Patria
patria. (Del lat. patria). f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
[DRAE, vigésima segunda edición, 2001]
1. Pocas veces estaré más de acuerdo con una definición del Diccionario de la Academia. Poco tengo que añadir en este sentido que no haya escrito en días pasados. Los vínculos jurídicos de la nación (la nación de ciudadanos) son la garantía de nuestros derechos individuales, de nuestra seguridad, de la igualdad de todos ante la ley, pero una nación no es sólo eso: la nación tiene un fundamento histórico (y desde luego es anterior a la noción de ciudadanía como la concebimos hoy), un desarrollo en el tiempo, se soporta en la trama creada por la vida en común de sus gentes, que ha forjado una serie de vínculos afectivos y de intereses que son vitales para su existencia y su buena salud. Por supuesto que la base de la vida nacional es el armazón jurídico que lo sustenta, pues los vínculos afectivos son subjetivos y asimétricos, pero también reales, existentes, innegables, y además por completo necesarios. La pretendida asepsia sentimental que muestran ante estas cuestiones algunos izquierdistas, ácratas y ultraliberales de distinto signo (los extremeños se tocan) me parece en la mayor parte de los casos producto de una pose forzada y falsa.
Desde esta perspectiva, podríamos atribuir a los símbolos la función de actuar como una argamasa que fundiera los tres términos de la definición: son garantía de la seguridad jurídica (de ahí, por ejemplo, que Fernando Savater afirmara hace unos días que la bandera española representa hoy en el País Vasco garantía de respeto a los derechos del ciudadano), han sido fijados por ley de acuerdo a su especial significación histórica y sirven como elemento para identificarnos en torno a una causa común, que puede ser, entre muchas otras, un acontecimiento deportivo internacional, una guerra o una situación delicada vivida en el extranjero (¿dónde mejor acudir que al lugar en el que ondea la bandera de tu país?).
En condiciones normales, soy de los que piensa que hay que evitar cualquier tipo de estridencia simbólica: las banderas cuelgan de los mástiles que les corresponde y el himno suena cuando tiene que hacerlo en función del protocolo, y ya está. Personalmente no he enarbolado una bandera ni cantado un himno en mi vida. Pero a nadie escapa que no vivimos en condiciones normales, con un proceso de descomposición nacional abierto y el ultraje a la nación (esto es, a sus ciudadanos) a través de sus símbolos que se ha generalizado en las últimas semanas en determinadas zonas del país. Y en momentos así, están plenamente justificadas las invocaciones a hacer un uso sin complejos de los símbolos que nos representan a todos, a honrarlos, en cuanto tienen un valor simbólico (sospecho que algunos no conocen todavía el significado del término) que no sólo garantizan el imperio de la ley y el respeto de nuestros derechos, sino que apelan a los sentimientos mayoritarios de afecto entre compatriotas. Y si el Gobierno, acomplejado y débil, no es capaz de asumir este papel, no veo cuál es el problema de que lo haga el jefe de la oposición (y eso no quita para que esté de acuerdo con muchos otros en que el famoso vídeo de Rajoy resulta cutre y rancio, y en que él está francamente mal, acartonado y artificial).
2. Decía Cela, creo que citando en parte a Pío Baroja, que la diferencia entre el nacionalista y el patriota es que el nacionalista cree que su tierra es la mejor del mundo, mientras que el patriota lo que piensa es que su tierra merece lo mejor del mundo. La definición del DRAE recoge sin duda este sentido, con el que estoy plenamente de acuerdo. No deja de resultar curiosa la evolución de la izquierda política y sociológica española en los últimos 70 años con respecto a los conceptos de "patria" y "patriota". Los republicanos (con Azaña, Negrín, Prieto, Machado y Unamuno a la cabeza) se consideraban a sí mismos grandes patriotas. Sentían como un orgullo el estar dispuestos a ofrecer lo mejor de cada uno para el bien de la nación. Lo contrario era un insulto. De ahí sin duda el desgarro que muchos sintieron al ser tratados por el bando vencedor de la Guerra Civil como "antiespañoles" (y no cabe duda de que ahí está parte del origen del descrédito de los "patriotas" entre la izquierda española). Pero es que el término "patriota" sigue significando en el resto del mundo lo mismo que durante la Segunda República española, no hay motivos para cargarlo con ningún otro sentido espurio. Ya no hay excusas. Franco murió hará pronto 32 años. Un patriota es el que está dispuesto al sacrificio personal (y no pienso necesariamente en términos dramáticos, que sería el sacrificio llevado a su límite) por el bien colectivo, que es, por otro lado, un impulso biológicamente natural, incluso egoísta (mirándolo desde el punto de vista evolucionista está absolutamente claro), pues el bien del colectivo en el que vives es tu propio bien y el bien de tus hijos. ¿Que tiene usted problemas para identificar dónde está el bien y dónde el colectivo? Entonces es que usted tiene, en efecto, un problema.



