Dimisiones e intertextualidad
El intertextual Racionero alaba el buen gusto político de Regás al dejar su cargo en la Biblioteca Nacional, uno de los nombramientos más nefastos de los que tenga memoria. En memorable entrevista publicada en marzo pasado, la novelista catalana mostraba un sectarismo que debería inhabilitar para la asunción de cualquier cargo de representación pública, pero lo peor era entonces la ignorancia supina que se filtraba intratextualmente por sus palabras y que debería inhabilitar a cualquiera para un puesto de tanta responsabilidad cultural como el que ha ostentado durante tres larguísimos años. Después de decir que Francia lleva 250 años de democracia e Inglaterra ¡800 años! y quedarse tan fresca ["Y llevamos treinta años de democracia; no somos Francia, que lleva doscientos cincuenta años de democracia, o Inglaterra, con ochocientos años."], lo normal es que un ministro decente la hubiera invitado a dejar en paz a don Marcelino Menéndez y Pelayo y a volver a su relajada vida de novelista (ya que ahora afirma que estos años han sido los más duros de trabajo de toda su existencia), pero la ministra era Carmen Calvo...
A los que contemplamos con estupor el habitual y deleznable chalaneo con los altos cargos de representación institucional nos queda el recurso a la sátira (¡y algunos se quieren cargar El Jueves!). No es que yo sea especialmente admirador de ese grupo del sotomundo cultural que responde al nombre de La fiera literaria, pero reconozco que pocas veces he podido acompasar mejor el ritmo de mi risa a nada como lo hice al de esta virtuosa carcajada, que he recordado precisamente ahora, desahogo primario de justicia postraumática.