Ínsula
La revista que dirigía Víctor García de la Concha dedica su número doble de verano a ofrecer un interesantísimo panorama de la situación de la lengua y la literatura en la España de Isabel la Católica. Del denso material que se ofrece a los curiosos, me gustaría destacar un párrafo de Francisco Javier Escobar Borrego:
"Este granado movimiento [el Humanismo] divulgaba, en beneficio de un horizonte de expectativas más amplio, el conocimiento de la cultura grecolatina, al tiempo que contribuía al creciente ascenso de las lenguas vernáculas. El humanista tenía conciencia de estar disfrutando una beneficiosa época en la que se había consumado la unidad territorial y religiosa de España. Por ello, la lengua castellana debía alcanzar paulatinamente el prestigio de las lenguas clásicas, puesto que había sido el cauce propicio mediante el cual se había producido dicha unificación. El castellano viene a erigirse, por tanto, en el sólido y necesario instrumento del Imperio, según refiere Antonio de Nebrija, siguiendo a Lorenzo Valla, en la dedicatoria a Isabel la Católica en su Gramática de la lengua castellana, de 1492".
La lengua como instrumento de la política. No otro es el empleo que propone el tripartito catalán en su alucinado proyecto de los Países Catalanes. No puede extrañar en absoluto que esto sea así, que en tiempos de posthumanismo la desintegración territorial tenga el mismo fundamento que en su día tuvo la unificación. Lo que no adivino a vislumbrar es el horizonte de expectativas que parecen contemplar con nitidez los nacionalistas [¿"Asia a un lado, al otro Europa/ y allá a su frente Stambul"?].