de la mano, con cara de gilipollas, tragando bilis y aguantando los insultos, pero van. Que se lo descuenten del sueldo. Y que busquen a otros. Pero pronto...

jueves, 11 de enero de 2007

De lemas y papelitos

Mirando al dedo que señala la luna se han quedado muchos tras la negativa del PP a participar en la pantomima madrileña del próximo sábado. Como si la fractura social no se hubiera producido ya hace mucho, como si no fueran el PSOE y sus aliados fronterizos con el fascismo los que llevasen al menos cuatro años (desde que a un barco extranjero le diera por hundirse junto a las costas de Galicia, más exactamente) tratando de expulsar al PP del espacio público, con la intención (evidente para el más lerdo de los observadores, salvo que esté cegado por el sectarismo) de sustituir el régimen constitucional del 78 por otro más proclive a satisfacer las ansias de poder de las elites nacionalistas periféricas. Es lo que ocurre cuando se despoja a las palabras de su sentido, cuando la realidad se sustituye por los engolados anhelos megalómanos de un iluminado cursi. Hoy, la palabra “paz”, usada en el contexto político español, tiene para todos los que nos opusimos desde el principio al “proceso” un significado de siniestra sumisión a la lógica terrorista. Así que por alejados que podamos estar del PP, su postura es la única posible, la única factible que le han dejado los pacificadores de pacotilla en el escenario maquiavélico que han urdido durante meses con sus patrañas semánticas y su laxitud ética.

miércoles, 27 de abril de 2005

Conciencias

El espectáculo que el PP y sus medios afines están dando a cuenta de la ley recién aprobada en el Parlamento que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo resulta en verdad sorprendente y desalentador. Inducidos por los obispos y la prensa conservadora, dirigentes populares de todo rango y condición tratan de convertir el trámite legal de las bodas en un problema de conciencia, hasta el punto de que un número indeterminado de alcaldes y otros cargos públicos del partido afirman que se negarán a casar a parejas de homosexuales, ya que estas bodas van contra sus principios.

Se trata, de forma evidente, de un abuso de la clásula de conciencia, que la ley regula en otras cuestiones (como la del aborto o, en su día, la del servicio militar) de manera lógica y razonable. En este caso, sin embargo, no resulta ni lógico ni razonable apelar a la objeción de conciencia, pues nos movemos en un terreno bien distinto. El matrimonio no es otra cosa que un contrato civil entre dos personas, que exige unos requisitos a los contrayentes, les concede una serie de derechos y les impone unas obligaciones. La firma de este contrato se ritualiza públicamente, pero no es más que un trámite de carácter legal, en la que un funcionario (juez, alcalde, concejal) da fe de que los contrayentes se comprometen a aceptar las reglas que lo rigen. Simplemente. En el aborto hay un conflicto moral objetivo, pero aquí no. Es como si un funcionario de correos se negase a entregar los envíos de la Conferencia Episcopal, alegando que el contenido de los mismos atenta contra su ateísmo, o de un sex shop, por considerarlos inmorales; o como si un funcionario de tráfico se negase a matricular coches deportivos, por su evidente peligrosidad en las carreteras. La ley no admite objeciones para aquellos en quienes los ciudadanos han delegado su aplicación, salvo en los casos excepcionales contemplados por la propia ley. Todo lo demás resulta un subterfugio inaceptable y doloso, más en una cuestión como ésta, en la que ni siquiera parece pretenderse negar el derecho de las parejas del mismo sexo a firmar un contrato civil con las mismas cláusulas del matrimonio, sino sólo el hecho de que sea considerado nominalmente matrimonio. En el fondo, se trata de esa repulsión ideológica a que los invertidos se le peguen a uno más de la cuenta, repulsión asentada firmemente en la moral católica.

Por eso la llamada a la desobediencia civil por parte de miembros autorizados de la Iglesia Católica no debe ser mirada como una mera anécdota de carácter folclorista, sino como una realidad que afecta de manera decisiva a la línea de flotación de la convivencia cotidiana. En su entraña está la incapacidad de la derecha española para construir una opción de valores morales laicos, al margen del dictado de la jerarquía católica, una auténtica tragedia para la vida política de nuestro país. En último término uno desearía que la Iglesia llevase la clásula de conciencia que invoca hasta sus últimas consecuencias y renunciase a la financiación que le proporciona un Estado que permite prácticas que atentan contra sus principios morales. Sería un primer paso para alcanzar la efectiva separación entre la Iglesia y el Estado, que aún tenemos pendiente.

sábado, 17 de julio de 2004

Comisiones (2)

Bastaron unas pocas horas para que todos nos diéramos cuenta de que ni el PP ni el PSOE buscaban en la Comisión Parlamentaria del 11-M ninguna verdad, sólo la defensa de sus posturas y la justificación de sus actuaciones entre el momento del atentado y el de las elecciones. Han pasado los días y todo ha ido a peor. El Presidente de la comisión desmintiendo a un vicepresidente, éste contactando con un testigo antes de la declaración, "testigos de partido" convenientemente aleccionados, incluso en sedes políticas, funcionarios policiales contradiciéndose unos a otros, informes de la seguridad del Estado tan triviales y pueriles que uno se asusta de los oídos y los ojos que nos vigilan, un fiscal que dice ignorar hasta el hecho más elemental del caso, pero que se permite juicios acerca de la responsabilidad del atentado, un juez estrella ejerciendo de tal, un expresidente del Gobierno que reconoce haberse quedado con informes secretos, y todo ello aderezado por las manipulaciones permanentes de los titulares de El País, que luego contradecían sistemáticamente las informaciones interiores, o los comentarios de Carlos Llamas y sus adláteres en la SER, justo de ellos, difusores de la única mentira comprobada de aquellos días terribles... Y 192 muertos.