Mostrando entradas con la etiqueta victoria de los ángeles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta victoria de los ángeles. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de enero de 2007

Victoria en Tokyo

En octubre de 1988 y mayo de 1990 Victoria de los Ángeles ofreció en Tokyo varios recitales acompañada al piano por Manuel García-Morante, gracias al cual el muy activo sello barcelonés Columna Música publica ahora este CD en el que se ofrece una selección de aquellos conciertos. Son canciones de Schumann, Schubert, Ravel, Hahn y tradicionales catalanas armonizadas por el propio García-Morante, más algunas propinas debidas a Nin y Granados. Algunas de esas canciones no habían aparecido nunca antes en disco interpretadas por la gran soprano catalana, lo que incrementa el interés de una grabación que nos presenta a la artista en un estado admirable de sus medios, a pesar de que justo en 1988 cumplió los 65 años.

Entre los inéditos de Victoria se encuentran el Ave María de Schubert (sí, no había grabación suya anterior) y tres canciones del venezolano nacionalizado alemán y naturalizado parisino, algo más que íntimo amigo de Marcel Proust, Reynaldo Hahn. Su algo amanerada y delicuescente música, de la que hoy apenas se escuchan de vez en cuando algunas mélodies, tiene un toque de decadentismo que la hacen en el fondo muy atractiva. ¿En quién estaría pensando Hahn cuando puso música a estos versos del libertino Théophile de Viau?

À Chloris
S'il est vrai, Chloris, que tu m'aimes,
(Mais j'entends, que tu m'aimes bien)
Je ne crois point que les rois mêmes
Aient un bonheur pareil au mien.

Que la mort serait importune
A venir changer ma fortune
A la felicité des cieux!

Tout ce qu'on dit de l'ambroisie
Ne touche point ma fantaisie
Au prix des grâces de tes yeux.

[A Cloris. Si es verdad, Cloris, que me amas/ (y pienso que te gusto mucho),/ no creo que ni los propios reyes/ tengan una felicidad como la mía.// ¡Qué inoportuna sería la muerte/ si viniera a cambiar mi fortuna/ por la felicidad del cielo!// Todo lo que se dice de la ambrosía/ no impresiona a mi fantasía/ como el favor de tus ojos.]


À Chloris. Reynaldo Hahn. Victoria de los Ángeles, soprano; Manuel García-Morante, piano. COLUMNA MÚSICA

sábado, 15 de enero de 2005

Victoria

Victoria de los Ángles y Franco Corelli, fallecido también recientementeFue una Carmen tan angelical que casi parecía Micaela, pero así la quiso Thomas Beecham, y la voz era tan pura, el fraseo tan refinado, la pronunciación tan exquisita y la sensualidad estaba tan perversamente camuflada, tan esquivamente dosificada, que uno no tenía más remedio que caer de rodillas ante esta gitana de Barcelona, hija del pueblo, aristócrata del canto. Maltratada a menudo por la vida, tuvo que alargar su carrera más allá de lo razonable, pero eso permitió que algunos tuviéramos ocasión de escucharla en directo, aunque fuese en recitales. Y, pese al desgaste ocasionado por el tiempo, qué impresión la de oírle pronunciar “chez Lilas Pastia”, alargando la ché como si hubiese nacido en Triana, o escucharle su Mimì, que de tan delicada era como si se quebrara y volviera a recomponerse en cada frase, o sentir al teatro enardecido por esas Sevillanas del siglo XVIII que nadie en la ciudad habría cantado jamás mejor y con más gracia. Timbre cálido, expresión franca, emisión natural, articulación de seda, nunca nadie tanto ese ángel del cielo que invocase Musetta.

Triunfó en París y en Londres, en el Metropolitan y en Bayreuth, pero jamás se plegó a los caprichos de nadie. Pese a lo que he podido leer en algunos obituarios acelerados, fue una soprano lírica pura, que evitó siempre papeles que exigieran voces dramáticas (Cio-Cio San acaso fuera su límite) y que incluso rechazó la Mariscala, que seguramente le habría ido muy bien, porque después de Schwarzkopff, ¿quién iba a poder decir nada nuevo de ese personaje, uno de los más fascinantes de la historia de la ópera? Liederista excepcional, compartió escenarios con Dietrich Fischer-Dieskau, Irgmaard Seefried o Elisabeth Schwarzkopff, en veladas inolvidables, de las que han quedado algunos registros para escuchar genuflexos. Admirada por Callas casi hasta la adoración, fue siempre tremendamente crítica con lo que ella entendía como banalización del arte: salían sapos y culebras de su boca cuando le citaban a los tres tenores, se enfrentó al clan Caballé, negándose a participar en la Gala Lírica de inauguración del Teatro de la Maestranza y luego en los espectáculos de la Expo, controlados por Domingo y por Luis Andreu, aunque sí lo hizo en la apertura de los Juegos Olímpicos del 92 (¿en qué situación no se encontraría y qué oferta no le harían?). Fue también la única que se atrevió a protestar cuando se cometió la tremenda indelicadeza y la estupidez de conceder el premio Príncipe de Asturias de las Artes conjuntamente, como si formasen un coro, a los siete cantantes españoles de ópera más célebres, algunos de ellos enfrentados entre sí. Se quedó sola en su grito.

Victoria de los Ángeles (nacida Victoria López García) ha muerto esta mañana en un hospital de Barcelona. Tenía 81 años.